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Full text of "La revolución de 1857 y la hecatombe de Quinteros; por un testigo presencial"

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REVOLUCIÓN DE 1857 

7 X.A HBCÜLSOMBH ! 

DE QUINTEROS 

POR UN TESTIGO PRBSENOHL. 



(HISTOBIO0) 




MONTEVIDEO, 
Purgo 19 2>t 1B88. 



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REVOLUCIÓN DE 1857 

7 LA H1CUS0HEB3 i 

DE QUINTEROS 

POR OH TESTIGO PRESBNCML. 



(HISTOBIOO) 




MONTEVIDEO, 
Parjo 15 b* 1888. 



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CTOTuflt— &ta obra H propiedad de cu autor y no pfttd* reimprimir** 
$'jx bu auurofe 








« Es en vano. El caudillaje como Herodes mandará degtUfr & 
» todos los inocentes, k todos los que no sean cómplices- d* aus 
» iniquidades ó infamias; para no tener acusadores y.^uesesY 
» desenvolverá en todo bu horror el sistema puesto en prá&tica 
» en Quinteros, con Mesa, MuncUllj Sandes y otros; nad* qoiue- 

. U$Jey 



» guiri; el pueblo, como Jesús se salvará del e*tenninvo t y h$j 
» riséos y publícanos han de llevar ppfr sigloé'Mlafrtntelasen- 



» teneiadel delito que les estampará la justicia del cieié y d*Uétier~ 

JVAV O. GOMSCt 



Desde la horrible hecatombe de Quinteros, concebimos la idea de ha« 
cer conocer, cuando la situación política del pais lo permitiera, todos los 
sucesos, todos los horrores, y toda la negra é infame traición que proce- 
dió á la espantosa carnicería, que nuestros adversarios políticos por escar- 
nio llamaron — " saludable ejemplo". 

Con éste objeto, tratamos desde entonces de reunir los datos indis- 
pensable*; ya apuntando cuanto habíamos presenciado, y¿ guardando los 
periódicos y documentos oficiales de la época, ya en fin ratificando algunos 
pormenores de muchos compañeros do infortunio. 

Tuvimos también especial cuidado de proveernos de los periódicos eu- 
ropeos y americanos que hablaban de ese suceso espantoso, con el fin de que 
la opinión de los pueblos civilizados viniera á encontrarse aunada con 1$ 
eesecracion lanzada en $1 Rio de la Plata.— 



-~ JbTo economizamos conial propósito, ni esfuerzos ni gastos.. Sentiremos 
Binenxbargo no haber sido tan felices como deseáramos para haber obtenido 
todos aquellos que hayan podido ocuparse de esa carnicería; circunstancia 
que si ecsistiera, no ha estado en nuestra mano ni en nuestra voluntad im- 
pedir. 

Creemos á pesar de eso, que lo mas importante, lo hemos obtenido; pues 
el cuadro de artículos que vá consignado en esta relación histórica, son to- 
mados de los diarios principales de los países en que ellos vieron la luz pú- 
blica. 

Y mucho mas notable encontrarán nuestros lectores esos artículos, 
cuando tengan presente los que- damos de la prensa brasilera y los de la 
Confederación Argentina, cuyos gobiernos eran en osa época aliados y pro** 
lectores del gobierno del Sr. Pereira; pero que á pesar de esa circunstancia 
no pudieron ahogar los gritos de dolor arrancados á la parte noble del pue- 
blo brasilero y argelino por la espantosa carnicería del Paso de Quinteros. 

En todos esos artículos hay una grande importancia, pues en ellos se 
revela la conducta infame observada por el gobierno del Sr, Pereira en los 
asuntos internos de nuestro país, artículos que reproducimos como hemos 
dicho ya, para que nuestros lectores puedan convencerse de que, en el se** 
no de los pueblos Argentino y Brasilero, hay hombres libres que protesta^ 
ron también contra ese massacre que tan justamente indignó ai represen- 
tante de la Gran Bretaña. 

Ellos ocupan una grande estension en* esta relación histórica que 
podríamos haber reducido á mucho méuos; pero hemos creido que eso ha- 
bría sido desvirtuar nuestro pensamiento y privará nuestro trabajo de la 
moa importante justificación. 

Nos hemos decidido por último á su íntegra inserción, persuadidos fir- 
memente que su estension en nada perjudica y que por el contrario, se ten- 
drá especial gusto en leerlos. 

Hemos dividido en capítulos las distintas materias de que forzosamente 
teníamos que tratar aquí, empezando al efecto por la elevación al poder de 
D. Gabriel A. Pereira, su administración y arbitrariedades con el partido 
Colorado y los motivos da la revolución de 1857. Continuando con las ope- 
raciones en campaña, la batalla de Cagancha, la traición y asesinatos en el 
Paso de Quinteros, y concluyendo con la revolución del general D. Venancio 
Flores y la participación que el Brasil tomó en ella. 

I Declaramos que no ofrecemos una obra completa tai vez, porque ni 
nuestra inteligencia ni nuestros recursos nos han permitido tal cosa. Solo 
nos hemos concretado knarrar todos los sucesos de aquel cruento episodio, de 
un modo suscinto v verídico dejando para otra pluma mas competente el 
complemento de ellos. 

Sin embargo* podemos decir á nuestros lectores, que en esta relación 
histórica encontrarán todas las operaciones del ejército á las órdenes del 
malogrado general Diaz, los nombres de los gefes y oficiales muertos en la 
batalla de Lagancha y asesinados después de la capitulación de Quinteros. 
Igualmente el número de tropa é italianos sacrificados bárbaramente por 
nuestros enemigos políticos. 

Hemos cuidado mucho de hacer conocer el número esacto de los espe- 
^dicionarios en la goleta May¡>ü\ para cuyo efecto publicamos la lista no* 



Y. 

minal de todos» incluso el general Díaz, y hemos tenido ese cuidado, por la 
razón de que en aquella época se calumnió de un modo inaudito al general 
Diaz, haciéndolo aparecer como vendido al gobierno del Estado de Buenos Airts, 
y como tal, capitaneando una espedicion. compuesta de un gran número, de 
aventureros italianos [á] tacheros; y de presidarios de la cárcel de aquella ciudad. 
Por esa liata autógrafa se vendrá en cuenta de la conducta del partido ilanco 
y de los medios viles y rastreros de que se valió para conseguir la alianza 
del Brasil y del general Urquiza. 

Tratamos también en esta relación histórica y verídica, de caracterizar 
lo mejor que nos ha sido posible, á los dos partidos en que ha estado y tea- 
drá que estar dividida la República, presentándolos con sus propias obra*, 
en los momeutós del peligro. 

Al partido colorado lo ofrecemos tal cual és; pues todos saben que aun* 
que abatido, perseguido y sin recursos de ningún género, él ha encontrado 
en el patriotismo de los hombres que lo componen, los medios para llevar 
adelante su propósito santo de vencer á los déspotas, y levantar triunfaiM 
tes los grandes principios que rijen á los pueblos civilizados* 

Al partido blanco % por el contrario, lo presentamos tal cual ha sido;. *u 
el poder, como fuera del poder, se verá que siempre, para mantenerse ha és* 
peculado sobre el pais, importándole poco el modo de adquirir recursos 
para llevar á cabo sus propósitos. 

El partido colorado es el general Rivera, haciendo la guerra á los ejercí- 
tos arjentinos de Rosas mandados por Echagüe y Oribe en 1839 y 1842;, 
es el sitio de Montevideo sostenido por la población encerrada dentro de 
los muros de la ciudad heroica. 

El partido blanco es el que pide ausilio3 á Rosas, á TJrquiza, al Bra- 
sil, al Paraguay, y acepta contratos leoninos y escandalosos como los ce- 
lebrados con el Barón de Maná, y esta es la razón porque Vemos ala Re- 
pública agoviada bajo el peso de los tremendos compromisos que d su nombre 
ha contraido el gobierno de los blancos. 

Ese partido es el que, cual Canibal sediento de sangre ha querido 
siempre que la guerra continúe á todo trance, por jue es un partido que 
jamás, en treinta anos de ecsistenciaha podido avenirse á vivir á la sombra 
de la paz; porque necesita de la guerra para robar, para enriquecerse, para 
levantar fortunas amasadas con la sangre y las lágrimas del pueblo. 

Los blancos no han querido nunca la paz, porque á la sombra de un 
réjimen regular, y con un gobierno que mande con la ley en la mano, 
haciendo de la democracia y los principios una verdad inquebrantable, no 
pueden hacer lo que hacen entre ellos solos; repartirse el pais como un patri- 
monio que les pertenece, y arrojar del seno de la patria á todo un partido 
que hicieron peregrinar en la proscricion. 

En la revolución del general Flores, y en el corto espacio de veintiún me- 
ses, gastaron ocho millones de pesos fuertes del Banco Mauá, á mas de todas 
las rentas y de otros empréstitos !! 

ÍQué se hicieron los ocho millones? 
departírselos entre algunos pocos, y legarle al partido colorado una pa« 
tria empobrecida y llena de deudas!!! ....................... 

...,.....,...............,•.*...... „,.....................♦*«* 



VI. 

Repetimos nuevamente que solo narramos en esta relación histórica 
los sucesos de aquélla época, qne con tanto Interés y empeño ocultó el go- 
bierno del flr. Pereíra con un denso telo, á fin de que no se descubriera su 
horrible deformidad. 

iPuede ser muy bien que algunos pormenores y circunstanciarse nos 
hayan escapado , pero confiamos que no faltará algún compañero de aquella 
jornada de luto que emprenda la publicación de esos sucesos con mas mé- 
rito que nosotros; pero siempre nos quedará el placer de haber compilado 
y dado á luz los nuestros, que vendrán á dar por resultado una obra com- 
pleta. 

' Puede ser que muchos al leer esta historia se espliquen las ovaciones 
fúnebres y la ecsecraciqn universal lanzada por todos los pueblos civilizado» 
contra los autores de los asesinatos de Quinteros. 

Puede ser que esta lectura enfrie el entusiasmo de algunos porla7e$ra* 
lidad del gobierno del Sr. Pereira, y los haga avergonzarse de haberla 
defendido con tanto calor. 

JDia.ha de llegar, y no tarde acaso, en que la justicia de los hombres, 
llatíie ajuicio á los verdugos de Diaz, Tajes, Freiré, Caballero, Abella, 
Martinei, Poyo, ( Sacarello, Espinosa, Islas, Mas, &. Entretanto, repetire- 
mos las hermosas y notables palabra*, escritas en un caso algo semejante 
al que.nos ocupa, por otro ilustro mártir de la libertad, el desgraciado Dr. 
D. Fjoreííóio y arela: « Justicia del cielo caiga sobre esos cobardes asesino?; 
eí único eastigo que puede alcanzarles por ahora en la tierra, el anatema 
de 'los buenos, donde quiera quese conozcan sus delitos. » 

@ft?ontei>ioU&, 8<fcat«o Í5 ¿U <é66, 




;KQTA-»2fin. obsequio de la verdad, declaramos aquí, que* muchos datos do la administra- 
ción ele Pereira, dejos sucesos de acuella época, y de lo acaecido en Buenos Ayíes lo hemoa 
tomado de las luminosas cartas que nuestro diátin'güidó compatriota y correligionario político 
Di* Héctor* F. Yarda, dirijió desdo aquella ciudad al redactor del Jornal do Commercio* *n 



' L4 REmi€WN 0E 1S57 



.» - y 



CJüPTZETmo 2.' 



t ... 

^WrtQde J>, Gabriel A. pereira A 1A £^e#fóWteYa 
do la Reptibliea en ^a y »u» arbitrar i oaá^etfoíriSL; 
el partido ^Coiíbraálb.^ :■»*> ■:*■-,- • 



Conocido és de todos los habitantes de la República, el mediorpor el 
- cual alcanzó la primera magistratura et Sr. pereira* para;que nosotros 393 
detengamos etí la narración délos sucesos;: to^ps recorran que aquella • 
cáñdidatu'ra ao turo otro objeto sino el de impedir que. suhiesw ¿1 xwauio 
algunos de los candidatos qué en esa: época personificaban en lodaiu ¡nueza, 
al apartido gloríosíode la Defensa* ./ 

Esa ful la única razón por que se combatió la candidatura del General 
D; César Día&l 

El pffrt ido Colorado desde que vio colocarse al frente del gobierno d?l 
país, á un ciudadano que había subido por ia -influencia del general (Xribe 
y de su círculo, empezó á. recelar de sit política ulterior, y con sobrada ra^ 
zoú, puesto que ef Sr; Pereira aceptaba el poder de manos del Jiomb/e con 
el cual luchó nueve i años Montevideo y que lo. había arruinado á él perso- 
nalmente, 

No faltaron sin embargo, creyentes que esperaban que el Sr, Pereira 
una vez electo Presidente, y como antiguo colorado, le jugaría Un pühtn^ié 
¿ la, infltteacia oribista, y gobernaría con sus ■ correligionarios pqlíiicos. 

¡Fatal engaño!! 

Muy poco tiempo, fué preciso para adquirir la triste convicción dé qué, 
el partido blanco ganaba terreno, y que el partido cobradq^o psjfAíbdw & 
dia por la falta de una cabeza, de un hombre qué levántase en alto la bafi- 
d*ra de los píáncipios^y de la libertad. 

Eh ««ai Circunstancia* vino d« Buenos Aires ti Dr, D, Juan Q< Qo+ 



mez, y encontré «1 partido co^ofo dividido, fraccionado, y el espíritu pú- 
blico completamente muerto. 

fie hizo cargo de la redacción en gefe del diario El Nacional, con el 
objeto de unir al partido, y levantar el espíritu adormecido. 

En poco tiempo el partido colorado se puso de pié, unido y compacto 
[con muy raras escepciones], hubo opinión pública, y los elementos disper- 
sos de la libertad empezaron á organizarse bajo la dirección de una mano 
hábil, de un corazón sano, y de una intelijencia que hace honor á nuestro 
país* 

El partido btcinco, sintió entonces todo el poder de un partido cuando 
se disciplina, cuando hace á un lado las fusiones, cuando levanta en alto 
sus gloriosas tradiciones, y se presenta . resueltamente al terreno de la 
lucha á disputar con toda la sublime tranquilidad de la razón, la conquista 
de lo que es suyo, de lo que de hecho y de derecho le pertenece; compren** 
dio en fin que el equilibrio empezaba á faltarle, y redobló sus esfuerzos cer- 
ca del Gobierno de Pereira. 

Empezaron á inventar revoluciones preparadas por los colorados. 

D. Juan E. Horne, en La BepúbRca; D. Juan ¿. fiarboza y D. Ramón 
de Santiago, D.Enrique de Arrascaeta y otros, en LaNacíon, y t>. Francisco 
X. .de.Acua con D. José Q. Faloiueque en JLa Opinión Públieq, escribieron 
sin descanso m para probar que el Dr. Gómez era ájente de una propaganda 
unitario-pórtena; que estaba á sueldo del Gobierno de Buenos Aires, cuyos 
intereses representaba en Montevideo. Anunciaron cantidades de dinero 
que decian aquellos eran enviadas alDr. Gómez por el partido dominante 
en la vecina orilla, con el objeto de derrocar al partido blanco Fereira. 

Todos esos escritores á quienes llamó asalariados D. Federico Nin Res 
yes, entonces Ministro de Hacienda, apelaban á los sentimientos de nació- 
nalidad, tratando de hacer creer que la misión del Dr. Gómez, redactor de 
El Nacional no era otra que preparar con tiempo el terreno para la aneecion 
futura de Montevideo al Estado de Buenos Aires. . ■ , 

En una palabra, durante los siete meses que el Dr. D* Juan Q Gómez 
permaneció en la prensa, propagando ideas santas de libertad, doctrinas 
salvadoras, el respeto á las leyes, á las formas, y á la autoridad, á la vez quo 
condenando el crimen y la inmoralidad, ei partido blanco hizo cuanto pudo 
por deshacerse de tan temible antagonista. 

Todos estuvieron contra él, y él solo contra todos. 

Varias veces intentaron arrastrarlo ante el Jurado de Imprenta, procu- 
rando de ese modo quebrar la influencia moral de su palabra. 

lias tentativas fueron inútiles; porque después de iniciadas, los mismos 
iniciadores tuvieron vergüenza, y les faltó el coraje de ir á sentar al banco 
de los acusados al hombre que solo aspiraba el bien de su patria, el aniquila- 
miento del partido que la nabia hecho sobrenadar en un %o de sangre, y que 
amenazaba entregarla á la dominación estrangera al Brasil [1], antes 
que verla en manos de los que batallaban por ver entronizada la ley y los 
principios, eri vez del pillage y de la anarquía. 

(1) Él Gobierno del Sr. Pereira cortejaba en esa époc* al Gobierno brasilero por medio de bu 
repretentaat* tn aquella Corte D. Andsfe tasua para formar alia***, comoina» tarde lo veriivó 



- 8 - 

El dia de las elecciones de Senadores y Representantes se acercaba en 
medio de la lucha y de la polémica ardiente de la prensa. 

El Gobierno pasó una circular con fecha 10 de Julio de 1857, en la que 
declaraba á todas las autoridades de campaña, «que el Gobierno no pensaba 
« tomar la menor parte en las elecciones; que lo que deseaba era hacer efec- 
« tivo el libre voto de los ciudadanos, haciendo respetar el ejercicio pacifico 
«r de la soberanía popular el dia de las elecciones.» 

Esta declaración tan solemne como categórica, tué publicada en todos 
los periódicos de la República, bajo la firma de su Presidente. 

Otra declaración concebida en idéntidos términos, apareció también bajo 
la firma del ministro Keqnena. 

Alentados, pues, los partidos con la promesa oficial de respetar el voto 
popular, uno y otro, es decir, el blanco y él colorado, se preparaban á la lucha. 
Pero hallábanse esos trabajos muy al principio, cuando el partido coló* 
rodo empezó á comprender, muy á pesar suyo, que se le había engañado im- 
punemente; que esa libertad tan mentada de que estudiosamente se habia 
hecho gala ante la nación toda, era una farsa ridicula , y por último, que el 
Gobierno pensaba decididamente apoyarse en el partido blanco, aceptando 
asi las tradiciones sangrientas de Rosas, Oribe, Maza, Carnes, Olid, etc , y 
volviendo la espalda con desprecio á las tradiciones gloriosas del partido 
de la defensa; de ese gran partido, del que un distinguido escritor, el redac- 
tor del Brado do Sud, ha dicho: « que es el partido que siempre ha represen - 
« tado en Montevideo la libertad y los principios, el partido que siempre ha 
« tenido los brazos abiertos para recibir en ellos á sus hermanos los brasi- 
« leros. » 

Primeramente se mandaron amonestar, como á esclavos, á los redacto* 
res de los periódicos. 
N Mas tarde, no contento con esto el Sr. Requena, publicó un acuerdo so- 
bre la prensa, en el que, á nombre de ro sabemos qué intereses, invocados 
por él, se ordenaba al Gefe Politice que amonestase nuevamente á los redac- 
tores, prohibiéndoles « que hablasen mal délo? gobiernos del Brasil, la Con- 
« federaciou, y por galantería, del de Buenos*Aires. » 

Decimos por galantería, porque el lector comprenderá muy luego, el 
objeto, la intención y las vistas, con que era dado aquel acuerdo, que fué un 
atentado injustificable contra la libertad de imprenta. 

La Constitución de la República,en su articulo 141, sección XI, capitu- 
lo único, dice: - «Es enteramente libre la comunicación de los pensamien* 
« tospor palabras, escritos privados, ó publicados por la prensa en todarorifc' 
«teria, sin necesidad de previa censura, quedando respousable el autor, y en 
« su caso el impresor, por los abusos que cometieren con arreglo á la ley. » 

Se vé, pues, que la Constitución garante la libertad de escribir, y que 
según ella, hay leyes que reglamentan la formay el modo de hacer respon- 
sable al que abusa de ella. 

¿Cómo es, pues, que el Poder Ejecutivo se enjia en juez y parte para fa- 
llar sobre delitos de imprenta? 

¿No se vé claramente que al dictar aquel acuerdo, el Gobierno de señor 
Pereira y del Sr. Requena violaba la Constitución? 

El lector sabe también que un gobierno legal jamás comete atentado 
de esa naturaleza. ; 

2. 



_4k - 

. Ac pesar de tan amargos desengañen, el partido cobrado siguió sus traba- 
jos electorales, reducidos basta aquel instante á una propagauda saludable - 
por la prensa. ' 

EL Dr. D. Juan O. Gómez era ciertamente el apóstol mas ardiente de 
aquella propaganda. 

En lo mas caloroso do ella, y cuando solo faltaban algunos dias para 
las elecciones, llegaron los famosos tratados de 57, que acababa de celebrar 
D. Andrés Lamas, á nombre del Gobierno del Sr. Pereira, con el gabinete 
brasilero. 

Esos tratados fueron una manzana de discordia, introducida cuando 
mas necesitaban los partidos con tendentes, una voz armoniosa que pudiese 
apagar la oscitación de los ánimos. 

Pasaron algunos dias sin que nadie conociese el verdadero tenor de los 
tratados. 

La preusa hablaba do 0II03 por suposición ó por informes, mas ó méuós 
esactofl, do cada uno de los redactores de diario. 

Poco á poco so fué descubriendo el misterio. 

Cada dia que pasaba, se adelantaba algo sobre el espíritu de los trata- 
dos, los que desde luego se decía, contaban ya con el apoyo del Gobierno. 

Al fin, la preusa consiguió ampararse de los tratados, que fueron leídos 
con avidez por el pueblo, que ansiaba por conocer su fondo y su contenido. 

La influoncia oficial por una parte, pronunciada en documentos públi- 
cos en pro de dichos tratados, y por la otra, el lenguage florido de la nota 
on que el Sr. Lamas recomendaba al Gobierno la adopción de los tratados, 
hicieron quo on ol primer momento la opinión so manifestase vacilante. 

Lo quo sucedió en ol sonó de la población, sucedió también en el seno 
del Cuerpo Lcjislativo. 

Los amigos do la Libertad estaban desde luego contra los tratados. 

Los partidarios del Sr. Pereira y de la fusión, como Palomeque [D. J. 
Gabriel], Fisterra [D. Francisco F.], Echenique[D. Rafael], Lozano [D. Jo- 
sé], Sohona (D. Ermenogildo], Latorre (D. Pedro) y otros, apoyaban calo- 
rosamente los tratados, y decían & gritos « que serian apoyados en la Asam- 
blea.» 

En medio de estas dudas, de estas perplejidades que nos prometemos 
recordar & nuestros lectores para seguir la relación metódica de los hechos 
en que nos debemos apoyar para justificar la revolución del 57, se trajeron 
loa tratados al examen tranquilo, maduro y cDncienzudo de la prensa perió- 
dica. 

' FOT primera ve« se vio entonces al diario bfmxco «La República hacer 
titania común cou los diarios colorados tEI Nacional» y «El Comercio del 
Plata», 'representantes del glorioso partido de la Libertad, para combatir 
«fittoelos tratados de que estamos hablando. 

Todos», sin eseepcion, atacaron con masó menos fuego esas estipulacio- 
nes, que anulaban de fuxho la integridad nacioual, á la vez que uncían al 
carro de la conquista la soberanía Se la patria. 

La pluma del Dr, D. Juan O. Gómez fué la qne colocó la cuestión bajo 
Lulero punto de vista, pesaudo las ventajas y las desventajas que ofre- 
itadue, y abriendo una cuenta corriente entre la República y el * 




Imperio, de la que resultaban ~toda9 laís ganancias para éste y todas las pér- 
didas para aquella. (1) ..." 

Las palabra» sonoras y lucientes del Siv Lariin T s, qiié 1 á manera d¿ una 
túnica plateada y brillante, encubrían un esqueleto escondido bájb los plie- 
gues de una apariencia deslumbradora, cayeron una á una, ante el golpe 
rudísimo de la verdad que pisoteó los fantasmas; realizando el triunfó de ia 
realidad de las cosas, que só descubrió en toda sú pureza. 

. Lá opinión pública no podia vacilar ya. Lo que ayer aparecía dudoso, 
veíase desde luego claramente. 

Los tratados eran malos: estaba probado. Los tratados comprometían 
Ja dignidad de la nación, y por eso. fueron'duramente combatidos por el 
Ür. Qoméz, á quien acompañó en eí combate la pluma brillante cLell)r. D. 
Miguel Cañé, redactor del "Comercio del Plata. 

A pesar del estado visible de repulsa que se manifestaba en la ojr'nion, 
el Gobierno se dejó adormecer por la esperanza de que los tratados serian 
aprobados por las Cámaras. 

Al efecto, los pasó á lá Comisión Permanente, puesto que aquellas se 
hallaban en receso. 

La Comisión, en cuyo seno imperaba una mayoría oficial, aprobó los tra* 
iados, y muy luego se convocó la Asamblea. 

No creemos que nuestros lectores ignoren el estado en que se en contra- 
ba Montevideo en los momentos en que t una sanción lejislativa iba áafec. 
tar los intereses mas caros del pueblo. 

La íijitacion era general. 

Se esperaba con ansia la reunión de las Cámaras* 

JBse dia llegó por tin, y, desde téanprano un pueblo inmenso poblaba 
todas las avenidas del recinto lejislativo. 

JS1 gobierno, aliado ya eu cuerpo y alma, y casi oficialmente, al partido 
blanco, llevó tropa armada á la barra, capitaneada por el Gefe de Policía, en 
e&a época D. Luis Herrera. 

El objeto de esa medida era conocido. 

Quería intimidarse á los Representantes que se oponían á los tratados, 
ejerciendo una coacción violenta sobre sus opiniones. 

Momentos antes de entrar el ministro Requena á sostener los tratados 
en la Cámara, comprendió que la mayoría los rechazaba. 

Cómo, el .Dn Itequena no tiene un pelo de tonto , propuso, como cuestión 
previa, el aplazamiento de la discusión. 

La moción fué desechada. 

Entonces se vio por primera vez, en los anales parlamentarios del mun . 
do, que el gefe político D. Luis Herrera, desde la barra donde se hallaba 
como simple espectador, apostrofase acre é insolentemente á los Represen*» 
tan tes que habían tomado la palabra contra los tratados, sin que el presi- 
dente de la Cámara, D. José G. Palomeque, hiciese nada para castigar aquel 
inaudito atentado, contra la propia dignidad del Cuerpo Lejislativo, contra 
la inviolabilidad de los delegados del pueblo, y aun contra su propia segu« 
ridad individual. 



(í) Véanse los Nacionale$ desde eí 13 de Octubre de 1857, hastia el 81 del mismo. 



Entónces todo filé confusión, y ae levantó la segiou en medio de gnios 
y del mas completa desorden. 

4 Quién lo había provocad*? 
51 Gobierno. 
¿Por qué? 

Porque se reconoció perdido, y antes de pasar por el bochorno de una 
derrota parlamentaria, quiso dar un escándalo parlamentario. 

Al dia siguiente de ese suceso, el Gobierno publicó un decreto disol- 
viendo la Lejislatura, convocada estraordinariamente por él mismo, y prohU 
hiendo toda discusión sobre los tratados. 

ÍEra esta una medida legalt 
^ede muy bien ser que para el partido blanco lo fuera; pero para el 
partido colorado fué el primer paso hacia el despotismo que se entronizó mas 
tarde en esta infeliz República. 

Alirabean lo hadicno en su obra titulada Des Lettres de Coebel: « el pri- 
c mer paso dado en el camino del despotismo, es el despotismo erijido en 
« sistema; » y esto fué lo que sucedió precisamente aquí. 

Lanzado en la pendiente, el Gobierno no pudo volver atrás. 

Las violencias, los atropellamientos, los escándalos se sucedieron uno á 
tino con la rapidez del rayo, hasta justificar la revolución, como se verá mas 
adelante. 

Al mismo tiempo que tenían lugar los acontecimientos de que habla- 
mos anteriormente, el partido Maneo, aucsiliado por el Gobierno, seguía acti- 
vamente sus trabajos electorales. 

Convocó una reunión, en la que, á pesar de hallarse unos pocos 
colorados, arrastrados á ella por la política pastelera de las fusiones inicia-* 
da en aquellos dias por D. José G. Palomeque y D. Francisco X. de 
Acha en La Opinión Pública, conocieron la debilidad de su partido, y su 
impotencia para luchar legalmente, y en el terreno de la ley, con el partí- 
do de la Defensa. 

A esa reunión asistieron todos los elementos con que contaban en el 
pais : 

Los fusionistas; 

Los gefes y oficiales adictos al Gobierno; 

Los comisarios de policía; - . 

Luis Herrera con sus secuaces los morenos Pozo y Vilaza; 

Los que sostenían los tratados con el Imperio; todos, en una palabra, 
se dieron cita á esa gran ostentación de un poder político, y á la que no con* 
currierou 200 personas. 

El partido de la Defensa, aujique visiblemente contrariado ya en su 
marcha, siguió también sus trabajos. 

Los inició en una reunión preparatoria en la que se acordó citar al 
partido para una reunión general que debía efectuarse en el teatro San 
Felipe y Santiago. 

Al hacer efectivo el derecho de reunión, el partido de la Defensa, como 
el partido blanco, estaban garantidos por la Constitución. 

Pero el Gobierno legal del Sr. Pereira, al ver anunciada en los diarios 
la convocatoria del Club déla Defensa, hizo que el Dr. Kequena (31 de 
Octubre) llamase al general D. Cé-ar Díaz, al Dr. D. Juan C. Gómez, al 



/ 
/ 



-7- 

general D. JEnrique Martínez, y á los coroneles D. Santiago Labandera y 
í) Francisco Tajes, para preguntarles « si ellos respondían del orden j>úblico 
« el dia de la reunión, que prometía ser crecidísima. » 

«Contestaron al Gobierno que « si; que respondían con su pescuezo de 
«la tranquilidad. pública; que la reuniou del Club seria enteramente pacifi* 
«fia: que si alguno intentaba turbarla, ellos mismos entregarían á la justicia 
« á los perturbadores para ser castigados. * 

Estas seguridades parecieron tranquilizar al Gobierno, que, hasta en- 
tonces, no. tenia motivo alguno de sospechar contra el partide de la De- 
fensa. 

Todos sus trabajos se hacian á la luz del dia 

Los escritos de I» prensa eran aconsejando siempre la paz y patenti- 
zando á los ojos del pueblo lo perjudicial que sería el empleo de cualquiera 
medio violento.para salir de la posición clificil á^que el Gobierno iba arras- 
trando el pais/ 

Ahí están «El Nacional» y «El Comercio del Plata» de esa época, en 
cuyas columnas puede cerciorarse todo el que quiera de lo que decimos.* 

La reunión del Club de la Defensa iba, pues, á tener lugar, según lo acor- 
dado por el Gobierno y al amparo de la carta constitucional de la Repú- 
blica. : 

Tero cuando nadie lo esperaba, y sin que hubiese nn solo raotivojustw 
ficable para dar un paso tan escandaloso y. arbitrario, apareció en las esqui- 
nas de la Capital una orden de la policía, prohibiendo bajo penas severas 

LA REUNIÓN DEL CLUB DEFENSA. » 

¿Qué motivaba esa medida? ... 

, ¿Qué podía justificar una violación tan chocante del pacto fundamental 
de la República? 

¿No habia prometido el Gobierno respetar el sufrajio, lo que equivalía 
á respetar el derecho de reunión pacífica? 

, ¿No habia tolerado, y aun fomentado con sus medios oficiales* la reu* 
nion del partido blanco-fusionistal 

El partido colorado, siempre tolerante, renunció ai derecho que todos 
esos actos arbitrarios y escandalosos le daban para hacer una revolución, 
*>órque tampoco en su mente entraba tal plan; sinembsrgo de que si la hu* 
biera hecho entonces, ella habría sido legal en el verdadero sentido de la 
palabra, al ver la conducta escandalosa de la autoridad. No lo hizo, y se 
contato con dar un ejemplo sublime de resignación, absteniéndose completa- 
mente de hacer uso del derecho de reunión. 

La Constitución de la República se lo garantía. 

JS1 Gobierno lo echó por tierra por medio de una orden .firmada por 
su gefe de policía^ D. Luis Herrera, y los colorados sufrieron, pues obedeció* 
rpn, no reuniéndose. « 

La tormenta que hacia largo tiempo se veía venir sobre la cabeza del 
partido de la defensa, se desplomó entonces con toda su fuerza, arrastrando 
en su ímpetu violento, derechos, garautías individuales, leyes y Constitu- 
ción. 

fin pos de la prohibición de la reunión del Gub, vinieron nuevas medi- 
das de un carácter despótico, que presagiaban la resurrección de la época 
tenebrosa de los Gobierno» personales. ' 



Queda hasta aquí probado : 

Qué bubo ataques á la libertad de imprenta; 

Ataque á la soberanía del Cuerpo Lejislativo; 

Ataque al derecho de reunión; 

Ataque á varios artículos de la Constitución dé la República. 

Todo esto corista de actos y documentos públicos, qué Vieron la lureu 
los diarios de esa época, y que raro 9erá el lector qué no éónozca, si estaba 
eu esta ciudad en 1857. 

Al siguiente diá (1. ° de Noviembre) dé dar la órdén dé que hemos ha* 
blado anteriormente, un comisario de policía se presentó en la casa del doc^ 
tor D. Juau C. Gómez, calle de Zavala núrnero 89, y le intimó órdén de 
prisión. 

Sus atnigoís le aconsejaron que se resistiese, que ellos Id sostendrían. 

Lejos dé eso, el Dr. Gómez se dejó prender y fué conducido kun inmiiH* 
do calabozo, sin saber el motivo de tan estrafalario proceder. 

Mas tarde fueron también arrastrados ala cárcel idfe ciudadanos D. 
Juan José Poyo, alcalde ordinario de la Florida; D. Eugenio Abella, te- 
ñí eute coronel; D. Miguel Nieto, teniente coronel; D. Atitonió Zorrilla, capi- 
* 4an; D. jacinto Rey nal, sargento mayor; U. Estevaa Sacarelló, sargento ma- 

Í r " or; D. Manuel Espinosa, sargento mayor; D. Vicente Garzón, D. Luislsaatt 
'ezános, redactores del «Sol Orieutal »; donde sé les dio potf compafieros 
dié prisión á criminales fattiosos, sentenciados unos A la última pena; y acu* 
sádos otros de asesinatos alevosos. 

A las pocas horas se fletó el vapor Mmáy, y al venireldia [2 do No* 
vi embrel, todos esos señores fueron sacadosde la cárcel, Con iirta escolia de 
cien hombres, de infantería y caballería, conduci&óá á la isla de Ratas [por no 
creerlos todavía seguros en la cárcel] y de allí embarcados á bordo dé. dicho 
vapor, que los condujo desterrados a Buenos-Aires, sih éspresar causaa 
motivo. 

Tenemos, pues, nuevos atentados á la libertad individual, al domicilio 
del ciudadano y á la Constitución de la República 

A la libertad individual* porque ninguri ciudadano ptfede ser encarce- 
lado sin espresar causa, y sin qué proceda forma de juicio legal; 

Nada de esto sé hizo con los desterrados. 

Ai -domicilio, porque la fuerza pública no puede penetrar los umbra- 
les de la casa de un particular siftprévio allanamiento. 

¿Se hizo algo de esto al prender al Dr¡ Gómez y demás compañeros ? 

Tampoco. 

Ala Constitución de la República, porque ella prohibe espresamente 
queí ningún ciudadano pueda ser desterrada dé su territorio síu que proceda 
c&úsn. ó juicio legal* * 

Tampoco se consultó nada de esto para alejar de Montevideo al doctor 
Gotnéz, quéno babia cometido mas crímenes, que uniformar al partidocofo- 
rudo, prepararlo á la lucha tranquila y pacífica de las elecciones- é influir en 
el ánimo de los Representantes para que fuesen rechazados los tratados 
que acababan de celebrarse con el imperio del Brasil. 

Pero cotúo la ¿lea no muere, según la bella ésprésioñ del poético Lamar- 
tine, nuevos campeones de la libertad tomaron el puesto que dejaba vacan- 
te en « El Nacional » el brusco estranamiento del Ür; Gómez; 



~9~ ' 

Arrastrando toda clase de compromisos, los jóvenes D. Horaclio C. y 
D. Curios A. Fajardo, f I Dr. D. Fermín í 1 , y Artigas, D. José C. Bustaman^ 
te,el Dr. D; (Gregorio Pérez Gomar, D. Juan M. de la Sierra, D. José A. 
Tavolara,D. Antonio Mañozas, D. Luis E. Artayeta, D. Luis Magarinos . 
Cervantes, el Dr. D. Miguel Cañé y otros muchos, se lanzaron de frente 
á criticar la mancha despótica & que se lanzaba sin reserva el Gobierno del 
Sr, Pereira. 

En medio de esta lucha ardiente de la libertad, amenazada <le muerte, 
contrrt el despotumor que pujaba por entronizarse, un incidente imprevisto 
vino á prestar ai Gobierno la ocacion de mostrarse tal cual era. 

Ese incidente fué la muerte del general Oribe. 

El gobierno le decretó honores fúnebres y pomposos funerales. 

E) pueblo se estremeció de indignación ante este nuevo ultraje hecho 
al partido que habia combatido nueve ano¿ contra ese mismo hombre á 
quien decretaban honores oficiales, los mismos que en otro tiempo . habían 
sufrido sobre su cabeza el peso de su dictadura y de su poder personal. 

Este solo hecho habría sido uu motivo suficiente, asazjustifieaüoo, para 
que el partida colorado hubiese ido con las armas en la mano á deshacer á 
balazos el túmulo en que se colocaba el cadáver de aquel hombre funesto. 

Las glorias de la patria, lo* sacrificios heroicos por su libertad, el pa- 
triotismo, la abnegación, la virtud, ¿que eran, qué son para un Gobierno 
que honraba la memoria do Oribe como el pueblo americano la de Was- 
hington, como la Francia l^t de Napoleón el grande, cbmo Buenos-Aires 
la de Rivadayia, Montevideo la de Rivera, Lavalleja y Pacheco y Obes? 

Sin embargo, el partido de la libertad sufrió todavía, sufrió ese ultraje 
inaudito que le lanzaba al rostro un Gobierno, en despecho de la enerjia 
con que se le indicaba el camino funesto que trillaba. 

La prensa protestó indignada contra este nuevo acto de barbarie, y el 
Gobierno, semejante al tigre á quien se persigue de cerca, impotente para 
oir con altivez las acusaciones do la gente honrada, dio un nuevo golpe á la 
libertad de imprenta, desterró otros ciudadanos; como si con esas manifes- 
taciones de su debilidad pudiese ahogar la conciencia de uu pueblo entero 
que le gritaba con toda la robustez do su voz: 

« El hombre á quien habéis decretado honores, fué yn tirano sangrieuto. 

« El hombre á quien mandáis que se le haga un solemne apoteosis, fué 
t un traidor á su patria, pues vino con legiones estrangeras para esclavizarla 
9 y entregarla á su señor el monstruo Juan M. Rosas. [1] 

Los ciudadanos desterrados de que hablamos anteriormente, fueron el 
general D. César Diaz, el coronel D. Santiago Labandera, él teniente coro- 
nel D. Juan C. Vázquez, el sargento mayor D. José M. Cabot y D. Miguel 
Solsona; los capitanes D. Manuel Pagóla, D. Antonio Bover, D. Juan M. de 
la Sierra y D. Feliciano González; el teniente D. Felipe Batista, el distingui- 
do D. José Elis, el propietario del «Comercio del Plata» D. Juan N. Made> 
ro, el propietario del «Sol Oriental» Mr. Reynaud, el colaborador del «Nacio- 
nal » D. Heraclio C. Fajardo, el redactor de « II Sospiro deli* Erute » D. 
Cesare Orsini, y Jos ciudadanos 1). Mauricio Zavalla y D. Serafín Qlivera. 



(1) Véase « El Nacional » de 24 de Noviembre do 1857, y se encontrará una pajina sangrien- 
tt-jde aquel geaaral. ••-••■ 



El 16 de Diciembre de 1857 fueron embarcados en el vapor argentino 
« Constitución » y desterrados á Buenos Aires. 

Después del espectáculo bochornoso dado por el Gobierno del $r. Pe- 
reirá, que mandó tributar honores fúnebres al general Oribe, nada, nada 
absolutamente debía sorprender al pueblo de parte de él. 

Cualquier ultraje á la moral, cualquier violación nueva de principios y 
de formas, no serian mas que una consecuencia precisa del apoteosis hecho 
á la fignra ensangrentada del tirano. 

El Gobierno, que lo comprendió asi, porque no podia ocultársele la in* 
dignación pública, manifestada por la soledad y el silencio profundo que 
rodeaba al templo, manchado con la presencia de un Nerón, se lanzó sin re> 
serva al terreno de la arbitrariedad y del despotismo. 

Loa escritores que iban ocupando el puesto de los desterrados, tenían 
que escribir desde el rincón de sus casas, por evitar la persecución oficial 
de que eran objeto. 

A pesar de esto, no decaía el ánimo de los soldados valientes de la De* 
faisa. 

La prensa liberal seguía su camino, batiendo en brecha la marcha tor* 
fcuosa del Gobierno. 

La ajitacion creció por instantes. 

Los diarios Mancos, á la vez que se complacían en quemar incienso so- 
bre el cadáver de Oribe, pedían medidas restrictivas y violentas contra el 
partido de la Defensa, que según ellos, conspiraba contra la autoridad. 

En obsequio Ala verdad diremos, que hasta entonces, ni un paso, ni un 
solo paso se habia dado eu el sentido de la revolución de que se acusaba al 
partido colorado. 

En medio de una situación tan apremiante, se acercaba por instantes 
el dia de las elecciones. 

;Qué actitud debia tomar en ellas el partido de la Defensa? 

Fácil era preveerlo. 

Despojado del derecho do escribir, despojado 'del derecho de reunión 
por el edicto déla policía del 1. ° de noviembre, violadas las garan- 
tías individuales por el encarcelamiento y el destierro de muchos miem- 
bros importantes, ¿qué otro camino le quedaba que la mas completa abstención 
en la lucha electoral que se acercaba? - 

Asi lo h'zo. 

El partido colorado no concurrió áh\3 urnas. 

Libre el campo á los hombres del poder, las urnas no recibieron mas 
votos que los de la policía. 

Lo mismo sucedió en la campaña. 

Armados los gefes políticos, se preaeutaroivá la cabeza de sus genízaros 
á rodear las mesas electorales, é impedir así el voto de los ciudadanos á quie- 
nes cinco meses antes habia prometido garantir d todos el Gobierno, en su circu- 
lar del 10 de Julio. 

No sucedió lo mismrfen el departamento de Minas, cuyo gefe, el coro* 
nel D. Brígido Silveira, contestando á esa circular del Gobierno ,. le asegu- 
raba, « que las elecciones tendrían allí lugar en el mayor orden. » 

Así fué. 

Minas elijió libremente sus representantes, como lo fueron el Dr. D. 



Juan O. Gómez, Dr. D. José María Muñoz y Dr, D. Pedro Bustarnauto. 

Esta elección produjo en el ánimo del Gobierno un efecto tal, que no 
trepidó eu decir: « que las elecciones de Minas feeriau anuladas. » 

La noticia llegó á conocimiento del coronel Siíveira. 

Para mejor preparar los resultados de la política arbitraria que se hacia 
sentir, el Gobierno, protestando ¿aber descubierto una revolución, estableció 
el terror, como el medio mas eficaz para la consecución de sus planes. 

Cada día eran aprehendidos y desterrados nuevos ciudadanos* 

M uchos se ocultaron. 

Otros abandonaron el paig, huyendo de la atmósfera tiránica, bajo la 
que no podiau vivir bombres mecidos desde su infancia en la cuna dé la Li« 

BE&TAD. 

Un nuevo decreto contra la libertad de imprenta, vino á quitar al parti- 
do de la defensa la única arma con que hacía fuego en retirada. 

« El Nacional » lo despreció empero, y el Gobierno, que ya no se paraba 
ante consideración de ninguna especie , mandó cerrar y lacrar las puertas 
de su imprenta, cuyo propietario, D. Jaime Hernández, tuvo que refugiarse á 
bordo de un buque español, para evitar ser conducido á la Policía, donde 
días antes D. Luis Herrera le había ofrecido pegar de bofetones. 

La violopcia crecia pues, porque ya no eran solo atentado» á la libertad, 
á las formas, á los principios y á la Constitución, lo que sufría el pueblo. 

Ya se le amenazaba también con medidas de rigor; jy porqué? 

Porque la prensa ejercía el sagrado derecho de ir denuuciando abusos 
y atentados del poder. 

Reasumiremos aquí los derechos de que se había despojado &1 partido 
de la defensa, las garantías que h habían arrebatado, y la* violencias, en fin, 
de .querrá objeto; para que nuestros lectores formen su juicio, y conozcan 
Jas poderosas razones que lo impulsaron mas tarde á la revolución. 

1. ° Fué despojado de la libertad de imprenta garantida por: 
El artículo 141 ¿e la Constitución; 

El artículo 4. * de la ley del ano 29; 

El artículo 1. ° de la ley del año 30, y finalmente por el artículo 2. ° 
de Fa ley del año 54. ., 

No inventamos, léase el Acuerdo Oficial del 29 de Setiembre.— Citamos 
documentos. 

2. ° Fué despojado del derecho de reunión pacífica, que garante la . 
Constitución de la República. 

El 10 de julio la garantió el jSobierntf" bajo su firma. 

El i. o de Noviembre la violó el Gefe dg Policía con un aviso en que 
prohibía la reunión de todo club ti\ que se levantase la hmderade partido. 

No inventamos. Citamos documentos que f^tiedeft leerse, pues corren 
impresos éñ lo$ diaribfl[áe la época. 

8. ° El domicilio dé los ciudadanos fué violado, contra el tenor espreao : 
del art. 135 de la Constitución de la República, que dice a*i : 

" Art. 135. La casa del ciudadano es un sagrado inviolable. Be nacha 
" nadie podrá entrar en ella áiu su consentimiento, y áe dia solo e& orden es* 
fC p^eéa deljuéz cóMpelehte^óv escrito y en los caaos.dete minados por la ley. M 

Eso d>je la carta constitucional que juró i espetar solemnemente el 
IVésidenté réreira: 

• " - % " ' • '■•■'•"■' '3 '■ 



-13- 

Ahora bien: . 

¿ Algunas de las formas proscriptas por el artículo constitucional, fué 
observada al allanar el domicilio del Dr. Gómez y demás compañeros des- 
torrados en Octubre y Diciembre? 

¿Hubo orden de juez competente para allanar esos domicilios? 

¿Hubo orden por escrito? 

Hasta ahora nadie la ha conocido. 

Nadie la ha visto, y ahí está la protesta del Dr. Gómez en «El Nacio- 
nal» del 5 do Noviembre, elevada á la Junta E. Administrativa, en la que se 
patentiza la violación de todos estos principios. 

4. ° La seguridad individual fué suspendida por el Gobierno al partido 
de la Defensa, encarcelando y desterrando á varios de su hombres, contra 
el tenor espreso de los artículos 113, 180, 136 y 143 de esa misma Constitu- 
ción despedazada por el Gobierno legal del Sr. Pereira, que dicen así: 

» Art. 113. Ningún ciudadano puede ser preso sino infraganti delito 
»*ó habiendo semiplena prueba de él, y por orden escrita del juez competente. » 

» Art. 180, Los habitantes del Estado tienen derecho a ser protejidos 
» en el goce do su vida, honor, libertad, segundad y propiedad. Nadie pue- 
» de ser privado' de estos derechos sino conforme d las leyes-, » 

¿ Se respetaron estos dos artículos al desterrar al í)r. Gómez y demás 
compañeros, sin ser pillados infraganti deVto, sin orden deljueziqmpetentel 

¿Se les juzgó por las leyes de la República? 

liada do esto sucedió. 

«Art. 136. Ninguno puede ser penado ni confinado sin forma de pro* 
« ce3o y sen,tenc¡a legal. » 

Of ra violación, 

¿Hubo furnia de proceso ó sentencia legal con los confinados de Octubre y" 
Diciembre? * 

Nadie conoce ni lo uno ni ló otro. , 

» Art. 143. La seguridad individual no podrá suspenderse sino con anuen- 

* cia de la Asamblea General ó de la Comisión Permanente, estantío aque- 
ja lia en receso, y en el caso estraordinario de traición 6 conspiración contra la 
» patria, y entonces será para la aprehensión de los delincuenteé. » 

¿Se pidióla anuencia de la Comisión Permanente para efectuarse aquéllos 
destierros? 

¿ Hubo traición ? 

ÍHubo conspiración contra lá patria ? 
II mismo Gobierno, sus propios órganos oficiales no nos han podido 
jamás aseverar ni lo uno ni lo otro, porque los primefós; desterrados oran 
precisamente los que, predicaban sin. descanso la inconveniencia de la re- 
volución, cpnio puede comprenderse por est#s palabras' qué nos permitirnos 
tomar de «Él nacional» del 26 de Sctiembíe, verdadero órgano dejpíirt ido 
de la 'Defendí . Wipejí así; . .- : . -.".O., 

« Hoy ¡preferirnos ser márüreg, ' '* . ...... 

« Si quieren hacer uñas Vísperas Siciliana$> hágtíujfts. '"•■'.- 

« El partido colorado está decidido.^ 
« dejará que se cometa- uñgraij crínlen contra sus g&r&ntías.y sus personas, 
« dejará que quede, bien constatado ante él pais qué sé le ha atacado inde- 

* fenso, confiado en las garantías de la Ley y del Gobierno. » 



Esto escribía eso famoso revolucionario y hambriento, como lo llamaban al 
Dr. Gómez los diarios blancos, á quien preseutaban sus enemigos como au- 
tor de una revolución en que no tuvo parte alguna. 

Hé aquí concretadas todas las violencias, los atentados, las tropelías, los 
desacatos, las violaciones de lcye3, de formas y de principios cometidos por 
el Gobierno del Sr. Peróira. * 

Ahora bien : 

l A un Gobierno que incurrió en todas esas violaciones, se lo podría 
decentemente llamar legal? 

I Podría ecsistir legalidad en el Gobierno que faltaba á su fé pública, 
empeñada en documentos como la circular del 10 de Julio? 

¿Podia un Gobierno semejante gobernar un pais de hombres libres, en 
cuyo seno se ha peleado cincuenta y tautosaSos por la santa causa de la 
libertad y de la independencia? 

I Y no creen nuestros lectores que contra un Gobierno así, la revolu* 
qion seria legal, justificada? . 

- Indudablemente que sí. 

La revolución sena, no solo un derecho, sino un deber del pueblo már- 
tir, á cuyos pies se habían aferrado las pesadas cadenas de la tirariía. 

Tero Uceamos á la revolución, á uuo de los puntos importantes de esta 
relación histórica, y necesitamos también desvanecerlas calnpiuias lanzadas 
por los enemigos del partido colorado, tanto aquí como en Buenos Aires. 

Lo haremos en el siguiente capítulo, tratando de no herir susceptibili- 
dades, porque, ni es puestro objeto eso, ni tampoco hay conveniencia en la 
actualidad, cuando por la gloriosa revolución del general don Ve- 
nancio Flores, el partido colorado ha recobrado sus derechos y garantías, 
usurpados por el partido blanco. 

Mencionaremos tan solo los sucesos sin comentarios, y con el solo fin do 
salvar á nuestro malogrado general Diaz y al Dr. Gómez de los cargos in- 
justos que en esa época se les hicieron por stis detractores. 



-1*- 



CAPITULO II. 

JLa revolución* 



La revolado!) fué obra esclusiva del Gobierno, porque qaiea provoca 
•na revolución 00 su autor. 

El Or. Gómez, á quieu tanto se acusó de la revolución, una de las mas 
•antas y nobles cabezas de este martirizado país, sobre cuya hermosa frente 
parece que pesa algún iuforturro eterno, era desdo el principio opuesto á esa 
revolución, porque creía, * que los atentados del Poder Ejecutivo, traerían 
» esas grandes reacciones do la opinión pública que dan los triunfos cora- 
» píelos. " 

¿8e engañaba el Dr. Gómez? 

Í Tenia razón en sus juicios? 
las tarde lo veremos. 

Lo dejaremos aqui hablar al Dr. Gómez, cuya voz creemos mas autorU 
sacia al tratarse de este grave asunto, copiando algunos párrafos de un artí* 
culo suyo que se publicó en «La Tribuna» de Buenos Aires del 7 de Febre- 
ro, con motivo de algunas palabras del Dr. D. Valentín Alsina que apare- 
cieron en su correspondencia privada con D. Carlos Calvo, publicada dos 
dias antes en el mismo diario. 

Hablando sobre la revolución, decía el Dr. Gómez: « .. 

» El mismo general D.César Diaz me aseguró el dia de su llegada á 
» Buenos Aires, delante de otras personas, que él no estaba en combinación 
» alguna y que habia sido desterrado sin causa. Me aseguró también que el 
» coronel Tajes habia partido para el Salto, ageno &los sucesos que se anun- 
» ciaban. He sabido después positivamente que el coronel D. Erigido Sil- 
* veirá, instado por algunos amigos para segundar el pronunciamiento, re- 
b sistió al principio, manifestando la noca confianza que tenia en la empresa. 

» Mal pudieron los emigrados, ae consiguiente, animar y estimular d sus 
» parciales a lanzarse á la hiena con la esperanza de una alta protección en 
» Dueños Aires, cuando ellos eran escluidos de toda participación en los su- 
» oesos, cuando oran escluidos hasta sus amigos de allá, cuando los que pro- 
» movían, trataban de cultivar mas bien las simpatías de Entre-JEtios, 

» Habiendo conseguido algunos gefes precipitar al 

» coronel D. Brigido Silveira, á pesar suyo, mediante la persecución de que 

» fué objeto este gefo, y abandonado después de su empresa • 

» viéndolo solo, comprometido, y en riesgo inminente el partido, fué que se 
b lanzaron Caballero, Poyo, Islas, el heroico coronel Tajes, que venia tran* 
» quitamente con una tropa de ganado, y todos esos nobles mártires cebar- 



» demente asesinados por sus antiguos compañeros de causa, Pereira y Me* 
Vdhm[l] • ..... >, «*, ........ 

» Comprometido así el partido de la Libertad Oriental en una lucha, 
» que la improvisaciou, el desquicio y la defección hacían tan desigual, loa 
» emigrados orientales trataron de segundar los esfuerzos de sus compañe* 

* ros para calvar al menos el honor de la lucha. Entonces se habló por pri- 
» mera vez de los elementos que lá causa tenia en Buenos Aires, y hemos 
» ¿ido francos y leales con nuestros amigos, patentizándoles desde el primer 
» momento que no debian contar con otra cosa que el personal de 200 eraii 
» grados écsistentes en Buenos Aires y sus alrededores, y esto solamente pá- 
» ra un golpe militar, de ninguna mañera para una campaña. 

b Estoy persuadido que la misma franqueza tuvo el general Díaz, porque 
» toe constaque él manifestó á varias personas en Buenos Aires, que no 
» contaba sino con sus recursos personales, y la única vez que con él hablé 
»■ sobre lo qué convenia hacer, dos ó tres dias antes de su partida, no aceptó 
» él decididamente mi proposición de lanzarlos á las calles de Montevideo 
» á resolver allí lá cuestión ó quedar sobre el empedrado, porque no creía 
«que los escasos elementos de que disponía pudiesen corresponderá la ten> 
» tativo. 

» Ninguno de los emigrados, ninguno, ha animado ó estimulado dsus par* 
» cíales, como dice el Sr. gobernador de Buenos Aires en su carta, ni aun con 
» la esperanza de una alta protección cualquiera de Buenos Aires. 

» La revolución no ha fracasado porque faltase la protección de Buenos 
» Aires, puede tranquilizarse el Sr. gobernador Alsina: la revolución ha fra- 
» casado, primero, porque se invirtieron los roles, reduciendo á los mezquii 

• ños Ijutüités de una conjuración • 

* uña gran revolución de principios; en segundo lugar, porque se convirtió 
» una revolución, que es un suceso político, en una campaña, que es una sií¿ 
» pie operación militar. Foresto ha fracasado; pero dejando al partido de la 

• Libertad dos glorias mas, que le aseguran el porvenir: la gloria del herois- 
» mo de Cagancha y la gloria del martirio de Quinteros. 

Hé aquí ésplicado con sencillez el verdadero origen déla revolución. 

Aunque desconfiando de la empresa, el coronel Silveira no trepidó en 
ponerse en armas, y él fué el primero que con ellas en la mano, se lanzó 
provocado por el Gobierno, al campo de la lucha. 

A los pocos dias de puesto eu armas el coronel Silveira, compren* 
dieron los amigos de causa, que no habia que contar con otros ele* 
mentoB. 

. Quedó solo, pues, el coronel Silveira con 500 hombres que habia reunido 
en él departamento de Minas. 

Apercibidos de esto los comandantes Poyo, Caballero y Farias, no qui- 
sieron librar á los azares de la fortuna & un amigo, y se levantaron también 
en apoyo del coronel Silveira. 

Keuuidas las fuerzas de estos gefes, marcharon de acuerdo sobre la Ca* 
pital. 

Como nuestros lectores recordarán, los primeros pasos de la revolución 
fueron triunfantes, decisivos también, si se quiere. 

(1) Suprimkno* aquí el Anal de «so párrafo por considerarla wí conven lente* 



-le- 

Librado el gobierno del Sr. Pereira á su3 propios recursos en la Capital, 
y la revolución á los que contaba en campaña, el éxito de la lucha no podía 
ser dudoso. 

El Gobierno estaba materialmente agonizante. 

El pais en masa le era adverso. 

El cuerpo de artillería, compuesto en su mayor parte de antiguos solda- 
dos de la Defensa, no podía serle simpático. 

Pruébanloasí las continuas defecciones que sufrió, yendo una compañía 
entera, al mando del sargento mayor D. Aurelio Freiré, & engrosar las filas 
del ejército libertador, cuyo número aumentaba día á dia con loa hombres 
que huían de la ciudad, lemiendo la política salvaje del Gobierno del Sr. 
Pereira, 

El combate de las Piedras, que tuvo lugar en Diciembre, acabó de que- 
brar el ánimo de los pocos defensores que contaba el Gob : erno en la ciudad, 
defensores que se reducían al cuerpo de policía, á los blancos exaltados, y 
á uno que otro soldado del cuerpo de artillería. 

Era una convicción profunda entonces de todos los que se encontraban 
en esta Capital, que si en el momento siguiente al triunfo, los colorados 
hubiesen marchado inmediatamente sobre la plaaa, entran á ella sin obstá- 
culos, sin resistencia, porque no habia quién la hiciese. 

Los colorados no lo hicieron, y permítasenos decirlo, este fué un error 
funesto 

Sin embargo, queremos encontrar algo de justificable en ese mismo 
error. 

Para nosotros, creemos que él estrivó en la falta de una cabeza, de ua 
programa, pues somos testigos oculares de que los gefes que se hallaban en 
armas, invitaron desde Montevideo al general D. César Díaz para que vi- 
niera á ponerse al frente de la revolución, dándole así un nombre. 

; También fuimos testigos de la aceptación del general Diaz, el que no 
podia ser indiferente á la invitación de sus amigos. 

Entretanto, el tiempo pasaba, y como era consiguiente, el Gobierno del 
Sr. Pereira trató de sacar partido de aquel otro error de la revolución. 

Empezó á fortificarse y á prepararse á una defensa desesperada. 

; Tenia como hacerlo ? 

No! 

¿Contaba con medios materiales para ello? 

Tampoco. 

Fué entonces que el Gobierno pidió r octuvo la protección del 
Brasil para sofocar la revolución. (1) 

Mas adelante trataremos este punto, para patentizar que el partido 
blanco se echó en brazos del Imperio del Brasil con el fin deque lo sal- 
vase de la crítica situación en que se encontraba. Entonces no tuvo 
escrúpulos para mendigar el auxilio moral y material de los Macacos, de la 
raza mídala, ni tampoco se acordó de la ambición de ese infame Imperio escla* 
vócrata para conquistar nuestro pais} como decian en la Revolución del 
general Flores, nada rana que porque entonces la alianza era con el partido 
Colorado. «O témpora, o mores» ! 

(1) VéMO la Colección de Leyee y Documentos Oficíale* do D, Justo Maego, del año 1859, en 
•up&g, 315. 



Sigamos el curso de I03 sucesos. 

Hemos dicho que el general Díaz, emigrado en Buenos Aires, aceptó 
en el neto la invitación de sus correligionarios do chusa. 

Esta franca.aceptacion.de! soldado de la Defensa, y victorioso de Case* 
ros, es la que clió origen á toda la sarta de calumnias infames sobre una 
supuesta cooperación oficial del Gobierno de Buenos Aires, en los asuntos 
internos de nuestra patria. 

Al efecto, vamos á tomar algunos párrafos do. unas cartas del Sr. D. 
Héctor F. Várela, insertas en «La Tribuna» del 28, 29 y SO de Marzo de 
1858 y dirijidas al Sr. D. Manuel M. de Castro, redactor del " Jornal do 
Commercio " en Rio Janeiro, el que por su pos : cion social y la íntima 
amistad que lo 'ligaba al entonces Gobernador de Buenos Aires Dr. D. 
Valentín Alsina, estaba en actitud de conocer perfectamente cuanto se reía* 
cionaba con la revolución oriental. Dice aquel caballero: 

" Como testigo presencial do todo lo que se ha relacionado con la 
" espedicion de Buenos Aires, hablo, pues, con pleno conocimiento de 
" causa. 

" La primera cosa que hizo el general Diaz á su llegada á Buenos 
" Aires, fué ver al Dr. D. José Barros Pazos, Ministro de Gobierno, y pe-. 
" di ríe 20Q fusiles. 

" El Dr. Pazos se los negó, objetándole que el Gobierno deseaba 
u observar la mas estricta neutralidad en los asuntos de la República Oriental, 
" lo que está justificado por las cartas auténticas del Dr. Alsina publicadas 
41 por el Sr. D. Carlos Calvo, Encargado de Negocios del BJstado de Bue- 
" nos Aires en Montevideo, y de lo que hablaré mas adelante. 

" Entonces comprendió el general Diaz que no tenia que contar con 
" ausilio ninguno del Gobierno, y que todo cuanto se pudiese hacer en 
" apoyo de la revolución, seria contando con los pocos elementos partida 
44 lares que pudiesen encontrarse entre los amigos de la libertad. 

" Deseoso de guardar sijilo sobre sus planes, no los comunicó á nadie, 
" y habrió su bolsillo particular para sufragar I03 gast03 de la espedicion 
" que debia marchar en apoyo do la revolución. 

k< Se compraron 200 fusiles, algunos sables, y las municiones necesarias 
44 para aquellos. 

44 Se citó á todos los negros orientales que desde el año 55 estaban 
€i desterrados en Buenos Aires, y después de muchos y penosos trabajos, se 
" consiguió reunir cien hambres, á los que el general Diaz distribuyó algún 
44 dinero. 

" Se procedió entonces á buscar un buque en que embarcarse, y el 
" capitán Balan, antiguo servidor de la causa de la Libertad, me dijo á 
" mí mismo, que "La Maipü" la tenia él arrendada al Gobierno y ¿u6* 
" arrendada á un compatriota suyo, agregándome, que éi creia que seria 
u fácil arreglar este buque para la espedicion. 

" En efecto: 

44 Después de infinitos tropiezos y de luchar con mil dificultades, se 
44 fletó LaMaipú. m 



H V^U%¿M*A&< i Viú&i.yfr se totas estsdo &h*a k* reccno* y an 
*/ro *fa*% *%$ *>,rtfA ***/*, retardar» i* nuda de esta peraeaa eq 



44 *y*J'' ***** *** *í*rtfA ***/*, F**&rdar<w U «!ída de esta pegata* 

" *>,*» ío4 m.y*M* pr^arara eñ r-f&a, 1« «refcto que a¿l¡ 
" te//* *; 'j'/f/«rft''Or*M*l fe \.T*ñrñtT*n la «í:dade la espedkroD. 

44 Ai ñtt é***f*¿ yhW/a. y \\*%¿> ha*ta cooorimíenlo del Gobierno, 
" 'j*/**, Ví¿w* f iba i rtwttá&r tn*f**tá*r la salida de Xa Mripk. 

H H*h*A'/r A* **U> f yotótmo d'rsjí al general Díaz, que ya cataba 
" ií h*jr4o *\*>Mh tettípnno wu %n% eo&¿£ añero*, la siguiente carta: 
" Jír, 'tamal fi # César bhz. 

H Mí '{naftáo general y am:go : 

" M«? ar^nn e« estos rrj^mentosVjue el Gobierno vá á mandar órdeu 
" /i J* (b¡At*hU <M l'uerí/>, para suspender la salida de ¿a Jla'pú. 

" (¡rw 9 %kn<}fb\ que sí c*to llegase á suceder, la cansa se cubrí ri a de 
" fidíwiUh Vor <tuto M qu^r, contanoo con la confianza que V. se La servido 
" ti*immrtHit 9 winñíndotwi su* planes respeto á la revolución, me permito 
" twniMJHrte qn* */> ha#a inmeaíatamente aja vela, para evitar los deea- 
ét Kf*<Um A <[M pudiera dar logar la detención de La lüaipL 

" AvísetnoV, si algo le hace falta: tenga la fineza de contestarme 
éé ¡Mr U ballenera /juo conduce la presente* 

" lih mtñora sígu« bien, 

ét b\n mas por ahora, y haciendo votos ardientes por la felicidad de 
" V, y (UíuiAh compaííeros, lo saluda tu 8. S. y amigo 

IíkctobF. Vakbla. ?f 

h A asta caria, el general Díaz me eontes'ó lo siguiente: 
" Hv. I), Ilmsfor V. Várela. 
" MI amigo: 
té Hon las tres y media de la tarde, hora en que recibo su carlita; 
'* nuroiliiftoii su fivWo, debiendo advertirle que ahora mismo nos hacemos 
11 A la vola. 

44 (Jonflo oh D!oi y on la santidad de nuestra causa. 
M H\\ wmlgo 

" Casan Díaz. " 

,é lCstos doonniontos oatáti ou mi poder, Sr. Castro, y á no ser el fin que 
■• iiia pnipnngo, JamAa los habría publicado. ~ 

11 Vo pregunto, míos, ¿ puodo caber on cabeza humana, que en vista do 
14 toduft lit* i'nntmrluuado» que precod ; croii la espedieion, en presencia.de 
11 Ion obnWoulod oon quo tuvo (pío luchar para llevarse A cabo, en vista del 
n modo con quo so desprendió do Buenos Aires, podría creerso, repito, 
11 quo cinii oupod'iMon i\ioao auxiliada ó fomentada por ol Gobierno de Bue- 
u nos Alwsí 

14 I \\\ posible, señor* 

" Ni V M ni ninguno de los quo acusnu A este Gobierno de una injeren* 
" olu oflotil v diroetA on las contiendas do la Banda Oiiental, ba podido 
" vvwv *n ^lla» 

" 81 \mi U |>\d(tl\\4 do Tluonos Aires hubiera entrado la mente de 
" mixUlur Irt evolución, lo habriu bocho tViuioay decididamente^ valiendo- 



-IB- 



" se para ello de los poderosos elementos con que contaba y cuenta 



" todavía. 



" ¿ O cree V., señor, que nuestra situación e¡£ tan precaria como para 
" no tener otros ausilios que haber ofrecido á nuestros amigos de causa, 
" que los pocogf elementos de que se componía la espedicion del general 
"Diaz? 

" Lo reducido de esa misma espedicion, bastarla para justificar al 
" Gobierno de Buenos Aires en los cargos que se le hacen. 

" Pero ¿ quién se los hace, señor ? 

" La prensa oribista en Montevideo; esa prensa que ha canonizado la 
" memoria de Oribe, esa prensa que ha llamado asesino al Dr. Alsiua. 

" La prensa de Urquiza; esa prensa que hace cinco años se mantiene 
" con el ddio y los rencores que su inspirador alimenta contra Buenos 
" Aires; esa prensa que ha hecho y hace cuanto puede por dañar nuestro 
" crédito. 

De esta, pues, no hay nada que estrañar. 



u 



.. " Se comprende fácilmente, señor, que la prensa enemiga de este país 
1 haga alianza común para hostilizarlo. 

u Todos los medios son buenos, pues en ellos hay un objeto, así es 

; que la circunstancia de haberse desprendido una espedicion de este 

1 puerto en apoyo de la revolución oriental, sirvió admirablemente á los 

planes de los aliados naturales de los Indios [pues V. sabrá que Tlrquisa 

lo es, seguu lo que ha confesado bajo su firma] y á la mashorea reinante 

en Montevideo. 

" Pero lo qqe es ciertamente sensible y estraño, es que una parte de la 
prensa brasilera haya tomado su puesto al lado de los calumniadores del 
Gobierno y de la política de Buenos Aires, creyendo ó aparentando 
creer en su intervención oficial en favor de la causa de la libertad 
oriental. 

" Si no hay mala fó, si no existe un plan combinado, entre el Brasil, 
XJrquiza y los asesinos que hov se llaman Gobierno Oriental, hay cuando 
menos mucha ligereza, ó un malqueíer injustificable por parte de esa 
prensa, en prestar también su asentimiento á las inculpaciones que se 
han hecho á Bueno&Aires. 

" Y si no, ¿cuáles son los datos que Vds. tienen para creer en una 
complicación oficial del Gobierno de Buenos Aires en los asuntos inter- 
nos de la República Oriental ? 

" ¿Qué antecedentes pueden invocar? 

" i Qué pruebas feacientes han presentado ó pueden presentar ? 

" Ninguna, porque no la$ hay, por mas que digan y sostengan lo 
coutrario los detractores del crédito que gozamos. 

" Mientras tanto, yo puedo citar 4 V. hechos y documentos que justi- 
fican la completa neutralidad de este Gobierno en los negocios de Montevideo, 
neutralidad que de paso diréá V., ha dado origen á que varios amigos de 
la libertad hayan visto en ella un egoísmo poco digno por nuestra parte, 
al tratarse de una causa que era la misma que representa aquí el partido 
dominante. 

4 á 



-J30- 

" ¿Cree V. en la lealtad y hombría de bien del Dr. Alsina ? 

" Debo creer que sí. 

u Bien pues: 

"Pocos dias ante3 de haber zarpado del puerto La Maipú, el Gober- 
a nadór del Estado, sabedor de qne algo se hablaba respecto á espediciones 
u y reunión délos emigrados orientales, ordenó al gefe de policia que 
" llamase al general Diaz y le prohibiese lo uno y lo otro; porque e 7 . Gobierno 
" quería conservar su neutralidad acostumbrada en la lucha que debatían los 
" partidos en la otra orilla. " 

" Apelo al testimonio del mismo Sr. Castro, Gefe Político. 

" Hé ahí una prueba. 

" Poco después de esto, y viendo el Sr. D. Carlos Calvo, ex agente 
'* especial de este Gobierno en Montevideo, que su mismo hermano acusa* 
11 ba al Dr. Alsina de esa supuesta intervención, publicó una parte de su 
y correspondencia confidencial con el Gobernador del Estado, para probar 
" lo infundado de los cargos y la completa neutralidad de nuestro Gobierno 
" en la cuestión Oriental. 

"Hay en esa correspondencia una carta cuya publicación bastaría para 
" justificarnos de tanto cargo injusto, de tanta calumnia villana, pues á los 
44 nombres que han adquirido el derecho de ser creídos como el Dw Alsina, 
i% debe creérseles, y por eso quiero consignar aquí ese importante documento. 

4í Dice así : 

" Buenos Aires, Enero 10 dejl858. 
" Sr. D. Carlos Calvo. 

" Mi apreciado amigo : 

"sPor su correspondencia oficial y particular del 7, 8 y 9, quedo bien 
enterado de la bien desgraciada situación en que continúa ese pobre pais. 

" De oficio so responderá mañana á varios puntos que V. toca: quiero 
ahora ser mas estenso acerca de algunos. 

" Desearía que en los reclamos ó representaciones á ese Gobierno, que 
se le puedan ofrecer á V., no apure mucho. Me hago cargo de lo grave y 
difícil de la situación de aquel, y no seria prudente ni caballeroso, estrechar- 
le y aumentar sus embarazos. Esto, no obstante, no efe posible que V. 
mire con apatía lo de destinar ciudadanos de Buenos Aires á cuerpos de 
línea; no es justificable : represente V. y exija*, y en último caso protesto: 
eso es serio, y nos autoriza para aumentar— que bien lo necesitamos — 
nuestros cuerpos de frontera con orientales. 

« Veo que V. insiste en que es mejor el «Pinto » que el « Constituí 
cion » para estación en ese puerto mientras duren los presentes conflictos, 
¿Quién lo duda ni lo ha dudado? eso lo percibe cualquiera. Con esto 
sucede lo que sucede frecuentemente á Jos que ven las cosas de afuera : 
ven una cosa y no comprendiéndola, creen muy sencillo el que se haga 
otra; es que no miran sino aquel objeto ó interés único, que inmediatamen- 
te les afecta; ¿ sabe V. por qué no envié desde antes el « Pinto » ? Por- 
que además de no ser entonces tan alarmantes las noticias de Montevideo, 
y de bastar por tanto el « Constitución *, lo necesitaba y lo necesito para 
objetos de gran interés. Mi amigo : aunque los sucesos orientales tienen 
gran importancia y trascendencia para Buenos Aires, muchísimo mayor h 



-£1- 

tiene hoy el ncgoc r o de frontera: estoy penetrado deque en su ser ó no 
ser, él me ha ocupado siete meses : él me absorvo. Hoy tratando trabajar, 
después de vencidas grandes dificultades y preparado todo, se in ; cia una 
grande y decisiva operación por toda la frontera, en el espacio de doscien- 
tas leguas, desde el estremo Norte de ella hasta Bahía Blanca. Hó, bien ; 
es de necesidad que el « Pinto » vaya á Bahía Blauca, y ya se avisó á Pau- 
nero que estaría allí dentro de ocho 6 diez dias; y aquí tiene V. por qué no 
podra destinarse á Montevideo.— V. solo á Monte video veia; pero yo tengo 
que ver y atender á muchas partes. 

« Pcrtf en fiu, allá vá el « Pinto ». S<5 que esto puede causar en Bahía 
Blanca alguna paralización ó trastorno; mucho mas cuando no hay en el 
día como avisar á Paunero que ya no va : pues los dos únrcos buques de 
esa carrera, el « Colombo » y el « Belisario », han salido el L ° el dia 5 y 
el 2. ° anoche precisamente. ¡ Paciencia ! 

« Acabo de hablar con Muratore, y le he dicho y repetido bien claro 
lo que se le dirá mañana de oficio, esto es, que vaá disposición de V. ; que 
su objeto es protejer, ségun las eventualidades y sea posible, toda clase de 
persona en conflicto, sin distinción de color político, pero muy especial- 
mente argentino; y que en cualquier circunstancia súbita en que no pu- 
diendo consultar á V. ó recibir sus instrucciones, tenga que obrar y deter- 
minar por sí, tenga presente que el sistema y política del Gobierno es la 
observancia de la mas severa neutralidad. 

« No dudo de que así lo hará : sabe V. que es hombre de juicio. 

« Prudente fuera tal vez, que V. instruyera confidencialmente á ese 
Gobierno de los objetos de la ida del " Pinto "; pues en el estado de alarma 
en que está, no seria estrauo le fueran con historias. 

« Dejo á la discreción de V. el determinar si es ó no necesario que el 
"Constitución " siga ahí ó vuelva á su carrera. 

« En previsión de todo chisme ó mala interpretación, que tampoco 
Berla de estrañar, advierto á V. que en est03 días se ha embarcado en el 
" Colombo " y " Belisario, " buques subvencionados ha cinco meses por el 
Gobierno, 2 obuses de montaña, municiones, algunas armas, aperos, vestua- 
rios, carpas, víveres seco3, etc. Todo ha ido para Bahía Blanca. 

«, Debe V. reclamar el " Maípú, " como se le dice de oficio. Por sus 
notas veo que no está V. bien impuesto. 

« Ese buque es propiedad del Estado, aunque ha tiempo que este se 
desprendió de su posecion, goce y mando, ni ha tenido nada que ver 
con él. 

« En años anteriores, el Gobierno, por librarse de esa carga, entregó á 
particulares el " Buenos-Aires", " Constitución," "Maípú, "y otros, 
par%que los sostuviesen y esplotaseu, á condición de devolverlos cuando lo 
ecsijiese el Gobierno, quien pagaría entonces las mejoras, debiendo también 
ponerlos á su disposición cuando los necesitase para algún servicio corto y 
eventual, como se ha hecho varias veces con el " Constitución. " D. Fran- 
cisco Sardi [a] Balan recibió así el "Maipú" en 1855, aunque en mal 
estado; lo carenó á su costo en el Tigre, gastando como 1000 pesos creo, y 
después ha viajado, haciendo de capitán. 

" üá bastantes dias se me dijo que Balan se habia comprometido á 



— 135S— 

llevar personalmente nn lanchon cargado, que los emigráis y desterra dos 
orientales enviarían á la C03ta oriental. En el acto, le llamé á la sala de mi 
despacho, lo reconvine, y lo negó por todos los santos [y realmente él no 
se ha movido de aquí]; pero no se ofreció hablar del " Maipú", que yo 
creía f»e<uia á sus órdenes. Días después desaparece el " Maipú, " llevan- 
do al general Díaz y otros; y yo que creía que Balan disponía de él, ordené 
inmediatamente su prisión, pues el Gobierno le habia entregado el buque 
en 1855, no para ocuparlo eu actos ilícitos. 

" Mas entonces y con este motivo, so ha ido sabiendo que él no lo 
mandaba ya; que hacia tiempo lo habia pasado á otro italiano por contrato, 
recibiendo él cien patacones mensuales ( decuya3 resultas parece que tienen 
cuestión ante la capitanía del puerto); que el buque habla llegado con 
carga de leña y maderas, fletado por el Sr. Elias; que habia entregado parte 
de la carga; que so fué llevándose el re3to; que Balan fué á bordo, aunque 
tarde 6 inútilmente, á impedir su salida. 

44 Entro en estos pormenores para que V. vea la ninguna parte que 
tiene el Gobierno ni puede tener en la ida de un buque de que no dispono 
ni nunca dispuso, aun necesitándolo, por no perjudicar íi Balan, á quien 
ha guardado consideraciones, pues el buque se le franqueó como recompen- 
sa de antiguos y buenos eervicios. Tan es así, que cuando en 1855 y 56 se 
armaron en Montevideo públicamente y cou abierta protección ó tolerancia 
do las autoridades, escandalosas espedic'onos contra este país, el Gobierno, 
aunque necesitó buques parace l ar las costas, no quiso incomodar á Balan. 
Porto demás, hasta falta de sentido comuu seria suponer que si el Gobierno 
tuviese parte en ese hecho, hab : a do acudir tan luego á un buque del Esta- 
do, No es tan imbécil, ni su tesoro tan pobre que no pudiera servirse de 
un buque de propiedad particular. 

44 Según V. informa, el buque alzó ahí bandera oriental [cuaudola 
suya os argentina ], y además la tripulación declara que en viaje para esa, 
fue asaltado frente á la Colonia por balleneras en que iba el general Diaz 
cou 50 hombres, etc. No me 'gustan enredos; la verdad ante todo. Ignoro 
si fué asaltado y forzado : puede ser, aunque lo mas verosímil es que le 
otreoorian una buena ganancia y accedería. Fero lo de que el asalto fuese 
en viiyo para esa, es falso, pues estaba aquí y de aquí salió. Esa es la lec- 
ción ensoñada á esos pobres diablos, ó invención de ellos, que habrán temi- 
do comprometerse diciendo la verdad, cuando esto es lo que debieron hacer, 
¡mes ningún cargo se les podía formar por ello. 

44 L\ obligación dolos marineros es obedecer al capitán, sin que les im- 
porte ol objeto do este, y sin que ello les traiga responsabilidad alguna; 
solo se las trae cuando lo que so le* ordena es esencialmente un acto veda- 
do, cono ol robar, piratear, contrabandear, &a.; no así cuando el acto es 
esencial é intrínsecamente inoceute y de su oficio, como el mover un bu- 
que do un puerto á otro. 

44 Por esto croo que Vil. debe' hacer lo posible en favor de esos in« 
felices. 

44 Croo que ya avisó á Vd. el Sr. Ministro, que corriendo voce9 que los 
emigrados propalaban que contaban con el apoyo del Gobierno, el general 
£>iaz [á quien uo he vist) la cara] fué llamado y reconvenido por la Policía 



y negó todo. Puede ser, aunque lo de que hacían correr esas voces, es muy 
cierto. Por lo demás, c3os señores no necesitan del Gobierno, porque no 
hay que alucinarse,su causa cuenta aquí con numerosas y valiosas simpa- 
tías: podrán siempre procurarse cuanto necesiten, sin que ningún poder 
humano pueda evitarlo. Tendrán dinero, y con el dinero, todo. Las armas, 
pólvora y plomo son artículos de lícito comercio- Hay una gran masa de 
estrangeros fácilmente co7ichavables, hay otra de orientales de cierta clase, 
inclusos los soldados que vinieron emigrados de esa y relacionados con 
dichos Sres. Agregue V. las franquicias de nuestro sistema y la gran 
estension del litoral de esta ciudad, y palpará que con tantas facilidades, es 
quimera pretender evitar ciertas cosas. 

11 Entre tanto, note V. que los emigrados, sin duda para animar y es- 
timular á sus parciales de aquí y de allá, referían al oido que contaban con 
alta protección [ cuando nada, absolutamente nada han recibido de las 
autoridades ni establecimientos públicos]; los diarios de allá, por odio á 
Buenos Aires, por la viejísima maní i de atribuirle todo y por autorizar así 
ciertas cosas que todos traducen hoy, gritan furibundamente que Buenos 
Aires falta á la neutralidad; y ciertos diarios de aquí, por espíritu de par- 
tido y por encono, repiten coutra su conciencia igual cantinela, inventando 
todo malamente. De modo que todos los^ iutereses y pasioues se reúnen 
como en conspiraciou para inculpar á Buenos Aires. 

" Tero tengo alguna esperiencia, para no estrañarlo ni afectarme por 
ello; ándese por el camino derecho, y al fin la verdad ha de salir á iaz. 

" Digo á V. todo esto para que en cualquier suceso ó emergencia que 
ocurriese de carácter dudoso é interpretable y en que necesite V. pedir 
noticias ó esplicacioues á su Gobierno, pueda V. aun sin recibirlas antici- 
parse á sostener que eu Gobierno os perfectamente neutral: hágalo V. 
altamente y con resolución : no tema V. en su Gobierno hechos que pue- 
dan dejar mal á V., y esté muy seguro -de que lo que le digo y le diga eu 
adelante, es y ha de ser la pura verdad. 

" Me repito su aEfmo. compatriota y S. S. 

" Firmado— Valentín Alsina. " 

" Es copia— Carlos Calvo. * 

" Hé ahí, señor, otra prueba de la perfecta neutralidad del Gobierno 
11 de Buenos Aires; prueba tanto mas feaciente, cuanto que V. debe valo- 
" rar todos los detalles en que espresamente entraba el ür. Alsina, para 
" desvanecer los cargos que, con dañada intención, se hacían á su conducta. 

" Pero hay mas todavia. 

" En la relación del parque tomada al general Diaz, después de la 
ié matanza sin nombre de Quinteros, aparecen solamente los doscientos y 
11 pico de fusiles comprados aquí por el mismo general, los morrales de lona 
" que le proporcionamos sus amigos, y el saquito de balas que se compró, 
$i por no haber cartuchos, ni de donde sacarlos. 

" No invento, señor. 

" Ahí están los documentos oficiales firmados por el mismo general 
" Medina y dados ala prensa por orden del Gobierno asesino de Pereira. 

" i Y cree V., mi amigo, que si el Gobierno liberal de Buenos-Aires 
<c - hubiese apoyado la revolución cou el concurso ds su3 recursos y cUcidi* 



-84~ 

". da protección, esa revoluciou hubiese fracasado por no tener armas con 
" que defenderse, ni municiones con que impedir que una orda de asesinos 
44 viniese á cebarse en sus hombres ? 

44 ¿CréoV. que si e3te Gobierno S3 hubiese decidido á prestar su 
" apoyo á la revolución, habría dejado salir de aquí al geueral a Diaz sin 
" darle cuando menos armamento, municiones y do3 ó tres cañones para 
" facilitar su entrada á Montevideo ? 

44 No, señor ! 

" Desde aliora me atrevo á decirlo. 

" Si V. quiere tratar este asuuto con buena fe é imparcialidad, com¿ 
" pronderá fácilmente que ante estos hechos, ante estas miserias, no hay 
" posibilidad humana do sostener esa mentada complicación del Gobierno 
44 de Buenos Aires en los asuntos orientales. 

44 Y van tres pruebas auténticas, 

44 Pero aun tengo otra. 

44 Creyendo que convendría oir aquí lo que créela persona á # quien 
44 mas han atacado todos, haciéndola aparecer como encargada de negó- 
44 ciar la supuesta intervención con el Gobierno del Estado, dirijí al I)r. 
" Gómez la siguiente carta, cuya contestación va al pié, y aur.que dura, 
44 recomiendo á V. 

44 Dicen así ambas : 
" Sr. D. Juan Carlos Gómez. 

u Querido Juan Carlos: 

" ¿Tendrá V. inconveniente en decirme al pié de C3ta si le consta á 
44 V. 6 no do una manera indudable, la completa neutralidad de este Go- 
44 bierno en los asuutos recientes de su querida patria ? 

" Creo que conviene al objeto do mi trabajo una declaración de V á 
este respecto. 

44 Suyo como siempre, 

Héctor F. Várela. 
Marzo 29 de 1858. 



" Sr. D. Héctor F. Várela. 
11 Querido amigo: 

" Tan estremosa ha sido la neutralidad del Gobierno de Buenos Aires 
M en los asuntos orientales, que no tomo decir que ha faltado á los deberes 
" de hospitalidad que 6e dispensa en todas partes á los emigrados po- 
líticos. 

44 Cuando llegaron á Montevideo los revolucionarios del Sud de 
11 Buenos-Aires, el Gobierno Oriental no perdonó medio para atenderá su 
44 alojamiento y subsistencia. Es cierto que los consideraba sus amigos 
44 da causa. 



— J36h- 

" Cuando llegaron á Chile los desterrados del Rodeo del Medio, el 
M Gobierno de Chile hizo trasportar á las Cordilleras víveres, vestidos, y 
" dio las mas terminantes órdenes para que fuesen atendidos por todas las 
44 autoridades, 

44 Los emigrados orientales, que escaparon de los degüellos y las atro- 
" cidades que se siguieron á la carnicería de Quinteros, han podido mo* 
" rirse do hambre en Buenos- Aires por el esceso do neutralidad del Gobier- 
44 no, si no hubieran encontrado culos particulares otros sentimientos y 
" otras disposicones que las que han presidido á la política del Gobierno. 

44 Su amigo y servidor, 

14 Juan Carlos Gómez. " 
44 Marzo 29 de 1858. 



44 Esta carta ¿ es ó no otra prueba de la completa neutralidad de este 
44 Gobierno, á quien el Dr. Gómez hace un cargo por esa misma neu* 
44 (ralidadl , 

44 Y van cuatro, señor, cuatro pruebas auténticas, feacientes, quepre- 
44 sentó en apoyo de lo que me habia propuesto probar al empezar esta 
44 carta, mientras que Vds. y todos los que nos han acusado, no han tenido 
44 una sola prueba que aducir en favor de la supuesta complicación del 
44 Gobierno de Buenos Aires en los asuutos orientales. 

44 Ante la realidad de estos hechos, es impotente eso corro repugnante 
44 de voces calumniosas que se ha levantado para acusar á Buenos Aires. 

44 Ante esos hechos que he citado, ante esas cartas que publico, ante 
44 la conciencia del pais, de todos los que juzgan las cosas sin pasión, y sin 
44 odio, viéndolas al travez del prisma de las realidades, queda constatada 

4Í la COMPLETA NEUTRALIDAD DEL GOBIERNO DEL ESTADO DE BüENOS AlRES EN 
44 LOS ASUNIOS INTERNOS DE LA EepüBLICA ORIENTAL. 

44 Eu esta parte, tengo la conciencia de haber cumplido algo de lo 
44 prometido. " 
<t ' . 



Nosotros, testigos presenciales también y actores en la revolución, 
' puesto que acompañamos al general Diaz desde Buenos- Aires hasta el dia 
funesto en que fué bárbaramente asesinado, podemos asegurar que cuanto 
refiere nuestro estimable amigo el Sr. Várela, es puramente la verdad de lo 
ocurrido) que el Dr. Gómez no tuvo parte alguna en la revolución, cu 
razón de no estar de acuerdo con el geueral Diaz en los medios y fines 
que éste se proponía seguir. El Dr. Gómez no ocultaba sus opinioues á 
esto respecto; á nosotros nos dijo en su cuarto del «Hotel de Roma, » calle 
de San Martin, dos ó tres dias antes de partir en «La Maipú : » «lío vaya 
44 V., amigo mió, cnesa,espedicion, pues van i ser sacrificados; créamelo. " 
l Por qué, doctor ? le preguntamos. 



" Porquo no contamos con ningún recurso de esto Gobierno egoisia; 
" ni hombrea, ni armas, ni municiones, nada, [absolutamente nada pode- 
" mos esperar de él. Por otra parte, el general Diaz no quiere ir á de- 
" sembarcar en el muelle do Montevideo, como se lo be propuesto; lo 
" único que podríamos efectuar con los reducidos recursos con que se 
" cuenta. 

" Esta es la razón por que yo n > I03 acompaño. A las calles de 
1 Montevideo, estoy pronto; para hacer campaña, no, pues se pierden en 
" mi coucepto. *' 

Mas tarde, « La Tribuna » publicó Ja siguiente carta, que prueba nues- 
tras palabras : 

" Mi querido Juan Carlos : 

" No creí que mis palabras de ayer pudieran dar margen á interpre- 
taciones de ningún género; pero ya que V. me advierte que ellas pueden 
inducir á errores que la mala fé esplotaria, y mo pide que las esplique, 
creo cumplir 6us deseos publicando la carta de V., asegurando que todo lo 
que en ella se refiere es la verdad cesada, tanto en lo quo me es personal, 
cuanto en lo demás de que ella trata, según lo oí do boca del mismo 
general Diaz. 

u Su amigo que lo quiere 

« Mariano Várela. " 



" Mi querido Mariano: 

" Las palubras que V. consagra A mi defensa en la « Tribuna » de 
hoy, pueden inducir al error de creerse quo entre el general Diaz y yo 
huno alguna combinación y alguna dicidencia para l®s sucesos que terniU 
uaron tan dolorosaraente en Quinteros. 

" No nos vimos mas que tres veces con el general, mientras estuvo 
en Buenos Aires. Kl dia.que llegó desterrado, en una visita de cortesía; 
el dia que vino á pagarme esa visita; y en la víspera do su partida, en quo 
me invitó á una reunión de amigos políticos, que tenia en su casa. 

" En esta reuniou, que se componía solamente del general D. José M. 
Muñoz, el coronel Labandera, el comandante Avella y yo, fué que nos 
comunicó su resolución de pasar al Estado Oriental con una pequeña fuer- 
za que habia reuuido, á ponerse al frente de los sucesos. 

" En esta reunión fué que !q manifesté mi opinión contra toda es- 
pedición armada que partiese de Buenos Aires, queá rni juicio no liaría 
sino dar armas á los enemigos de nuestra causa, sin añadir uu ápice de 
fuerza moral ni material & nuestro partido. 

" El general Diaz nos reveló que era un plan combinado con nuestros 
compañeros del Estado Oriental, que debían venir sobre Montevideo á 
protejer su desembarque en la costa del Cerrro, y nos dio á k-cr las cartas 
de Montevideo en que le anunciaban haber tiasruitido á lu¿ gofos eu 
campaña sus instrucciones. 



# Siendo así, dije al general, ya no hay remedio; él nial está hecho: 
rio puede V; general dejar colgadas á nuestros amigos; pero ló* que hay 
qtte htréer es ir á las calles dé Montevideo, para lo cáaí estoy pronto á 
átoiri^añftftb, en prueba de la sinceridad de mi opinión, pues desembarcar 
etf el Céfro, es dejar al partido de Oribe el lado de la pared, abandonarle 
la defensa dé ! Montevideo y sacrificar & los amigos que salgan dé fiBí, 
arrastrados por nuestra presencia, cuya responsabilidad, no acepto. 

" JD. José M. Muñoz aj>oyó mi opinión, y el general Diaz quedó en 
qué ; féfcolvet4a lo que debíamos hacer, en vista de las cartas que debia 
recibir al otro din por el " Ménay ", separándonos tan amigos cómotar 
biaraos sido siempre, para no vernos mas», sin que el general Díaz hubiese 
visto en mi oninion una hostilidad á sus proyectos, que llevó adelanté. 

•* No hubo, pues, disidencias, que suponen; conferencias y trabajos, 
políticos que no tuvieron lugar. 

" V., Mariano, habia o i do mis opiniones contra toda espediciou salida 
dé- Buenos Aires -á Montevideo, y mi desaprobación en el seno do la amia- 
tad, dé la que habia oido preparaba el general Diaz, y creyéndola h ; ja de 
alguna escisión personal entre el general Diaz; y yo, quiso acercarnos; y 
oyó de boca del general Diaz lo que oyó de hi mía: que no habia entre loa 
d 03 prevención de ningún género, sino una bueña amistad, que si nunca 
fué'muy estrecha, fué siempre muy sincera. . 

"Le agradeceré mucho, Mariano, quo esplique sus palabras, para que 
no induzca en errores que la mala fé esplotaria. 

Su affmo. 

" Juan C. Gómez. " 

Se ve, pues, como pensaba el Dr. Gómez del gobierno de Buenos £ires 
á ese respecto. v , 

r ¿Pedia el hombre pago por aquel gobierno, como lo aseveraban los es-, 
critorés de la época, Horno, Maeso, Achia, Barboza, Santiago & & &, p*ra 
trabajar por íaáneccíori de este pais al Estado de Buenos Aires, espresarse 
en tales términos, si ho hubiera sidoageno á toda combinación, si no hubie- 
ra tenido la intima convicción del egoismo de los mandatarios de entonces, 
para apoyar la revolución ? 

No les haremos á nuestros lectores la injusticia de suponer s" quiera 
que haya uno solo que tal crea después de las pruebas qñedejamós exhibidas. 

Resulta pues suficientemente probado, que el Dr. Gómez fué ageno & 
la revolución; que se hizo esta contra sus convicciones, y que el gobierno 
de Buenos-Aires, lejos de patrocinarla, la hostilizó por todos los medios á 
su alcance. 

En cuanto al general Diaz, sucedió otro tatito; no encontró apoyó 'en 
el Dr. Alsina, antes al contrario, fué amonestado por la Policía, en nom- 
bre del Gobierno, y solo debido á sus propios recursos y á los que le 
facilitaron algunos, amibos particulares de la causa, como los Sres. Várela, 
Gallardo, Escola .'[ D. Eduardo ] y otros cuyos nombres no recordamos en 
estos Elementos, pudo armarse y municionarse la espedicion, aunque de un 
modo incbñipleto y deficiente. * - J~ 

Kl general Diaz no vino á su patria por cuenta del GobiernQ de "Bué- 
nosvAtres, como los escritores de la época, Acha, M aeso, Hórne, &. &. 

5« 



pretqndieron hacerlo aparecer* con pl jnalditq. intento do traer, como traje- 
ron, él ausílio dej Brasil y de OVquiza; pprque apios, eran impotentes, co- 
mo siempre lo lian sido," para 'luqnay coa el f partido co' orado. Vino impulsa;- 
4o por sus sentinríéutos patrióticos, y a! llamado reiterado de^u^^amigós 
decausa en armas j i las puertas, de ^iQuíeyidep, IJsta es ; L*' ysiíqWlt . Ee 
eÜb faimos.testigoa.y estuvimos en ; antecédeaté3,.99^ÍQ 9pt$s ,lo Reinos 

El glóri^vencecloi' 4 e - Cataros.' estpba mas' alto en amorfa 1* inde- 

Sendencia dé su patria* qué él esfyángero MaeaO . y !1qs.Í¿oww Aclja,.Horne, 
íarboza, Santiago, y Xoate aquellos escritores v¿aate f cojnp los llamó P. 
Federico Niu Hoyes.. ..... ......... ,. f ... 

Volveremos á toíftar aquí el hilo uo nuestra narración, interrumpida 
para probar la no participación del Gobierno de Buenos^Aires en nuestros 
apuntos. 

Hemos dicho ya, que el general Diaz aceptó U invitación que. desde 
aquí le hicieróu los gefes $n armas, para ponerse al fronte 4 e 1* revolución. 

Conocon también nuestros lectores, pqr W carta . del Sr. Vareta, todo 
cuanto pasó con lq; goleta Máipá para conseguir que el Sr. Balan, su arren* 
datario, la flétase. Al fin lo fué por eí general Días, y de *u bolsillo parti- 
cular, tornando todo ' el dinero que euconlfó en las agencias de loterías 
que tenia en aquella ciudad establecidas, .y jipando letras párala adminis- 
tración general en eka ciudad, tanto para el p.agp del flete, como para la 
buena cuenta que dio á los individuos de tropa que debían venuy y otros 
gastos. 

El día 3 de Enero de 1858, como á las dos de la tarde, nos embarca- 
mos en Buenos-Aires á bordo de dicho buque. , 

Conviene consignar atjuílá lista de los gefes, oficíales, ciudadanos y 
tropa, de que constaba la espedicion, para desmentir también & los escrito- 
res dé entonces, que' abultaron, aquella,, y muy parti^liirmonteon el nú- 
¿néfo de los patriotas italianos, qüebabiencló pertenecido á la ex .Legón 
ÜaKana en esta ciudad en la. guerra de ¡nueve ánós, quisieron acompanaruóp 
voluntariamente en la revolución, como hermanos de causa. .....'. 

Hela aquí: v ' 

General D. C<?sar Diaz........ , prientaL 

Tt$. Coronel « Juan C. Vázquez.... .........* id. 

« *:-, .' .ir JJujjenio Abolla .... : id. 

Sto. Mayor «. Felipe Arroyo id. '■ .,..- 

« « « Esteban Sacarello italiano. ,{í) 

« « « José M. Cabot argentino. 

Capitán « Manuel Pagóla....... ,,...... oriental. 

« « Juan M, ile la Sierra. :....... id. 

« « Feliciano González .-. id. 

« « G. Battista Boniuo. .'.... # italiano, do Pavía. 

« « Pietro Duval fc .", id., de Genova. 

€ « Giacomo $ell id., de Turin. 

Teniente « Ifomeuico Lustrini id, de Milán» 

(1). La üirta orijinal de los italiano* volunta: o» ocaiste an nuestro poder desde aquella feeb* 



-£©- 



Teniente D. Pietro Nessi...;... id., de Lorabardía. 

« '■'"'' ' * Ángel Hernández oriental. 

« « Marcelino SozaRoballos, id. 

<r > Felipe BaWstrt.. ......... ¿....* id. 

Subteniente '« ?ba$im;i!laciqué.T; 1 . ............ id. 

ir « Josér Elís........ .. .; ..¿.. ....... id. ; 

Italianos Morctto Moretó.... de Tortoza. 

« : Maúritfo Victirini. .... de Lombardía. 

* Cristoforo Soreziná ... .....*. ,. de Milán. 

« Giuscppe Santo......... .¿... de id. f 

cr . '• Cario Chicbt.. i..;........ de "id. 

«' ' * Francesco 'Favéchú. ................. do id. 

* ■■ ■' ' Gíovañhi Cazzaglia..... de Genova. 

<r Giovanni AleseandrpFalchieri... de Mitán. 

« ■ ' N. Berganzano.. ............ .......... de id. 

* ,:'''-, ,. rietroMontí. ........ .¿ . : dé id. 

"*''■' ' ' Giüse^pePavezi. ............. ...... de Placenciá. 

« ' Giusejvpe Orrigoni de Milán. 

'« Cario Fumelle;.. .............. . rf ..¿... de Tufena. 

« N. Marchi..V...v.¿/..¿. ................. de Genova. 

« Luigi Fantíno. ....;... .« ..demarrara. 

"■■\ Vicenzo Bollando dé Finafe- 

"" j « Santo AMóla. ........ ••••i.v..b... d# Milán. * 

Ciudadanos D. MatirioíóZaváfku...,. ,«...;* oriental. 

« * Vicente Garzort. ...... ..••.-.¿'.* ....#• id. : 

"' « ' % « Luifelsaao de Tázanos...... ...".;.... id. 

« « Cesaré* brftini... ......; ...i..^** italiano. ; 

«f '■"•'"■' * Emilio Inzaurraga,...i ;....v<. oriental. ••' : 

* '" « - : Adolfo Cafcfrejo...-. ...♦..,;. ¿v»...- id. 

Y como tomta y tres morenos orientales, de los: emigrados con ¿1 S'r. 
CbrbneF D. Jbsé'M. Muñoz on 1865. 

Tot^í, f ¿^hombres. . t . 

. Quecíáji pues desmentidos en osfa parte también, los escritores del Sr. 
Pereira^ |í 11 vista cíe la lista que dejamos con.sign$aa t nadie encontrará 
800 gringos t chusfm t Xombcirdos, ladrones,. &9.. % dicterios, con los que .designa* 
ban.^ijuellps escritores, , á ios patriotas que componíamos la espedicion á las 
órdenes ifol general 1>¡¿?. ^ [' ]¿ \ / . : , .¡ 

Y "en vista también de lo reducido del numero, \ no babrá uíia sola 
persouaque crea aun, en la deparada protección del Gbbior.no'dé Buenos- 
Aires. Solo á uu partido conip eí blanco, pudo qcurrírsele semejante cosa.. 
Ojalá que taj hubiera sucedido, qxie entóneles nó. Habríamos íenido que la- 
mentar tantas víctimas inmoladas por él partido blanco. 

Prosigamos. \ 

Deciaraqs que el 3 de Enero nos embarcamos á bordo d& la AJaipú. 

Ese día como ¡l las 4 do la tarde uos hicimos i lu vela. ' 

El dia 6 de mañana, llegamos atrás del Cerro, y el general Diaz man- 
dó una guerrilla al mando del capitán Pagpla, para adquirir noticias de 
nuestros amigos. 



-ao- 

r Poco dipnea regresó el capitán Tagola, anunciando al general que- 
nuestros amigos de causa ocupaban las faldas del Cerra y él saladero de 
Lafone. 

Entramos en el puerto y anduvimos voltejeando eu.él en espera de al- 
guna de las señales que se le habían anunciado ,al general Diaz se harían 
tan pronto como nosotros nos presentásemos en la bahía. 

No hubo ninguna.- 

Algunps, personas de Montevideo fueron á bordo y llevaron noticias 
del estado de la t pi&za; algunas erau / espías de los blanco? ! Aun ecsisten 
dos de ellas y una en esta capital. 

Uno de los buques de guerra brasileros surtos en el puerto se puso en 
actitud hostil hacia nosotros. Comprendimos entonces la alianza brasilera 
con el partido blanco, de que ya teníamos conocimiento por los documeutos 
oficiales publicados; 

En la tarde de ese mismo dia 6, desembarcamos en el Saladero de La- 
fone, donde encontramos muy pico de hombros, al manda del coronel SiK 
veira, comandantes Caballero, Hubó,Poyo,y de los mayores Farias y Freiré. 

El retardo en la salida del puerto de Buenos- Aires de la espedí ció n, 
hizo, según supimos mas tarde, fracasar los planes de cooperación en el se- 
no mismo de esta capital, es decir, en el .centro de los pocos recursos con 
que contaba el fír, Pereira al principio de la lucha. 

El golpe §0 había malogrado, y lo que al principio presentaba una cosa 
de fácil solución, apareció, á nuestros ojos entonce? como un problema que 
solo podría resolver la suerte de las armas. Animado el gobierno por nuestros 
contrastes, alentado por las. ventajas de su posición* conjo ciudad defendi- 
ble, empezó á fortificar á Montevideo ¿ gran prisa, y/ué entonces que to- 
mandp por pretexto. Ja supuesta cooperación de Buenos-Aires en nuestro 
auxilio, pidió y obtuvo el apoyo del Brasil, segonqousta en el mensage pasa- 
do á su manchada legislatura con fecha 15 de Febrero d? 1858 (1), en el que 
se .encuentra el siguiente párrafo: 

" Así lo comprendieron también loa Gobiernos del Jtapíl y la Conté* 
" deracion Argentina, y prontos al llamamiento que el de la República hizo 
" á sus leales sentimientos,. y á la requisición que les hizo eü virtud de las 
" estipulaciones de 18?8 y 1856, se apresuraron, no soló á ofrecer, ainóá 
" poner práctica é inmediatamente á su disposición numerosos elementos bé> 
" lieos de toda espec'e, capaces de concurrir en un momento dado y. de uua 
" manera eficaa, al aniquilamiento de aquella rebelión vandálica, itnptiden- 
" temente fomentada [ zic ], organizada [!!] y ausiliada por elementos 
" venidoja de Buenos-Aires. " v 

Sin él apoyo áúgobienip esirangero del Brasil y del esirangero Urquiza, 
no había lucha posible entré el poder y la revolución. ' 

Ho tenia recursos, ni aúu los materiales para hacer barricadas en las 
calles. 

No tenia tropa, ni cómo teuerla. 

Faltábale* municiones y armamento, - En una palabra, estaba en la 
mas completa impotencia. 

(i) Colcccioh dé Leyés'y Decretoá¡do Maesó, 1B59 pág., 331. 



, JPeroaljJJrasUla wnvenia proieawr á la .autoridad, que m Gp)jiQoio.41así 
mabafe^?; porque APOYABA y SOSTENÍA LOS íftAtApOS /[para . 
quopi^sJarde se los quemase] que la, r&voiucioi} CQfyfenqfiptcle plgno. i 

Así. -fijó que no se. hizo esperar. Eu uú m'ojnentQj. la : Legaqiqn Imperial 
aquí, piso á ditsppsiciou del Si*. Pereira: ;í , f 
. Su. pscuadra, 
. Anuamente, . . < , ..... -.-..-._ 

/ -Municiones, . ..... ..,.,., .-, , \«. 

La influencia moral de su intervención, y ; .lp ..gu^.es/xaas, dihqcQ -sin limi~ 
tar cantidad; ese poderoso elemento que allana y venqe /dificultades .< que á 
recee se presentan insuperables. ; .-■■.:■■■ 

LaproteccioaJjiíuca y decidida levantó la ra oral abatida UejrGo^ierno, 
, En "el acto se engano&i gcrüe mercenaria (l), se o?nu> íaqu^^taba des- 
armada, se mandaron recursos dogiictfoa y pecuniarios, al corcel, P» Lupas 
Moreno papa qiu reuuiese gejite, miqutrtó q^4^^^^^ AjiH^^erotí co^ 
misionados á comprar fusil^ que aquLpopodiaii éucouttriaiwí .*. f. \« 

Mientras tan to, ¿qué nos pasaba k\p*.falQruá¿j>1 . - 

. Vamos á : decirla. - : - ;.. :• 

Su la tarde del día 8 de Enero, el m^vyor Facías -le pre*fcui#* |>1 gene- 
ral Diaz un oficial pasado do la plazfa.que. llevaba, la jnisioñ: de .mattíftistp ríe 
al general, á nombre dp\ cocHandantB^vi^ que* $ta#¿ra en*sa : raa4rqgada 
«la pla^.pprty calle del, 1$ de Julio* donde, él sa jsncoptraba con ,su i&scua-, 
« dron de artillería; que todos sus tiros serian por olsvajeioj^ A- fin d*que 
« pudiéramos asa).t^r, la cortina qup cubría esa bqca : caUe; que en 0) acto se 
« pronunciaría con.su fqarza^po^ajfevoipflíoi^ y^hari^fti^gq &Qbi$ da -tropa. 
« de Policía y Quardia ETacipnaV que cubrían dfoa o^ntQnesy &a. ,^.«.. ¡. .*. , 

Algunos otros delaljes^ntendei^os, q\ie[ diQUo.oíJcial -dio a^ gemeral, 
hasta asegurar qué babria un proimucjamiwtfi W Implas» 4 ¿mpstwaproc- 
simaciou. 

El geueral tuvo en esa noche reunión de gefes, y resultó marchar so» 
bre las fortificaciones. 

Al amanecer del dia 9, llegamos ala plaza de « Cagan cha. » 

El general dispuso el ataque, y la línea enemiga fué atacada. 

La artillería del comandante Evianos hizo efectivamente algunos dis- 
paros de canon por elevación; pero ni se pronunció, ni en la plaza tampoco 
nadie se movió en nuestro apoyo, como se lo habían ofrecido al general. 

Sin embargo, el fuego seguia en toda la línea. Tuvimos algunos heri- 
ridos, aunque no de gravedad, y la sensible é irreparable pérdida del sar- 
gento mayor B. Macedonio Farías, gefe de una parte de nuestra infantería, 
que murió de un balazo en el pecho eu el acto de asaltar la trinchera. 

Por nuestro costado izquierdo, el capitán D. Benito Santos, con la fuer- 
za de caballería del coronel Silveira, desbarató la trinchera de carretas que 
habia en la calle de «Camaeuá,» y penetró hasta cerca del templo Inglés, es 
decir, una cuadra adentro de la trinchera. 

En el costado derecho, calle de las «Piedras,» fué destinado el mayor 



(1) En honor y justicia de los estranjeros residentes en esto pais, conviene decir aquí, que 
60I0 suizo* encontró; de ejos hombres olgazancs que do quiera quo van se enganchan de soldados 
por so tomar la azada. 



Bucarello con, los italiano*; los que también penetraron hasta mfedia cuadra 
adentro de la trincheta. 

Lo quepasó'*i) el ánimo del general, al ver la muerte del mayor Fa-J 
rías, no lo hemos podido comprender hasta ahora; pero en el acto ,hizo 
tocar retirada, y nos pusimos en marcha para el saladero de Lafone.' ' '' 

Lasóla explicación que nos hemos dado, en vista de aquella conducta, 
ha sido: que tal vez el general, descorazonndo por no encontrar la cqppe- 
ración de la fuerza de artillería, ni pronunciamiento eu el interior ae la 
ciudad, como le hnbian asegurado, y por otra parto, la auseno : a do dób de sus 
ayudantes, que no volvieron á darle cuenta de las comisiones á que lós x ha- 
bia enviado á los costados izquierdo y derecho* ignorando por consignierite 
lo que plisaba en ellos, y por otro lado 1» muerte del valióme mayor darías, 
acaecida cuando mas falta se tenia de su valor é inteligencia, lo harían 
cambiar de plan y encontrar mas prudente la retirada, * ,' ., 

El cadáver del malogrado mayor' Furias fué depositado en un» casa 
en el Cordón. Después supimos que D. Luis de Herrera, G<*fe de Poücí^ del : 
Sr. Tereira, lo había recogido, hecho conducir al Cabildo y pué6tolo^ la 
expectación pública, donde la plebe paga ylosBLAKCOSecealtádos loescupie. 
ron y verificaron infinitas fechorías con él. 

Llegamos á nuestro campamento en el saladero de Lafone. 

En ese día 9, el general tuvo conferencias con loa gefes mas caracteri- 
zados del «jéreito, con el fin de cimbindr con ellos el plan de. campaña qfce 
se debia seguir en adelante. 

La opinión fué: « que para evitar la desmoralización á que podía dbr 
« lugar nuestra permanencia a] frente de Montevideo, lo que seria reyertar 
«impotencia, convenia marchar en busca del coronel. D. Lucas Morfeno, 
« que pe sabia estaba á la espalda nuestra, por los campos de Callorda. » 

Eu efecto, el día 11 marchamos á campaS?». 



—83— 



OiAJPITTJLO III. 

ÓpéraoioueÁ en <3*n*paftcu 



En la noche d*Ml de Enero f dopmimoa en el Colorado y e Ha vimos 
camp idos tocio el árfr ; 12. 

En la noche de ése mismo dia marchamos para Canelones y permane- 
cimos hasta el 13 á la noche. 

: Seguimos á Santa Lucía y dormimos' allí» Permanecimos asi ba9ta el 
dia 15. Como á las 11 de la mañana del m ; smo, llegó el jóveü D. Vicente 
Vi ana Medocí, Ayudante del Comandante Poyo, y le^bnaneió ül general, 
«r que IX Lucas Moreno oon su ejército aparaba á nuestra vanguardia, al 
» mando del Coronel Tajes, y que éste le mandaba decir que era necesario 
» mardhase en su protección oon todo el ejéroto, pues el de Moreno pasa- 
» ba de dos n/dl hombre*. » 

* ■ Debemos advertir aquí, que en la mañana del 14* el genetal ordeno ál 
Coronel Tajes que con el escuadrón del Comandante Poydj páBfcse el paso 
de Callorda y descubriese al enemigo. ! 

Eu efecto, así lo verificó con doscientos hombres, hasta el instante que de* 
jamos indicado. > 

En el acto que el general Diaz recibió aquel aviso* ordenó la marcha 
del ejército en busca del enemigo. 

Bajo los rayos de un sol abrasador y con un calor sofocante, hicimos la 
jornada desde Santa Lucía, pasando por el paso del Soldado, hasta formar 
nuestra linea do batalla en los campos de Cagancha. 

El enemigo tros presentó una fuerza como de 2,400 á 2,500 hombrea de* 
cabal lería,-pGrfectam en te ar ruados. ■ #i 

La nuestra no pasaba de 1,100 hombres: ochocientos veinte de pába- 
Hería y docieiítoB ochenta de infantería [1]. :i . 

Nuestras carretas quedaron á retaguardia, como á veinte cuadras y 
cérea de la azotea ée< Callorda, al cuidado del Comandante D. Benito Lar- 
raya. :..*»:!■=•.-" 

Varios gefe3 y oficiales se creyeron mas garantidos, quedándose en 
ellas: ¡ fatal error ! 

La batalla tuVo lugar como á las dos de la tarde, dando por resultado 
qae por segunda vez la enseña de la mashorca fuera abatida en aquellos 
hermosos y quebrados campos. . • . 

El triunto fué completo. 
■■.... Los (tolerados pedeamoa uno contra tres y quedamos dueño9 del cam* 

. £1], Criemos ei*?fe> e»ts nómaro; pero en owo d« error, él no eer¿ daetfitiderftQfcm, tegua 
aueatroa dfttoii '. ' ■ t 



# 

po, habiéndole hecho una gran mortandad al enemigo, tomándole treinta 
infantes prisioneros, cargueros de municiones, una bandera nacional y 
varios estandartes. 

Entre los muertos de importancia del enemigo, conocimos algefe de la 
vanguardia, Mayor D. Juafc i&. Aivtrei, jí al dé iguabclase Carro, del Depar- 
tamento de la Colonia, con varios oficiales mas cuyos nombres no pudimos 
obtener. 

Por nuestra parte tuvimos la dispersión. d[e foda lf caballería de Minas 
al mando de los Coróneles l D\- Brígiclo Sííveíra y T). Jhan Mendoza, que no 
pudiendo resistir la carga brusca que le dio la enemiga, salió del campo, 
como decimos, en completa dispersión, sin volverse á reunir mas. 

Esta pérdida filé calculada en mas de 44)0 hombre*. La caballería al 
mando del Coronel Tajes y Comandantes Caballero, Poyo* Hubo y deraáa 
gefes, se. ocupó de 1& persecución del enemigo, quedando la infantería sola 
en el campó de batalla. \ .,-... 

El Qeueral JPiaz acordó uu grado & loa gefes y oficiales, y ae dio. en la 
ówlen general del día. 

La diyislon del, .Coronel enemigo D. Dionisio Ooroiel/ que fallaque 
flanqueó Ja caballería ¡del Coronel Silreira, pasó á una grfrn distancia nues- 
tra, por la rfttogHvíirdia, y se entregó al saquko do nuc&ti'as cartetaa y al de% 
gUello+U los gefeB, oficiales y tropa que habían quedado en ellas. 

Hemos dicho al principio, ¡fatal error! y tal fué el que sufrieron naos* 
tros amibas, .ftufc se cteyeroír garantidos en las carreta*, y no eu las filas de 
nuestra infantería. • , 

Perecieron de esc modo desgraciado: 

Él Coronel D.Juan Bautista Brié. 
» » » Bonifacio Vidal. 

Tte. Coronel ¿ Benito Larray a. 
» » t Juan Crisóstomo Vasquez. 

: Btó. Mayor » Jorge. Smith, que servía el botiqmin. 

El encargado del parque, un vasco francés de'nombre Salaverry. 

Losctndadanps.D. Qefarino Nieto, oficial ausiliar de la Tesorería Ge« 
neral, y D. Pablo J. liios, joven poeta y oficial JL° del Ministerio de ítala» 
cipn es Est^r Loi;e8. ■ i; ■ ..¡ 

El comandante Larraya murió peleando como, un hécoe. Todo su caer* 
po lo in^cautramos acribillado de puñaladas y lanzazos» y entre los dientes 
y. uñas, puñados demechpaes de pelp de sus feroces enemigos, . en la re- 
sistencia que hizo á los asesinos que lo degollaban, dejándole hasta la nuca, 
dividido pl, cuello. 

Nuestra pérdida en la batalla fué insignificante, pues los únicos oficia» 
los muertos ;fiuerói>: nuestro amigo D. Vicente Viana Medoci y el capitán 
secretario del coronel JX Brígida Silveira, D. Bonifacio Montea de Oea, y 
cuatro de tropa; mientras que la del enemigo no bajó de cuarenta y tantos, 
entre gefes, oficiales y tropa. ■ ' : 

•Vatios gefes. y ¡oficiales. que formaban el Estado Mayor del general iSiaz, 
y que desempeñaban á la vez las funciones de ayudantes, salieron del-cam* 
pe de batalla envueltos' en la dispersión de lar caballería de D. BilgidoSil- m 
veira, y solo quedaron al lado del general, desempeñando las funcione* de 



-85- 

ayudantes, el sargento mayor graduado capitau D. Ezeqiiiel Burgos y el 
que estas líneas escribe. 

Permanecimos en el campo hasta la tarde, en que nuestra caballería 
volvió de la persecución hecha al enemigo. 

Nuestra fuerza no alcanzaba ya á 650 hombres inclusos los gefe3 y ofi- 
cíales, pues la caballería del coronel Silveira no yolvió mas al campo de 
batalla como antes lo hemos dicho. 

En esa misma tarde nos ocupamos de recoger los cadáveres de nuestros 
anvgos, y colocarlos* en una de nuestras carretas para conducirlos á San 
José y enterrarlos en su cementerio. 

Conviene ahora á nuestro propósito, consignar aquí el parte del coro- 
. nel Moreno, pasado á 6u Gobierno la víspera de la batalla, para que nues- 
tros lectores conozcan por él la seguridad que tenían los blancos de triunfar 
de nosotros, confiando en su número y en la superioridad de sus armas. 

Dice así ese parte publicado en los diarios de la época: 

« Santa Lucía, Euero 14 de 1858, á la? 4 de la tarde. 

« Haca dos horas y media que se me incorporó D. Dionisio boronel ceu 
* sus fuerzas á escepcion de un escuadrón pequeño que cou ql de Florida 
» quedó á retaguardia por una operación que se hizo, antes de ayer sobre 
» 8an Rrtmotv 

«El enemigo so ha presentado hoy sobre el paso de Santa Lucía [el 
» Soldado] y ha pasado á este lado uua tuerza como de 200 hombres. 

» £1 gefe de vanguardia, mayor D. Juan Ángel Alvarez, mo¡ dice que 
» no ha podido descubrir la retaguardia y en precaución á cualquiera acon- 
» tecimiento le he ordenado no comprometer la fuerza de su. mando que es 
» como 250 hombres y que se retire sobre eafa? fuerzas á ver si se descubre 
» y entonces cargarlos con seguridad del triunfo. 

» Creo que hoy se, reúna el resto de la división del Sr. Coronel y la del 
» Flbrida; hecho esto iré á buscar ai euemigo, aunque sea el todo el que 
' » venga sobre, mí, pues si traen sus arfantes, trataré de maniobrar de modo 
-» que podamos batirlos con ventajas. 

* » Mañana creo poder escribir con mas pormenores. Ahora sola puedo 
» decir, que las fuerzas que mando están armadas perfectamente y á eaba- 
» X\oj dispuestas á sostener la autoridad y la ley con uu entusiasmo general. 

:* Estamos próesimos á un suceso de armas. -^ , •, mt 

fc- ... »..;.. :.;-...- ,.%ir.; h. ...... ....••.........»•• 



V It UMItMIl «I I IMMMIMMMIIMIIMMHM • • •• »••*» »*,«)*%** •« • * • • • • • *• * 

■'*:■-. • i IiüCAf MORílNOq» 

Queremos también Consignar aquí, la nota que el coronel D. Dionisio 
Coronel escribió desde el Durazno con fecha l$.de Enero á fiu Gobierno, 
que bien claro confiesa la derrota sufrida en Cagzncha. Por ella nuestros lec^ 
teres se persuadirán del cinismo con que todos los diarios^ y aun el Gobier- 
no del Sr., Pereira trataron entonees de ocultar esa derrota, y la quisieron 
hacer pasar como un gran triunfo para sus armas. ''.] 

(1) Los suspensivos que h*yen esta nota, están colocados pojr el Ministerio de la Guerra 
del 8r. Pereira; pues asi se publicó en " La Nación. " j . 

6. 



Dice así: 

" Departaineuto del Durazuo, Enero 18 do 1858. 
" Escmo. Sr. 

" El día 15 del corriente, hallándome en los campos de Cagancha á las 
44 órdenes del Sr. comandante general D. Lacas Moreno; asi como á las 12 
44 del dia se avistaron las fuerzas enemigas, constantes de 500 hombrea de 
44 caballería y como 300 de infantería. Inmediatamente se dispuso nuestra 
44 línea, y les llevamos el ataque. : 

44 Sin embargo de que el dicho comandante general habrá pasado á V. 
41 E. parte de lo acaecido, como yo no hk podido verlo a bstb dr. dbspues 
44 del suceso, creo de mi deber dar á V. E. algunos detalles mas, relativos 
"áello. ■ 9 

" Habiéndoseme encomendado el mando del costado izquierdo de 
44 nuestra línea conseguí por este lado derrotar completamente la caballería 
44 jenemiga, llevándolos en persecución hasta las Pajas Blancas £fcn Santa 
"Lucía] haciendo fen ellos mucha mortandad y entre ellos porción de 
44 gefes y oficiales de los que no determino bu nombre por no conocerlos. 
" De dicho punto me voM al campo de batalla, QUE ENCONTRÉ COMPLE- 
44 TAMENÍE ABANDONADO, y allí permanecí mas de vemtey cuatro ho- 
44 ras, esperando tener noticias de las aemds fuerzas nuestras. A mi regreso ob* 
44 servé que la infantería enemiga y un grupito do caballería que se habia 
44 reunido á ella se retiraban á San José, á los cuales no me fué posible hosti- 
'" Uzar por tótar la mayor parte de mi fuerza diseminada en la perse&tcüm que se 
u Rizo a la caballería eñqmgi?, y por hallarnos los que estábamos reunidos, 
4k completamente exhaustos de mutíkíÍGues. 

•' El enemigo en su vergonzosa fuga abandonó las carretillas que llevaba, 
u con algunos bagages, de los que nos hemos apoderado*. 

44 El 16 á la «tarde, después de saber que el Comandante General Mo- 
44 reno, no se hallaba eu aquellas inmediaciones, determiné emprender mi 
44 marcha á buscar la incorporación de laa fuerzas. del Gefe l'olítico del 
4 * Durazno. .Faltaría á mi deber* sino recomendase á la consideración del 
'* .Gobierno, la brillante cdraportacioir de todos los gefes, oficiales y tro- 
mpa ttíiéhari combatido bajo misúrdenes* pa*s todos han hecho prodigios 
44 de valor-, (sic) dando una prueba *üaé de* patriotismo por ej' entusiasmo 
44 con que pelean, eu sosten del Gobierno y coktba xsa turba dr anar- 
44 quistas que quieren venderno$> ai oro porteño; j que llevan por lema el robo 
44 y el degüeMo.y f 

44 Diós-gútóde á Vi E. muchos años. 

■-■;• i- ■ .. 4 í. Dionisio Coronel. 

44 Al jjscmó. Sí, Ministro dé la Guerra. " " ■ 

Como. nuestros lectores comprenderán fiícilmente, esta n<ttase presta 
á mil coiñenfáfios; j)éro, solo haremos Iofcmuy precisos, para demostrar la 
falsedad de éso" jjarte, y probar ; que D; í)ionisio se burlaba del Sr. Pereira. 

Al efecto — ¿Cómo és,:qü : e habiendotriúnfado^l ejército' de los blancos, 
el coronel p. Dionisio no encontró en el campo de batalla, al comandante 
general Df Lucas Moreno? 

¿Cómo és, que el comandante general Moreno no pasó parte oficial de 
ese triunfo espléndido ? 



-37- 

¿Oómo es que si volvió al campo de batalla el corouel D. Dionisio y 
permaneció en él 24 horas, nosotros no lo vimos y pudimos recoger nues- 
tros muertos, pasar el paso de Caliorda y dormir esa noche (15) en Santa 
Lucía? 

I Cómo es que si nosotros fuimos derrotados totalmente, D. Dionisio en- 
contró el campo de batalla abandonado completamente por los vencedores? 

I Qué quiere decir eso de: estar 24 horas en el campo, sin tener noticias 
de las demás fuerzas del ejército vencedor? 

¿De qué bagag03 so apoderó el coronel D. Diouisio? 

¿De las carretas que saqueó y de los indefensos que degolló? 

¿Oómo es que aun el 16, un dia después del triunfo, no sabia D. Dip- 
ni8Ío donde se encontraba el gefe vencedor? 

¿Por qué desde Santa Lucia se fué á buscar la incorporación de las 
fuerzas del Durazno, es decir, como 28 leguas del campo de batalla, siendo 
así que nos habían derrotado y él permaneció 24 horas en el campo? 

¿Por qué pasó D. Dionisio su parte desde el Durazno, á 40 leguas de la 
capital, y no lo hizo desde los campoS de Cagaucha, distando solo de la 
capital 12 }egu#9? 

Nuestros lectores responderán por nosotros; para nuestro objeto, basta 
con las anteriores observaciones, que en nuestro concepto^ destruyen el par- 
tefalso de D. Dionisio. 

Prosigamos nuestra narración interrumpida. 

. Sin embargo de haber triunfado completamente del único ejército que tenia 
el Gobierno en campaña, nosotros quedamos debilitados por la dispersión 
de los 400 y mas hombres de caballería del Coronel Silveira. 

Esta lamentable circunstancia nos impidió volver inmediatamente 
sobre la plaza de Montevideo, y fué esa dispersión sin disputa, la causa del 
fin trágico que tuvimos poco después, en el memorable Paso cíe Quinteros. 

Tal circunstancia tampoco pudo ocultarse indudablemente ai gobierno, 
del Sr. Pereira,qao la supo en el acto por los mismos dispersos de la acción, 
y entre ellos [según voz pública], por el Coronel D. Pantaieon Pérez, gefe 
de la caballería de Canelones. 

Entonces comprendió, ó se le hizo comprender, cjue era llegado el mo* 
mentó de jugar el todo por el todo, y dispuso á gran prisa la salida de la pla- 
za de una columna de mas de 1,200 hombres, compuesta de las tres armas, 
para marchar en persecución nuestra, que nos habíamos reconcentrado al 
pueblo de San José, con el objeto de organizar desde ese<punto lo¿ depar- 
tamentos de campaña y un ejército capaz de dar un ataque decisivo sobre 
esta plaza. 

A nuestro juicio, este fué otro error del general, ponerse á organizaría 
campaña en vez de afianzar la revolución. 

La batalla de Cagancha debió dar otros resultados; de su influencia debió 
surgir el triunfo de la revolución. Si el general no creyó prudente marchar 
sobre la capital con los 60^' hombres que nos quedaban, debió inmediata- 
mente dirigirse á la Colonia, ó cualquier otro punto de la costa, como se lo 
aconsejaron los principales gefes y oficiales, á donde le hubiera sido fácil 
adquirir los medios y elementos que nos faltaban, facilitando al mismo 
tiempo sucomunioacion con los amigos de causa en Buenos Aires. 



-88- 

Kn ves do Q8to y el general; sea por error, sea por creerlo mas .conve./ 
niente ni mejor 6o sito de la revolución, al saber la salida de una columna 
de tuerzas do la plaza, so puso en retirada internándose hacia el corazón de 
la República, A miscar la incorporación de las fuerzas del Norte del Rio 
Negro, y al efecto dirigió su marcha hficia la Florida. 

Kstnndo nosotros campados en el Pintado, descubrimos la fuerza de 
Medina, y nuestra columna so preparó para el combate, en caso que él lo 
buscase. Como no lo hizo aai, seguimos nuostraftaarcha h'icia el Durazno, 
udondo llegamos ol 24 A lan 9 i de la noche, y campamos en el Yí, diBtan- 
tuute dios cuadras del pueblo. 

Kl dia 25 lo pasamos sin novedad, aunque siempre con atención al 
enemisto. 

Kl dia 26 por la mañana, se recibió aviso del comandante D. Gregorio 
Cuatro, do que el enemigo se uprocsimaba A media rienda sobre el pueblo 
del DuratuOiA cuyo aviso contestó el general, ordenándolo se retirase tcme- 
diatamente, lo que ejecutó Cuatro, incorporándose á la columna que estaba 
campad.i en la azotea de D. Bernabé Magariiios, del otro lado del Yi. 

Kl general entonces tomó pose&ion de loa pasos, colocando en ellos 
parte de la infantería y algunos piquetes do caballería y dejando una reser- 
va de 200 infantes y 400 cabal os junto á la azotea. 

Cambiamos algunos tiros de fusil, y ellos dispararon tres de canon, pe- 
ro sin causarnos et menor estrago. Las fuerzas enemigas no amagaron, ni 
lo hubiesen hecho tampoco, aunque hubiésemos estado allí un año. En esa 
noche continuamos la marcha en retirada hacia el R o Negro, d jando fogo- 
nes encendidos. 

Debemos consignar nqui. ano el capitán D. José B. Perea se separó de 
nuestra columna en el pueblo de la Florida, y lo vimos figurar después en 
el ^ército de Medina, uondo por el coronel Lasala supimos nía* tarde, que 
había hecho declaraciones en contra de nuestra división, respecto á la con^ 
ducta observada por nosotros en las marchas, todas talsas y solo estudiadas 
por el Sr. Perea para congratularse con los enemigos. 

También vario» oficíalos en la noche del $6 ¿í separaron de hi dns'tn, 
abandonando á sus amigos de causa, 

Ksa misma noche del 26* en la altura del arroyo de Caballero, reci- 
bid el gxmera! P*a« comunicaciones de los comandantes P. Gregorio Sna- 
ivju l>, Trifon Ordoñe* y otras oficiales participándole hallarse coxrrennio- 
nes al Norte del Rio Xegw y que se les mandase un gefe Sapcror. para 
que* poetado** a la cabera lie todos ei¿os, marchase ¿operase según lodis- 
pusxese 

Con ta! n;o:Sn\ fué destinado o- e?r>ne' P. Ber-ta" é tfa^ar 5o&» e! que 
sa':o como a í» 15 de aq;u\',a noche on d:recc:oa a! R;o X*iK> ror el i*m& 
¿* íaí Iota*» p*w iirrr«¿ do iV\::Ws adonde esiaba o: eoicuBdatite Sua- 
nrt <vhi la miw faefsa. 

lfcab:ea**3 T&caaaKuKV. el tíofe Po's::vN> P, Pecro CVjmse» con 
usa fa^rxa oors díraVe $e tuf.va rror.;;:c:¿¿.\ ror.:c::¿:so \- í:t;« p?nz¿. 

E&<vw*te£ M*¿*rsL** *osr> Wor?o:arse a* ¡«* ccarj^iiaz:;» OrdcSes 

y Su wjt r o£*v>s o£ic a *¿*. y ver ;*-; cr. V^arvha par.; Qu:;.:or>s el n:-r» S? 

ae K^vTvv caafteo «r^ensiv:: ¿ ;-Tefi$est¿"^eIes d r sr*-rso5 c~e í« hLÍxna- 

oc ¿e -a c«>:;al¿:;^- *;;*:* c- «Lcrsl P:a* v M*¿:::a v ¿e^ac :er^: \»ia 



-30— 

la guerra; lo qufchlío parar la marcha de aquollo3 gofe3, que tuvieron que 
Ik&tíciar la fuerzo, emigrando loa gefes para el territorio del Brasil, al 
Rio Grande. 

Kn la mañana del 27 habia macha neblina, y el enemigo no hizo fia 
descubierta hasta las 11. A las 12 £ rodeó el ¥i coa sa artillería. 

Les llevábamos cerca de ocho leguas de ventaja; pero el general Diaz 
creyó oportuno dar un par do horas de descanso á la gante, contra la vo- 
luntad de todos. La pérdida de ese tiempo nos hizo mucho mal. 

Antes de las dos hora* se avistó el enemigo, y entonces continuamos 
de nuevo nuestra marcha en retirada, cubriéndola con guerrillas de infan- 
tería y caballería por 7 leguas, hasta que á las 5¿ de la tarde vadeamos 
el Rio Negro, por el Paso de Quinteros, sin perder un solo hombre, á pesar 
del fuerte tiroteo que había sido preciso sostener. 

Nuevas defecciones de amigos! • . ■ 

El alférez de inválidos D» Jija* B. Ximenbs se pasó en eso3 momen- 
tos ai enemigo!! é 

Algunos oficiales tomaron las de Villadiego! 
~ Pasamos el Paso de Quinteros, que estaba con el agua al tovillo, y 
campamos del otro laclo, sin tener mas fuerza á la vista que la vanguardia 
enemiga, al mando del Coronel D. Dionisio Coronel. • 

. Esa noche la pasamos, sin novedad. Llevábamos tres dias sin comer ni 
dormir. 

El dia 28 por la mañana se descubrió todo el cuerpo del ejército al 
frente, el que, con la incorporación de las divisiones de Cerro-Largo, de 
Muñoz, de Rodríguez y de Aparicio/pasaba de 2,500 hombres, mientras 
que nosotros habíamos quedado reducidos escasamente á unos 460, inclusive 
getes y oficiales, en razón de haberse retirado del campo con su gente los 
Comandantes Castro y Borges, por no querer entrar en aireglos con "blancos y 
traidores ." 

. Otros gefes y oficiales se fueron también esa mañana, llevando consigo 
varios individuos de tropa. 

Kl enemigo nos rodeó, del siguiente modo: 

Dos piezas de artillería sobre el mismo Paso, al mando del Capitán 
D. Matiuel Perea, con una guerrilla de caballería que dejaba despejado 
su frente. 

A la izquierda do las piezas, el Batallón 2 o de GG. NN., las compañía» 
del primero y de Policía agregadas á este, todas al mando del Teuiente 
Coronel D. Lesmea Bastarrica. 

Ala derecha de la artillería, escalonado el Escuadrón I o de línea al 
mando del mayor D. IGNACIO M ADRI AG A !!!«^ft 

La Escolta^al mando del Teniente D. León E. Mendoza. 

A la izquierda de la infantería, formaban escalonados cinco escuadro- 
nes del Durazno y San Jo-:é, los tres primeros al maudo del Coronel don 
Basilio Muñoz, y los dos restantes al mando de su Comandante D. Rafael 
Rodríguez. 

r Medio escuadrón, cubriendo una picada que se halla como á veinte 
cuadras arriba del Paso de Quinteros. 

Olvidábamos decir que el General Diaz tomó la precaución en la no» 
. che del 27, de posesionarse del Paso de Baigorfia, legua y media rio abajo 



-40- 

colocando en él 25 infantes con uua protección de 50 hombres de caballería. 
El oficial que los mandaba era el valiente teniente 1? D. Pablo Chacón y. 
el sargento D. Pedro Patino. 

A esas horas corría en el campo, que el Coronel D. Bernabé Magariño8 
con las fuerza» reunidas délos Comandantes D. Trifon Ordoñezy D. Goyo 
Buarez se aprocsimaban con algunos otros gefes y oficiales. 

Serian las 11 de la noche, cuando el Comandante enemigo D. Gervasio 
Burgueño atacó por el Paso de Baigorria con caballería, siendo rechazado. 
Reforzado por j|¿*MEDINA«©e, cargó segunda vez, jy entonces nuestro 
piquete de caballería disparó, dejando cortados k los infantes, que fueron 
bárbaramente lanceados y degollados por la gente del Gobierno Constitucional!! . 

Después de este suceso, toda la vanguardia enemiga se colocó á nuestro 
frente. . # 

El Comandante Aparicio pasó sobre la derocha nuestra por una picada 
falsa, y nos ganó esa posición. 

En seguida pasaron los escuadrones de Maldonado, comandante Olid^ 
y Cerro Largo, comandante D. Agustín Muño*;. 

Las tuerzas enemigas del frente, como las del costado derecho, pren- 
dieron fuego al campo, cuyo pasto estaba como yesca, en razón de la gran 
seca de ese año. 

El sol de ese dia quemaba y la calor era asaz sofocante. 
El general, en vista del reducido número de nuestra fuerza, reunió á 
todos los gefes y tuvo con ellos una consulta respecto í lo que se debía 
hacer. 

Las opiniones fueron distintas: unas porque se pelease y otras por 
una capitulación. 

£1 coronel Tajes se oponia fuertemente á lo último, espresándose mas 
ó menos en estos términiuos: 

« General, no nos fiemos de esta gente; mientras tengamos una gota de 
sangre, combatamos: esta es mi opinión. » 

Antes de la reunión habia sido enviado al Paso con bandera de par- 
lamento el sargento mayor D. Manuel Espinosa, y el comandante Caballo* 
ro nos hizo saber que se trataba de arribar á un arreglo entro las fuerzas 
beligerantes. 

, En los momentos en que el coronel Tajes manifestaba su opinión al ge<» 
neral, regresó del campo enemigo nuestro parlamentario el Mayor Espino- 
sa^ entregó una carta del general MEDINA para el general Diaz. Esto' la 
leyó para si primero, y en seguida, dirigiéndose al coronel Tajes le dijo: — 

El general Medina me dice aqni cp.e garante las 
vidas de todos nosotros. Por consiguiente, trato con ¿l y n# 
con los blancos. 

El mayor Espinosa volvió nuevamente al Pasó con la bandera de par- 
lamento, y en la misma forma fué recibido por el 2. ° Gefe del Estado Ma. 
Íor de MEDINA, teniento coronel D. Gereraías Olivera, quien le entregó 
m PLIEGO al mayor Espinosa. 

Regresó este á nuestro campo, y entregó al general el pliego. Eran las 
condiciones estipuladas j»*CON MEDINA Y FIRMADAS POR ÉL-©* 
y que aceptaron nuestros gefes. Las condiciones eran las siguientes: 



u l* Las fuerzas sublevadas, se someterán al gefe del ejército consti- 
tucional., j. .: .. ,./. . J% .; .. %J . / > . /,._ j j / , •-.;..'.. 

" 2 * Los oficiales y soldados de los mismos, serán cond\w¿dos á : la* ca- 
pital para ser puestos á disposición del Pr/esideoteídejla/RapábiiQfr. 

« 3-? Él. general en gefe y .los demás gefes .deJft«;<U$ha* faarza*, pa- 
sarán con sus respectivos pasaportes al territorio Brasilero (1). : , 
"[Firmado] [ Astaclbto Medina." 

En vísta detestó, ya. no le, quedó dcúU á ninguno de tirfé^trtfS fcfcftí de 
qué la capitulación, era ún Itech.o, puesto, que el, general MÍfiOtfcTAla 
firmaba. ■'■■■.■: ■ ' -. : ' " '" . : m !/' 

Nuestra infantería no quería, sin embargo, entrar enéltá, yjjjetiia car- 
tuchos jtarg, scst#ngr¿e hasta, el último momento. . t _ " ; ,:, .; i 

: El cQro^^Tajes, en vi$ta de^se.c.opíictó^sm Suda por 90 colocar al 
general Diaz en mal punto de vista cóh jstjs. amS^ó$,"ta qué confia 8u.opi- 
nion había' capitulado, se puso al frente de : la ínfanterfáy nos &fcy u Cbm- 
"paneros, no tengáis recelo por vuestras vídad» qcté están a¿egt^falla8. ,, 

Esta capitulación fué firmada por el general Diaz y el coronel Tajes. Se 
remitid á Medina una copia con dichas firmas, y el general Diaz conservó 
la firmada por MEDINA ! 

El Capitán D. Gabriel T. Ríos fué el oficial que por orden del Gene- 
ral la escribió. 

Conviene aquí dar algunos detalles sobre este punto tan negado por 
nuestros enemigos políticos. 

En los momentos de la Capitulación hubo suspensión de armas, y vi- 
nieron á nuestro campo, el Comandante Burgueño y gran número de ofi- 
ciales á saludarnos. 

Toda su conversación era : '.'Gracias á Dios, paisanos, que nos hemos 
" entendido. Vale mas capitular que derramar la sangre de tanto orien- 
" tal, útil á la Patria hoy ó mañana." 

"Estamos muy contentos, decia un oficial ó gefe llamado Pereira, de 
" Minas, porque hayan Vds. CAPITULADO. 

"Para nosotros, habría sido una desgracia pelear, por la sangre orien^ 
" tal que iba á correr." 

El Coronel Olid dijo cerca de nosotros, y dirigiendo la palabra al 
Comandante Mora: "No han sido zonzos Vds. al entenderse con el indio 
" Medina; como se conoce que cogean de la misma renguera. 

" ¿A qué no hubieran Vds. Capitulado conmigo ú otro gefe blancoV 

El Comandante Mora le respondió : "Lo mismo hubiera sido, coman- 
" dan te; ¿no somos paisanon ?" 

De estos episodios podríamos citar infinitos; pero para nuestro objeto, 
basta con el siguiente : 

En el acto del cange de las notas y de habernos el general Díaz co- 
municado la Capitulación y ordenado pasar el Paso para dar cumplimiento 
á la segunda condición, el Coronel D. Dionisio Coronel comunicó al Ge- 
neral: "Que debian ponerse en marcha con dirección al Brasil, él, el General 

[1] Copia del original en poder del general Días, y leído á todos nosotros después de su 
aceptación por los gefes superiores. 



-48-- 

f * Freiré; coroneles Tajes y Martínez; comnudantes Caballero, Mora, Abella 
y Poyo; mayores Espinosa, Saca reí lo, Almada, &a,y que al efecto les 
•« presentaba AL CAPITÁN D. N. ALVA11EZ, quo los custodiaría con 
" su escuadrón.'' 

En efecto, se pusieron en canrno, y cuando ya habrían hecho una 
jornada de cerca de tres leguas en aquella dirección, los alcanzó un oficial 
con orden para que emir amar chascn. 

Conviene decir aquí que el mismo capitán Alvarez, encargado do 
acompañar á los Gcfesy que estuvo viviendo en el Hospital de Caridad en 
esta c udad, en los meses de Marzo y Abril de eso mismo año, declaraba á 
lodos los que le. preguntaban: « Que hubo Capitulación, y que fué á consecuen- 
« cía de ella, quo se le encargó de custodiar y llevar al Brasil á los gefes Ca- 
« pitulados. » 

Todos los gefes y oficiales del Ejército de Medina nos lo repetían y 
nos felicitaban por ello, en los primeros momentos y antes del desarme, es 
. decir, hasta el aia 29 á la tarde; después ya fue otra cosa!!;..... 

Pronto se convencerán do ello nuestros lectores. 



■^"©3^ 



-43- 



CA.FITTJLO. IV- 



Traición y asesinato». 



Antes de entrar en el lúgubre cuadro que tenernos que ofrecer á nues- 
tros lectores, queremos abundaren pruebas para patentizar al mundo entero 
que hubo capitulación en el Paso de Quinteros y que" fué infamemente violada 
por el Gobierno delSr. Pereira, por MEDINA y por e\ partido blanco. 

Vamos á exhibir en seguida documentos, como así mismo el primer parle 
deltraidor MEDINA, pasado el mismo dia 28, cuaudo aun no habían trama- 
do la iufernal intriga para sacrificar á los prisioneros. Estos documentos 
son de gran importancia, puesto que coutienen mas aun de lo necesario pa- 
ra la condenación y castigo de los autores del hecho del Paso de Quinteros, 
en viriad de comprender: ia denuncia del hecho, la acusación del delito, y la 
confesión del reo. 

Aquí van esos documeutos, según su orden: 
€ Sra. Da, Julia D. de la Sierra. 

« Paso de Quinteros [Rio Negro], Enero 28 de 1858. 
cr Mi querida espesa: 

« Esta carta es conducida por el teniente Llupes, que sale en estos mo- 
mentos para esa, llevando, según él mismo nos lo acaba de manifestar, el 
parte de la capitulación efectuada esta mañana entre el general Mediua y 
nuestro gefe el general Diaz. 

« No tengas cuidado por mí, pues la capitulación pelebrada garante la 
vida de todos nosotros, que seremos conducidos á esa y á disposición del 
Gobierno, según mo ío ha manifestado el coronel Lasala, quien se ha con- 
ducido conmigo de un modo digno. 

« Los gefes, es decir, de sargento mayor arriba, serán conducidos al 
Brasil; pues asi es lo estipulado. 

« No estés sobresaltada por mi situación, pues ya te repito, hemos ca* 
pitulado y todo ha concluido. Tú sabrás valorar lo que importa uua capitu^ 
lacio»y y por consiguiente, no debes afligirte, «sposa mia, por mi destino. 
Dentro de pocos dias estaremos en esa. 

«Abraza y besa á nuestros hijos en mi nombre, y dale un abrazo & tia 
Elena, tia Nicanora, tia Pepa, tío Zacarías Fontecely y demás de la fa^ 
milia. 

«AD, Jaime Hernández y su familia, mil recuerdos; que pronto nos 
réremos. 

7 



ii¡ 



« Escríbele & Matilde, que estará cou cuidado desde mi salida de 
Buenos Airea, y porque loa sucesos han de llegar allí desfigurados. 

« A mi hermana Alejandrina y á Ordoñaaa tambieu anuncíales nues- 
tra capitulación, para que estén tranquilos. 

« Adiós, mi querida esposa. Fé en la Providencia, que pronto nos ve- 
remos, y entonces te referiré nuestros trabajos. Te escribo con lápiz, por* 
que no tengo otra cosa, 

«A mis hijos, que me esperen. 

« Tu esposo que te idolatra» 
[Firmado] « Juan M. de la Sierra. » 



u Paso de Quinteros [Uio Negro], Enero 29 de 1858. 
4% M¡ querida Augelita: 

u Ayer hemos sido obligados á capitular con el general Medina. Me * 
diante nu parlamento* se oouviuo en que serian garantidos todos los oficíale 8 
y soldados, y que los gefes tendríamos un salvo-conducto para salir de 
país. En efecto, se nos dio el pasaporte, espresaudo en él qae ser i amo* 
acompañados hasta la froutera del Brasil por el Sr. Gefe Político de Cer* 
ro-Largo, D. Dionisio Coronel, y la tropa fué entregada con su* armas. 

" Poro, aunque estaba convenido de palabra que ayer mismo saldría» 
mos para nuestro destino, estamos hasta hoy en el campo del ejército. 8e 
nos dice que es para que marchónos juntos* con la división de aquel de- 
partamento* que debe salir de hoy á mañana. 

41 Envíale á Pepa inmedhi mente la adjunta carta; dale memorias á mi 
tío Enrique y á los muchachos y tú recibo un abrazo de tn hermano 

(Firmado) " Císab. m 

44 Estoy muy agradecido al coronel Lasala y á D. Dionisio Coronel, los 
cuales me hau hecho muchos ofrecimientos. *' 



•• Paso de Quintetos, Euero 29 de 135?. 

" Mi amada Mauueüta: en el dia de ayer hemos depuesto las 
lujo un fmtaU* eu que el jrenerai eu gefe del ejercito del Gobierno dos om- 
¿gww fr,i¡\» sañrm-Jk ¿i j^r udirteJc* orisix'e* y ¿ropo* y los gefes aer desterta- 
dos al Bras:L Bien» mi Manuela, no te aflijas por estos reveces, que quisa* 
muy pronto el Gobierno nos conceda volverá nuestro país, y ti esto no suco* 
de» yo buscaré los medios de que nos reunamos en algnn destino. Nadataa- 
go, "porque todo lo hemos perdid«\ como tú sabes: pero tengo faenas para 
trabajar y buscar lo* medios de subsistencia para nuestros" trjea» Sánchez 
tiene alguno* roscos del negocio que yo tenia; velo y dile de mi parte qae 



▼ea modo de venderlo y entregarte el importe. Tengo un terreno que he 
comprado con Felipe; á mas de que me toca la mitad del valor en que se 
veo da, yo he gastado corao 100 patacones, cuyo dinero se me tiene que abo- 
nará mi parte. Felipe* te dirá de otros terrenos en que en el primero tengo 
la tercera parte y en el segundo la cuan a, cuyos terrenos nos han prome- 
tido documentarlos los S A don Daniel Zorrilla, si tienes algún apu- 

ro,"vélo en mi nombre, que yo voy á escribirle. Mi baúl de ropa mándalo 
buscar á Buenos Aires á casa del coronel Muñoz, calle Belgrano N. ° 
189. La mejor proporción será por Sciurano, capitán del u Meuay "• Adiós, 
mi querida Manuela; abruza por mí á mis queridos hijos, y vos, querida es- 
posa, ten paciencia y resignación en nuestra separación, que espero en 
Dios no será larga. 

" Tuyo: 

[Fimado] " Manuel Espinosa. 
" Abraza á Felipe por mí. " 



Sra. Da. Margarita Peirayo de Abella. 

"Costa del Yí, Febrero 1.° de 1858. 
" Mi adorada Margarita: 
, " Después de la batalla de Caganeha queparecia qué el triunfo seria in- 
dudable, no tué así, porque por la cobardía de la división Silveira, nos que-* 
damos con muy poca caballería. Desde entonces todas nuestras marchas 
han sido forzadas, con el objeto de reunir alguua caballería. 

Así pasamos el Fí, donde detuvimos las fuerzas del Gobierno; pero en 
la noche volvimos á emprender una marcha forzada y terrible hacia el Rio 
Negro, de catorce leguas, y caminando por un campo quemado, rodeados 
de tina gran fuerza de caballería y combatiendo en retirada. Dia que re- 
cordaré toda mi vida, pues en esa retirada hicimos lo que pudimos por sal- 
var el honor de las armas. 

" A la tardecita pasamos el Rio Negro y dormimos en la costa, guar- 
dando el paso par vanas partes? 

44 En esa noche llegó la infantería y la artillería del Gobierno. Llegó 
el dia 28, y por la mañana se nos fueron del campo dos escuadrones, uno 
de Nicasio Borges v otro de Goyo Castro, diciéudonos que estábamos ptrdU 
dos: huyeron cobardemente. Nos quedamos todavía como cien hombres de 
caballería y mas de trescientos de infantería, decididos á todo; pero nuestra 
situación era difícil: el enemigo habia pasado el rio por varias partes; no 
obstante, podíamos también defendemos ó retirarnos poco á poco; pero el 
general Diazy demás gefes del Estado Mayor, resolvieron hacer vlmx capitu- 
¡tcion honrosa para evitar el derramamiento de sangre entre hermanos y cou- 
cluircon una guerra que ibaÁ devorar nuestro pais. Se mandó un parlamen- 
tario con las proposiciones, y por conclusión, el general Medina, gefe de las 
fuerzas del Gobierno, se avino en dar fianza á todos los oficiales y tropa del 
ejército; para los geíes nos dio un pasaporte con la garantía del Gete Po «* 
Utico del Cerro-Largo, D. Dionisio Coronel, y firmado por el mismo gene^ 
ral Medina, cuyo pasaporte era para el Brasil, é iríamos escoltados por una 
fuerza del Sr. Coronel hasta la frontera; pero hasta ia fecha uoha sucedido. 



-46- 

" Hoy hemos venido al Durazno como prisioneros y rodeados de ce»* 
tíñelas; de modo, mi querida Margarita, que no sé qué querrán hacer coa 
nosotros. 

" Se nos dice que r.hora esperan la resolución del Gobierno. Batamos 
custodiados por la división del Orro Laigo y nos tratan muy bien, y nues- 
tra mejor garantía ea el ¡3r. Dionisio Coronel. 

En íin, sea lo que sea, todos estamos resueltos; si nos quieren fusilar 
faltando á un compromiso solemne, que lo hagan. Esa mancha caerá sobre 
la frente del Sr. Presidente de la República y sus ministros; pero et honor 
habrá quedado por nosotros. Por lo demás, tengo mucho gusto en la con* 
clusion do una guerra que iba á devorar nuestro pobre pais. 

" Triunfó el Gobierno; enhorabuena, á él le toca tener ahora una 
marcha reparadora y humana; de ese modo estará completamente conclui- 
do todo con nuestra capitulación. Si nos mandan al Brasil, haré empeño 
con el Sr. Coronel para quo me deje venir al departamento del Cerro Lar- 
go, donde te llevaré, y me pondré á trabajar muy de veras, pues la escuela 
ya toca á su verdadero término y nuestros desengaños son muy crecidos. 
Tú y mis queridos cuatro híjitos me ecsijen á gritos que trabaje, y pienso 
Bolo en su educación y porvenir, aunque es verdad que era mi único deseo 
cuando el Gobierno me arraucó de casa y me desterró con la mayor injustu 
cia, dejándote abandonada y en la mayor necesidad. En fin, mi muy querida 
Margarita, ten resignación, cualquiera que sea mi suerte; el consuelo que 
me queda es que mi conciencia no me remuerde ningún acto malo eu 
las cuestiones políticas por las que he pasado hace mas de diez y seis años;, 
siempre he servido con honra y lealtad á mi patria y á mi partido. 

44 Puedo llamar con entera confianza á mis agraviados, seguro que 
ninguno aparecerá; y ahí están Montevideo, Paysandú y Salto que lo certi- 
fiquen. 

46 Concluido todo, yo creo que puedes volver á tu choza, y si te parece, 
seguir con mis hijos en el Miguelete, que yo te participaré Muestro verda* 
dero destino, pues á veces se me figura que nos van á llevar á Montevideo, 

44 A D. Rafael que te cobre los alquileres de la casa de Manuela desde 
el mes de diciembre y quede el sereno en nombre de la dueña, que yo me 
arreglaré con Juan para que lo dé á Manuela. 

44 Después de lo escrito, seria largo referirte los trabajos que hemos 
asado; la camisa y el calzoncillo, después de un mes, hoy me los he venido 
mudar, y así están todos los compañeros, incluso el geueral Diaz. 

44 Muchos recuerdos á mis queridos padres, y que tengan resignación 
que todo esto na es nada, que te cuiden y que sufran á mis queridos hijo»' 

44 Recuerdos igualmente á Cartagena y á Da. Eusebia, Pancha y demás 
de la familia, que aquí me tienen como prisionero, sin saber mi verdadero 
destino; pero cualquiera que él sea, siempre cuento con su' amistad y que 
harán por tí cuanto sea posible. 

44 Después de concluida la guerra, Manuela puede venirse á esa casa, 
de lo que yo me alegraría mucho, pues te serviría de compaña. 

44 Dale un fuerte abrazo y un beso á cada uno de mis hijos, y recibe 
tú también, adorada mia, el afecto íntimo que siempre te profesa tu 

[firmado] 44 Eujenio Abblla, " 



*' BjcaftO. Sr. Presidente de la República, D. Gabriel A* Pereira. 

" Cuartel general, Paso de Quinteros, en el Rio Itegro, 
Enero 28 de 1858. 

" Mi querido Presidente: 

4C Hemos triunfado completamente, pues el ejército rebelde, que logra- 
mos alcanzar, iodo se Iva sometido y ha entregado sus armas, caballos y ba, 
gajes, 

" Sr. Presidente, mañana le daré una noticia de todo lo ocurrido en 
esto suceso tan feliz para la tranquilidad de la República. 

" Los generales Diaz y-Freire, el coronel' Tajes y catorce gefes mas 
están prisioneros en nuestro poder. * 

" Felicito á V. E, por este espléndido triunfo. 

" De V, E. afectísimo amigo 

(Firmado) « Anacleto Medina. » 



Hasta aquí esos documentos; continuemos ahora con otros datos no 
menos importantes. 

La carta del general Diaz fué toda escrita de su puño y letra, Dicha 
carta fué entregada por el general en la tarde del 29 al coronel don Fran- 
cisco Lasala, Gefe de Estado Mayorde Medina; el que la puso bajo cubierta 
de. una suya á su familia, y conducida por el teniente coronel D. Geremías 
Olivera, chasque enviado al Gobierno para conducir el parte detallado de 
Medina. 

D. Ignacio Soria, yerno del coronel Lasala, fué el que entregó esa carta 
aquírásu título, lo que le valió al Sr. Soria algunas horas de' prisión en la Po- 
iicía; todo, por supuesto, en nombre de la religión de la ley. 

La curta también original del capitán [entonces] Sierra á su esposa, 
de fecha 28 de Enero, bien elocuentemente demuestra que hubo capitulación, 
pues lo repite en ella en varias ocasiones, y con la convicción de su ecsisten- 
cia,- le pide á su esposa que no se aflija, que pronto se verán, etc. etc. 

El mayor Espinosa, que fué el gefe parlamentario por parte del general 
Diaz, en la suya también original á su esposa, habla de: haber sido obligan 
dos á capitular con el general Medina, y da todos los pormenores de ese 
convenio. 

El comandante Abella también anuncia la capilulacion & su esposa, Con 
detalles importantes. 

Da igualmente conocimiento de su marcha al Brasil, en compañía de los 
demás gefes capitulados. 

El parte del infame MEDINA es sacado de un folleto que publicó la 
imprenta de La Nacon en esa época. Téngase presente: donde dice: « todo 
se ha sometivo » decia el original, es decir, el parte primero que se publicó 
y que la policía recogió en el acto y como todo este pueblo sabe: lodo ha ca* 
pitulado. Fué variado en el Ministerio de Gobierno, después de estar, como 
dejamos dicho, en circulación y de haberlo recojido para adulterarlo, como 
fué público y notorio en esta capital. El último párrafo también fué agre» 
gado aquí, pues el primer parte nada hablaba de prisioneros. 



—48— 

Para mas abundamiento, aunque no para, mayor prueba, porque no se 
necesita, todo Montevideo sabe que el Dr. D. Ambrosio Velasco recibió 
una carta de su amigo D. Dionisio Corone], escrita el mismo dia del arre- 
glo [el 28], en que este lo felicitaba por « haberse termnado la contienda sin 
mas efusión de sangre y medante una CA P1TULA CION con las fuerzas ene* 
migas. » 

El Dr. Velasco enseñó esa carta, y aun debe [suponemos] conservarla 
en su poder. 

D. Pedro Saenz de Zumarán nos consta que también recibió otra 
carta en que se le hablaba de la capitulación, y que este señor talvcz conser- 
ve eu «u poder. 

D. Pedro Fraga recibió copia del pasaporte que se le dio al general Dial 
para dirijirse al Brasil. 

Ahora veamos otra prueba mas en la siguiente copia, tomada en el Mi- 
nisterio de Gobierno, de la contra-órdeu á Medina sobro la ejecución de 
los prisioneros, y que viene á probar plenisimamente la capitulación. 

Montevideo, Febrero 2 de 1858- 

" Sr. Brigadier General D. Anacleto Medina. 

" El Gobierno ha ordenado la ejecución de los gefet de la rebelión 
que han caido en poder de las armas naciouales; pero atento d las circuns* 
tandas que lian mediado en el sometimiento y que recien CONOCE, y á consi- 
deraciones de que el Gobierno no ha podido prescindir, ordena á V. E. q*e 
en el acto de recibir este despacho, suspenda V. JE. la ejecución, conducién* 
dolos á la villa de la Union. 

" Dios guarde á V. E. muchos años. 

" Gabriel Antonio Pkreira. " 

Cuando se dio esa contra-órdeu, el que la firmaba sabia perfectamente 
que los capitulados detian estar ya ejecutados, como lo dijo D. ANDUE3 
A. GÓMEZ, Ministro do la Guerra entonces, á un sujeto que se interesa- 
ba por la vida de aquellos, y como en efecto lo habiai* sido en la tarde del 
1. ° de febrero. La orden para el fusilamiento fué dada el 30 de mañana y 
conducida al Durazno por el capitán D. José García, que fué reventando 
caballos, en demostración de patriotismo. 

En efecto, el dia 1. ° estaba en el Durazno con ella. 

La contra-órden, como lo ven nuestros lectores, lleva la fecha del 2 de 
febrero, es decir, el dia siguiente al do la ejecución. ;No podría ser tam- 
bién que el Gobierno tuviese ya conocimiento oficial de esta cuando- espi- 
dió la cómica contra-órden? Lo que prueba que esta contra-or- 
den no fué otra cosa que una farsa grosera inventada para salir del aprie- 
to, es ei degüello practi cado en oficiales y soldados délos capitulados, durante 
el tráusito desde el Durazno hasta Montevideo. ¿ También para aquelloa 
deagraciados pretenderán los verdugos de esa época, que llegó tarde la con- 
*~~ "ieji? 

r-w«.. ....... ,,. 




£i teniente D. Jacinto Llupes salió en la noche del 28 del ejército, 
conduciendo el primer parte de Medina, como así mismo varias cartas de 
los gefes y oficiales capitulados, á quienes se nos dijo que podiamos escri» 
bir á nuestras familias para tranquilizarlas. Lo hicimos así. 

El teniente Llupes, al pasar por la estancia de ü. José M. Castellanos, 
"le refirió la capitulación, y entonces ese señor escribió á su esposa la carta 
siguiente : 

" Durazno, Enero 28 de 1858. 

*• El portador de esta es el oficial que conduce el parte oficial, que dice 
" que todo está concluido. Las fuerzas del general Diaz han capitulado) éste 
" con todos sus oficiales ha caido en poder del general Medina, incluyendo 
" la infantería, por medio de una capitulación. 

" Este suceso tuvo lugar en el Paso de Quinteros. 

" Por cuyos puntos ambos contundentes pasaron. 

" Felizmente todo h& concluido sin efusión alguna de sangw. César 
" Diaz, Tajes, Poyo y todos los oficiales pidieron ser couducidos al Brasil. 
" D. Dionisio Coronel los debe escoltar. " 

( Firmado ) " José M. Castellanos. " 

El teniente Llupes, al llegar á la casa del Presidente Pereira, calle 
del Cerrito, entusiasmado gritó á la inmensa cautidad de gente reunida 
allí, ansiosa de conocer el estado político: " todo estd concluido, los rebeldes 
han capitulado, " etc. etc. 

Mny pronto se llevaron á dicho oficial al Fuerte y le impusieron en- 
tonces que uo debia decir otra cosa que: se habían rendido sin condición 
"alguna. Así lo hacia después ese oficial. .« 

Hay mas aun. 

El Sr. D. Enrique Martínez, brigadier general déla República, diri- 
gió á los agentes estrangeros, desde el consulado de los Estados Unido?», 
en que estaba asilado, la siguiente circular, que recomendamos á nuestros 
leetores, porque ella es otra prueba mas de la capitulación. 

Dice asiese documento: 

« Señor: 

«En medio del dolor que han llevado á mi alma los últimos aconteci- 
mientos políticos de este pais, un rumor con todas las circunstancias que 
parecían convertirlo en hecho positivo, llegó hasta mi conocimiento para 
hacerme saber que un mandato del Gobierno, librado al general en gefe 
del ejército en la mañana del dia 80 del próesimo pasado mes, ordenaba . 
el fusilamiento inmediato de los gefes y oficiales á quienes un boletiu ofi- 
cial daba por sometidos á las fuerzas del Gobierno. 

«Aunque, como he dicho, ese rumor tuviese todas las apariencia» 
de la certeza, él no puede eucontrar en mi espíritu sino la mas fundada 
incredulidad. 

«!ái ésos gefes y oficiales eran considerados como prisioneros de guerra 
era, un acto inaudito de barbarie, inconciliable con los principios de justicia 
y humanidad que reconocen y respetan todas las naciones civilizadas de * 
nuestra época, atentar contra sus vidas por el mero hecho de haber sido 
desgraciados en los combates y encontrarse en xnauos de sus enemigos. 



-BO- 

t Tal atentado, yo uo podía ni debía esperar del Gobierno* de un pais 
democrático, regido por instituciones tan liberales como las de esta Repú- 
blica, y donde los actos do los mandatarios de la soberanía popular, están 
sugetos á tan serias y graves responsabilidades. 

. " Si no era en tal carácter que se les consideraba, si era como sim* 
pies criminales por la insurrección que encabezaron contra la autoridad 
gubernativa, entóneos eso3 gefes y oficiales debian ser juzgados por ftua 
jueces naturales, con sugeciouá las formas establecidas por las leyes res- 

Eectivas, y castigados como lo determinase la sentencia que diesen los tri* 
únales competentes, úuicos que en la República, donde ecsiste la división 
de los poderes públicos, pueden juzgar y penar. Él código fundamental del 
Estado, que reglamenta las atribuciones de aquellos poderes, asi lo dispone, 
y haciendojusticia al Gobierno que en este pais tiene el Poder Ejecutivo, 
yo no podía ni debia admitir tal usurpación de atribuciones, y menos con 
el solo intenfo de saerficar aquellos hombres á uua venganza injustificable, 
y arrojar sobre la autoridad, que tal abuso hacia do suposición, toda la 
responsabilidad del asesinato frió y calculado á que en tal caso quedaría 
reducida aquella ejecución. 

u No pude, pues, admitir el hecho y pern)anecí firme en la confianza 
de que el general D. César Diasz, mi hijo político, y sus demás compañero» 
de desgracia, serian respetado en sus vidas y personas, hasta tanto que la 
justicia no dispusiese otra cosa. 

" Para pensar así, solo teníalas razones que dejo npiinfin; par» ajar _ 

tjjite se ha en&eg$m á nw fjj^zas ¿ife¿ ^ O Al TT U L A r ■ 

'^tílOlíl en que se prometía á7o'&' Vencíaos eí poder pasar li'íírerfttíiifó'ártSm* 
(¿torio vecino del Imperio del Brasil, otorgándoles su respectivo pasaporte. 
y> " Esta consideración, pues, d¡ó nuevas creces ámi confianza. Lí^vN 
f da de esos hombres desgraciados estaba bajo la custodia, 110 solo de la» 
leyes del país, deia justicia y de la humanidad, sino también del honor na- 
cional empeñado en una capitulación, que como la presente, pouia fin & 
una contienda civi/, reservando al pais la vida de sere3 que le son tan pre- 
ciosos, como la de cad** uno de aquelos bravos cuyos nombres encierran 
toda una historia, la mas brillante do servicios prestados á, la independen- 
cia y á la libertad de este pais. 

'■" Con todo, esa confianza se halla debilitada átal punto, que casi pue- 
do decir que ha desaparecido .completamente. Ya no es un rumor, sino un 
hecho desgraciadamente cierto y notorio, que el Gobierno, queriendo re* 
vestirse de una severidad que tiene límites trazados por las leyes del paig, 
ha ido hasta ordenar el fusilamiento inmediato fie los rendidos, sin forma, 
sin juicio, siu sentencia, sin causa ni delito clasificado ni probado, y de com- 
batientes que haciendo al Gobierno de su pais la honra que no podían- ne* * 
garle, sin arrojar sobre él y sobre el* pais el insulto y la vergüenza; habían 
depuesto las armas y renunciado á la contienda, en la seguridad de que la 
palabra empeñada en un pacto bélico, como es la capitulación mencionada, 
seria respetada y cumplida. 

" En tal caso, como padre, como ciudadano, como companero de esáá 
beneméritas víctimas de su ardimiento patriótico y de la nobles ade stu 



sentirnientos, vengo, señor, á denunciar este hecho, y protestando contra él 
een toda la energía que merece, interesar los sentimientos benévolos de V. 
E. y la respetabilidad del alto carácter que inviste, á fin de que haciéndo- 
los valer cerca de S. E. el Sr. Presidente de la República, obtenga para 
aquellos gefes y oficiales, que estoy autorizado para poner bajo la pode-* 
rosa protección de V. E., el respeto de lo pactado y de los derechos y ga- 
rantías con que los cubren las le^es escritas del paisy las generales de la 
humanidad, á cuyo frente se encuentra la gran nación que V. E. tiene el 
honor de representar tan dignamente en este pais. 

" Espero, pues, que V. E., en vista de lo espuesto, querrá acoger este 
mi súplica, aceptando desde ahora mi reconocimiento y la seguridad de los 
sentimientos de consideración y respeto con que le saluda , 

[Firmado] " Enrique Martínez. 

" Montevideo, Febrero 2 de 1858. " 

Varao* á ofrecer otra prueba mas, y que debemos á " La Patria " del 
22 de Enero de 1862, cuyo diario se publicaba en el Rosario de Santa Fé 
{ República Argentina ]. 

Dice así: 

« Montevideo. 

" Recibimos los periódicos de aquella República, y según algunos de 
ellos, las alarmas sobre invasión y el reclutamiento de hombres eh la cam- 
paña habian puesto en apuros el estado mercantil de aquella plaza, pues to- 
do estaba paralizado. 

" El Dr. Carreras habia acusado ante el Tribunal de Imprenta á uno 
de los redactores del " Comercio del Plata ", D. Cándido Bustamante. El 
juri de calificación declaró haber lugar á la formación de causa al artículo 
acusado. Según los diarios, el Dr. Carreras al entablar la acusación hizo en 
x nn largo discurso su apología del atentado de Quinteros, cargando sobre 
sí ese horrible hecho; y debe cargarlo, porque es él el que arrancó ai im- 
bécil Pereira el decreto de muerte de esos mártires de la libertad. 

" Hé aquí cómo la' Providencia descubre muchas veces los crímenes 
de los mortales. Lo que vamos á relatar pertenece al episodio de ese dra« 
ma sangriento y lo sabemos por un testigo ocular. 

" El 30 de Enero de 1858 llegó á Montevideo el parte del general Me- 
dina de haber capitulado las fuerzas del general Díaz; junto con él venia una 
carta del coronel Lósala, en que le decía á Carreras : <é que era preciso fusi- 
" lar á los principales gefes, pues tales eran los deseos de todo él ejércitp,-y 
".. que si esto no se hacia, peligraba que Olid, Burgueño y otros ios ase - 
" sitiasen, manchando con este acto á todos los que habian tomado parte 
" en el sostén del Gobierno legal " 

"Carreras tomó sobre sí tamaño encargo y ese dia arrancó de Pereira 
el decreto de muerte. 

" ¿Cómo lo sabemos? nos dirán y nosotros les contestaremos del 

modo siguiente : 

44 La casa de Errazquin Hnos. habia facilitado en esos dias de apuros 
al Miuistro de Hacienda EFin ( D. Federico) una cantidad que debia ser 

8 



pagada el 30 por la Aduana. La casa Errazquin tenia un dependiente de 
opinión contraria, es decir, era colorado, y á este se le encargó fuese á la ca- 
sa de Pereira, donde estaban reunidos los Ministros, á presentar la letra 
para que el Ministro de Hacienda pusiese el pagúese. 

" El joven llegó en los momentos de los empeños por salvar las ihuh 
tres víctimas, y el ministro le hizo entrar en uno de los despachos, dicién* 
dolé :— " Estamos ocupados: dentro de un momento será Vd. servido; 
aguárdeme Vd. " 

" Aun no habían transcurrido diez minutos, cuando entró Carrerea 
muy contento, diciéndoleal oficial de secretaría Carvallo : — " Ya está todo 
concluido; fe hemos arrancado la sentencia de muerte: escriba ", y dictó la orden 
de ejecución, concebida en estos términos: 

« 1-° Deberán ser pasados por las armas los generales Freiré y Diaz 
y los coroneles Tajes y Martínez. 

« 2. ° Sufrirá la pena de muerte el mayor Freiré, por haberse suble- 
vado con parte del escuadrón de artillería. 

« 3. ° Serán ejecutados todos los gefes y los ciudadanos que han le* 
vantado fuerzas en contra del Gobierno. 

« 4, ° Serán quintados todos los oficiales de capitán abajo. » 

« Hé aquí la orden de ejecución dictada por Carreras. 

« Puede que aun la conserve el traidor Medina. 

« En cuanto al joven, salió horrorizado del despacho cuando vio á 
Carreras firmar la sentencia, después de haber puesto su rúbrica Pereira, 
y despidiéndose de la casa de Errazquin, vino á establecerse á Buenos Aires, 
donde hoy se encuentra. 

#r ¡ Bien ha hecho pues Carreras en cargar con la responsabilidad de la 
carnicería de Quinteros ! » 



Nuestro joven amigo y actor en los sucesos D. Vicente Garzón, sobrino 
carnal del coronel Lasala, publicó en «La Tribuna», diario de Buenos Ai- 
res, una carta por la que hacia constar la capitulación. 

El parte del asesino Medma fecha 28 de Enero decia : haber capitulado 
para evitar la efusión de sangre; aunque después lo arreglaron y pusieron : to* 
do se ha sometido; pero tué tarde: ya una parte de la población se había aper- 
cibido de la intriga infame. 

Finalmente, la capitulación consta por las declaraciones verbales de to- 
dos los gefes, oficiales y soldados que tuvimos la fortuna de escapar del pu- 
ñal alevoso de los asesinos de Quinteros. 

¿Qué queda que decir en presencia de esos testimonies elocuentes de 
la perfidia del Gobierno del Sr. Pereira, del partido blanco, á los parciales 
de aquí y Buenos Aires? ¿Se obstinarán todavía en sostener que no hubo 
capitulación? ¿O preferirán declarar, á lo Rosas y Oribe, que para ellos las 
capitulaciones no son mas que trampas para cazar y asesinar vilmente d sus ad- 
versarios^ 

La carta del general Diaz (cuya ecsistencia negó el Gobierno del Sr. 
Pereira cuaudo los ministros estrangeros, movidos por sentimientos de ho- 
nor y de humanidad, interpusieron sus respetos é influencia para que no 
se quitase la vida á los prisioneros), ese documento acusador que el im- 



-es- 
postor Medina, en carta escrita á persona de esta capital dijo muy formal- 
mente que no ecsistia, estuvo todo ese tiempo en poder de uno de los Agentes 
Estrangeros de esta ciudad, hasta tanto que se creyó conveniente su publi- 
cación en Buenos Aijes. 

Con la publicidad de todos estos datos y documentos, queda acabada y 
p'enísimamente probada la ecsistencia de la capitulación, que Pereira y todo 
el partido blanco violó por motivos y con objetos políticos y puramente de 
partido. 

A la ocasión la pintan calva, debieron decirse aquellos al verse dueños de 
las vidas de los principales gefesy oficiales dé la defensa, y aprovecharon 
esa ocasión brillante, que con dificultad se habría presentado después, para 
deshacerse de esa porción de valientes que aun desarmados y prisioneros 
infundían miedo á sus cobardes enemigos. 

Desgraciadamente para los blancos, olvidaron qae el predominio de su 
partido no podia ser de larga duración, y que la matanza que meditaron y 
llevaron á completa ejecución, fué uno de esos hechos que, como lo dijo el 
Sr. (Jhristie, « ponen el sello á la justicia de una revolución y provocan 
sangrientas represalias. » 



Volveremos á tomar el hilo de nuestra narración, interrumpida con los 
sucesos de la capitulación. 

Quedamos en el captíulo anterior en el acto del regreso de los gefes 
que debían seguir para el Brasil. 

Mientras nuestros amigos regresaban, se pasó la infantería y la poca 
caballería para este lado del Rio Negro. Algunos amigos ganaron el monte. 

El comandante Carnes y el de igual clase Rodríguez, del ejército b*an- 
co,-con los escuadrones de Maragatos, se ocuparon de perpetrar asesinatos 
atroces dentro del monte, á pretesto de que « los salvajes no querían entregarse. » 
¡¡ Sesenta y ocho amigos fueron inmolados !! 

El capitau D. Felipe Pestaña fué instarlo por el autor de esta obra 
para que saltase en ancas de su caballo y pasase al otro lado del Rio. 

El capitán Pestaña no quiso aceptar la oferta y nos contestó lo siguien- 
te: « No paso al otro lado porque esos infames nos van d degollar. Con los 
» bfancos no hay que fiarse; una sola vez he estado prisionero con ellos y los co* 
j» nozco bien. No quiwo serlo segunda. Es una canalla que Vdes. no conocen como 
»yo. » 

Nada fué bastante para persuadirlo áque aceptase la oferta de pasar 
al otro lado. 

El joven D Vicente Garzón, que venia á la cola del batallón, nos pi*> 
dio que lo llevásemos en ancas. 

No bien Garzón saltó á caballo y entramos al rio, cuando sentimos un 
fuerte grito á retaguardia. Dimos vuelta y vimos que la gente de San Jo- 
sé degollaba, apuñaleaba y lanceaba al desgraciado PESTAÑA en la costa del 
mismo rio y en presencia de todos. 

Al subir la barranca á este lado encontramos al coronel Lasála, quien 
nos fué remitiendo uno á uno al general Medina, el que se encontraba á 
corta distancia de aquel lugar. 

Ese infame verdugo se fué complaciendo en preguntarnos por nuestros 



nombres y en segaida ir insultándonos con grosería ¿ insolencia. 

Los capitanes D. Manuel Pagóla, D. Ecsequiel Burgos, D. Pedro Zas* O. 
Jnan M. de la Sierra, D. Eusebio Latorre, D. Luis Viera y otros, recibie- 
ron insultos y amenazas de aquel malvado. 

Nuestro distinguido amigo D. José 0. Bustamante muy particularmen- 
te fué el objeto de los denuestos mas soece3, y le recordó en aquellos mo- 
mentos "el desafio que nuestro amigo le había hecho meses antes al Dr. 
Palomeque. " Concluyó la escena aquel JUDAS con la amenaza siguiente: 
prepdrece Vd. para ser lanceado. 

Uno solo de nuestros amigos no se libró de los insultos y amenazas de 
muerte de aquel traidor. 

Téngase presente esta conducta de Medina por los que han querido 
disculparlo de su participación en aquellos sucesos. 

I Quién le ordenaba emplear tal proceder con antiguos correligiona- 
rios políticos y capitulados ? 

I No es una evidente prueba de la ferocidad de ese hombre, como decía 
el finado general Rivera ? 

Mas adelante se verá. 

En segaida se hizo separación de gefes, oficiales y soldados, colocan- 
do á cada categoría de estas en distinto grupo. Fuimos todos desarmados! 

Los gefes fueron puestos á cargo de D. Diouisio Coroael. 

Los oficiales bajo la custodia de D. Ignacio Madriaga, y I03 soldados 
bajo la de Carnes! ¡^^ft 

En la tarde del día 29 emprendióse la marcha hacia la capital, ha» 
ciéndonos andar en esa noche 16 á 18 leguas [1], que es la distancia que 
media entre Rio Negro y Yí. Acampamos en V illasboas. 

En esa misma noche tuvo lugar una reunión de todos los gefes blancos 
con el " objeto de hacerle presente á Medina que en el ejército había gran 
" descontento porque no' se fusilaban los gefes de la conspiración, " y desde 
ese momento escribieron á Montevideo para " que hiciesen un aparato de 
" sublevación con la Guardia Nacional pidiendo al Gobierno la muerte de 
"aquellos. " 

La nota ó parte de Medioa publicado en los diarios blancos, no está 
íntegro, pues en él no se dice de un modo explícito que hubo capitulación, 
y á nosotros nos consta que Medina lo había comunicado en términos espre- 
sos, como lo hizo también Lasala en carta á ¿u esposa y el mismo Mediua 
en otraá su hija, cuya copia tiena un amigo de causa en su poder y que in- 
dudablemente ha de hacer conocer del público. 

El coronel Lasala fué el alma de toda la intriga y el que aíreselo el par- 
te detallado que pasó Medina con fecha 30 desde Villasboas y publicado en 
los diarios blancos. Ya en ese parte se decia vso metimiento completo de los 
rebeldes.» 

El mismo coronel Lasala fué el que escribió ai Dr. Carreras la carta 
para la farsa de la Guardia Nacional. 

La cual como el parte condujo el comandante D. Geremias Olivera 
reventando caballos. 



(1) Los gefes y oficiales veníamos en mancarrones, la tropa á pié. 



Los prisioneros escribieron á sus familias, porque se les permitió como 
una gracia especial. 

Aquí Be segundó maravillosamente esa intriga maldita, tomando en ella 
una parte principal el autor de los tratados con el Brasil, el director de to- 
dos los Ministerios, el consejero privado de Pereira, el seductor del Dr. 
Carreras, el consejero de entre cortinas (estilo A cha) y fantasmón D. Cándi- 
do Juanicó, como lo ha llamado el Dr. D. Ambrosio Velazco con suma 
propiedad. 

Medina, el traidor Medina, cousitió en todo, y dejó al coronel Lasala 
la dirección de la trama sangrienta. Efectivamente, aquel le escribió los 
partes y cartas y lo aleccionó en lo que debia decir y hacer. ¡Infame y dc*> 

gradado hombre!! que no tuvo ni la dignidad de oponerse á una cosa 

semejante! ¿Porqué no abandonó el mando del ejército, si era ^verdad que 
los gefes le imponian y aun lo amenazaban con quitarle la vida si se resis- 
tía al plan? 

¿No hubiera sido eso mas preferible que consentir en semejante crimen 
y manchar su nombre salpicando á la vez su rostro con lá saugre de sus 
amigos políticos, y sobre todo, con la del general Diaz, que si capituló fué 
por la confianza ciega que depositaba en los antecedentes y en la honradez del 
viejo soldado de la patria, como le llemaba? 

No hay ni escusa ni consideración alguna para tal hombre. 

Si no es la justicia de los hombres, la divina ha de castigar ejemplar- 
mente á ese traidor, célebre por la perversidad de sus sentimientos ! ! 

Sigamos. 

El 31 lo pasamos sin ninguna novedad. 

EL 1. ° DE FEBRERO á las 2 de la tarde se puso la columna en mar- 
cha para la capital, en obediencia a las órdenes que, según se nos decia, 
habia dado el Gobierno, y que habían sido conducidas por el capitán D. Ja- 
sé García. 

Momentos antes de marchar, D. Dionisio Coronel se apersonó al gene- 
ral Diaz diciéndole " que el general Medina le pedia tuviese á bien man- 
" darle el pasaporte que se le habia otorgado para el Brasil, pues habia 
€i que hacer en él alguna alteración, en virtud de que se ponían algunos ofi- 
" cíales que debían seguir hasta Montevideo y se habia resuelto borrarlos 
" del indicado pasaporte. " 

El general contentó : 4< que era aquella la única garautía que tenia 
" para sí y para sus demás cWfrcOTStft^^ 

El pobre general tenia en ¿apalabra y en la honradez de Medina una 
confianza que no merecen nunca los traidores y que no le abandonó hasta 
el último instante. ¡ Ah ! si en vez de eso hubiese seguido el consejo del 
coronel Tajes de no capitular ! ! 

El coronel D. Dionisio, en vista de esa contestación, se retiró. 

Pasaron algunos momentos sin resultado alguno. 

El coronel Tajes, en ese intervalo, le dijo al general Diaz: " general, 
" soy de opinión que Vd. entregue el pasaporte; estos hombres están dis* 
" puestos a todo y son capaces de cometer uña tropelía con Vd.; no dé Vd. 
" lugar á que lo ajen. Saque Vd. una copia para remitirla á persona de 



mm&émw 



\ 



-66- 

*< posición <í á algan ministro estrangero. Macho desconfió de estos hom- 
<< bre». " 

A «i lo hizo el general Diaz y mandó ana de ellas á D. Juan B Gomex, 
acompañada de ana carta [11. ~* ■ ■ -■■«■■ *» ••*!«'** 

Momentos después llegu el coronel Lasala y le dijo al general Diax: 
u El general Medina no puede venir; puede Vd. entregarme el pasaporte 
" con la míania confianza con que lo haría al general. " El general Diaz fo - 
entregó mtoncesW Lagala se retiró. 

Licuarnos si Durazno, y como á dos leguas mas acá de él, en la cum- 
brc de una cuchilla, á puesta de so) [7 y 5 minutos de la tarde], hicimos al- 
to. El ejército de Medina formó en batalla. 

EL GENERAL D. CE8AR DIAZ, el héroe de la defenza de 9 anos 
y el vencedor de Coceros, fué bajado de su caballo, robado por la soldadesca 
de su* espuelas de plata, cinto con dinero, sombrero y poncho. Lo ataron 
con un mamador codo con codo y así lo condujeron al lugar del suplicio, 
que fué á la cabeza del ejército y al pié de un espinillo. 

Fidió permiso para escribirle á su esposa, y se lo negaron. Quiso ha- 
blar, pero la consternación ahogó su voz, y solo pudo despedirse de sus 
compañeros y dar en voz alta un — adiós.. .á su pobre esposa, pidiendo al 
Ber Supremo por ella. 

Kl general marchó al suplicio con los cabellos herizados por la cólera, 
y al pasar por cerca del traidor MEDINA le dijo con voz clara y alta: " </s- 
neral Medina, ¿qué vale ya la palabra de un general oriental? " 

Kl feroz Medina contestóle: VAYA V., VAYA V., GENERAL 
DIAZ: ESA ES LA ORDEN DEL GOBIERNO. 

Kl pobre general, al pasar por el costado del batallón del entonces co- 
mandante (hoy coronel) Bastarrica, se quitó la cadena de oro con el reloj 
y el retrato de su esposa, que llevaba puestos y pudo salvar de la rapiña de 
loa soldados del Gobierno Constitucional, y lo entregó al Sr. Bastarrica con 
recomendación do que so los euviára todoá su esposa. 

El CORONEL 1>. FRANCISCO TAJES creyó que él no debia mo- 
rir por la mano do sus verdugos y esclamó : « Al coronel Tajes noto ma- 
« tan miserables cobardes, » y se disparó al mismo tiempo un tiro por debajo de- 
la barba, que lo salió por la mandíbula superior, y luego otro por la tetilla de- 
recha, que le atravesó la espalda. Mas la justicia de Dios quizo que el sacri- 
ficio y el atentado se consumasen; el coronel Tajes, el Aquilea de la Nueva 
Troya, el Bayardo oriental, el verdadero tipo del soldado republicano, el 
corazón mas noble que ha latido jamás en pecho humano, fué arrastrado al 

lugar del suplicio casi moribundo y fusilado miserablemente Tero á 

posar de su situación, murió con la energía de que tantas y tan repetidas 

[1] Enta carta luá demorada en Montevideo durante *<** a l *%£JlfWW ?ff»ffjafiihitf, tib^EJjfck, 
Jtyeft, ü.uiou inin<Hltotunwnto oatrcjfitf 1a,. ¡c4#M miginal del J^Í^E®^o^¿s^m¿o yl^aSSt 
g$neral Dhtn aT ministro irigl&Mr. Thortorí, pffrV'g&tfonwri comólo ^\m 1 " i ^tí^m^'Í^él^ í 
^TttMywforfiWM ^ r * (tainos dio una copia al Sr. Amaral, ministro brasilero, con igual fin, é ínter* 
puno sin resultado la influencia de todocuunto mas notable encerraba Montevideo, tanto de la 
población oriental como cstrangera. 

Kl clero, la Sociedad de Bcnoflcenoia y hasta las Hermanas de Caridad se arrojaron á los pies 
dol implacable Perroira y dk susbmkjantk compañera, y todos, todos frieron sin piedad desai- 
rados cu término» duros unos y coa desprecio é insulto los demás, 



pruebas habia dado eti su larga carrera de 'soldado y con el corage y sereni- 
dad que todos le conocíamos. 

El GENERAL D. MANUEL FREIRÉ, uno de los Ireinta y Tres he* 
rówos libertadores que el año 25 acometieron, alas órdenes del patriota D. 
Juan A. Lavalleja, la ardua empresa de rescatar á su país de la dominación 
brasilera; que defendió la independencia de su patria en loa 9 anos de sitio 
en esta plaza, fué también robado y fusilado bárbaramente. 

Murió sereno, enjugando algunas lágrimas que se le escaparon sin po- 
derlas conteuer: recuerdos talvez de familia! 

Igual suerte corrió el valiente nORONEL D. EÜLALIO MARTI- 
NEZ, modelo de modestia y soldado de la libertad oriental. Murió como 
tal, con serenidad y coraje. 

Aquellos cuatro bravos amigos, se despidieran afectuosamente y murie- 
ron, mientras nosotros presenciábamos el bárbaro sacrificio á menos de cin- 
cuenta pasos de distancia. 

¡ Así pusieron fin á la vida de cuatro héroes, víctimas de la alevosía de 
un viejo traidor y de la iniquidad de un Gobierno al que no sabemos cómo cali- 
ficar después de un atentado semejante. 

Sus cadáveres quedaron en el campo y encargado de darles sepultura 
el entonces capitán D. Eustaquio Chalar. 

Su8 vestidos, sin embargo, fueron robados por los soldados del EJERCITO 
CONSTITUCIONAL y sus cadáveres sirvieron para que en ellos se prac^ 
ticase erejias de toda clase p or aquellos hombres sin corazouü 



Queremos consignar aquí un hecha que acabará de demostrar á nues- 
tros lectores la ferocidad de Medina. 

Cuando el ilustre general Freiré se arrodilló, le dijo al Judas oriental, 
que estaba á diez pasos cou sus ayudantes: — " General, ¿es esta la palabra 
" de un antiguo compañero? " 

Medina, enfurecido entonces, le contestó: " Yo no conozco á traidores. 
Capitán Estomba [1J, fusile á esos picaros ! " 

¡Medina calificando de picaros á Freiré, Diaz, Tajes y Martínez!! 

Juzgue por esto solo el lector, de los sentimientos y la nobleza de aK 
ma de ese malvado! 

La noche de ese dia funesto la "pasamos en el mayor sobresalto y es- 
perando por momentos ser todos degollados. 

Sin embargo, nada aconteció. 

Al siguiente dia á las dos de la mañana, en la costa del Tala, fueron 
fusilados, degollados después y robados de sus ropas los siguientes gefos y 
oficiales, cuyos cadáveres quedaron tirados en el campo: comandantes: \D. 
ISIDRO CABALLERO, ü. EUGENIO ABELLA, D. BENIGNO ISLAS, 
D. JUAN JOSÉ POYO Y D. RAMÓN ISLAS; los sarjentos mayore;s 
D ESTEVAN SACCARELO, D. MANUEL ESPINOSA, D. AURELIO 
FREIRÉ (hijo del general Freiré), y el tenieute 1. ° D. RUFINO MAS. 

(1)'E1 capitán D. Belisario Estomba es hoy coronel y se encuentra en la Concepción del Uru- 
guay. 



El pobre CABALLERO, tan valiente como noble, murió con una sere- 
nidad ejemplar, diciendo mas ó menos estas palabras: «voy á morir por la 
«causa de la libertad, á la que me consagré desde mi temprana edad. Si su- 
«piera que mi sangre habia de redimir á mi patria, moriria contento; pe- 
«ro §¿ eVa cae al suelo por el capricho de un hombre 6 de nn partido, DEL SUE* 
«LO LA HAN PE KKCOJEit MIS HIJOS ALG W DÍA.» 

POYO murió con igual valor, " exhortando á sus compañeros á mo- 
rir con resignación por la causa santa de la libertad. " 

RUFINO MAS se salvó de las tre3 descargas de orden, y el coman- 
dante blanco Olid lomando alzar en ancas por su ayudante D. N. Francia, 
con el fin de salvarlo; pero así que llegó á presencia de MEDINA, este lo 
mandó lancear (!!!), lo que se ejecutó de un modo bárbaro y cruel. , 

En seguida fueron ejecutados y arrojados sus cuerpos al campo para 
servir de alimento á los carfeS cimarrones y aves de rapiña, los oficiales 
quintados, cuyos nombres son los siguientes: 

Capitanes : D. Victorino Pérez, D. Giacomo Battista Bonino, Gia« 
como Nelly. — Tenientes: 1). Domenico Lüstrini, D. Pietro Nessi, D. 
Jean Pairigout, FRANCÉS, MAESTRO DE ESGRIMA Y ESPADÓN, 
y el snb-tcniente D. Regino Méndez. 

En la uoche de ese mismo dia fué degollada en el monte] el SARGEN- 
TO MAS, moreno criado en la casa del teniente 1. ° D. Rufino Mas. 

Seguimos nuestra marcha, durante la cual st nos trató esmeradamente "por 
todos los gefes y oficiales del ejército blanco; pero á pesar de esto no se nos* 
pegaba la camisa al cuerpo después del espectáculo que acabábamos de 
presenciar. 

Los blancos estuvieron amables y salvaron á varios. Daremos la rela- 
ción: 

El coronel don Dionisio Coronel, por simpatía particular, ai mayor don 
Juan B. Hubo. 

El coronel Muñoz, por igual motivo, al mayor don Antonio Almada. 

El comandante Carnes, al de igual clase don José Mora. 
f ^L? orone l don Francisco Lasala Áj&njtf&jm^ 

1 de la oí erra, ciuaaaana tlóh v ícente Garzón y al sargento mayor don 
l ^Venceslao ttegules. 

I El comandante don Simón Moyano, al capitán don Gubriel T/ Rios. 

| El comandante don Fautaleon Ferez,al ciudadano don Adolfo Cabrejo. 

El traidor Medina, á I03 ciudadanos don Luis Isaac de Tezanos y don 
Juan Antonio Vilas [a] Pitaluga. 

Los comandantes don Bernardino Olid y don Gervasio Burgueño, al 
mayor don Luis Viera, capitán don Ciríaco Burgos, don Manuel Pagóla, 
don Celestino Zamora, don Ezequ'el Burgos, don Pedro 3as, don Eusebio 
Latorre, don Antonio Pedemonte, don Feliciano González y don Pedro Ve- 
lasco; ayudante mayor don Miguel Antuña; tenientes don Felipe Batista, 
don Clodomiro Lezama, don Agustín Chala; y álos ciudadanos don Mau- 
ricio Zavalla y José C. Bustamante; á esto amigo, apesar de la buena volun- 
tad que le tenia MEDINA yd£ la orden de fusilarlo que había dad ) por haberse 
atrevido meses antes [según decia aquel malvado] a desafiar en Montevi- 
deo al PRESIDENTE DE LA CÁMARA DE UePÍIE>ENTANTES,Sr. D, JOSÉ G. FALO- 

meque, y Á escupirlo k él [á Medina] cuando pasaba por la Confitería Oriental. 



* 

El comandante Bargueño, sin embargo de eso, $e burló del bribón de 
Medina, y lo salvó á nuestro amigo de sus uñas. 

JB1 mayor don Joaé Ignacio Raiz fué salvado por otro gefe cuyo nom- 
bre no recordamos. 

Otro tanto nos sucede con los gefes que salvaron á los capitanes don 
Manuel L. Quijano,D. Gregorio García y tenientes D. León Ortiz, 1). Ma- 
nuel Alvarado, don Francisco Saenz y demás oíióiales subalternos que 
figuran éh ' las listas que* en otro lugar publicamos. 

t D"urai}te nuestra marcha.de los dias 3 y 4 hasta Santa Lucia, fuimos 
todos los oficiales custodiados por) la fuerza de los comandantes Olld y 
Burgueño. ■ - 

Algunos gefes que nos acompañaban éii las marchas, trataban de des- 
impresionarnos dándonos conversaciones en los siguientes términos; 

" Vdes. deben estar asustados con lo que fra pasadp,. pero no deben 
< c acobardarse por eso. Vdes. están ya salvos. Np tengan ningún cuida- 
«* do. El comandante Bargueño y yo [de<?ia Qlid], loa tenemos á nuestro 
«< cargo y nadie se atreverá á tocarlos " 

Otros nos decían: " Los gefes era necesario que muriesen, porque ellos 
'* eran los promotores de la revolución, y así se lo hicimos presente al in- 
" dio Medina en la reunión que tuvimos, y en ese mismo sentido escribió 
"el coronel Lasala al Gobierno. " 

" Medina aceptó al instante, y si no lo hubiera hecho, lo mismo habría 
" sido, porque nosotros ya habíamos convenido en ello. " 

Otro decia: ** Como el indio no sabe leer ni escribir, el coronel Lasala, 
" que es el que ha manejado los títeres, porque es bicho y lo entiende, ha arre-» 
" glado los partes á su gusto y las cartas que á su nombre se han diri- 
" gido á Pereira. 

« Si será vivo. Lasala : Medina le dice que escriba tal cosa; Lasala lo 
« hace, pero según conviene, y después le lee otra cosa. El indio traga el an- 
« zuelo: pone el garabato que acostumbra, creyendo que sabe poner su nora- 
« bre. Es un animal ese tape viejo. * 

Otros se espresaban del modo siguiente: « Pues era nada lo que preten- 
« fijan los gefes fusilados! Se querían ir al Brasil y dejarlos á Vds. pri- 
« feíonenos! JNo, paisanos, eso no era justo. Nos opusimos, y ya ven Vds. 
« que tenemos .poder en el ejército. » * 

« Ahora habrá paz por muchos años, y Vds. todavía nos han de agrá- 

« decer lo qne hemos hecho.. Sí, paisanos, paz es lo que necesitamos 

« para ser lelices, etc » 

En este sentido, casi todos los gefes superiores nos hablaban, y, hasta 
algunos antiguos Colorados que acompañaban á Medina!!..... « 

Sigamos nuestra narración de las marchas. 

Llegamos s ; n novedad á Pache (Santa # Lucia). El dia 3 fueron dego- 
llados en el monte, apuñaleados y abiertos por el vientre por |a gente del 
comandaute del Gobierno Constitucional D. CIPRIANO CAMES, los 
italianos siguientes, que forpí aban parte de nuestra, infantería: 

Moretto Morelli— Mauricio Vicarini- Cristoforo Soreaina- Giuseppe 
Santo— Cario Chicchi— Francesco A. FravequU-Giovanni Cassnglia,-.-Gío- 
vanni A. Falchieri-— N. Bérganzano—Pietro MartU-Giuseppe Pavessi— 





• -eo- 

Guseppe Origoni — Cario Fumelle — N. Marchi — Luigi Fantino — Vicen- 
20 Rollando y Santo A ti tola. 

Olvidábamos decir que el Comandante Carnes, que era el que con los 
maragatos custodiaba á la infantería, que la habían hecho marchar á pié 
desde el Rio Negro, venia en todo ese trayecto lanzeaudo á los infelices 
que por cansancio se quedaban un poco atrás. 

El reguero de esas víctimas alcanzó á 4z4z ! ! •••...*•.« ••• 

El día 6, eu el paso de Canelón Grande, fué degollado el capitán italia* ; 
no que hasta entonces habia podido escapar entre nosotros, D. Pedro Da* 
val [a] Chapalangarra 

¡ü Con esté asesinato cerraron por entonces la serie do sus atrocidades í! 

lié aquí el resumen: 

Gefes fusilados 12 

Oficiales id..... 9 

Tropa [degollados] 63 

« muertos en el monte del Rio Negro 68 

Total 152 

Al fin, después de once dias de jornadas, llegamos al Cerro [el 6] y 
allí fuimos entregados al comandante D. ttafael Rodríguez, de San José, 
para que nos condujese á la Villa de la Union. 

Entregados á ios maragatos, corrimos mas peligro que en toda la jor- 
nada del Rio Negro al Cerro, que es cuanto se puede decir en obsequio de 
esos hombres. 

En todo el trayecto se ocuparon en robarnos las pocas cacharpltas que 
nos restaban. Casi desnudos nos entraron á la Villa, y allí fuimo3 coloca- 
dos en los calabozos, hasta que el Gobierno decidiera la suerte que habíamos 
de correr. 

El día 11, creemos, por la mañana fué puesto en libertad por empeños 
de su familia, nuestro ami^o D. José Cándido Bustamaute, con señaladas 
muestras de pesar por parte de Medina, que mas tarde lo fué & buscar 
" para hacerla soldado de su escolta, " según lo dijo en voz alta, que to- 
dos lo pudimos oir; pero según el oficial de la guardia, para degollarlo. 

Ese mismo dia se presentó en el patio de la cárcel el negro Vííaza, con 
algunos otros hombres armados, con una orden de D. Luis de Herrera, gefe 
de policía entonces^ para que le en tregásenjdLftí^^^ 
NIMO XiMiráhj|ntfeiu} m 

oeTo entregaron en efecto, y fue conducido á la Teja y aegollado allí 
por Vilaza. 

En esa misma fecha [es d9cir, el dia 11] el gobierno espidió' el de* 
creto que sigue: 

" Montevideo, Febrero 11 de 1858, 

"Estando asegurada la paz en toda la República con el ftiunfo [léase 
" asesinato] de las armas nacionales y el castigo de la rebelión en el Paso 
44 de Quintero8,y consecuente el Gobierno con sus sentimientos de ciernen- 
44 cia [síc] y magnanimidad, en cuanto sean compatibles coa I03 princi- 



-61- 



" pioe de repta justicia que hacen la base de su administración [!!], el 
" Presidente de la República en consejo de Ministros, acuerd^Ty decreta: 
44 Art. 1. * Procódase en el dia <á hacer una clasificación iikdividual de 
los prisioneros tomados en el Paso de Quinteros. 

Art. 2.° Póngase inmediatamente en. libertad aquellos que después 
de la clasificación no aparecieren con nota de otro crimen que el de la re- 
belión. 

Art. &° Lee militares que según la clasificación por étis anteceden- 
tes m érese aju una severa corrección, quedarán á disposición del Gobierno» 
Art. 4.° El ministro secretario de Estado en el departamento de 
Guerra y Marino, queda encargado de la ejecución de este decreto. 
Ar. 5. c Comuniqúese, &a. &a. 

[Firmados] PERE1RA. 

Antonio de las Carreras, 
Andrés A. Gómez. 
Federico Nin Reyes. 

En efecto, ese dia se presentó en el Colegio de la Villa de la Union el 
Ministro de la Guerra D. ANDRÉS A. GÓMEZ, el comandante edecán 
del Presidente D. Lorenzo García, y los ciudadanos D. José G. Palomea 
que, D. Julio Pereira, D. Hermenejildo Solsona, D. Rafael F. Echenique, 
D. Francisco F. Fisterra, D. Pedro Latorre y D. José Lozano, que forma- 
ban el simulacro de la titulada Comisión Permanente del Cuerpo Legisla- 
tivo. 

Fuimos los gefes y oficiales conducidos uno á uno á presencia de esa 
corporación; amonestados y puestOB después en libertad. 

Operamos consignar aquí la relación de los prisioneros fceehos des- 
pués ae la infame violación de la CAPITULACIÓN y que, como deci- 
mos mas arriba, fueron § puestos en libertad en ese dia : 

Hélaa^uí: [1] 

Coróneles, 
»,<j*#*of» ' 

" WWWttttO BtgttlCS. 

Tenientes Córemeles. 

D. José Bollo Hale. 

« Pedro Za* 

«t: dMüé- cTjnManuiBte, 

Ttes. Coroneles I graduados 

*■ Sttfttfc 1 ; 

Sargentos.. Mfayore&. 

" Jvan ¿' de la Sierra. 
« Altere Atauda. , 
" Feli# Balista. . 

Stos. Mayores graduados. 

D. Kxeqalel Barga». 
" Luis Viera, 

Capitanes. 

■t. B. Antonio Pedemontc. 
S Baldomcro Sosa. 



M Ensebio Latorre. 

" Feliciano González. 

« rearo felásco. ., 

M Celestlnq añora» 

« ManneiLgnJJano. 

" Gregorio García, 

«« F dcrlco Boseaio. 

« Antonio conde. 

" Juan M. Sosa. 

Ayudantes Mayores. 

D. Miguel intvfln. 
•• Jnan Alvarado. 
" Aanstln Chala. 
" Clodomiro leaanw. . 

Tenientes. 

1). leen 6WI «. 

" Isidoro, tarrlon. : 

" Alejandro Femonaez. 

" Melchor larrosa. 

" Franelsee Saenz. 

«• Marcelino 8. y Bofcallos. 

Sub-Tenientes. 

D. Joan leonce, 
« JeseKll*. 
«« Jallo Sargos. 



« Trlfoa KMeran. 

" J< > AtUzú*. 

" .Joaquín i Jflelruo» 

*• 'Jta&e-nlo Lrtrrnuietiíll, 

'• .Mnmiri López, 

M Joaquín t ndíiiuv 

•* Joéfc Moreno. 

M Juan Arr '& ¡a) Cupido. 

M Mariino urven, 

ParikuUtt*. 

D. Anjfel Brrihlc-r. 

w Ji amaso liaría, 

«« Ipnaí-ío tflbri'Jü, 

" Mauricio Zabalia. 

•• FedfMfD p-ffulrs, 

" Friiuetaru Hiflaiffo. 

í« Anjrl r»rdoso. 

« Vírenle Afnrlci." 

« ¡Íceme ííarzon; 

«« KmiiiojMiurrajíjL. 

«♦ Adolfo », Cabrrjo. 

" Benito Enmura. 

«« xU mírlelo ('artillo, 

** Antonio Kodrljíiie/, 

'« Juan T t F. García. 



(lj Los empleos son los que tienen actualmente y no los que poseían cuando el suceso, 



-es- 



\: 



Tropa. (1) 

AuadetO Nosa 
Francisco Rtirb»ienn 
Francisco Pacerla 
Gerónimo Almagro 
Juan onrtfio 
Juan Potare® 
Junn P» <i uivjilfV, 
José Malgale 
j ti ti n Müjuda 

JOSC CllStUlO 

Mariano Imperial 
Pablo Bu I testero» 
Runinn Fftrla* 
Kíimualflo Pinto* 
Simón Itnflrlsue/ 
KM*'- Oribe 
(ícronlmo Aroftta 
l.rrnrilmo Irazunta 
lnuieino tienls 
Hemnillnn A y ala 
tinírnnfr Herrera 
Felipe Barban 
fvuro *eja* 
Florentino Moreno 
Citrina Sierra 
Fran*"**™ Ku!>11flH 
MelUnn Poretra 
Kanchlo i acUnn 
MUvnilor IflKOjea 

Andrta Castro 
AiiKUsio Ltinganay 
Antonio Liuii-u 
Antonio lintel Uno* 
Ambrosio Gon.HiiLes 
Antonio da Silva 
Antonio Fcre» 
Adulto íiubclls 
Antonio Mtrtln 
Antonio Pérez, "2.* 
Anjei ABnirre 
A I fio Fiel (as 
Antonio Itlvcpo 
Antón Lo Pintos 
Antonio VHl-ü 
Aeu&tin Sastrp 
Benito susn 
líen Ko Pcrerts 
Bernardina ilQdrlffiLea; 
Benito Aonlo 
Rrigidn 1-ulK 
Benito Mitre 
( i pp i r no Palacios 
l^íjnr Itnnrte 
Cipriano «Julnf un» 
rarlos Pórtela 
Domingo Bodrlgucz 
Domingo ftusTleU 
E1>»m1n?o luniks 
Deltlno Haclel 
Kasento A ndres 
>:*ei|ntel Martínez 
KLcuterto Fernandez 
i rumbni Perrz 
Kran cinco ArgcrJt 
Francisco ¿tan n el 
Francisco Vulneran. 
Fernando Ufím 
Fernando A ahilar 
Fernando rnslro 
Fermín (ion sal ce 
Felipe Marino 
Felipe Sánchez 
Fruncí srv i rosta 
Francisco Lavaelolo 
tierontnio ulmenes 
tirronlma Manuel 



Ganrtel Martines 
GUIo Méndez 
José ¡Isidoro Btrero 
Juan Feo. Duran 
Camilo Nievas 
Constantino Rlano 
Dionisio Córdova 
Domingo Gomen 
Daniel Afrulrre 
Dionisio silva 
Domingo Manilla 
Eduardo Badgalunl 
Kstevan Matas 
Elenterlo Aguilera 
Knrlaue Sirva 
Francisco Rodríguez 
Francisco Antonio 
Francisco Esteban 
Fernando Anday 
Francisco Antonio, 2. © 
Francisco Bargas 
Francisco Antonio? S.° 
Francisco Hernández 
Felipe Vasal 
Francisco Villegas 
Fernando Alfonso 
Florencio Madero 
Germán Peroira 
Wl Castillo 
Oardlno Francisco 
Gregorio Pérez Guarnan 
Jacinto Peretra 
José Márquez 
Joan López 
José k* AI? areí 
José Herrera 
Juan Pérez 
Juan Rodríguez 
Juan Rodríguez,?.» 
José Corroa 
Joaquín Viera 
José Peralta 
Joaquín Gutiérrez 
Jost A. Rodríguez 
Juan Manuel Suarez 
José M. Pioelro 
lose A. Correa 
José Bueno 
Juan Urlarte 
JuanlM. de los pantos 
Juan Santiago 
Juan P. García 
Juan P» Barón. 
José Banfóra 
José Rodríguez 
Laureano ptoñtez 
lmb Giménez 
león López 
Luis Dafuz 
Luis Díaz 
Luciano Ferrelra 
Manuel Airaren 
Manuel Arroyo 
José Rodríguez 
Joaquín vasquez 
José Carmona 
José Sánchez 
Jasé Vítenle 
Juan Bautista 
José Faustino 
José A. Guimaraens 
José Pena 
Justo Gtnsalez 
Juna AAreo- 
Juan Rosas 
José vel'sco 
JoseAmorln 
José A. Duran 



José iTnsus 
Jacinto GtumtttaB 
José A. Qlaneo 
JoseCaeereí 
Juan Cardase) 
José Sánenos 
José A. Lima 
Luciano Maele 
LlaoPcreira 
Leoncio Pérez 
Luis Olivera 
Lula López 
Uno Guerra 
Mariano Trovador 
Marcelino Mein 
Mlgnel «asalta 
Miguel enceres 
Manuel Féretro 
Manuel Rosas 
Mauricio Pintos 
Manuel Alcázar 
Maeslmo Martines 
Marcelino Meló 
Mannel Alrarlsa 
Mannel Ricardo 
Manuel Corpoi ¿les 
Manuel Parias 
Malho Benitos 
Manuel Rodríguez 
Paulino Linche 
Prudencio UuoTedo 
Pedro Burcho 
Pantaleen Machado 
Pedro Morales 
Pedro Munlz 
Rafael Gard 
Ramón Puerto 
Romualdo Arroga 
Rufino Mondes 
Saturnino Rlvero 
Timoteo Giménez 
Vlctorlo Rtvoo 
¿alisto Itnrvlde 
Francisco Looce 
Manuel Truadllo 
Mannel Nacimiento 
Manuel Cautiles 
Manuel Balsa 
Manuel Antonio 

Sanuel Antonio, »• 
anuel Silva ^ 
anrel G. de Orine 
Marcelino Lema 
Mónleo Tlana 
Manuel Gerónimo 
Mannel Joaquín 
Manuel Agulrre 
Aleólas Baúl res 
redro Ca^anoTa 
Pedro Guerra 
Pedro HIoh 

Pont a león Vari miento 
Pablo O rt la 
Pnhl» friidrrrrs 
fUmon A lar con 
Knlfno Pereda 
iíufo Bu&ouin 
¡s intuido Barras 
Segundo RÍOS 
Tornan Manatíes 
Victoriano Quinteros 
Emilio Plnnc 
Leandro LMai 
Félix Ferrclrn 
Benito Antro 
J J.MÍlo Torrla 
Fermín Gomes 
Melchor Luna 



(1) Entre estos nombres es- muy probable que algunos no se encuentren, y tal vez acusen al 
autor de haberlos olvidado: no es ft*í,~sinó que la mayor parte cambiaron sus hombres, dando 
otros supuestos. Esta 63 la única rason que existe para que tul vez algunos compañeros no so 
vean figurar on esta relación. 



Teodovo Vera 
Ramón Larrosa 

JtlAH TIU 

«ose Santos Yeg* 
Mario Clare* 



Uto Pedraalta 
Teodoro Tara 
Mannel Maltas 
Luis Lopes 
Hanoi Rodrigues 



Manuel Fernandos 
Santiago Rlvero 
Pablo Undansa 
José Domínenos 
Simón 'Rodrigues 
Antonio Perclra. 



La mayor parte de estos pobres compañeros de desgracia fueron dis- 
tribuidos en los cuerpos de línea de la época y otro3 pu3stosen libertad 
por grandes empeños. 

Los oficiales Pagóla, Zamora, «Batista y Feliciano González quedaron 
algunos di?: mas en prisión. 

Por último, fueron también puestos en libertad. 

No pagaron machos días, cuando se supo aquí que D. LUCAS MORE 
NO había hecho fusilar por su orden, en la Colonia, al comaudante MUSA... 

••* D« Diego Lamas en el Salto, al capitán paralitico D. AGUSTÍN 

SILVA!!. ..♦•♦y que, en Paysandáse trató de asesiuar al comandante MUN- 
DELL, que salvó gracias á su. arrojo y á la P iwldenoia. 



^O^v 



i ■!■ 



-04- 



CAPITULO V. 



Ecsocracion universal. 



■ Después que el asesinato de Quinteros ñié conocido de la Europa ot 

(vüizada y de la América libre, los órganos mas ilustrados de la opiuiou 
pública lanzaron su anatema contra el Gobierno verdugo y escarnio de la 
l civilización del siglo, cuya única gloria consistía en ver correr la sangtó 

i humana y robarse los tesoros de la nación. 

¡ Eeta publicación !a consideramos sumamente oportuna; tanto por 

[ que sean conocidos de nuestros lectores dichos artículos, cuanto porque 

¡i es la mejor justificación que podríamos ofrecer para destruir todas las ca- 

j- lumnias que publicaron en sus folletos los Sres. Maeso (D. Justo) y Bar- 

bosa, el redactor de «La Nación;» como también porque ellos van á acá- 
¡ bar de formar la opinión entre todos los hombres honrados, aquí y fuera 

j de aquí, sobre el partido blanco. Ellos van á confundir á los que habían 

i dicho bajo su firma que lo malo del partido blanco ira la cabeza [Oribe], y á 

\ desilusionar á los candorosos que so imaginaban que muerto Oribe, el 

i partido blanco entraría por el buen camino. 

\ Recomendamos por tanto esos artículos, persuadidos que nuestros 

j lectores han de convenir con nosotros: 

| 1. ° Que el hecho de Quinteros fué una matanza infame, un massacre, 

\ como en un arranque de noble indignación lo llamó el Ministro de B. M. 

1 13. Mr, Christie. 

2. ° Que la muerte de los que allí cayeron inmolados al pié-de su ban- 
dera, fué un asesinato. 

3. ° Que el autor de todo asesinato es, en todas, partes del mundo, 
un asesino. 

Es decir, que hab'endo sido el Gobierno de Pereira y el partido blanco los 
autores del asesinato de Quinteros, EL GOBIERNO DE PEREIRA Y EL 
S PARTIDO BLANCO FUERON UNOS ASESINOS Y UNOS TRAIDO- 

RES, PORQUE HICIERON DESPOJAR AL GENERAL DÍAZ, CON 
ENGAÑO, DEL PASAPORTE OFICIAL, FALTANDO ASI A LA Fju 
PUBLICA. 
! : . Empezaremos al efecto con la siguiente enérgica nota que el Sr. 

|l Christie, Plenipotenciario de S. M. B. en la Confederación Argentina, 

s dirijió al Ministro de Relaciones Esteriores de aquel Gobierno, y que 

I dice asi: ' 

" El abajo firmado, Plenipotenciario de S. M. B., ha tenido el ho- 
nor de recibir la nota de S. E. el señor D. Bernr.bé Lojez, del 81 
^ . del prócsimó pasado, adjuntando copia do la correspondencia entre el 



-es- 
Gobierno de Montevideo y el de la Confederación Argentina, en la cual 
aquel solicitó y eate acordó ausilios militares para sofocar la última re- 
belión en la República de Montevideo. 

« El infrascrito no dejará de remitir al Gobierno de 8. M. copia de 
la nota de S. E. y de la correspondencia adjuuta. 

« Las fuerzas del Gobierno de Montevideo vencieron la rebelión an-* 
tes de la llegada del au3ÍIio acordado por el Gobierno de la Confedera- 
cion. El Gobierno Argent'ujg está escpntq de responsabilidad por la la* 
mentable carnicería [massacrb] de oficiales y extranjeros que siguió á la 
rendición de las fuerzas revolucionarias mandadas por el General Díaz. 
El abíyo firmado cuidará de hacer conocer al Gobierno de S. M. que las 
tropas argentinas no han tenido parte ea loa lamentables sucesor que han 
manchado el triunfo del Gobierno de Montevideo. 

- < « Ojalá los poderosos aliados del gobierno de Montevideo, quejan 
pronto «orno celosamente acudieron en su hora de dificultad, puedan 
sentirse autorizados á señalar á aquel Gobierno la impolítica así corno 
la indignidad \w\ckedn#s\ de crueldades que enajenan la simpatía 4 loa 
perpetradores, provocan la venganza y ponen á uua revolución el seUo 
de I» justicia!! 

« JEi abajo firmado es llevado á hacer esta observación por la convic- 
ción de que .espresa los sentimientos del soberano, del Gobierno y de la 
naOion i quien sirve, y de que anticipa lps sentimientos de S. E. el Ge- 
neral Urquiza y del Gobierno de la Confederación Argentina. 

* El ab^jo firmado aprovecha esta ocasión para renovar á S. E. la 
seguridad de su mas alta consideración. 

(Firmado) . W. D. Qhristie. 

«Buenos Aires, Febrero 22 de 1858.» 



Un ciudadano de estopáis y residente en Gnaleguaychu [Eutre-Rios] 
desde muchos años atrá3, en carta de techa 27 de Febrero de 1858, ha- 
blándonos de remisión do periódicos, nos decia sobre loa sucosos de Quin* 
teros lo siguiente: 

f i « Le re.aito í ahora alguno3 periódicos; tienen algo de interés: sobre 
toéota reprobación unánime de la ü&RtfIOERIA Dlfi QUINTERO 3, es- 
téril para el bien de ese pais.y hecho sin igual eu nuestra triste historia 
de la guerra civil, que tanto he deplorado.» 

Los artículos los publicamos tal cual vieron entonces la luz, con sos 
mismas apreciaciones y con los datos que dieron. Eu unos hay exagera- 
ción en el. número de victimas, en otro3 faltan, y en algunos se dan por» 
menores que no existieron y se juzga calumniosamente á las víctimas. 

No estranamo3 esto, ni tampoco lo estranarán nuestros lectores, pues- 
to qtie en loa primeros momentos y bajo la presión del Gobierno de rerei- 
ra, uq era estraño que loa \nformes se remitiesen con variantes y guiados 
Bolo por lo que se decia por bajo en la sociedad. ' 



-ae- 

La verdad era soto conocida de los que tuvimos la desgracia de palpar 
los sucesos. Mas tarde todo el pueblo la conoció. 

Pero á pesar de esto, en nada se desvirtúa el hecho y la tuerta moial 
de la opinión pública. 

He aqui los artículos: 

MONTEVIDEO [1] 
Veinte y siete víctimas t 

Escribimos esta vez sin indignación y con el ánimo sereno, Heno*/ 
vuelto inopinadamente, y como al volver de una esquina á la época en q«e 
nos llegaba la noticia de haber sido fusilados en ¡San Nicolás por Roaps 
veinte y tres oliciales capitulados en Córdoba; veinte y seis, mas Jará*, 
capitulados en Chacón, por Quiroga; treinta y cinco despedazados ou Tacú* 
man; veinte y siete en la Pampa del Gato, degollados por Oribe; y nuestro 
corazón se endurecía con el espectáculo de estos horrores, para perseverar 
hasta hacer cepar este sistema de esterminio que creia cegar con cadáve* 
res el abismo que por el contrario ahondaba todos los días. 

Y después de haber sido decapitada la liepública en sus hombres mas 
¡lastres, vencimos al fin el sistema é hicimos deplorar á sus miemos verdu- 
gos el derroche de vidas humanas tan inútilmente prodigadas. 

Pero los manes de Oribe (»edian sangre, sangre de los defensores d#. 
Montevideo, y el Gobierno de aquel pais acaba de dar el espectáculo postu- 
mo del espíritu de un partido qu? sobrevive á su época, á sus hombres y 
á la sangrienta historia de su pasado. 

Ha mandado matar sin distincun de personas d iodos sus prisioneros de 
guerra, porque es1a*ra la tradición de su causa; porque después de treinta 
años de lucha, está creyendo todavía que si no todo le Bale bien, es porque 
no ha muerto suficiente número de hombres. 



( «El Nacional» de Buenos Aires— Febrero de 1S58.) 



3RIO ¿TA^EIIIO. 

Hé aquí como la «Semana» del * Jornal do Commereio» [2] del 14 
de febrero dá cuenta del desenlace de la guerra civil en este Estado, sa- 
ciándose al anatema lanzado contra la inhumana'y feroz conducta del k Go-" 
bierno del Sr. Pereira. 



(1) Por una fatal casualidad se ectraviaron en la imprenta algunas páginas de cf« 
te capitulo en que se eneonmban el final de este artículo, una composición en verso del Sr. D. 
HeraclioC. Fajardo dedicada á las víctimas, y dos artículos mas de diarios reprobando la 
carnicería de Quinteros. 

Tero apeear de esa circunstancia, en nada perjudica el suceso a la justificación completa 
de .cuanto dejamos espuesto con respecto al crimen. Con los artículos que siguen cobra pira 
nuestro objeto. 

(2) El gobierno brasilero era aliado del gobierno de Pereira en esa época. Teagas* 
presente eso. 



I 



. Dice asi r 

: f WfiMeW^AÍtafif qué el MfrtentD pWdÁ^id^ttórttvtótort^del ge- 
BÜrttV Medmá fué dolbrósátúiénté nublado pop una noticia Hig,ubr¿y tié* «1 
recelo d6 úhéábfiBédbáfrMtiy, $úé Díoápertiáitá no tía haiya ye^íflcMtfccí* 
*&a^guñó# étipOnén. 

. » Eá el mÍÉtótódia en $ue; recibió b cpmütitcaoíotí ofiotol tf#htdérfo¿ 
tafr aé'toárébéWéé, el : Gobierno en éons^jo dé ministros ífeíohió qué fiie¿ 
sen inmediatamente fusilados los génerates Dia¿ y Freiré y todos Itfa-'gefiMí 
y <>ñtiilílé¿ prisionero^ / 

. «■ ^1 cn^yo diplotiráticó y én él muy distinguidáttíettté él ministro 
Üftsff&o, la asociación de beneficencia y lafc familias Áé loa miamos pisio- 
írt¥é*, : c^sígittTéfeoá ¿on atts s#plícaia : qué el ¡Gtobjérno Orientad reWcafcé el 
decreto d^eOTgrtj^erótótíre él decretó que partí tí y la itevoeacib'ti coase- 
gfflBh méfdiéfrbá^ treá ¿fias,- y j/o* tó tantó ¡ es wéu posible qué» ét £oríactor de 
&<?&* étüó inef^tmé cadávatóé mtítila/dbB,' 

' tf KaSéRfcéón justicia y conciencia podría poner eii' dada toe; denfittíétt^ 
tos del «Jornal do Commercio» respecto dét JftiTáttó ÓriéAtal^y *e éútf ltf- 
me¥^bfeál¥tóM¿civiIesr tanto etl stts 1 af^ícuk)tí editoriales como di^rsas 
vqces en. su folletín* de lá semma, esté periódico ha sósteiii^o . síótojgré loé 

ffiSapibídé órdétfy dé Ibgaflitítid 1 én las ctfefetio&eS éú&oitadaáréa él Uru* 

hWfi $ áut^tíócb'Mv cüatf*) t é»laflí6 lá rebelión dé 1 qué fti^geftíd(ín O^sai 1 
_. Sus ^ quéa&btf d'é'Sé* véáWdar éfc elpaso dWQüfñfteró^' )á VOfc dél'^fórüaf 
8S (^ítóínfercm» de lefamitó en' favírr de iá causadel Gobierno fegaty m*táij : <S 
«"^ó«nricíaíiní*n<6 íevófáéíbnatíb. 

i^PéíO'éh é*fe mbthento habla ptr*^^ 
íié^O^iéñrtáfy'Kflíbla la cansada íá civilización y dé lál huhuanWtó; qtféésíáu 
clamando ofendidas contra ese decreto de* sangre qttíaí maódisCíasfRir ifoíne* 
diatáffláetítoé tni*éf*08 ''prMxMvétoa que 1 ae entregan vencidos y confiando en 
la generosidad de los vencedores, 

«En su oficio el general Medina, dice que aceptó las proposiciones del par- 
¿tmcntario pamevilar &dewan^i&tijide mwc^ j. cáqip estopees dias después 
ae haría fusilar, sé aerraiiiafi& ía saíl^ré' de tbífo's fot ¿efes y oficiales 

« Kaqa puefle disculj 
- .«^Al^íés^^cW 1 
MfeWcr ©ifientftV él 1 deíééhó db sácfí^óar en ÍOS ñsgrtí* í 
tea Ibs <éfiítáft)¥ó& dé '-'H ! láímairidád fué la ciVilifefeteibn 1 : 
tr$l 6tt J ¿ur luchas, rntéfetihüs los 1 partida y lásfeeéitóüéé db'fóó 1 Botados 
^flátá^éMiíd^lión^adofioñ ésas carnicera sálvájéá,ñ6 es^esii ü tía ra« 
¿dtfpa^qté^ GjOBWrfortígftlafr dfétícietída'á^^n^í ún ; papétébtae- 




•tf Xásfiéstüs HofriW^dfe los ¿enfile» ^détoráíAñ á lbtf pridlefceros 
üb é¡l tilden tolerar ala lúa déí átelo eó qué Vrvírttéáy anté^ál 1 ri&fcibhés 

: ■ W V C6ino ; tfb lían de séi 1 crueles lítia póblateibhetf dé loé ®*tad6s dtedé 
lbff Gbbiértibsf son los priineros en daf^el éjéitfplb de iiiau^á;crúé)dfld?l.¿... 

1 : í Tetó siíügré qúe : á^í b$ dérráifrtf jx> áprbVeüñlá Mücá á 1 ácraíétíoi : Me 
la hacep corréi 1 ; al éob'tfatíp; el horror qfcé i¿títííra tal» véfigáteia b* :> fflBr 8 
fAVm^qttés^bt^tóa tó vfcíi^aá/y aüe ^ fctdecéu ¿o5;elrlMtí^modc 

10 



« El Gobierno Oriental erró gravemente': tenia en bus manos hombres 
criminales, y por su crueldad se puso á convertirlos en mártires; y cuando 
á un hombre se le hace mártir, quien lo martiriza se hace verdugo- 

« El Gobierno Oriental tenia leyes para castigar regularmente, sinprt* 
cipitacion ni apariencia de venganza bárbara ; prefirió á todo eso el fusila- 
miento pronto de numerosos prisioneros, trasformando ei campo glorioso 
de la victoria en un horrible matadero humano. 

« ¿ Qué sed es esa de la sangre de hermanos que por tanto tiempo ha 
hecho enlutar la patria, empobrecerla, abatirla y barbarizarla? 

« El Gobierno Oriental no pensó en lo que hizo : la revocación del 
decreto de sangre, si no lo salvase de un remordimiento, puede al menos 
valerle el que sea compadecido en vez de ser maldecido por todos. 

« Hechos como ese, fusilamientos que no son impuestos por uua nece- 
sidad siempre horrorosa, hacen casi imposible que el Gobierno que los or- 
dena sea apoyado por otros Gobiernos para quienes la civilización y la hu- 
manidad no sean nombres vanos. 

« Felicitémonos de que en nuestro pais no tenemos que gemir con el 
espectáculo y con el recuerdo de tales actos de barbarie. 

« Hoy ntf, felizmente, pero tiempo hubo en que en el delirio de las pacio- 
nes políticas, los partidos se lanzaron al campo con la antorcha de la ^guerra; 
trabábanse combates, derramábase en ellos sangre generosa y noble; pero 
acabada la lucha, imperaba la lev, los vencidos sufrían él castigo impuesto 
por los tribunales, hasta que el bálsamo de la amnistía venia á curar llagas 
profundas y hacer olvidar errores dolorosos; y nunca hasta boy, nuncp, en 
el reinado del Sr. D. Pedro II, se fusiló un hombre ó se levantó un cadal^ 
so para castigar un crimen político. 

(«Jornal do Oommeroio», Rio Janeiro, 18#U) - ■ :> 



Oid una triste historia de espinas, ó sea el apoteosis del sufrimiento. ■'.' 

Reina en Montevideo la desolación. Cada vapor que llega á nuestras 
playas trae centenares de habitantes que vienen buscando aire para respirar, 
objetos y caras risueñas, en lugar de aquel cementerio en que los muertos 
no entristecen, porque están vivos eñ la conciencia y en la memoria del 
pueblo; y solo los vivos inspiran horror, porque son cadáveres morales que 
se mueven cubiertos de sangre, atormentados por el recelo de que los sepul- 
ten las miradas de los indiferentes, que les dicen : ¡asesinos! 

En aquella ciudad moribunda donde las lágrimas corren en silencio, 
el que es solo interrumpido por los suspiros; donde los suspiros amedrentan, 
al poder; donde el poder pide misericordia á sus víctimas; en aquella Necró- 
polis con calles y casas.se. ha repetido la escena cuya poesía han trasmiti- 
do los siglos desde que las piadosas Marías del Evangelio se reunieron en la 
oscuridad de la noche para ungir y encerraren un sepulcro nuevo el ca- 
dáver de un varón santo, inmolado á la rabia de los malvados. 

Era necesario que la policía ignorase en Montevideo que se celebraría 
una misa al cabo del mes en honor de las ilustres víctimas de Quinteros; y 



por tmb de «sos prodigios del sentimiento, la invitación cundió de familia 
en ürinilia, sin qué el enemigo, el propio gobierno! se apercibiese de ello. 

' Llegada la hora, veíanse entrar en la iglesia Matriz millares de seño- 
ras, vestidas todas de riguroso luto, salvo dos entusiastas que equivocaron 
la consigna vistiendo los colores celeste y blanco, para hacer alarde de la 
protesta del corazón y de la patria. 

Al principiar la misa de difuntos, una forma de muger envuelta en un 
manto negro que la ocultaba el rostro, púsose de pié y avanzó hacia el al- 
tar con paso seguro, llevando una corona de espinas, que colocó en silencio 
sobre él, única muestra de dolor de tantas almas reunidas. 

' [ Súpose luego que era la hija del general Freiré la que depositaba este 
símbolo de resignación de las hijas, déla justificación de los mártires y de 
la aceptación del sacrificio. 

Habíanse traído espinas de los arbustos que crecen en los lugares mia- 
mós'del desastre y la mano de un artista hábil entrelazadolas como la coro- 
na del Crucifijo: concluida la misa, el sacerdote tomó en sus manos la coro* 
tífe, y la devolvió á la niña santificada por sus preces, bendita para aquellos 
centenares de dolientes, que se dispersaron por toda la ciudad, volviendo 
al hogar doméstico á descubrir ante sus hijos, entornada la puerta de calle 
para qué la policía no los descompusiese, rostros iluminados por el sentí* 
miento de la dignidad humana, de la virtud vengada, del cousaelo del cris- 
tiano que h& llenado un deber ei\,presencia de los perseguidores de la ma- 
trona que se siente madre de héroes. 

. * La corona de espinas fué en seguida deshecha, y espina por espina se- 
patada; Las mas robustas, punzantes y bellas fueron enviadas á las ma- 
dreé, esposas é hijas de los mas ilustres mártires; las otras distribuidas en- 
tré todas las dolientes; y no bastando para cumplir con cuantos por afección 
ó adhesión reclamaron su derecho á poseer una de estas inocentes reliquias^ 
háñse partido en dos, espinas que los plateros engastan en prendedores y 
alfileres! 

A la señora esposa del general Diaz le ha llegado su lúgubre parte 
de aquel talismán que da resignación y fortaleza. Algunos otros en Buenos 
Aires fian sido felices en merecer una espina. 



/- La espontánea manifestación del representante de la Inglaterra en 
nombre de treinta millones de ingleses, acto solemne deque la historia 

{>resenta pocos ejemplos, lo han rechazado como una genialidad inglesa; 
fltf lágrimas silenciosas de las madres, en la conspiración de la corona de 
eftpinas, han debido tomarlas por mogigaterías de viejas. En fin, la despo- 
blación de Montevideo, la baja súbita de las rentas pública», la suspensión 
délos trabajos, aquel silencio, aquella enfermedad moral del pueblo, no 
han' traído al ánimo del partido blanco un pasagero remordimiento ! 
* i:>:: ' («El iSacionald de Buenos Airea, 18 de Marzo dé 1858.) 



" BIJ X>XA.IRIO " IDB COBDOBA. 

V ¡Estigmatiza como horrorosos y execrables los fusilamientos inicuos " de 
Quinteros. . , •■<■.; 



-70-t 



Nft embostante 1* férula de Urquiza, que pesa sobre las jwvi^cias-f^ 
mo una espada de D^moclea, para acallar el grito de indignación cute fiaste * 
de la conciencia universal ante la bárbara hecatombe de la república ve* 
ciña. 

(ídem, Ídem.) 



ITUaDCIOS DELESTADO ORIENTAL, 

Bajo el epígrafe JEsterior publicamos hoy unos documentos de aáína 
importancia. '...-*" 

Eí primero de ellos es la circular del geueral D. Bnriqqe Martínez, 
dirigida á los ministros, estraa^eros residentes ea Montevideo, y el se- 
gnuao una carta que el desgraciado geueral Días dirigió después de #u 
prisión 4 su esposa. 

En la circular del general Martínez podrán ver nuestros lectores 
cuál ha sido la arbitrariedad del Poder Ejecutivo de aquella república:»! 
esto ocasión, y la carta del general Díaz les probará que el Gobierno de 
Montevideo, menospreciando su dignidad y conculcando las leyes, que ji^ 
gan á todas ls^ naciones bajo el cetro de la humanidad, sedujo con engaña» . 
dofys promesas d esos infelices ge/es d una capitulación, para después *ompqr la 
palabra, siempre sagrada, de un Gobierno, mandando fusilar á aquellos d quienes 
hablagarantido la vida. 

Este hecho será una eterna manchapara la América del Sud, j estopa* 
gina do la historia de la República del Uruguay será cubierta eternamente 
de luto y vergüenza. Triste suerte la de estos valientes oficiales que, con* 
fiando en la palabra de un geueral, entregaron sus vidas á las manos de su 
verdugo! Los manes de César Díaz no reposarán en su triste lecho fñnó 
de«*pues que la sangre de sus asesinos haya lavado la mancha que su muer- 
te deja en las páginas de la historia de Montevideo. La naeion entera 
debia dirigirse en peregrinación al Paso de Quinteros, y de inojos ante el 
túmulo sagrado de estos mártires, espiar el crimen cometido por su Go** 
bierno. 

No sabemos cuál haya sido la respuesta délos ministros estrangeros 
á la circular del general Martínez; lo que sabemos es, que muchas de las 
naciones á cuyos representantes fué dirigida, retrocederán horrorizados. 4 
la vista de tanta barbarie. 

El actual P. E. de Montevideo no solo conculcó las leyes del país,— 
también ultrajó por su terrible tiranía 4 la humanidad entera, la religión 
católica y las leyes divinas! 

Dios os tenga en gloria, mártires de la libertad de vuestro pais! Dios 
os conceda eterno reposo: sobre la tierra durará vuestra memoria, y aun 
las generaciones venideras, vendrán á derramar lágrimas sobre vuestra 
tumba. 

La humanidad altera^ ultrajada por vuestra muerte, os vengard de aquellos 

h fue abusando de un poder que el noble pueblo tes había eonjkuio, desdoraran para 

siempre una pdginm de ¡a historia do vuestro país! Llegará el dia, qeizámuy 

pronto, en que vuestros restos mortales serán conducidos en triunfe por el 



-n.~ 



ppeWar irtotortacká la capital, para ser espuestoa á la vene? aeu»& Mttaa de 
aqneílós por cuya libertad habéis muerto, 

. Iftiestres hermanee del Brasil deploran vuestra suefte i impifraa 
UMijptótfetiganto^ cielo! 

10 Brxtdo do ISuljá^ Rio Grande, feea» 11 a^Mftñsd de 18*8) 



NEGOCIOS ¡OBI, ESTADO OBIBNTAL, 

. . Y^ri^a vee^f pos hornos dedicado ya á tratar los asuntos de la 4*P&> 
blica limítrofe, ocupándonos de sus últimos acontecimientos politicoa Hoy 
vivemos sobre la cuestión munidos de informes auténticos, que ñas han 
ei^io^aminiatrados por personas que en parte fueron testigos de estas 
trj*teMB$$nfi8. 

-, lias repúblicas hiapano-ameriearjas parecen haber recibido del- Orea» 
dos el ¡destino ierriWe de vivir continuamente en medio de borrascas reí» 
▼©Ü*#Q»qri*fV * encadenadas & los jmllos del despotismo. 

Nuestras relaciones con estos Estados nos han puesto varias vece* «i 
cop^tp oo^ ellos, y siempre hernia encontrado un partido pronto para 
a^gerá los brasileros en fraternal amistad,.. Bae partido as el partido co^ 
íor^, quewiaíprendQ pl elevado destino de su nación y los deberes rect* 
pt$#pft de amistad y condescendencia que la civilización del siglo XIX 
prescribe á las naciones limítrofes. 

■ El partido del actual Gobierqo, por el contrario, despreciando los de-» 
bf$ea 4a la ciyiliaacdpn y despreciando coa orgullo brutal relacione* ami- 
gables, siempre se ha mostrado hostil á la influencia brasilera. 

Déla lucha de estos dos partidos filé que nació la revelación que 
tafo un éxito, tan infeliz, y en vista de lo que hemos dicho anteriormente, 
een^idecamos esta cuestión de sumo interés pana un ^pais que como el 
nMBírp^sfempr^ filé hostilizado por el partido ASE$üfO y recibido eoa 
lo# iWaaos abiertos por el partido VICTIMA. 

Entraremos, por tauto, á hacer una apreciación exacta de las circuns- 
tancias que motivaron la guerra civil que ha devorado al Estado vecino. 

, , ffl%aftid0 dd Gobierno, animado de esos instintos de codicia vulgar qut le $on 
propios, supo apartar poco á poco délos empleos públicos, aun de aquellos 
m^ insignificantes, 4 los hombres del partido colorado, hasta á quettos me- 
np# notables» orguUosamente apoyado sobre su poder, no escaseaba in»ul* 
tQsá jese partido que momentáneamente se hallaba bajo su férula. 

Bipartido cobrado, que fué siempre en Montevideo el representante 
de la civilización y de( progreso, sufria estos insultos con la resignaeroo 
que distingue al hombre civilizado del bruto. El pueblo sufria^y esperaba 
.~*«. M esperaba que legase el momento de las elecciones, creyendo . en 
medio de su generosidad, que el partido del Gobierno le dejase ai menoe 
elprimero de los derechos cívicos— la libre votación. Pobres incautos, <que 
cmste en la lealtad de un Gobierno despótico!!! 

, '¡blegarqn las sle^eipties, llegó ese momento en que cada ciudadana 
se vuelve un soberano, depositando su voto según so «oncrenda «n te 
urna que encierra en aqud mínaeota lw 4^íuosi»tim>s>(iefeIlstado* 



jí€*oktetawdeíBr*if, los msínes de lo* vaMeñte* ofiéi&étf Jpié ¿6mba- 
ftafeón al lado de tu bandera en Monte Caseros; redaman vefógaftEaí !!f' ■ 

L* humanidad entera,ultrájada por este crimen de le«a justicia, reatan* 
áé\ Brasil un paso decisivo, para atacar la continuación de semejante* 
crímenes ó infamias !! 

\\ Brasileros !! César Día», Tajes y tanto» otros que cotabatfefcon cfch 
nosotros en Monte Caseros, ftieron asesinólos por un Gobierna 1 trmftÉkK y 
desafecto & nuestro país; su sangre íibolama venganza y nuestro €tebt*frftd 
«•tai en el mas profUtido letargo !!' Este silencio, esta micción úWrajJaf el 
nombre brasilero, ante las uacioaes estranjéras, jues¡ qtte el Omnipatente 
eaando llamó al Brasil para ser el soberano dé la Amerita del Bé¡éf 9 tán¿ 
bien fe impuso el deber de defender los rnocenlesj dar protección! á foi 
débrle*, £ de lavar cofi sangre los insultos hechos á 1* humanidad 1 entera ! 

Es tiempo que el Gobierno brasilero tírate la cueet4*w o*íe«^j ¿i 
tiempo que se separe de este letargo,' que ya pasa por un int$ti<yá¿udíff- 
•wxtod!. ♦...•... 

Esperamos ver á nuestros colegas haeer coro eon no&tirbseri eí éftfr 
mor: Ymgcmza contra lo* asesinos de nuestros compañeros de > MorifaGáüfpéi' 

(O Brado do Sud, fecfca H áe Jffátzd delSOff - 



fifta. Redafctoreade la Iribrma. 

Crwo el periódico que Vds. redactan es el que ha defeadMo con 
masr.te^on y valea tía k« intereses del partida 4e la UberM en eÍ<iRfo4ft 
ta Plato, esperafroa confiada^ <jue na negarán Vds. m Hgw W sus colorar 
parpara la ineereípn de Itv adjunta earta que dirijimos á Mií. ,<3feri§*i^ 
<$n U que Imráa : Vds* un. servio i; sus atentas compatriota 

Montevideo, Marzo 2Q4* -iíM&í :i 

|U;mó, Sr/D l . ^ D. CEristíc. 

Muy señor nuestro: 

; tai nófe «Jtté-V. S ! . ha disido al Gobierno cíe lia Cfenfedte^fefoii Ar- 
gentina contestando á la que IX Bernabé López juzgó necesaria re()ieu$fr 
5árá ; lavar tea tóanos del Pflatos argentino en él líórríblé ^tentado, de 
fefcá humanidad perpetrado por el hifiímé, SWmorat y bárbaro Qbtnéitái» 
de la República Oriental, ha sublevado la prensa del partido qué re^rü- 
¿etfta el asesinato; el latrocino y el retroceso en el Ríb ! dé lá' Ptóta, y pn 
sil 1 estúpido desvarío, pretende asimilar el atentado de Quinteros có|i ló« 
sangrientos eprsodios que han tenido lugar én las posesiones bntínicáii 
de tó India. 

Feto este Círculo, obstáculo para Iti civilización dé los* j>fíéb ? ba Üuck 
americanos, ni siquiera tiene la facultad de raciocinar, porque sold J .ül^ 
jando el buen sentido puede establecerse semejante paridad. 



-7*5- 

¿ Qué tiene^ue ver una lucha, entre, razas distintas, de las cuales una 
conserva los instintos feroces del salvaje y provoca con sus actos de ca- 
nibalismo el rigor y la venganza como medio único de contenerla en sos de^ 
predaciones vandálicas, con una guerra civil provocada por el falscamien* 
to de las instituciones democráticas, por el conculcamiento de todos los 
derechos del hombre social por parte, del mi^mo que debiera ser el prime* 
ro en dar ejemplos de respeto á la ley y á la palabra solemnemente em- 
peñada ? 

Establecer comparación entre los fusilamientos de los cipayos, ase- 
sinos de familias enteras, con el degüello de oficiales patriotas que rindieron las 
armas en virtud de una capitulación, celebrada para evitar la efusión de sangre^ 
eael mas grosero testimonio de la impudencia y del descaro de ese 
partido. 

V. S. ha calificado perfectamente semejante acto de inaudita barba** 
rio llamándole carnicería, y si esa solemne manifestación de su noble in- 
dignación le ha. merecido la censura de la canalla de estos pueblos, ella 
ha despertado también la simpatía de innumerables pechos generosos que 
indudablemente están en mayoría, y son los que representan aquí la ci- 
vilización; de manera que lejos de ser para V. S. una mortificación los 
desahogos de la prensa mercenaria del gobierno infame que se ha apode* 
rado de los destinos de Montevideo, esos desahogos deben servirle de hon- 
roso título, porque la censura de las nobles acciones es propia de la infa- 
mia y de la depravación, ta virtud y el vicio se escluyen recíprocamente. 
1 ya que hemos tomado la pluma para hacer esta pública manifesta- 
ción de las simpatías que le han grangeado á V. S. su enérgica nota, séa- 
iiob permitido notar algunos hechos que no estaría demás fuesen consigna- 
dos en la relación que V. 8. ofrece h%cer á su gobierno. 

Hay una circunstancia que parece haber escapado, ó pretenden igno- 
rar los poderosos aliados del cacique montevideano, y es, que la mayor 
Sarte de las víctimas sacrificadas á una vil venganza han caido después 
el perdón otorgado. 

Todavía está corriéndola sangre de los nobles orientales qun pertene- 
cen á esa brillante falange que durante diez años no omitió sacrificios para 
salvar ásupatria de las garras del Nerón argentino ! 

Todavía en el silencio de la noche, en las cárceles de Montevideo, en 
la costa de sus arroyos de campaña, se sacrifican víctimas que se han acojido 
á la mentida promesa de un indulto! 

Todavía continúa la manifestación de odio al estrangero, degollando 
franceses é italianos indefensos ! ! 

V. S. no ignora lo que aconteció con su compatriota Mundell, que es- 
capó, merced á su sorprendente arrojo y sangre fría, á un premeditado ase- 
sinato, como es pública la degollación del comandante Mesa, en la Colonia, 
á donde se presentó en virtud de una supuesta amnistía. 

V. 8. no ignora el escandaloso robo que se está haciendo de la propie- 
dad de todos los habitantes que directa ó indirectamente se han pronuncia- 
do contra los asesinatos cometidos por Pereira, Medina, Carreras, An- 
drés A. Gómez, Nih Reyes y otros bandidos, cuyos nombres ya tiene regis 4 
trados la historia con caracteres de sangre. 

Descendemos á estos minuciosos detalles, porque todavia abrigamos la 
esperanza de que en la Gran Bretaña, como en Francia, como en todas par- 



-Te- 
tes donde la civilizaciou haya educado á I03 pueblos, ha de repercutir el 
grito de indignación que su nota arroja; lo qu¿, si no consuela, atenúa el 
dolor de los compañeros de tan nobles mártires. 

La Gran Bretaña y la Francia, que un dia hicieron con ellos causa co- 
mún para combatir el retroceso y el sistema del degüello en estas regiones, 
no puedeu, no deben mirar con indiferencia que se ultraje á la humanidad 
con actos semejantes. 

Los gobiernos de los numerosos estranijeros residentes en la Repúbli- 
ca Oriental del Uruguay no deben consentir que se erija en sistema el de- 
güello de los vencidos, la confiscación de la propiedad, en un pais dotide la 
fortuna particular, las artes .y las industrias todas, pertenecen á loa eatrau- 
geros casi esclusivamente. 

El derecho de gentes autoriza á las naciones que están al frente de la 
civilización, para exigir garantías para la propiedad y para la industria de 
sus compatriotas, allí donde se levanta una asociación política en que una 
minoría facciosa, invocando el título de nacimiento, abroquelándose con el 
nombre de autoridad, impone leyes sangrientas, perjudicando á las mayo* 
rías que forman semejante asociación política. 

Por otra parte, el viejo mundo, en donde el crecimiento de la población 
reclama nuevos horizontes para la natural espansion, no puede renuuciar á 
la legítima esperanza que la América hizo concebir desde su descubri- 
miento. 

¡ Ojalá que la nota de V. 8. pueda apercibir á los gobiernos europeos, 
especialmente á los de la Gran Bretaña y de la Francia, que en la senda 
en que colocan á la Banda Oriental las sugestiones de los poderosos alia- 
dos del asesino Pereira, puede perderse para su comercio, por muchos anos, 
el mercado mas importante de la América del Sud ! 

Y que se perderá irremisiblemente si no se pone un fuerte dique al 
desborde del círculo que se ha entrouizado ya en Montevideo, lo está mos- 
trando la conducta y política de los hombres que allí dirigen los destinos 
públicos, así como sus antecedentes particulares. 

Hay pues conveniencia en armonizar los medios para que semejante 
estado de cosas desaparezca, y las enérgicas protestas contra los actos de 
vandalismo, como la que V. S. h* hecho, pue len llegar á formar la con- 
ciencia pública en el Rio de la L'lata, y provocar una reacción unísona que 
coloque á la virtud y al crimen en su verdadero puesto. 

Es por eso que nosotros no hem>s podido resistir á la necesidad de 
dar espausioná nuestras ideas, aventurándonos á manifestarle nuestras vi- 
vas simpatías en un lenguage verídico, auuqua rudo, subscribiéndonos 
De V. S. atentas servidoras. 

Dosmü Coloradas. 
Montevideo, Marzo 20 de 1858. 

P. D. -No ponemos nuestros nombres al pié de esta carta, porque en 
el estado de abyección á que h i llegado este gobierno, no se respetan ni á 
Jas señoras, pues ya se ha visto el ejemplo de insultar algunas por el sim- 
ple hecho de llevar una cinta punzó en sus adornos. 

La Tribuna, de Bueaoa Aires, 24 de Marzo de 1858.) 



PABANA. 

La justa apreciación que hicimos de I03 altos sehtimientos humani- 
tarios de que el señor Christie da pruebas en su nota de 22 de febrero, 
con motivo de los sucesos de la República Oriental, mostrará á nuestro co- 
lega del Rosario que no estamos, de acuerdo con él. El señor ministro 
Christie no ha ultrapasado los límites de la conveniencia ni de sus dere- 
chos cuando ha emitido su opinión acerca del sangriento desenlace de aque- 
lla revolución, cuando ha reprobado ese acto que todos hemos lamentado. 

« La argumentación de la Confederación es completamente falsa y sen- 
timos que haya apreciado de una manera tan errónea como en tono tan des- 
templado un acto diplomático que mucho honra al señor ministro Christie 
y al gobierno que representa, y en el que nada hay que pueda disgustar á 
la mas esquisita susceptibilidad. 

El señor ministro Christie reprocha con razón el fusilamiento de Quin- 
teros, y estarnos persuadidos que habría hecho lo mismo con motivo de la 
carnicería de Villa Mayor, si hubiese estado en el Plata. 

Seamos pues razonables si queremos tener entre nosotros represen- 
tantes de naciones civilizadas;. portémonos como pueblos cultos, no como antro- 
pófagos, y no nos enfademos cuando se lamente que exesos como los de Villa 
■Mayor y Quinteros tengan lugar entre nosotros. 

Como el digno representante de la Inglaterra, nosotros hemos lamen- 
tado y lamentamos que el suelo de la Bepública Oriental haya sido nue- 
vamente regado con lágrimas 

Interpretando los sentimientos humanitarios y la política generosa y 
fraternal de nuestro gobierno, eéanos permitido decir, que como el ref Te- 
sentante de S. M. B. y nosotros ha lamentado también la suerte de Diaz, 
Tajes y 6us compañeros. 

La benevolencia con quo el general Urquiza ha acogido á los gefes, ofi- 
. cíales y soldados orientales que han invocado su protección, es prueba bien 
clásica y auténtica de aquella verdad, pero que no necesitamos presentar al 
honorable Mr. Christie. 

( El Nacional Argentino^ diario oficial del gobierno 
aliado de Pereira , fecba 20 de. Marzo 1858). 



G-XJAI^EG-XJAJOHXJ (Bntrk-Kios). 
ALGUNAS PALABRAS SOBRE «LA REPÚBLICA» Y «LA NACIÓN*, DIARIOS DE 
MONTEVIDEO, CON MOTIVO DE LA NOTA DEL SEÑOR CHRISTIE». 

Poco cuerdos y demasiado ligeros y apasionados anduvieron á nuestro 
juicio los colegas de Montevideo en el modo de apreciar é impugnar la no- 
ta que el caballero Christie, ministro de S. M. B. en la Confederación, dirigió 
al gobierno argentino sobre los sucesos del Estado Oriental. 

No es llamando al representante de la Augusta soberana de Inglaterra 
acreditado cerca del gobierno del señor Presidente Urquiza, exéntríco, impertí* 
nente é insolente calumniador, ni fulminando rayos como Jo han hecho «La Ke- 

Sública» y «La Nación», como se puede convencer y demostrarla injusticia 
e un reproche ó el error del juicio emitido. 

El insulto jamás persuade ni puede conducir á otra cosa que á agriar 
los ánimos y manifestar, cuando menos, la sinrazón, la ira y la ceguedad del 
que lo emplea. 



-78- 

La espresion de un sentimiento laudable de humanidad y el deseo de 
que no se repitan matanzas como las ejecutadas con los prisioneros de Quinteros, 
nunca puede ser un delito en el hombre, y menos en el hombre que repre* 
senta al gobierno de una nación tan culta como la Inglaterra, en otra na- 
ción que se precia de humana y civilizada, que merezca ser tratado con la 
acritud que lo hacen esos diarios. 

Tampoco implica ese sentimiento humanitario, que ha sido uniforme en 
todos los agentes de las ilaciones amigas, en todos los corazones nobles y en lapren-* 
sa imparcial de la Confederación Argentina y del Brasil, el querer la impuni- 
dad de los delincuentes, poi que uua cosa es el deseo de la clemencia y la 
conmutación de la pena, y otra la impunidad. 

ir La República » y « La Nación » han juzgado mal la nota del señor 
Christie á este respecto. 

No ha puesto en duda el derecho ageno. 

No ha pretendido la impunidad para el revolucionario. 

Ha lamentado las víctimas ,1a inmolación de los rendidos, y las conae* 
cuencias de esos actos de severidad estrema, felicitándose como nosotros 
de que las armas argentinas, puras de sangre, np hubiesen tenido la menor 
participación en ellos. 

¿Qué hay en esto de insolente hi calumnioso? No lo vemos. 

rorque en la India se cometan atrocidades en represalia de los horro- 
res de los indígenas, no es razón para que llevemos las venganzas entre 
compatricios al estremo, no es razón para imitarlos con esa zana que ha 
marcado el sacrificio estéril para el bien, de los mártires de Quinteros. 

Se cita el hecho del general León: no es comparable. 

El general don Diego de León se rebeló en España, hizo fuego sobre el 
palacio, puso en riesgo 1 1 vida de la reina, y murió ajusticiado. Bien. Pero 
á ese bravo general León se le juzgó en consejo de guerra de siete generales, se 
le oyó, tuvo por defensor al general Éoncoli, el tribunal lo condenó por un voto, 
murió con sus honores, recibiendo los auxilios espirituales y todas las con- 
sideraciones que en vida y muerte tributan las naciones civilizadas y crist'a^ 
ñas á los valientes que en mejor hora combatieron por su libertad, su inde- 
pendencia, su trono, su gloria. 

I Se hizo lo mismo con los prisioneros de Quinteros? No sigamos; 

respetemos el dolor ageno, la religión de la ley, de la humanidad y de los 
principios: hoy por tí, mañana por mí. La juventud que tiene vida pura, 
porvenir risueño, debe ser la primera en guardar, en sostener y santificar 
esos preceptos que la humanidad impone y que el Redentor del mundo 
enseñó perdonando desde la cruz en el Calvario. 

Les temps ont prononcé 9 decia Mr. Roñen en la defensa de Canel. Pon- 
gámonos á su altura. 

La República y La Nación que buscan comparaciones, podían bus- 
carlas en el vencedor magnánimo del Pantanoso y Caseros, en el ejemplo 
sublime dado por el ilustre general Urquiza en su calidad de director pro- 
visorio de la Confederación Argentina que fué el primero que abolió la pena 
de muerte por delitos políticos, y por último en la Constitución Argentina y en 
las otras, repúblicas de nuestro contiuente, que han abolido la misma pena 
por causas políticas, 

[La Época, de Entre-Rioe, fecha 28 de Marco de 1858]. 



-73- 
BXJENOS AIRES 



El gobierno de Montevideo, después de la matanza que hizo ejecutar 
en 27gefesy oficiales y 200 hombres de tropa que tomó por medio de una 
capitulación en Quinteros, sigue actualmente en la via de sangre á que so ha 
lanzado, sin que hasta ahora conozcamos ningún acto público de los go- 
biernos del Braail y de la Confederación Argentina, qué tan poderosamente 
ayudaron con tropas y dinero al de Montevideo, que condene aquel bárba- 
ro atentado. 

El partido Vaneo que tal ha hecho ni pretende ni puede contener el 
desborde de los robos y asesinatos parciales que tienen lugar en la campa- 
ña oriental, ejecutados por áus agentes en las personas y propiedades de 
los partidarios de los colorados y de estrangeros, muy especialmente de 
franceses é italianos. 

TTu acto público de condenación al atentado de Quinteros, hecho por 
el señor ministro inglés Mr. Ohristie, ha llamado y ocupado mucho la 
atención de todos los habitantes del Rio de la Plata. 

Es una nota de dicho ministro inglés en contestación á otra del minis* 
tro López del Paraná, en la que estigmatizando aquel crimen « que habia 
« puesto el sello de la justicia de parte <lo la revolución, se complacía en 
« esperar que los gobiernos que habían apoyado al de Montevideo (el Bra- 
« sil y general Urquiza) rechazarían aquel atentado, y agregando que tales 
ir sentimientos eran los del gobierno inglés á quien representaba». 

Tan respetables palabras de condenación han hocho un inmenso bien 
parala moral de estos países, creando verdaderos sentimientos de simpa- 
tías y respetos al gobierno y pueblo inglés, que profesa los grandes princi- 
pios salvadores y ciudadanos como Mr. Christie, que los hacen efectivos en 
medio de pueblos y de partidos cegados por el deseo de devorarse. 

Por supuesto que aquella importante nota ha sido el objeto de fuertí- 
simas recriminaciones departe de la prensa del presidente Pereira de Mon- 
tevideo y la del presidente Urquiza de la Confederación Argentina. 

Por supuesto que hasta ahora no conocemos ningún documento pú- 
blico del Brasil ni de la Confederación, que condene el asesinato hecho en 
Quinteros el 31 de enero. 

De la situación desgraciada del Estado Oriental resulta que toda su 
población se desbanda. Cada paquete nos trae doscientos pasageros. 



[Del " Nacional " do Buenos Aira fecha 31 de marzo de 1858.] 



¡¿PATRAÑAS DEL «NACIONAL" 

El de las inspiraciones de hombre de Estado, dice en su número del 
3 1 que la nota del Sr. Ohristie ha sido el objeto de fuertísimas recrimi- 
naciones por parte de la prensa de la Confederación.» 

Es falso; bien al contrario, la nota del señor Christie ha sido bien 
apreciada por la prensa de la Confederación, porque ha visto en ella hacer 



juBticra al gobierro argentino (que es lo que mortifica al «Nacional»). 
y espresar sentimientos honorables que se armonizan con los suyos. 

Líi prensa déla Confederación condenó uniformemente las ejecucio- 
nes de los prisioneros de Quinteros, y mal podía ser para ella un objeto de 
recriminaciones la nota del ministro británico, cuando no Lacia mas que 
emitir un juicio enteramente conforme con el que la prensa había mani- 
festado, pronunciándose contra la matanza de los hendidos. 

Solo el periódico del Jioparo ha censurado, con poco fundamento en 
verdad, el noble procedimiento del señor Cihístie como diplomático; pero 
habia juzgado como él el hecho aterrante de Quinteros, en que el g* bier- 
no del señor Pereira «habia contraído una inmensa responsabilidad ante la 
« civilización y la humanidad». Son palabras de la «Conf* deracion». 

¿Cómo pues tiene valor el ♦Nacional» de decir que la nota del señor 
Chiristie ha sido objeto de tuertes recriminaciones de la prensa de la 
Confederación? ¿Para qué miente? Porque el faltar á la verdad es una ha- 
bitud en él. 

Háganos el favor de decirnos si son esas, recriminaciones á la nota, y 
si lo será también lo que dee el «Eco» de Tucuman que acabamos de reci- 
bir, en las siguientes líneas que transcribimos de él, á propósito de las pa- 
trañas del vetusto «Nacional». Dice: 

«El desenlace de los sucesos de la Banda Oriental ha sido favorable á 
la causa del orden legal.. 

«Si bien nos ha complacido el triunfo del gobierno oriental, nos ha he- 
cho una amarga y profunda impresión la carnicería que se ha hecho en 
los hendidos; por mas que se diga, esas muertes han empañado el brillo 
y- la gloria de los soldados de la República Oriental. Los mismos vencedor 
res han estado en el deber de salvar á los vencidos y han podido hacer va-» 
ler el prestigio que les habia dado la victoria: sentimos que esos hombres no 
se hubieran rendido á la división entre-riana, que no habría permitido 
se tocase un cabello de su cabeza. Entre esos muertos hay una víctima 
ilustre, el general clon César Diaz, que mandada en Caseros la división 
oriental, militar honrado y valiente. 

[La " Época " de Gualeguaychú, focha 8 de Abril de 1858.] 



QUINTEROS 

El 4 llegó el correo trayendo periódicos de Córdoba hasta el 24 
de febrero, y correspondencia y periódicos del Eosario y Buenos Aires, 
ge confirma la noticia del fusilamiento délos rendidos en el paso de Quin- 
teros. 

Ese acto de bárbara crueldad, tan ajorro de la épocaen que vivimos, tan 
coutrar o á la civilización y la humanidad, ha merecido la unánime repro- 
bación del pueblo DE Tucuman; y según vemos por los periódicos de las 
demás provincias, ha sido mal recibido en todas partes. 

Ya sea que el general Diaz y sus compañeros se hayan rendido sin 
condiciones ó que hayan capitulado bajo algunas, el gobierno oriental, que 



-Si- 
en esa lucha representaba la cau3a del orden legal, no lri debido autorizar 
ni menos ordenar la muerte de los tomados en el paso de Quinteros. 

' Matar á sangre fria á hombres reudidos, después de los grandes ejem- 
plos de generoso perdón que ha dado desde Caseros el ilustre capitán ge- 
neral Urquiza, son actos que esperábamos no ver repetidos después de 
la caída de Rosas y Oribe, porque juzgábamos que el secreto para cometer 
hechos tan inumanamente crueles lo hibia llevado Rosas á Southampton 
y habia bajado á la tumba coii Oribe. 

Pero lo que muy especialmente ha sublevado á todos los argentinos, 
y con razón, es la muerte del general don César Díaz, de ese soldado ilustre 
que peleó en Caseros á las órdenes del capitán general Urquiza. Los milita- 
res que combatieron en esa gloriosa jornada, tan fecunda en bienes para 
nuestra patria, conquistaron una corona de giora y uu título á la conside- 
ración y respeto de argentinos y orientales, que debia hacer sagrada su 
vida para ellos y para nosotros. En este caso se hallaban Diaz y TaJ33. 

[El «Eco del Norte», de Tucuman, fecha 8 de Abiil de 1858]. 



J1.A. HORDA X>E ASESINOS. 

El partido blanco de Montevideo, no contento con asesinar alevosa- 
mente a militares capitulados, no contento con asesinar de cada cinco 
un ciudadano por opiniones políticas, no contento con asesinar diaria- 
mente durante una larga marcha á los escapados de la quinta, manda 
también asesinar á los países estrangeros, á ultimar á los refugiados polí- 
ticos en el sagrado del asilo. 

Acabamos de recibir el «Echo do Sud», de Yaguaron, hasta el 23 de 
marzo, que nos h»>ce saber que el coronel oriental don Ambrosio Saude3 
ha escapado por su valor y sangre fria de ser cobardemente asesinado por 
cinco de los malvados de .Dionisio Coronel, que pasaron al territorio bra- 
silero qon el solo objeto de matar á ese valiente. 

No hace mucho intentaron oti*o tanto con el bravo Mundell en Pay 
sandú, que debió la vida á su presencia de espíritu. 

Sandes, como Mundell, ha sido espiado, acechado, y así que se le en- 
contró solo, sin defensa, ha sido cobardemente atacado en medio del 
*ampb. 

Dejemos hablar el «Echo do Sud»: 

• El hecho de que dimos ayer cuenta á nuestros lectores dice: la 
tentativa de asesinato en la persona jdel coronel oriental don Ambrosio 
«Sandes, hospedado en nuestro pais y al abrigo de nuestro gobierno, fué 
« revestida de circunstancias tan agravantes, encierra en sí consecuencias 
« de tanta gravedad y nos acarrea tanto descrédito, que no podemos dejar 
« de reclamar la seria atenciou de nuestro gobierno para que no perdone 
« esfuerzos á fin de que la impunidad no venga á coronar tan escandaloso 
« atentado. 

« La insolencia con que tres asesinos asalariados son enviados de un 
« pais que se dice amigo, y menospreciando nuestras autoridades pisan 
« nuestro territorio y sin el menor escrúpulo cometen el crimen mas atroz 
«y bárbaro, es sin duda un hecho que afecta demasiado la dignidad na- 
« eional, que acaba de ser con tanto desprecio conculcada. 



-83- 

«A las ocho de la noche á las puerta de nuestra ciudad un hombre iner-» 
« me y desapercibido, por la confianza entera que deposita en el manto na- 
« cional que lo cubre, ese hombre, decimos, es atacado y apuñaleado hois 
« riblemente jor tres facineropos venidos exprofeso y deliberadamente para 
« cometer el crimen, desde un país vecino, que se dice nuestro amigo y 
« aliado. 

«No fueron tres ladrones los que atacaron al señor coronel Sandes para 
« robarle; no, porqueel hecho demuestra lo contrario: el fin único de esos far 
« cinerosos, lo que tentaron robar, fué la existencia de la víctima política de 
« las disidencias del Estado Oriental. 

«Que ese crimen fué el resultado de un plan bien horrendamente combi- 
« nado; que ese plan fué consecuencia de odios políticos que debían estar, 
« si no estinguidos, al menos amortiguados, cosa es de que no queda la 
« menor duda. . 

«La voz pública dice ya cómo y cuándo pasaron á nuestros territorio los 
« facinerosos que se dicen autores del crimen. Según se refiere, ese pasaje 
« se efectuó en la mañana del dia en que se perpetró el crimen, y en la 
« madrugada del dia siguiente dos de los asesinos volvieron para el Esta- 
« do Oriental; y viene á justificar esto el hecho de haber quedado uno de 
« ellos herido en el conflicto, como lo declaró el señor Sandes. 

« A ser ciertos, pues, esos rumores que circulan, es preciso que esos 
« asesinos hayan tenido otros auxilios, que alguien los haya guiado, para 
« que con tanta certeza pupiesen y se presentasen en el lugar en que de* 
« bian cometer el delito, seguros de que por allí debia pasar la víctima en 
« aquel dia, el mismo en que ellos habían venido del Estado Oriental. 

« Todas estas circunetancius no deben, pues, pasar inapercibidas para 
« nuestras autoridades, porque deben influir mucho para el descubrimien- 
to de los culpables. 

« Aun mas: cumple á nuestro gobierno no dejar impune este doble 
« crimen, cometido contra el individuo ofendido y contra el gobierno y la 
« nación que lo protegía v acaban de ser así tan menospreciados:» 

Hasta aquí el diario brasilero. 

El coronel Sandes no habia muerto, pero quedaba gravemente heri- 
do, declarando los facultativos que necesitaba veinte djas de reposo abso- 
luto, lo que impedia cumplir la orden de trasportarlo al Rio Glande que 
dieron las autoridades. 



[Loa Debatea, do Buenos Aires, fecha 18 de Abril do 1868.] 



FIN DE LA PRIMERA- PARTE. 



.wv^S&^V©^*^ 



t 



LA REVOLUCIÓN DE 1857 



¥ LA HECATOMBE 



^0r á sargento magar J; $uait ||teel te la Sierra. 




SEGUNDA PARTE 

CAPITULO V. 
[continuación] 

RESPUESTA A. P03VDO. 

Publicamos á continuación la que una matrona oriental ha dirigido 
al verdugo de Quinteros y que la tornamos del «Orden» de ayer. 

Dice así el colega: 

« l'robablemente el general Medina debe ser muy afecto al buen 
pescado» pues en el mercado de Montevideo llamó últimamente su ateu- 
ciou una lisa que llevaba un muchacho. El general no pudo contenerse. 

>—f¿. Dónde has com rado esa lisa? le preguntó. 

—¿Qué dice usted? preguutó al general la señora á quien el muchacho, 
del pescado seguía. 

•—Quería saber, respondió el general, donde se vende ese pescado. 

— En el Paso de Quinteros, respondió aquella, echaudo una mirada pe- 
netra uto s< bre el general. 

Este balbuceó unas palabras que no se entendieron, y siguió su camino. 

La señora quedó mirándolo fijamente. 

Aquella respuesta debió parecer al general Medina, al que mandó los fu* 
silamientos de Quinteros, el grito de la conciencia. 

^ La carta de Montevideo que refiere este suceso, añade que la señora 
era una de las viudas de las víctimas de ese Jugar. 

[Los Debates de Buenos Aires, fecha 18 de abril de 1868. j 

~~ ~ 12 



_B4- 
MA.» I>RT7EB^lS DE LA AXJCTOSIA. 

Ha publicado la Tribuna nuevos documentos y nuevos pormenores del 
asesinato de Quinteros, debidos áotro testigo presencial, actor en los suce- 
sos tan horr blemente terminados, que calla por ahora su nombre. 

El proceso de esa espantosa iniquidad está mas que formado para la 
conciencia délos pueblos. 

De un estremo á otro del mundo no há resonado mas que un grito 
de indignación para llamar malvados á los que han horrorizado la huma- 
nidadcon tan cobarde é infame crimen. 

Las voces que intentaron atenuar la perversidad de los hombres que 
forman el gobierno de Perora, han ten do que enmudecer bajo el peso de 
la reprobación unánime que ha puesto sobre las víctimas la inmarcesible 
corona de los mártires. Calvo se encerró en el silencio; Bilbao tuvo que 
apostrofar al gobierno de Tereira de horada de asesinos para lavarse de la 
complicidad de la infamia. 

Al principio los asesinos tentaron despojar al asesinato de su alevo- 
sía, negando la capitulación; ya no podian despojarlo de su barbarie. Hoy ni 
eso tientan; la* pruebas los han confundido. 

Apa»ece ahora la carta original del general Diaz, en que refiere la ca- 
pitulación qu^se negaba. Era el único documento que faltaba, pues cono- 
ciamos ya las cartas de los ofic ales parlamentarios Abellay Espinosa, coa 
quienes «o discut'ó y acordó la cap tulación tan traidoramene violada. 
i. Un dia se abrirá ante los tribunalesdel Estado Oreutal ese gran proce- 
so del asesinato alevoso de Quinteros, en que figurarán toda3 esta* pezas, 
todos los testimon os que hau consignado ya por escrito la relación de los 
hechos. 

Los mártires fueron condenados á morir para consagración de la 
causa de la libertad de un pueblo. 

Los verdugos están condenados á vivir hasta la completa fcspiacion 
del crimen que los infama á perpetuidad en la vida y en la historia. 

Los mártires han podido decir á sus verdugos: — ¿ Creéis matarnos ? 
Os matáis á vosotros mismos, en vuestros nombres, en vuestros hyos, - 
y vuestros nietos. Nosotros vamos á vivir eternamente; : vosotros quedáis 
condenados á muerte .perdurable. 

El asesinato de Quinteros lleva ya tres meses de fecíha. Los meses 
pasan, los años pasan : no* hay plazo que no se cumpa Soto no pasan la jus- 
ticia, la moraí, la Providencia, que aguardan á los m-uvados y les cuentan fas 

horas. 

. (Los Debates, de Buenos Aires fecha 21 de abril de 1858.) 



URTJOTTA.Y. 

El presidente ¿enor Pereira ha nombrado para secretario de guerra 
al general Antonio Diaz, pariente muy cercano del valiente general Diaz, 
ejecutado en Quinteros por orden de ese presidente. 



— S6- 

El ministro ing]éa en Montevideo hnbia pasado al gobierno una nota 
protestando contra las sangrientas ejccic ones de Quinteros y ofreciendo 
aar cuenta de lo ocurrido al gobierno de S. M. B. 

Muy hermosos sou los sentiru cutos quo Mr. ChrÍ3tie manifiesta en sn 
nota, x 

(El Correo de Ultramar, Francia, mayo 23 de 1858.) 



Nuestro estimado anrgo y correligionario el conocido escritor ga- 
llego don José López déla Vega, nos remito el siguiente artícu o, inspira- 
do por el recuerdo délos mártires ilustres sacrificados últimamente 
en Bueuos Aires por los partidarios de Oribe. 

Una lágrima sobre la. tumba ele las víctimas 

«le Quintero n. 

Crudelitas ost feroce monstrum exor- 
dum in permcU-m gencris human!. 

Valer. Maxim, lir. ix. 



Valientes defensores de Montevideo, con razón llamada lanuda Troya 
de América, ¿aun viven ]o& mashorqiteros de Rosas, aun viven los seides del 
corta-cabezas Oribe, serviles imitadores del sanguinario ex dictador? 

¡Por desgracia aun viven! 

La hermosa, la hospitalaria tierra del Uruguay ha sido hollada otra 
rez por la inmunda planta de los sicarios orihn.ías; sangre inocente ha corrí* 
doá los pies de sus soberbios alazanes, y el luto de la muerte ha ennegre- 
oído' hasta el sepulcro los dias de las madre* y esposas de César Dhz y demás 
compañeros heroicos, traidoramente asesinados por nn indio cruel, después de 
haberse entregado prisioneros bajo la palabra de honor de un poder que ha 
descendido á cohonestar con las horribles prácticas del moderno Coroliano 
[á qu-en la misma Iglesia negará un asilo en la mansión funeraria en el 
propio suelo donde vio la primera luz], creyendo así hacerse fuerte con- 
tra los amagos de la opinión pública que le detesta. 

Imposible parece que haya un solo oriental que no se estremezca al oir 
las atrocidades de Oribe y sus secuaces. 

Imposible parece que las escenas del Oerrito déla Victoria no bastasen 
para que se conservase un odio eterno contra el peor enemigo que ha te- 
nido Montevideo. 

¡Cómo! ¿tan pronto se han olvidado los degüellos de Maza, Golfarini, 
Barcena, Rincón y otros célebres asesinos de la horda del finado Or¡be¡ quie- 
nes después de haber sacrificado á miles de ancianos, niños y mujeres en las 



provincias del interior de la República Argentina lian sido los mas adic- 

y tosraervidores de Kosas, bajóla inmunda dirección do Oribe, en el pueblo 

orienta , al que algunos pertenecían para m»l do su* compatriotas ?......... 

¡ Oh geute obcecada ! ¡ Maldigo su fanatismo ! 



••• 



II 

Oribe, origen único y escUsioo de todas las uisencioues de la República 
Oriental, que mar ó como <jain al hermano que no quiso seguir lop pen- 
dones de llosas; Oribe, que por ser presidente de su pueblo \}o que* uo I07 
gró conseguir después que una vez le obligó á renunciar á esta categoría] 
mató á mas de 12,000 ciudadanos pacíheos y laboriosos, ensañándose á 
manera de chacal con sus víctim s, porque no podia acabar de una vez [pa- 
labras suyas] con todos los savajes vnitar>os % cuyo epíteto aprendiera de 
bu gofo el degollador Ro<ns, con quien habia hecho causa común para en- 
tregarle su patria; Oribe, que tan cruel como Tiberio, decia como aquel 
bárbaro á su mnestro Teodoro Gadareo, que parecía un hombre hecho de 
barro, pero amasado con sangre, que semejante á Calígula, mandó, so 
pena de muerte, que nadie llorase por los que hacia matar, aunque fue- 
ran padrea, hijos ó parientes; Oribe, que solia decir como Vi telio, que le 
olia bien el cuerpo del enemigo muerto, pero que le olia mas bien el 
cuerpo del ciudadanoá quien mataba; Oribe, que era peor que Maximino, 
Máximo, Magencio y otros atroces enemigos del género humano, él y solo 
él causó los males que por tan largos años han afligido al pueblo de mas 
porvenir déla América del Sur. 

Sus partidarios, ciegos y desatentados contra la civilización europea, 
enemigos de la luz y déla verdad, tienen aun la vana pretensión de querer 
erigirse en representantes de la idea rosista en las márgenes del Uruguay, 
de esa idea exótica con que el ex-dictador pretendía fundar uu sistema; el 
sistema americano llamábale él, que es nada menos que la negación de las 
conquistas del espíritu moderno, á cuyos umbrales no quieren acercarse loa 
pesimistas por no quedar deslumhrados con los destellos de la emancipación 
social. 

III. 



César Diaz y demás heroicos compaSero* han muerto, pues, por luchar 
contra los e emigos de la liberta*! d* su pueblo. ¡Y cómo han muerto! 
Después de h iber sido indultados, mejor dicho, después de entregarse en 
honrosa lid, con la promesa de que no seles har a daño. 

Esto hacen los partidarios de Rosas. 

Esto hacen lo* fieles depositarios de la propaganda mashorqyerq del 
corta-cabezas Oribe. 

¡Y se llaman hombres da orden! 



-^7- 



Vor honor del puebla español, no aplaudiremos á los que se llaman bfcé* 
§*Wo8, queriendo (lferencia-se ou divi-as de lo* umnit»sde la fraterni- 
dad, porgue pugnamos los descendiente* de Patulla y de Lanuza. 

Los rosistas no descanzíin, quieren una nueva retia'tracim. 

Por e<«o loa seules de Oribe se prestan á sus maquinaciones. 

¡Qué obcecación! ¡ Maldigo su fanatismo!! 



IV 

Como espaSol que siendo casi un n'ño he militado por fuerza á las 
órdenes de Oribe y he visto sus deg elaciones, sus estupros y latrocinios; 
que después conocí á César Díaz y á machísimos otros orientales de co- 
razón noble y brioso, admirándome de sus virtudes y de su perseverante 
amor á la libertad de sus mayores; como escritor que he combatido el 
Btetema de Rosas en la prensa brasileña, lamentando el triste fin de tan- 
tos españoles asesinados por I03 mashorqueros en Buenos Aires y muertos 
en los muros de Montevideo, ya por los sicarios de Oribe, ya sirviendo á 
este, no puedo meno3 de sentir el triste fin de la* víctimas de Quinteros. 

No *s esta la vez primera que doy al público escritos encomiásticos 
de lo» héroes dé la civilización americana, que marchan con los que de 
este lado del Atlántico firmes en un pensamiento grandioso, quieren la 
abolición de todo-euanto pueda ser remora al triunfo de las verdades 
^angélicas, con vertidas en propaganda social por los liberales de corazón. 

Por eso lloro pot César Diaz y sus compañeros. 

Pulsara la lira y les compusiera una tierna elegía; pero tiempo tendré 
de hacerlo, cuando mas tranquilo, mas dichoso, pueda entregarme á las 
eispans ones de mi alma sin temores ni incertidumbres. 

. Entre tanto, mees grato decir á la Europa entera, que César Diaz no 
era demagogo; que Césir Diaz eramomf, ilustrado, buen padre y buen ami- 
go; y que es una anomalía que no se esplica, que un poder que invoca 
loa principios democráticos para justificar sus hechos, mando asesinar casi 
potfla espdJa y rendido*, á hombres que se oponen á lo que pueda menos- 
cabar esos mismos principios, de que hace alarde un gobierno que los 
conculca 

¡Descansad en paz, víctiróas de Quinteros! 

No está lejano el dia de la espiacion de vuestros asesinos. 



José López de la Veo*. 



Ayer, al encabezar este artículo de nuestro querido amigo el señor 
López de la Vega, dijimos que la mvtanza de los quinientos infelices á 
cuya memoria está consagrado el artículo, esta atroz* matanza, se había 



-es- 



verificado en Buenos Aires. Es una equivocaci<m que nos apresnramoe 4 
rectificar, porque podia ceder en deshonor del Gobierno del doctor Alsiaa» 
La atroz matanza se verificó en la República Oriental, por el sangriento 
gobierno militar que alli domina. 

"La Discusión" do Madrid, dol 7 de Mayo de 1853. 



política esterior, república® del rio 
x>e la plata 

Nuestro apreciable colega «La América» inserta en su número de 8 
del corriente una carta de aii corresponsal de Buenos Aires, fechada i 4 
de marzo último, en la cual, despies de confirmar su autor la horrible 
matanra ocurrida en la Re.úbl'ca del Uruguay con menosprecio de una ca» 

Í titulación telarme, pinta el estado de Buenos Aires con los mas negros. co* 
ores y poco menos que moribundo. 

Cons deramos, pues, conveniente, eu obsequio de la justicia, consig- 
nará estepropósi o algunas reflexiones. 

La prensa de todos los matices ha condenado con igual energía aquel 
repugnante drama, cumpliendo en esta parte con lo que impone 1a cul- 
tura y la civilización, no solo de nuestra sociedad en particular, sino del 
mundo entero; pero hay que tener presente en tan lamentable suceso, dos 
circunstancias á cual mas graves, á saber: la orden del gob erno de Mon- 
tevideo para que los de<grac ados. prisioneros fuesen pasados por las armas, 
y el desprecio que de uiui capitulación se hizo. En cuanto á que la revocación 
de dicha orden llega tarde, paréceuos que hub era sido quizá mas discreto 
callar este incidente que sacarlo á luz, sobre todo, cuando no se ha negado 
el primer acuerdo del gobierno que, conocedor de la capitulación, saltó por 
encima de ella y decretó la ejecución de los rendidos. 

¡Cosa triste! observa dicho corresponsal que «no hay que olvidar que 
los revolucionarios ejecutados se habían hecho culpables de robos, de fal- 
teos y violencias horribles do que están llenos los diarios de Montevideo.» 
Hace bien el corresponsal de «La América» en apoyarse en la opinión de 
la prensa tr untante de Montevideo; pues lo contrario seria añadir el sar- 
casmo á la falta absoluta de compasión. 

Muchas son las cartas que h>»n llegado á Madrid con igual fecha, del 
Rio de la Mata, y eu ninguna hemos visto otra cosa que un grito unáni- 
me de reprobación respecto al suceso de Qu-n teros; decimos mal: hemos 
vi6to confiimado el honroso concepto que á sus compatriotas merecían 
los ilustres gefes que en mal hora sucumbieron á las iras de la venganza; 
pues los nombres de muchos de ellos vivirán eternamente en la memoria 
agradecida de su patria. 

¡Diaz y Freiré acusados deBalteosy robos! La prensa que patrocina 
semejantes calumnias puede darse la mano con la que años atrás y sobre 
|a márgeu derecha de ese mismo Rio de la Plata llamaba salvajes á todos 



los hombres cultos y honrados. La tiranía no se contenta cotí asesinar A 
mansalva; necesita también de la calumnia para cohonestar sus desmanes» 

« La paz mas completa, añade el corresponsal, reina hoy en ese país, 
garantida por la Confederación Argentina y el Brasil » lo cual traducido 
al idioma de la verdad, no hace mejor elogio de la adm'n'stracion actual, que 
fia menester por lo visto, del doble auxilio de dos naciones estrangeras para con- 
servar el puesto que ocupa. Una independencia comprada á este precio, no 
merece, en nuestro concepto, semejante nombre. 

Desde que vimos el desenlace de loa acontecimientos de Montevideo 
y la parte que en ellos ha tomado el imperio del Brasil y la Confederación 
Argentina, no se nos ocpltaron las dificultades y complicaciones que para 
el Estado de Buenos Aires pueden resultar. 

Nosotros siempre haremos votos por que las calamidades do la guerra 
no interrumpan el curso de su prosperidad y engrandecimiento. [1] 

El secretario de la redacción, 

J. Domínguez. 

(£1 Estado, da Jdadríd, r /eeha 10 de mayo de 1856.) 



ESTADO OJRl^NTAX,,-.lM:PORTA.Nri^SlMO 

Persona de todo respeto nos envía desde Montevideo copia de un 
párrafo consignado en nota pasada al gobierno del asesino Pereira por el 
ministro británico residente allí, asegurando que él ha sido tomado, en 
el ministerio de Relaciones Esteriores de la misma nota, original del se*» 
ñor Thornton. 

Dicho párrafo es la transcripción de una nota que el ministro de 
Negocios Estraugeros de la Gran Bretaña ha pasado á su agenté en 
Montevideo. 

¿For el momento, no teniendo tiempo para mas, nos apresuramos á 
hacer conocer de nuestros lectores ese precioso párrafo, que viene 4 re* 
machar el clavo puesto por el señor Chistie en la frente délos asesinos de 
Quinteros, y á imprimir sobre ella, de un modo indeleble, el anatema nada 
ineuos que del gobierno de la Gran Bretaña, reservándonos para nuestro 
próximo número hacer todas las reflexiones que sugiere su lectura. 

:No dirán ahora Pereiray los bkncos que somos nosotros y \o& colora* 
dos \m único» que denuncian al mundo sus maldades, y los acusau de 
haberse manchado con los crímenes mas odiosos. 

El párrafo de la nota del ministro inglés, dice así: 

«El gobierno de S. M. ha sabido con horror y disgustóla solución de 
« los sucesos que han tenido lugar en la República Oriental; y al despachar 



[1] Suprimimos toda la parte que concierne i la prosperidad de Buenos Aires. 



«la mala del paquete, queda á la consideración de la corona si el 0^* 
«r bienio de 8. M. retirará ó no su agente cerca de uu gobieruo que se b* 
« manchado con loa crímenes mas odiosos.» 
[La TribuBa > -*de Buonos Aires]. 



NOTICIA® DEL PLATA 

^ £1 general Diaz y sus companeros hechos prisioneros después de erat 
reciente insurrección contra el gobierno de Montevideo, han sido fusila- 
dos. Esto ejecución ha producido en toda la República Argentina un efee- 
to tanto mas doloroso cuanto que el perdón de los infelices sublevados 
habia sido solicitado y obtenido por los ministros del Brasil y de la Con- 
federación Argentina, habiendo llegado tarde la orden de la suspensión de 
la ejecución. 

Después do la caida de Rosas, solamente Montevideo hadado el 
ejemplo do una barbarie semejaute, asesinando á los generales Diaz y 
Freiré y mas de cuarenta de sus compañeros. 

Los negocios han vuelto á tomar su curso natural en Montevideo y 
cu toda la República Oriental. 

[L'KsUfettc, d« Francia,— mayo do 1S58]. 



BUENOS AIRES 



Un acontecimiento grave, pero que se esperaba, ha venido á mostrar 
al gobierno oriental que gobiernos civilizados y cristianos no podrían mi -- 
rar con indiferencia el crimen <fe Q*mtci % o$. 

En el paquete Camilla habia recibido el señor Thornton, encargado de 
Negocios do S. Al. B. en Montevideo, una nota de su gobierno rebrotan* 
doctamente ese crimen. El señor Thornton, en cumplimiento de I*§ ordo» 
nes recibida^ dio conocimiento al ministro de Relaciones Ksteriores, señor 
yin. de la noca de su gobierno. El ministro pidióle que le pasara por es» 
crito aquel o mismo, jmra informaren regla al presidente. El señor Thorn- 
ton remitió sin tardanza un memorandmn^ diciendo lo siguiente: 

• Que el gobernó de 8. M. habia sabido con honor y con repugnan- 
« cia el deseuiace de (os sucesos que tuvieron lugar en la República 
« OrieMal; y que al despachar la mala del | aquete, quedaba á con-idem- 
■ ciou do la'coroua, si el gobierno de la Grau Brvttña debía retirar ó no 
« su agente cerca de un gobieruo que se ha manchado con crímenes tan 
• ignominiosos.* 

Tales son los termino* en que. segon nuestros informes, se ha espre- 
sado por escrito el señor Thornton. 

Dicesencs ademas* que el ministro de Relacioues Exteriores faé inme- 
diatamente á tener una entrevista con el señor Axnand, ministro brasilero; 



— ai— 



pero parece que no halló allí el apoyo que buscaba para contestar al Sr. 

fl9 e$Í)Mmb*ilg% i^'jpuwtiofi oq.it. el: Djfceefc irio de á<lutuui. toiúa aspecto 
Í^S^^sft^W^Vá^^^ que elíSr. Tbortiton 

Íi4!lfflft¥i*^iM^^ ,e de lo* qomeitciaates inglesa* y "tentbnees «wádarte 

%>Hi4P|>í^Wlv*w4o* -Sct. 'Caparro, habdá recibido de *u gobitono italiano 
nota análoga á la$telvgt*bie)>ud } i'ngíé*. L'ero no lti> babia .coratsuicado «1 
«itóe^^ftpeqjtaA. , ; ;.- 

[«SI Orden», de Buenos Aires juntó 29 de 1858]. . „ ". » ■ "." ./ •■ t" \ 

**lttü ü.mi:l-:.f»r:, •■»■ »W »B IA P^4TA V ..... ; ..,,..h ;■ •-> 

•°* ^ÍPi^ftjtó-fra^'qWtaúiamcra noticias de lo ocurrido en estas regiones 
^kl§M$frafcfóS' 8faé de x Marzo, J nú habiéndolas publicado, porque nos 
. Wlff ÍÚMWWIi tfaH» iVf érb r cr é d i t o A la horrible matanza de ciento ¡y sentía y 
tantortfidktttMi «^.W^üírtó llamado ÍWó 'de Quinteros, en U lí'üpubhái 
^liBTm^ul^tqttó^tüvüí Wghr A'fíncs, de éne^o anterior, Hntre' la* victi- 
mas sacrificadas al funesto. od o de partido, figuran dos generales, Díaz y 
Fr#ire t veinticinco geflf'fbftéiates, setenta italianos y cíen 6rienütfes 9 hijos d¿l 
WofíVBstea^^ePÜiHi^Uíí^ Un p;utü telegráfico de Taris transmito pri- 
éeW^íaiPaeádoáfetrfaflóra 1füeva ? ht erial aparece plenamente confirmada 

£>r Itt'éWw'pqindencro y por los periódicos que tenemo* ala vista, y que 
oMfetftfWttMliii úi/is "Arriba eápresadá. 
*d e, !FáQa ^catíá^ae pVktíjr. el horror que en las dos márgenes del Rio 
•dfaá^l^tt'^a ^ eáceha, tan contraria á lbsscíjtimientos 

SPwtfHftrafcíoh* dé nuestro siglo. Según venios por los citadoa ¿fenódióos, 
•lKMft<tfedí&tfó ima iblerñnk cqplttdáctm, éh ty qué bb establecía: \ 
•umafcfo Qufe J sé.p4rin?tim,á la tropa /capititlítda; ¿de ascendía á 400 
^^¿sMafdtái^áfn aíjs árñmsf hasta 3á citidáfi de°KÍbiiteV,déó. v : V \ 
A*iX Bi ;Cr ^tó^éT ^árátrtia lá. viOa.de todos los geftf'jr ófióilííes sbmefí<fó&. 
^m^^bQ^^^gíftarift-iSestos un' pasaporte para éT'Brtófl:- r/'V^ 
Esta capitulación fué aceptada por el general Medina, el 28 & ! e eirói^A, 
en él Faso de Q<«>itero^'^istór^*c , ¿areíita legüái de ^brríovideo. El dia 
29 se dieron los pasaportes convenidos á los generales Diaz, y Freiré y 
demás gefes y oficiales capitulados. ~En su virtud, algunos de ellos se pu- 
sieron en camino háo^L^i^tUe^a $¿*%ftvjír fiftpo«#penas habían andado 
dos ó tres leguas, uña oraen^felmismo general Medina los hizo contra* 

-tohdAjW4wgp como 4e supo en Montevideo -que se hallaban prisioneros 
los gefes y soldado? déla revolución» la sociedad oriental, agitad* sin duda 
§rq|pi4ii^ieft|(^;fja:ne6tpsq?ie ni^ne^ 9ftga3tiq, á los ; pueb¡Uw ¥ ,afl.; puso 
de pié implorando el perdón para los vencidos. La Junta Económico 



Administrativa, las respetables socias de la Sociedad de Beaefioenety'lM 
piadosas Hermanas de la Caridad, los Agentes estrangero* residente* M 
Montevideo, las personas influyentes cerca de la gente degradada quéé&ri* 
pone el gobierno de Ptreira, las madres, los h»jos, las esposas, los htrfitáÁéij 
los amigos de los prisioneros, en una palabra, toda la población Mñi.y 
decmte de Montevideo, se empeñó noble y caritativameiite por aquello* 
desgraciados, implorando el perdón de sus preciosas vidas. .»;:.: 

Fero todo fué inútil: todos los ruegos fueron oidos con salvaje défc 
precio por el gobierno oriental. 

La república de Montevideo ha perdido en esta oeasion á algtraoa 
de sus hijos muy distinguidos en las armas. El general Dias filé una de 
los gefes que m«s se señalaron por su valor y constancia durante el largo 
sitio de su ciudad nativa. 

En Europa como en América no habrá sino una vos para condenar 
este derramamiento de sangre, que al par que priva de cuidadanos útiles 
á países escasos de población, en nada abona el estado de cultora $e loe 
gobiernos que lo autorizan. Triste es decirlo, pero no se concibe) que d#*> 
pues de tan laruentab'e suceso haya habido una Cámara de Repreaente&itp 
capas de decretar el pomposo título de *gran ciudidano» al presidente* <.. 

Semejante subversión de ideas no tiene nombre.— Este pais está pefw 
"dido, dice una carta que está á la vista. ,_ — 

La emigración para Buenos Aires es considerable. .,-, \ v 

Comprendemos fácilmente que una ciudal donde la mayor p*it*4f 
las víctimas tendrían deudo» y amigos, y que ha sido testigo de tamal* 
calamidad, se vea abandonada y su comercio en completa decadencia* ;■-■« 

Por mas que la correspondencia y los periódicos manifiesten qug »4 
imperio del Brasil presta su apoyo al gobierno de Montevideo, y que ha 
formado, al parecer, una aluniza con el presidente Urquiza contra el Hi- 
tado de Buenos Aires, no nos atrevemos á creerlo, atendida la ilustra- 
ción del gabinete imperial y la cordura de aquel aventajado monnrefl. 

En Buenos Aires la población entera habia tributado un Bolemne 
homenaje de religioso respeto á la memoria de las víctimas del Pato 4* - 
Quinteros, y en el breve espacio de un mes se habia levantado una gran 
suscricion para socorrer á las viudas y huérfanos de aquellos desgracia- 
dos. [1] ^ 
[a El Estado», de Madrid, de 27 d* Abril de 1858]. 



POBRI8IMO ATAQUE. 

No merece otra calificación el que nos dirige la tReformai del sábado 
por nuestro artículo sobre el memorándum que ha pasado el gobierno britá- 
nico al 8r. Thornton respecto á la matanza de Quinteros. 

Concebimos que el tal memorándum le haya saltado la bilis al colega 

(1) Suprimimos U parte que m relaciona con Bueno* Aireí puramente. 



de la t Pacífica»' y estraviAdole la razón hasta hacerle llamar gobierno dee- 
.f értfco y*bf fato ai gobierno británico; la cosa no os para «nevos. Peto 
qnsAeótagfcw enoje al vnrtau mal panados á sus am<gds de la otra 
orilla, no es ciertamente una razón pora que nos enojemos también noso- 
'ftiwialLvite&al contrario, por lo mismo que el memorándum ha debido de- 
■l%padartt. ¿ él, por la mismo nos ha gustado á nosotros* + 

Si, pues, alguna cosa hay que est añar en este negoció, es la estrañeza 
que le ha causado á nuestro - colega el ¡horrah! con que hemos ; sa'udado 
•I paso del gobierno inglés, sin echarnos á adivinarlos móviles que le 
han dado origen, y acerca de los cuales, diga cuanto quiera la «Pacifica», 
•na informes no han de ser mejores que los nuestros. 

SI colega, que se pasay#de : previsor, conviene en que por esta vez 
•l Me test o que ha tomado el gobierno inglés para flajelar A los. asesinos 
"drQuiíiteros es digno;. pero teme que mañana tome otro qtre no lo sea. 
' Sato. Vi que es digno del Tartufo de Moliere. Es la salida favorita de los 
qtó ge sienten flacos de buenos raciocinios en que apoyar sus Opiniones: 
argüir contra lo que sucede hoy,, con la perspectiva de lo que acaso -podría 
sppedrr mañana. 

y'' No se aflija el colega «reformista*: cuando se realicen sus temores y pre- 
cisiones fsi es que se realizan], la misma voz qué ha servido ahora pafra 
ágAqfudhr lo bueno, servirá entonces para vituperarlo itoalo. 

Mientras ese momento no llega, nosotros -seguiremos batiendo palmos 
no so|o al gobierno ingle*, sino también al pueblo inglés que lo-ha.acom- 
tifiado es su justa y merecida reprobación del massacie de Quinteros, 
ocjmo 1q han acompañado el rjournal dea Débate» y otros periódicos de 
'«roba y de América. 

' í,r Por lo demás, la situación en que los crímenes del gobierno de Pcréi- 
rtbart colocado A la falanje blanca en Montevideo y A la «reformista» aquí, 
"éítiÚM que critica, miserable. 
^ -Da pena ver A esa gente recurrir A lugares comunes para tentar re- 

Íariar la brecha que les ha abierto el memorándum, bomba del gabinete 
ritánioo. 

Lástima da verlos obligados A condenarse á si mismos, ¿ desaprobar, 
de ttti modo mas ó menos espreso, l > que tanto se han empeñado en jus- 

tifi«rr~**í < r ■■•..- .■-.-, •; 

Así, la «República! ¿te Montevideo acusaba ayer A Pereiray Requena 
da haber provocado la revolución por medio de hechos escandalosos é inau- 
ditos. 

Asi, la «Reforma» conviene jra en llamnr hecatombe revolucionaria y 
acontecimiento infausto A los asesinatos de Quinteros; bién^qüe pida niise- 
YtfcÓr<fia r para sus autores,' olvidando que la misericordia tiene también 
snéttiüites, tratadas por la mano déla justicia y por las conveniencias 
/Mídales. 

r ' Es aue, mas temprano ó mas tarde, la verdad y la justicia se abren - 

►¿r llegan por fin á penetrar hasta en la conciencia de los qué fa&ti \p* 

^^cerrirTés el camina . '• ''* 



"flirt t 



Sí? - 



-■' \\\< -.'--. v *if3:ii:.«t'i» *1 »I> 

Y precisó es que ai suceda. ¿Qué seria de> Imá sooi edade» í hum an*M, 
cuAl seria el destino de los pueblos, si la ioiquidad y la maufcira putienp 
prevalecer por mucho tiempo? ¡ ■ ■•* -. >.-¿s .a. r fh>» 

Antes de terminar, leacouBejareraos á la »Reforma» que ao^viÉelinaiá 
tocar cosa alguua qu« se relacione coa el friafausto aooptecimttotitea jié 
■e juega con el fuego, querido colega; •fj/ri 

[«I* Tribuna», do Buenas Airw, d«l 6 de juUofte 1858.] . >;:i á A ••? t 

•■"■ 2 '■*- < •*■-: : * 

BUENOS AIREB. . v." ■- -i' 

Al dur el martes uu es tracto del memorándum nasado;. ppr ej wR# jr 
Thornton, Encargado de Negocios de 8. M. B. en Moutevideo¿ al gpWqsjjo 
oriental, olvidamos referir lo¿ antecedentes que motivaron e*a cgnvyoi^ft- 
ciou, hecha verbalmente y reproducida luego por escrito. . w ' ' 

Loa «ntoeedentea son estos; , *.. ? j-V« : '-? 

£1 gobierno de Pereira, luego que conoció la enérgica iM)ti}J<Íe¿ TBtr. 
Christie al general Urquiza, en quo calificaba de mass;crc. el'yrln^n do 
Quinteros, dirigió una protesta al gobierno británico qúej^ndo^1eaJtéf> 
minos altaneros do la manifestación espontaneado su ministro en tyi Con- 
federación Argentiua. -/ai"* j ;-p 

Lo que Mr. Thornton ha comunicado ahora al gobierno de , t'ereajrf, 
es[la contestación que el gobierno británico hadado á esa protesta. i;Mrj 

Do donde resulta: L ° la aprobación de la conducta de Mr. . Otyft&f; 
2. ° la*dccl*racion del gobierno inglés de tenerla misma opiniop -qñe'eu mi- 
nistto, presentándola con la severidad que revelan estas palabras '{pa- 
bles:— *qtic el gobierno oriental se ha manchado con crímenes Ion ifnominiptqL» 

Asiseesplica la filiación de este negocio. . . ; , t ' 

£1 Journal des D¿ba(s f dando noticia del crimen de Quinteros. $ce¿ 17* 
vra'i massaere (una verdudera carnicería.) " .' '- ? 

( «El Ord*n», do Buenos Aira, de 27 de junio d« 1838. \ 



LA INGLATERRA -AJPRT7EBA. r^A COISDTJOTA-: 
I>E Air. OHTRISTIK. 

I. ' " ■'; 

No podía menos de ser así. .\r ^- 1 i 

La conducía observada por Mr. Christie respecto á los úaiW* .4QC£- 
sos de la Rpubl ea Oiiental, ha merecido ia completa aprobación dq su 
gobierno. m> .,.. 

Ya no es solo Mr. Christie el que declara !a ninguna nartp^qnéla 
(\*iteder*cion tuvo en el fusilamiento de ka prisioneros d^I fa^de 
Quinero* y eí horror coa qu* el y tod^ el mundo cMl¡^d^rñur«^Ce«e 
hecho doloroso y sangriento. 



^, 



teut 




erno 

dé&eu- 

6B0B 



j^ce d^Jat última revolugion de la República .Oriental 

Latí arma* de la Confederación ii¿ tuViéróú otra participación 'en 
sucesos ¿lie la que le competía como almila noble y generosa.— La Ins^a- 
térra lo Bu reeouoc id o. 4 ° # f íV 

■.Cumplió &11 gobierno con el, deber q&e le imppuian tratados existen- 



de creer en pelgro su independencia por la invasión du\í¿L^P, i P^.9'3.\U 
«djyip^p||tí|; f 8t|^ f%^t^c^4et| fa§ ni eoJa^; uu ; indeleble.. -borrojí *$re K !Á bri- 
llante página de su glorioso pasado.— ta Inglaterra le ha liéchÓ justi^v 
Mr. Christie, su representante, lo declaró así., w.su cputestaaiojiálá 
JBttiéíM3c!K"e|,-Jwaor4#iíí áBerna>ft X-ppp. . , \' t , t . \ m t v \,¡ : 
ft7%iiJ?*!HWÍ'*u« palabras", qua frieron otyeto.de íniípu¿nácÍQuea jadéporc^s 
^^omíV*4A? por PV|e : dp*|j^Rep4VÜ9a»y «ta #aci¿u*, divio^a^Ionl^vi- 
deo, pero á las qi*e .Cjl gobterjiQ fiflgl&s acaba dapjjeatyi; *u';éntj&ra sanción 

•iiu ft í5lj»bwrnft.arge^ífng( ostáf esceutp,#eje^ 

" table carnicería (massaere) de Dacionalesyestrangerosqué'sigüiSátaj^ij-' 
«o^W 10 **^^^ 1 ^ 1 *! rGvo}pcÍ0n^i^;ro*»da$as. 

,ncfe¿&)£#f feroj»^ argeiitinas nohau tenida ¿part e . pñ¿la* ÍA^^iébl^,^k9@- 
•V»* B W%ftfr4wil rojwcféifló ol tóunjfo- de}. QóWeriio-.aa .jWpntevlaw- ¿! ■■ ' , " 

A pesar dé esto, la prensa dé Buenos Ai^j&a^^^ 
lumniar al gobierno de la Confederación, no hx tenido I e'iá'paciib'éii atribuir- 
le una parte en este hecho sangrieutpj. _ 

Ha querido hacer pesar sobre las armas argentinas una responsabili- 
-AlA ^ufet&tit apio pwl#ti£B$ 4:lvf piaudaturips 4$,Est$uici Orieata^que orde- 
^Bjufowf kínq^rtó 4e lqS;$rwÍ9npfps v . - ,/• . , ; e \, ■'. - '. . ' ^ . / Y* .-, ','.... r 
•nitín^isar^bles m^dioa (pie-k^MftrdiKl d^Jda';h^6tiQ^^^#irap^twfc#8 í ... 

Nadie ignora que el agonfa actoriHir de^l*¿, Uí>nfefl)íríiMíÍQ»í .911* Mo&fe 
aolííetsntrtorffcfetandq ftfihmaitf* iue ¿elo«adQfe ^etitirateuta* cte^WigoJlierno, 
dfck^Ui*dp#lso^tr«t?badojq4iUa^Jb vidrio* ¿rf#B# ofieijjjefif pcttittiwws 
»«* d 4*&o¿ de Quinteros, iilterpruf a jsús : ¿r* affet&ir <wi ; $k gbbtomo %iW*tftl 
-f«|»att%«aspe&Ai{Ba la ¿iteíeft<dé) sacrificio* • »: ■;,--¡« i l-;, *í ,-. ■ ,<, .-...'..,-•, 

Es notorio también o^oarel^peuwrai IIrqiiíaftir»<wWtt4ó. # ]a% !&$r**8 
bfMqMsaroiren iw»lk»ide;Lgi>ljrj«nio-. -ocíente!* c^£0MeniM;Yfy.4ftlba que 
»la^iert©deto||iixrrii¿8 Jiici^eiicaer ei* su-podej^/tf. *¿f^i4lrp*&t£ta|iel ge- 
neral Diaz, que en Monte Caseros combatió tan denodadamtftit^Á'SU? jiflde- 
-«wpoiJki arosa'de larlibortad, hocifendo tremolar con gloria .el. pabellón 
«•rientüi, ^ la/dei honrado. y .valiente:OO^oiíei.Ttj:ei< , ¿» 1 « ■■■> 

•»^ W^í^Wmiá^«ééw*afek «a%4i»ntein9fateq«V«i triunfo dhrf^*éii>*n 

d6loriuas que lamentaban lo que habia ocu»rrido..^C% > i¿^.,. í ;U ^ **-*:■ f '•: 



Ese eraeu anhelo; pero la fatalidad se interpuso, jr se consumó la que 
¿l se esforzaba por ¿vitar. 

Hb estuvo en su mano ahorrar A la humanidad el espectáculo qük tan 
profundamente la conmovió, dejando huellas y recuerdas que irán paé^n<Jo 
de generación en generación, " ■' » 

No pudo, nó, el magnánimo gefe, repetir la conmovedora efece^a del 

8 de Octubre del 51. — Uu fraternal abrazo finalizó entonces la cóhtieUda de 

9 años. Lágrima» de contento corrieron en vez de gotas dé sangre/ . " r * 

El destino habia pronunciado ya su terrible é inapelable fa1To. h 
Estaba escrito el mártir o del heroísmo, y asi se cumplió. Y'iígcne* 
ral Üirqwzafué el primero en ¡amentar un heého que quiso; pero no pfcdo es- 
torbar §e realizara. 

Los generosos esfuerzos del hombre so estrellaron contra lá advem* 
dad. 

S^ué hacer en ton ees? 
ostrar al mundo que la humanidad, no ningún sentimiento basJAMo, 
ehi la norma de sus acciones, y aue el bárbaro placer de ver correr' sangre 
no tenia cabida en el corazón del magnánimo vencedor del Pautanótoó y 
Caseros. Realizar en parte fó que no pudo serlo en un todo. 

Asi lo hizo el general Urquiza, añadiendo al catálogo de su nobles» y 
magnanimidad, una hoja mas que no podrán arrancar sus mezquino? ene- 
migos. . . ' . ! 

Castro, Lczama, Garc'a, Caraballo, Aguilar, Borges r otros híbtoa 
gefes y oficiales vencidos en Quinteros qne se acogieron a ni protección, 
encontraron en él el amparo do que hubiera*! también participado aue 
infortunados compañeros. 

n. 

La Inglaterra reconoce la ninguna participación que en el fuella* 
miento de Quinteros tuvo la Confederación, y declara ante el muñid* ¿que 
está escenta de responsabilidad por la lamentable carnicería que ha man* 
ohado el triunfo del gobierno de Montevideo.» 

Lanaoioa mas libre y poderosa levanta su voz para desmentirá los 
enemigos de la Confederación. No es dable suponer qne eu la balanza 4e 
la opinión pública pese mas la palabra parcial y calumniosa de dos ó tres 
escritores, que la espresion libre y espontánea de un gobierno que repre- 
senta la mayor fuerza moral y material d»l universo. 

Tranquila la Confederación áe«te respecto, descansa en la ^rectílud 
de su proceder, dejando á quien pertenece la gloria ó la ignominia de la 
sangre vertida. 

La conciencia que tiene de no haberse hecho acreedora á la rene*» 
bacion que la opinión pública, la prensa y el ministro dé 8. M. B. han laa* 
ando sobre ese acontecimiento á que ha sido estrefla, viene boy á s#r con» 
firmada, robustecida, con la sanción que han mererido de #u flpfcierap jpi 
palabrts de Hr. Chrirtie. * f . : r: 



El gobierno del $enor Perára es el solo solidario del hecho de. Quintero*. 

Sobre ¿I pesa únicamente la responsabilidad. 

A ¿I se dirige el reproche de la Inglaterra. 

A ü se dirige también el de la Cerdeña. 
... ^ bija opinión pública, la prenda y los gobiernos estrangeros obran sin 
justicia; si su conciencia le dice que no hn pecado, que no^ ha merecido la 
condenación de la humanidad, hoy tiene la ra?on para disipar el error, la 
verdad para confundir la calumnia y justificar sus procederes. 

JE» su debor hacerlo asi. 

Ss su deber acallar el grito acusador que se levanta en todas partes. 

£s necesario no consentir que en el corazón del pueblo se encarne la 
duda* poiqyc esto conduce al error. 

JGs preciso ahuyentar las sombras que ocultan la verdad y permiten & 
la maledicencia trabajar y ganar terreno, robustecerse, para mas tardé lé? 
▼antoje amenazadora. 

' Ib preciso quitar del camino del porvenir cualquier estorbo que pudie- 
ra,kpcer tropezar y caer i los caminantes. 

Se le acusa: debe justificarse por honor del país que preside, por resr 
peto 4 la opinión pública v al juicio de la posteridad. 

No te sin pesar ni bochorno que vemos,, como hijos de aquel suelo, esp 
reto y uniforme reproche que le ha dirigido la prensa del ÉrasU, de Chilf, 
ft|jMft<f, de frauda, y que ha venido 4 confirmar la reprobación del gó- 
dfÍQ de 8. M. tí , que acaba de hacerle conocer su representante en Mon- 
tevideo en el memorándum, á que se refiere el Orden. 

..-Lo sentimos de tolas veras, y desearíamos que el gobierno oriental 
judíese patentizar la injusticia y sinrazón de esos reproches. 

Pero como quiera que sea, la reprobación moral del mundo civilizado 
sobra hechos de esa naturaleza, la reputamos un bien para todos, porque 
tiende á evitar la repetición de esas venganzas bárbaras y sangrientas que 
se han dado eu espectáculo en Villa Mayor y Quinteros, y con que no se 
,}i* ^ec^o mas qne enconar los ánimos, avivando odios y rencores que se 
Jipagaban, y añadir una página de luto y de vergüenza al catálogo de las 
desgracias de estosj)aises. 
...,'. [«La Kpoe*», dt ¿ntrt-Rio*, de julio de 1858] 



NO TOQUÉIS A NERÓN. 

Los diarios de Montevideo se han puesto furiosos con nosotros por ha* 
bar revelado qne « pudimos tener á nuestras órdenes á D. Manuel Oribe, 
a que se isoa ofrecía para derrocar al gobierno de Pereira y hacer pedamos 
m k»s tratados brasileros; pero que desgraciadamente era preciso que Oribe 
« pasase por la espiacion de Alzaga, de negársele hasta el derecho de mo* 
* rir por la patria. * 

Kn primer lugar claman que insultamos á las tumbas, por hablar con- 
tra Oribe después que es polvo y nada. Según esa teoría, queda prohibido 



-ee- 




hablar áfi .Neroji,d,e Tiberio» A? Cnlígula y otros abominables monstruos 
que la mofaaV recuerda constkfttgtjrisnte á las gebVraüion¿3 pito ^dtoe^ellos 
sufran en su memoria el castigado Crímenes gue rió hübfcrtwft pom¿k¿ pa- 
gar con una sola vida. ; ! * L¿". *v 1 

En segundo lugar, nos reprochan que hablamos üsídfe Wibo,vpbrque 

infamé *----* — ■ .-- . . r 

Vivía él con todos su* genfeáros, cuando pofr pa*é^áttjtc* «blqí^ljí» 
las calles da r M:>ntov¡deo, en donde no se atrovia i ^ésérftara^-tel'' Vtegeute 
caribe, fcpesar ¿lél " pjítrocrhi<> j de "! í^rtñti»; de sil ¡ ii¿asWrtfc t J *4~pémrnos 
cuenta' de 1á espiá'éiótrá queWííotnetiátííds^diaádia^n la £tetítítíte'Ht prensa. 

En tercer, lugar, nos reprochan qué r és una' inlp&Stum' J (jftt* OíiWlr 1 ^ 
háyaj ofreciiáo jámáí á nuestro. partido para derrocar id tobf ettofr ($ Pe- 
'reirit, # htfjfa erado! uh fmstf tióhtra la existeiicia désu«u^VWád:' i;,, * iíCf *' 

Haremos á los homares de Montevideo alguujw revWácffónOT 4n€(flf# 
JlérfinftortaTles; 1 • " — '■' , ■ "' ! . ' ; -'--Y ■•« -m-i « 

Oribe uos mandó decir por una persona <te su ^Istad-^Ué'iptweM 
la' certisa de^juie no lo : déaaiVá^ttlios,'íiÓ3.títfriá un té, flñ barlé^rfto^Rome- 
naie debido á nuestra; íétou* d& los intereses 'otíejiíálfes" cb?itfa 1ii# ttíM 




órdenes de nuestro. partido para derrocar al ¡gobWttitf de Pfcretrai,? { ■*'»**•' 
Aunque lá proposición ló indigné, é! cotonel Taj^S no q'tflSo ^cha- 
zarla, desde, el primer momento sift ^niuriití&rnoala, y halló úii' ittí&ik&k 
loá'misfmosi sentimientos que lo amiriitbán. y le hicieron reápdrtdót^ Orjbe 
f qtie con él no quería ir üi Ai cielo. ' - : : - '"-'-■ ■ m r ' "* ) H 

Otros pasos dio después Oribe, con el mismo mal éxHo.- ' ■>' 

" Hay un hecho qué i^uóba la verdad do estas revelaciones; y j .qtieWfc 
blancos conocen m^d* 4^ nosotros, pues eran actores cii élí V^ 1#favc*íí- 
¿ don que debió estallar : cuando Oribe Gayó mórtaluiénté : emftrfn<H- i yéWHÍ> 
cion combinada por Oribe para derrocar á Pereira, i$iié' lft ; 'etiféttiUMRM 
de Oribe vino ú interrumpir, disolviendo los elementos* que "él «defef&i poner 
á las órdenes de otro gefe. 

Este hecho lo saben bien los ITnncos, lo sabe Olid, que era uno de los 
autores, lo saben casi vtcriD* tos ^owwMroa^de>Rolíaia:de Montevideo, que 
debían atar á Luis de Herrera y á Requena, en quienes quería saciar su zana 
Oribe. • -■ ' ■• -■*.■■■■;■': ■ ?i k --vi. ■-■ ■.- -ií \ '-*.>..:'' I rnj 

•*-■ lié ahí ¡él «constante respeto A la autoridad » del firaauploítabQeriBftd, 
A quien Pereihv decretó tomones fúnebres para elevawe á.la afta» dejiiss 
deidades, de que debi a mostrarse muy; laego continuado*: wkí Qumtéraa. • 

JüANaSW^,. -*-qi¿i. 
l l l \ .(LoJDAaUsid* fttótíár Airar, fcolia 11 * ? íutfo' d^ Itftó.) 1JÍ "- ,; * i r; 1 "* 



BIO JTAJVE5IKO. 

El último número del «Jornal do Commercio, de 23 do Junio 1858* que 
hemos recibido, publica el d scurso pronunciado por el Ministro de Ma- 
riña, en la sesión de la cámara de diputados del -16 de Juniow De él tradu- 
cimos el siguiente trozo relativo al .suceso de Quinteros. . •' 

El Ministro de Marina. Hay mus fé en los actos de los aínigos que en 
los-^elos uü versarlos. Por eso es que el noble diputado haciéndonos la mayor 
de.todm las injusticias, v'no á recordar á la cámara el hecho de Quinteros co« 

mcpará hacer una censura al gobierno de su país 

.* JSUSr. Mendoza. HH o hay tal, V; K. tío es justo en eso. 
•í El Sr. Ministro. Pues bien; conozco qae el patriotismo del noble dipu- 
tado es bastante para sofocar todas sus indisposiciones contra nosotros y ha- 
cerlo confesar que el gobierno dé su país no podía d<jar dt sentir con el ma- 
yor-Aolor los acontec : múntos,de Quintero3. (A poyados -gen érale*.) 
El Sr. Bello. Esto me gusta. 
. El Sr. Ministro. Somos hijos de un país en que la clemencia imperial 
nunca consintió que quedasen siquiera en las cárceles olvidados para siem- 
pre^ aquellos que alguna vez so olvidaron de sus deberes, y fueron estra- 
viudos J>or el ardor é irritación de sus pasiones políticas. Somos hijos, se-* 
ñores, de un pais, que desde su independencia no vé la sangre de los brasi- 
leros caer de los patíbulos por causa de sus opiniones y escesos políticos. 
No hemos sufrido los grandes dolores de las épocas revolucionarias y por 
lo Imsmo lío podíamos dejar de sentir profundamente los sucesos de Quin- 
terna, y de desear ardientemente que esa pághia de sangre de la historia déla Me* 
pública del Uruguay, pudiese ser arrancada de su historia. (Apoyados genérales.) 
Era imposible que el gobierno del Brasil no representase las tenden- 
cias' y los sentimientos del pueblo brasilero, deplorando' como lo hizo los 
fusilamientos de. Quinteros. (Muchos aplausos.) 

;..; Eí-Sr. Mendoza. Es lo que he lamentado, que el gobierno no hiciese 
pública esa opinión suya. 

- El Sr. Ministro: El gobierno por su ministro en Montevideo, y por sí, 
hiÉO' lo que débia hacer, ¿y podia hacer mas de lo que hizo en relación á 
ese acontecimiento? Veamos lo que hizo: nuestro ministro, señor Amaral, 
representante fiel de un pueblo libre y esclarecido, fué el primero de los di- 
plomáticos que corrió á la casa de Gobierno para solicitar en nombre de la 
htttttanidad y en nombre del Imperio, aliado fiel y sincero de la Repúblca, 
ei perdón de los comprometidos en Quintei 03, y si el tiempo no hubiese 
sido tan corto, en velación á las distancias y á las circunstancias de tales 
épocas,]* generosidad del Presidente del Estado Oriental habria producido 
sus saludables efectos. 

M Sr. Mendoza. Aun cuando no hiciese yo otra cosa por la causa de 
la civilización y de la humanidad, bastábame haber provocado esta es* 
plisaron de parte de V. K. ■ 
.; El*Sr. ministro. ¿Pedia nuestro ministro hacer mas délo que -hizo, 

14 



-ÍOO- 

podría comprender de otro modo los sentimientos del Brasil y ios deseos 
de su gobierno? 

El Sr. Mendoza. V. E. me está obügaudo á discutir, 
• El Sr. Mendes de Almeida. Relativamente á aquel gobierno el nuestro 
debió hacer todo para evitar semejante carnicería. 

Un Diputado. Tara qué hablar de eso? 

El Sr. Mello. Este punto no es del tratado. 

El Sr. Ministro El gobierno no podria hacer mas de lo que hi*0, por- 
que él no puede intervenir en los negocios internos de un Estado inde* 
pendiente; ningún gobierno del mundo puede con justicia decir al Estado 
Oriental: vos no practicareis esto, en lo que respecta á su política interna. 

El Sr. Bello. La especialidad del gobierno del Brasil le daba derecho 
á ser ma3 esplícito en la reprobación de aquel neto. 

El Sr. Mendoza. Y cuando se e*tá interviniendo. 

El Sr. Ministro. No podia el gobierno emitir un juicio de aprobación 
ó reprobación. 

Voces. Si, debia. 

El Sr* Franco de Almeida. No, no debía. 

El Sr. Bello. Debia, aunque solo fuera en nombre de la humanidad. 

El Sr. Ministro. Hé flquí lo que el gobierno imperial hizo, y lo qne 
podia hacer, luego que tuvo conocimiento de los sucesos de Quinteros. 

Leeré los tópicos do la nota del señor vizconde de Marangnape reía-» 
tiva á esa deplorable ocurrencia [Siendo profundo']. 

El señor vizconde luego que leyó la noticia Hegadaal Rio Janeiro de 
los acontecimientos de Quinteros, y recibió el gobierno imperial los despa- 
chos de su legación, dirigió al señor Amaral una nota, eu la cual están los 
siguientes tópicos. [Lee.) 

« Los esfuerzos de V. 8. para hacer suspeuder la ejecución de esas ór- 
denes son muy laudables, y merecieron la aprobación de 8. M. el empera- 
dor, que sintió profundamente no tuviesen el resultado que era de de&ear 
en bien de la humanidad. 

« Bueno será que V. S. en tiempo oportuno y en términos los mas con- 
venientes y amigables haga ver al ministro de Relaciones Estertores ouadi 
sensible tué á S. M. y á su gobierno la ineficacia de los primeros pasos da- 
dos por V. S. para aquel fin. 

«Era en verdad muy criminal y altamente punible el procedimiento de 
los rebeldes; pero desarmados, lo que correspondía al Estado Oriental, era 
hacerlos procesar observándose las formalidades legales para ser castiga* 
dos, si no se diesen circunstancias que aconsejasen al menos respecto de al* 
gunos, la conmutación de la pena ó el perdón como suelen practicarlo los 
gobiernos que se dirigen por espíritu de moderación, y de que ha dado 
algunos testimonios el gobierno imperial coa los mas benéficos resultados, 
en las rebeliones ocurridas en varias épocas y en diferentes puntos del 
Imperio. Una amnistía concurriría mucho para serenar los espíritus co- 
mo tanto conviene á e6a República, á fin de poder entrar en hábitos con$- 



— ÍOI- 

ti'tucionales, de acuerdo con la política de loa tratados de 1851 entre ella y 
el Imperio». 

(La mayoría y la minoría, duraute esta lectura, dan vivas señales 
. de adhesión á los sentimientos consignados en la nota del gobierno impe- 
rial, y lo manifiestan al terminar la lectura con apoyados y apartes significa- 
tivos, que no se pueden tomar por partir de todos los lados de la cámara.) 
(El Orden, de Buenos Aires, 15 de Julio do 1858.) 



LAPRENSA INGLES A--QTJINTEROS. 

Oigan todos !! 

Oigan Iqb amigos de la liberfady de la civilización para que su corazón 
se regocije y rebose de entusiasmo ! 

Oigan los malvados, para que la conciencia les grite una vez mas, que 
han sido unos bandidos, hacieudo derramar la sangre que manchó los cam- 
pos de Quinteros ! 

O-gan los sostenedores del gobierno degradado de Pereira, lo que la 
prensa mas libre del mundo habla sobre sus hazañas ! 

Oigan los aliados de esa causa sangrienta, como se espresan los órga- 
nos del noble pueblo inglés ! 

Oigan todos, por fin, lo que dice el «Liverpool Courrirer», periódico in- 
gle* que se publica en Liverpool, sobre las cosas de estos paises. 

Ks lo siguiente, notable, y mil veces digno de leerse. 
., « Mas sobre Montevideo. El Ministro Británico en Buenos Aires, ha ra- 
sado una ñola en contestación á otra del gobierno del Paraná, manifestando 
su desagrado como representante de una nación civilizada, sobre el bárbaro 
y cobarde asesinato cometido por el gobierno de Montevideo, de quien el gobierno 
ó imjor dicho, el Gefe del Grbierno del Paraná (General Urquiza), aso- 
ciado con el del Brasil fueron asonados ó cómplices. Esta acción de par- 
te de nuestro ministro, ha sido altamente aplaudida por todos los ingle- 
se* resideutes en esos paipes, y solamente es de deplorar que nuestro go- 
bierno no pueda tomar medidas mas eficaces para contener d esos lebreles 
sedientos de sangre, verdaderos discípulos de liosas y Oribe, quienes cada 
ano, cada mes, ansian porsaciar su sed de sangre en sus victimas — sus ene- 
migos políticos » 

(La Tribuna, de Buenos Aires, Julio 18 de 1858). 



CUESTIÓN RIO I>E LA PLATA. 

■ ■ E paquete nos ha traído otra porción de notables discursos pronun- 
ciados en las cámaras brasileras sobre los últimos sucesos del Estado 
Oriental. 

Iremos publicándolos sucesivamente; por hoy no queremos privará 
nuestros lectores de las significativas palabras con que terminó un estenso 
y brillante discurso, el diputado Barboza da Cuhna. 



iHallándome bastante fatigado y siendo la hora muy avanzada» coa* 
cluiré diciendo: un gabinete que negociando un tratado con la peqaeSft 
Kepública del Paraguay no supo obtener ventajas que estuviesen 4 1* 
par de los sacrificios y preparativo* hechos para obtenerlo por el medio 
consagrado por el derecho de gentes [apoyados y no apoyados]; un gabinete 
que interviniendo en los últimos Acontecimientos de la Banda Orieuttl 
no supo ser asaz previsor para evitar que eso* acontecimientos terminasen 
de un modo cruel, contrar o á las luces y la civilización del siglo [apoya* 
dos y 110 apoyados']',, un gabinete que infeliz en colonización, mal sucedido 
en el simple espediente de remesa de tropa-», ha perdido ya todo el pres- 
tigio para poder realizar su programa [apoyados y no apoyados]) tal gabinete, 
señores, solo tiene delante de sí un medio patriótico para hacer olvidar 
sus errores, y ese medio es renunciar el pohr pura que pase- á otra¿ ma- 
nos, que mus felices ó mas hábiles, sepan comprender mejor las necesida- 
des del país y satisfacerlas [apoyado* y n o apoyados], 

[ Muy bien. El orador es cumplimentado por algunos señores Dipu- 
tados, ] 

(ídem, idem:) 



QUINTEROS, 

Hé aquí algunos párrafos de un artículo que escribió D. José Garanto* 
«El Liberal,» fecha 19 de setiembre de 1858, y publicado en esta Capital. 
Este artículo le valió á su autor que le suspendieran la publicación del 
diario. 



Quintero^ dejó hondas raices de eucono en ciertos corazones; enconóte 
que según toda apariencia hanse extinguido ya. Quinteros habrá quizá dar- 
do margen á versiones poco favorables sea para los promotores de 1 1 últi- 
ma convulsión política, sea para los que se mantuvieron neutros mientras 
duró, sea para • 

Quinteros Via sido el teatro de aciagos desastres, pero lo esperamos 
fundados en el rumbo que siguen nuestras cosas. — Quinteros habrá sido 
también el golf ) en donde para siempre habránse sumerjido las ideas dé 
revolución que en tolo tiempo íueron el móvil y el jérmen de las desgra- 
cias de muchas naciones. 

En Quinteros, C3 verdad, desaparecieron hombres denodados, y cuyos 
servicio* fueron en varias ocasiones útiles á la patr a. Pero desgraciada- 
mente se rebelaron con ira un Gobierno constitucional, y murieron!!!! 

Veneremo3 sus cenizas!!!! Aunque sea indecoroso y opuesto á nues- 
tra religión, el hombre puede odiar á su semejante hasta la tumba, pero 

mas allá no! no!!! Muchos de ellosdejuron familias en la última mi*. 

seria, esposas sin amparo alguno, hijas sin educación, pariré* desvalidos, 
madres infortunadas, heimauas y hermanos inespertos á los ver- 



-3333- 

dtírtérós patriotas y sinceros amigos compete el darles uu amparo y una 
protección. 



Ante la ley de. Dios somos y seremos iguales; pero en este valle de 

■fcAoftiMAfc, no.— * Debemos obedecer al Superior y acatar sus mandatos. 
1 "• Por lo que nos toca, así lo efectuaremos. 



QUINTEROS. 

Un año há ya que una nube sangrienta levantándose de las orillas del 
-Ria Negro oscureció -el horizonte de la República Oriental envolviendo 
en su* lúgubres -pliegues á centenares de familias. 

Un grito de reprobación uniforme y fuerte resonó desde el Plata' hasta 
los Andes, desde el Istmo de Panamá hasta el Támesis y el Sena, y halló 
eco en todos los corazones humanitarios y generosos. 
• El General Urquiza que tuvo la imperecedera gloria de devolverá 
4os tmenos orienta es la benéfica paz poniendo un dique á los odios de 
partido coa las sublimes palabras no hay vencidos ni vencedores, fué el 
primero en sentir profundamente el fin funesto de los Qefes rendidos en 
ol Paso de Quinteros, muchos de ellos compañeros de gloria y fatigas en 
la memorable jornada do Caseros y dignos por sus antecedentes de una 
suerte menos triste que la que les cupo «pesar de los empeños que «e pu- 
dieron en juego para salvarlos y evitar al pais un espectáculo indigno de 
sus nobles sentimientos. 

Y sea dicho en honor de la verdad y la justicia:— el Gobierno Argen- 
tino por medio de su representante en Montevideo, siempre magnánimo 
'con la desgracia, impetró ardientemente la concesión de la vida á los ge* 
fes prisioneros, siguiendo tan noble ejemplo otros diplomáticos estrange- 
ros interesados también en que no se derramase inútilmente una gota de 
sangre. 

Desgraciadamente, tan laudables estuerzos no pudieron impedir se lle- 
vara á cabo la sentencia fatal, y porción de bravos orientales que en dias 
mas felices conquistaron uu laurel para su patria,jfacr<m sacrificados á las ven- 
gazas de 

La revolución terminó. 

Triunfó el Gobierno, 
v Pero las lágrimas de la viudez y la horfandad corrieron á torrentes ar- 
rastrando una hoja de laurel tinta en sangre. 

Triunfó el gobierno, sí; pero un quojido prolongado y lastimero sofocó 
lwhurrahs de los vencedores 

Y la bandera azul y blanca que las murallas de la Nueva Troya y al 
fronte do Buenos Aires flameó orgullosa y pura com.> enseña de civiliza- 



cion y libertad, Be salpicó con la sangre de los mismos que la sostuvieron 
con honor; sangre que no era necesario verter para asegurar la tranquili- 
dad pública. 



El primer aniversario del fusilamiento de Quinteros, será siempre pa- 
ra los orientales de nobles sentimientos sin distinción de colores, un dia de 
duelo, porque en él, la segur de la guerra civil segó muchas vidas que quisa 
algún día d chimará el puis para el sostén de su independencia. 

Los partidos deben callar ante el espectáculo de la muerte, y tributar 
una lágrima á la memoria de las víctimas. 

En cada aniversario del hecho de Quinteros, la gratitud debe levan- 
tar su voz para hacer pública la magnanimidad del Presidente de la Con- 
federación para con l s ciudadanos orientales asilados en la hospitalaria 
Provincia de Entroiüos. 

Nosotros, como orientales cumplimos con oso sagrado deber, repitien- 
do en esta ocasión lo que há poco dijimos en «La Época»: 

«Ojalá el desgraciado General l)iaz y sus companeros de sacrificio 
hubiesen alcanzado á ampararse del General Urquiza! Habría sido par» 
ellos un ángel de salvac on y un generoso amigo, como lo ha sido con 
sus demás compañeros, concillando bus deberes como aliado del Gobier- 
no, con la altura y generosidad del guerrero valiente y del hombro caba- 
llero y humano.» 

Al evt car este recuerdo amargo, en el aniversario de Caseros, que 
trao á nuestra imaginación la nob e figura del bravo é inf rtunado goue* 
ral Diaz combatiendo y triunfando al frente de la Divis-on Oriental, invo- 
camos eu nombre y la memoria de todos los mártires, no para pedir veu- 
ganza, sino pura pedir perdón generoso, y que la sangre de aquellos bra- 
vos, sea U úhinm que empañe el lustre de la gloria del Pueblo Oriental 
eti lucha fratricida. 

(La Época , do Ei tro-Rio*, 2 do Febrero de 1850.) 



SIGTJE r-A. SANGRE. 

Todavía no h* saciado su sed de sangre el Gobierno de Montevideo. 

£1 capitán Colorado 1). Agustín Silva residente en FajG*udú, j 
que no había tomado parte en los últimos sucesos, ka sido arrancado de s* 
cama, donde se halaba f/»/er?wo, por O. Diego La ni h 8, y fusilado. 

El «dcliiu* que se ha «castigado» en el desgraciado, ese! haber sido 
Colorado. 

Como ?e ve, la efus'on de sangre no cesará nunca en la otra orilla, paet 
cuando haian c-ncluuio con los colorados empeoran á despedazarse 
os rnUtnos ta¿Cvi, puesto que esa es geute que no puede vivir sin ver 



— ios- 

*arw la sangre de sus hermanos. 

^Bárbaros ! 

La desgraciada viuda del capitán Silva acaba de llegar á Buenos Ai- 
res hhyetHÍo de los cobardes asesinos de su malogrado esposo. 

La reeoitte&o'amos á la cora sion que se encarga de la d stribucion de 
lo* feudos recóteewlos para favorecer á las familias de los mártires de la 
Libertad Oriental. 

(«Les Debate*,* de Buenos Altes, de 4 de Marzo de 1858.) 



I» ARA. EL ESTERIO». 

Graves acontecimientos han tenido lugar en ei período que lia me- 
diado entre la salida del paquete anterior y del que conduce Ja correspon- 
dencia de Marzo. El partido de las tradiciones de sangre y ruina, de con- 
fiscación y degüello, ha conseguido sobreponerse en Montevideo, merced 
á la intervención del Imperio del Brasil en los negocios íji'ernos de aquel 
Estado, marcando su reaparición en la escena política con un crimen de 
tanta iniquidad y alevosía, que no tiene igual ni aun en la época de la tira- 
nía dé Rosas. 

Según resulta ahora del Mensage del actual gobierno del partido de 
Orbe, á las cámaras que impuso al pa ; s, una alianza oculta se habia celebra- 
do entre el partido de Oribe, el Brasil y el general Urquiza, y grandes au- 
xilios pecuniarios y de guerra se rec bieron del Brasil, y fuerzas militares 
del Entre Rios pasaron á territorio oriental á atacar á los que combatían 
por sus libertades. 

Mediante esta cooperación sin límite*, reconocida tal por el Mensage, 
pudo el gobierno que oprime á Montevideo poner en campaña una colum- 
na bastante fuerte para dispu ar á los amibos de la libertad las consecuen- 
cias del triunfo que ellos habian obtenido en Cagancha. 

No queriendo talvez el general Diaz, que se habia puesto á la cabeza 
del partido de la Ibertad, aventurar nada á la suerte de las armas, antes 
dé comprometer una segunda batalla, engañado sin duda por folsos anun- 
cios de fuerzas reunidas del otro lado del R'o Negro, buscó su incorpora- 
c ou, y se puso en retirada ante la columna que probablemente hubiera 
batido Bal éndole t>l encuentro. 

* Este error ó engaño d ó un triunfo fácil al partido de loa degol'ado- 
rés. Los poderosos elementos con que los departamentos ele Minas, Colo- 
nta, Mercedes y la emigración oriental en Buenos Aires hubieran impreso 
vigor á la revolución, quedaron a ; slados, sin poder concurrr á la lucha. 
La retirada sembró el descontentóla desmoralización cundió en las tila* de 
los libertadores, que se hallaron vencidos, sin 6er batidos, después de una 
Vetolia que dtbió tener un inmenso alcance. 

" Alcanzados en la retirada, el general Diaz prefirió evitarla efusión de 
sangre en una batalla desigual, en que á su juicio solo la energía de la des- 



-loe- 

esperacion podría equil'brar las probabilidades, y propuse* wna<^ ; tóítóo»* 
militar, que el enemigo aceptó según sus propios partes oficiales, también. |¡Dt la 
misma cons deracion de evitar la * fusión de sangre.' • • • .i. 

La capitulación fué abordada, escrita y canjeada, Por ella fué estipulado»? 

3ue los gefes capitulados pasar an al Brasil con sin respeotvn$<p.»s.*poifteB f 
e*de el campo de batalla, y les estnba garantida la vida y la;l feerted á-to* i 
dos los oficiales y soldados, quedando el general Medina, yol «órófieidD.J 
Dionisio Coronel, general en gefe el uno, y gefe de vanguardia. e}of;ro« 
personalmente r^sponsableSjbajo au palabra de honor, del ft*l cumplimien- 
to de lo estipul do. 

Se envió en efecto sus pasaportes d los gefes capitulados, en ejecución de la 
capitulación; pero apenas, habian entregado sus anua^l s oficiales y solda- 
dos, ee les puso en prisi'u de guerra como á todos los oficiales y tropa 
mientras se daba parte al gobierno en la capital. 

Él gobierno que oprime á Montevideo, consultó el caso con el Ministra 
del Bivsil, el protector de quien dej endia, y el resultado fué espedirse la . 
orden de v'olor la capitulación militar, pasar por la% arma* á fcodos los gefes- 
en número de veinte y siete, y quintar & l s oficiales y soldado*. 

Los capitulados eran los mejores soldados de la República, y. Jos mas . 
altos ciudadanos. Importaba de consiguiente al Brasil,' que trabaja por 1.a 
absorción del Esta lo Oriental por el Imperio, arrebatar á la defensa de la • 
independencia Orieu'al tale* campeones. h< dignidad, la humanidad, la 
moral pública, nada importaba á 1 » perfidia de ese Imperio de B orgias, á 
ti ueque del provecho material inmediato* que reportaba de esa horrible . 
hecatombe. 

El espectáculo fué espantoso. El partido de degolladores se entregó i 
sus hábitos de matanza. So mató por espacio de cuarenta legua?, desde 
el Paso de Quinteros, lugar do la capitulación, hasta la frontera de Monte- 
video. Se mató a fusil, a lanza, d cuchillo. ¡Se mató en grupas y uno i uno. 
Lot. estrangeros fueron todos degoiados por estrangeros. Los que quedaban re- 
sagados en la marcha, de c*nsane : o, eran lanceados» *. 

Cada vez que se di.ba de beber á los prisioneros, eran degollados ajgu- 
nosen las orillas de los arroyos. Al fin do cada comida [decían] efe postre de-, 
gollaban otros. Así llegaron hasta Montevideo que uo fué el término de esa 
atroz carnicería, pues allí fueron degollados también en las cárceles.y en , 
los cuarteles. 

Ese alevoso asesinato de ciudadanos indefenso* que habían entregado 
las anuas á la fé pública de tres gobiernos y al honor militar de dos gefes 
superiores, ha manchado con sangre de mártires á la corona del Brasil y 
á sus cobardes aliados, el partido federal de la Confederación Argentina y 
el partido franco del Estado Oriental. Los inmolados eran del número de 
esos ciudadanos que por sus antecedente?, sus servicios, sus cualidades y" 
su posición, lubian alcanzado osa especie de inviolabilidad de que gozan 
en los pueblos civilizados los hombres eminentes de la sociedad por algún 
título. El general Freiré era un anciano, uno de ios Treinta y Tres que en 
1825 acometieron la.andáz empresa de libertar déla dominación brasilera* 



i su patria, aue libertaron,, ¿El general Diaa era el gefetde la División 
uríeulat en la batalla de Monté-Caseros, que eppcluyó coa le» tiranía; tte 
Rosas, y la mus culminante figura de qsa batalla. M coronel, T*Ú es. é*a el 
Bayardo del Rio de la Plata, sin miedo y sin reproche; cada acto de su 
vida era un rasgo de yaJor y de hidalguía* de generosidad caballeresca y 
fl¿ brillante arrojo; laborioso, .honrado, modesto en la vida privad%como 
lleno de abnegacíou y cíe heroísmo en la vida pública. Los definas eran jó- 
venes valiente.», honrados, inteligentes, que teuian el culto del patriotismo 
J la relijiou del deber 
r Jfoy eoiv mártires. 
' ¡*' t í¡os yerdugos son— el imperio del Brasil, el general Urqutea y el par; 
tifló federal de amias orillas del Plata: el antiguo partido do Rosas y Ocfc 
be, no fué, mas que la personificación de la* ideas y sentimientos de ese 
pérfido.; 

{«Los Debates», do Buenos A i íes, de 4 de Marzo de 1858.) 



MEMOBAinOUM BÜt feAiBIlSETÉ INGLK^ AL 
,.-,:-; GOBIERNO IME MONTEVIB3BX). 

. i • 

:•■, («; JM gotf : fcriio de S. M. ha sabido con horror y disgusto la solución de 
ir Jos wqesoe qw han tenido lugar eu la República Oriental, y al d< spachat 
ir la mala del paquete, queda á la consideración de la corona sí el gobiér- 
VP^d 6 & M*. rfcttranió no su ageite cerca de un gobierno que Se ha 
« jWAHcíiqdo opn los crímenes mas odiosos. » 

w:«' ¡9°*- ■•**•• palabras el gobierno de 8. M. B. juzga y califica el infausto 
acpvteci^je^to de Quinteros. 

Si los hombres á quienes toed la tristísima* suerte de ordenar el holo- 
c^flstx) revolucionario que tantas lágrimas costó á las dos Repúblicas y 
tÁRta» humillación 4 nuestro país, merecen la marea d* infamia que boy» 
quiere grabar sobre sus i rentes la garra del león inglés, ó si por^l contra- ¡ 
iWf^%?J£»^<*s d^ti misericordia ibplom¿t»eá que tantas veces «e api i& eu 
parecidas circunstancas, lo juzgará la hietoria. •"* -"^ 

Lo que ^nosotros nos parece algo singular, es el ver i uestro señor y co- 
lega de la mana na rategí* i*er cfrtt fcj*la'su¿ataia pcfr el tnetófívrairrlótí, : eomo 
si hubiere sacudo la mejor suerte de compadres el di? de 8. Pedro. 



Si no fuese el deseo, la intención de oprimir al Brasil indirectamente 
oprimiendo el Estado Orientaren su^ raj^ac^ta^^^l ^bínete inglés ha. 
bria callado al fietí&^Ie & rwéñémbe at tym&os, como se c*Pó frente ¿ 
U tiranía de Rosas, como se calló frente ai dos de D ; ciem})rf , como se oall6 
ftftaHfeMrtfrig cínctíttótenc^s. 



^J*I¿ mmétié FáfifÉefc*; fce'ÜueW Akee, 8¡ <fe Ju¿S de 1**8 y redactada' por I). Nl- 
COÜAS A. CALVO, aliad* del gobtera* del Sr. Fcreira]. 

15 



-íoe- 

LOS ELOGIO» AX, ORÍ ME IV- 

.-■■'■-Lir equiparación de la virtud con el crimen' trae por co^secü^íi^^ 
entronizamiento de e*te último. r ,' .^ { r 

>Un ejeibpló de esto tenemos en la apoteosis de Oribe cou'Qft¿riftfr$ 
pertescuela. ' ;> '*[ :) \ r i'~ f 

Hoy se le tributan de nuevo honores, se vierten lágrimas rófew/t^^ 
retro, oon motivo de la traslación de sus restos á la TTiiiou; mañana .toádre- 
moa otro Quinteros entre los mismos autores de estas inmoralid&leá! 

¿Y cómo puede suceder de otro modo? El ensalzamiento del criníeij 
solo puede producir crímenes. : - : " , .l " 

Se nos presenta á Oribe como el defensor constante de las libertades 
de. bu pais, cuando fué el que mas se esforzó por bollarlas tfl servido de 
Rosas. ,"'■ % " \ ] 

líos lo señalan como el primer campeón déla independencia ¿(9. Su 
patria, cuando hemos visto qqe se vendió al Brasil, el mayor enemigo *Ié 
ella. .... 

Hombre virtuoso le llaman, y le vemos alevosamente asesinando á Flo- 
rencio Várela y enriqueciéndose con los bienes do sus víctimas. 

¡Qué contraste el de Montevideo ^ontfuen?» Airfcft en.dQitit'WMJben 
su apoteosis los hombres que verdaderamente pelearon per el bien de ese 
pais! 

. Los restos de Alvear, quo salvó su independencia en 1827, reciben en 
Buenos Aires los houores á que se hizo acreedor por su* servicios Ato citu- " 
sa de las instituciones. : :' •', ; : * * 

. Paz, que organizó su defensa en la heroica lucha de diez ano^ittuertf 
en Bueno* Aires y el pueblo en masa va á regar cen ligrimas su trirtlftk.' 
- „ Pacheco y Obes, el que organizó el núcleo" de resistencia contra Tifosas 
después del Arroyo Grande, cuando todas las esperanzas estaba» mStátó*»», ; 
recibe también honores fúi.^bre*. ■ * ' 

En Buenos Aires, por último, se hacen espléndidos ftñierales, á ? 1óé 
últimos mártires de la libertad en la margen derecha del Plata: pliiz, Freí* 
re, Tajes, &. &. ' ■■'• *' 

Üíteuno6 el Quinteros de Buenos Aires loscanonizadores de Aítigtf» f' 
Oribe * • . # 

("La Nueva Generáoron", de Buhaos Aires, taba 27 de Abril ¿e 1858.)- •.. >f **. 









r,A. espada r>E saba!ndí, . . -:> \\ K 

- El general San Martin padeció la aberración incalificable de taga¿fu, 
espada á Hosas. 

Si algún homenage hubiera podido prestigiar á up gabiqr&o et la He- 



k 



púB^^X^jép^iua/Qrív'siii ^diicta el deí vencedor de Chacabsjco y Maipú, 
Jibéfi¡radiWaé tres Jiepúb^casy el prinúr guarrera da. ía A,m?rica. del áud 
eu la lucha homérica de ']& independencia de uu mundo, ...... 

, Sin embar.ro, la espada de $an. Ylartiude nada valió á liosas en Q&se- 
ros.' ffl'bHzo del Ufano no sabia esgrimir rúa* que la citqh Ha del verdugo 
y,eT^34Vdérafié3Íno. ka esquía del herpe era demasiado pesada para su 
mahft'y 'ñl ktiu puáo desenvainarla en Ja hpra del peligro / -. x . 

v Despues.de. |a. : aberración de San Martin, ¿qué. tiene de estraao que Jos 
hijas def geiVdral f¿avalleja Hayan enviado de recalo la ospada cbu que aba-/ 
tiósu padre en Sarandí la prepotencia del imper o del Brasil, al degrada- 
do sftéjá cjue hizo asesinar en Quinteros á os héroes de. la independencia, á 
los ediiípaBerós y sucesores del general Lavallejji. 

h $\ 'eTgbfedelos'Treiñta y Treí pudiera tevui tar.se da la tumba,; sus b¡n. ¿ 
jos .caerían A sus pies de, rodillas pidiéndole perdón de la profanación que 
hatf tíécho (1q sus glorias, poniendo, la espada de Sarandí y ia ban/lera dej,. 

Arenal *Glriinde eii mañc^ de los asesinos de Freiré. . • 

r .jr /:- i* c • * .•!•'■;-. »* . - • • - 

El general Laval^eja murió en el partido de la libertad, designado en 
Montevideo con el nombré' de partido eó'orado; murió ni fVenté de éso par- 
tido, declarando y proclamando en voz alta, que en él estaban I03 princi- 
pios de toda su vida, y que. solo lo íjtpompañ^baájajj.tuu^a el dolor de no 
haber comprendido autfes \jnVese nab'a sido sii puesto y que \\\\ error lo 
hftbÍ&.fUUft3tjL % udaá permanecer entre los enemigos de su patria. 

,.J?Lgeneral LavaUeja fué elgefe del Gobierno Provisorio que en 1853- 
«igllfi^ó ej triunfo del pattido de la* libertad, la caida del partido 'de Ori- 
be $ Hmm u\ : v '..--•• . *- \ ■-. "; : . .; 

.<JBifc ^fee puesto, al frente del gobierno que Combatía al partido Mancó/ 
lo (Uftfigiftrói.lft innerte,y bajü A lu tumba maldecido por Ib V s ; oar os de'tto- ■. 
sas y Oribe, y honrado por el pueblo', que hizo una grUti m1uiiost9.cion.de' 
dolo*; -sobre Su sepulcro. ."■■; - ¿ • ^ 

*}$Jj4$Q*jnatode Quinteros hirió, pues, á la tradición del general tk- ' 
valfeja, insultó su memoria en las dos glorias de su Vida, en* la de gefé~d'ó ; 
los Jr^intay. Tres en lS25,e4í la-de. geíe del Gobierno Provisorio en 1853. 

% ..Él\gftfe.de.Jas.Treinta y T*es, ha sido de coas guíente insultado en el ■* 
bonvwwfeft i loa ■asesinos díe Freiré, el último de los Treinta y Tres digno . 
de $ft tr*dickw, tfue . selló etm el mart rio por la libertad el heroísmo £br la" 
independencia, después d*TátiNTA r tres Altos do la cruzada de los t¿biít- ■ 

TA X. TRES libertadores l! !• . • 

j¡l ££fe. del Gobierno Provisorio ha sido insultado en el horaenageá 
Jo8ft§fifiiju.as de Diaz.yde Tajes, su* compañeros de causa, sus corre! igio¿ 
nari§g polJUieoí, asesinado&^n Venganza de haber elevado áf geuefal Lüva» 
Heja t ^ií^l85Sá la primera magistratura ;dél Estado en feigfíifieacioñ del \ 
trii¿^j4e>Aa,liberfca^ y déla independencia. 

s&o^íy^dolgíMierd'íLiílvaHqa • etft -menores de"edad. \NV> saben ¥v Vjttér : 
han hecho San Martin era un grande hombre, un anciano lleno de #á<'i¿¿ -"i 
riencia, y padeció la misma obcecación que esos uiños, 



-HO- 
Pero así com > la gloria de !a espada de San Martiu uo escudó & Ro- 
sas de la infamia, del crimen y de la maldición del uuiverso, así la ?spp4* 
de Lava'leja no librará de la maldición de las generaciones y de 1* inffypja. ■ 
de la alevosía á los cobardes asesinos del paso de Quinteros. 

No s i da honor al qae no lo tiene. 

Los hijos del general Lavalleja no pueden hacer qae los hombres del 
actual gobierno de Montevideo no sean inicios, cjiii > los ha llamado la In- 
glaterra por el órgano de sn dipl-rancia; can\ba'e3 } como I03 ha apellidad i 
el pueblo del Brasil por el órgano de su prensa. " 

í\>r otra parte, los hijos del general Lavalleja no pueden dispoier de 
lo que no les pertenece. 

La espada de Sarandí y la bandera de los Treinta y Tres sou propie- 
dad de la patria y e3 nula la adjudicación que hacen de ella & hombres, y 
s»bre todo á hombres inhábiles por la lev, que inhabilita á I03 criminales 
para ser depositarios de los tesoros públicos. 

La glor a es una propiedad del pueblo, que aut >riza á los gobiernos á 
declarar la guerra para revindiearla de los gobiernos que la profanen. " ' ' ^ 

¿Cómo toleran que la profanen los malvados, cuaudo no se consiente' * 
su profanación á las mismas naciones? 

£«Los Debates», de Buenos Aires, fecha 30 de Abril de 1858]. 



LA. PENA DE MUERTE. 
• •••••••••• •••••••••»*« 

Los Debates para oponerse á la abolición de la pena de muerte y la 
creación de una penitenciaria, nos cita los ejemplos de Montevideo f. 
Chile; la horrible sublevación de los presidarios de estay los asesinatos co- 
metidos por el partido blanco de allí, por m mos de asesinos sujetos al cas- 
tigo de los tribunales del pais; consecuencia: 

En toda la superficie de la tierra, desde un polo al otro, derríbenle to» 
das las penitenciarias, mátese d todo criminal; para cada asesino un patíbulo; 
tantos crímenes, tautos fusilados. 

No. A los malos partidos, á los partidos sangrientos jamas faltan hom- 
bres con que hacer sublevaciones como la del Estrecho de Magallanes, ni 
Pozos ni Vilazas con que degollar á ilustres ciudadanos. 



De dos males; el menor, y la sublevación de Magallanes y las canree* 
rías de Pere.ra son menores males que la existenc a de los patíbulos, pues- 
to que estos se levantan sin neces dad, derraman lo mx¿ sangre, y aquellae 
obedecen á las leyes neces trias y misteriosas de la* revoluciones de los 
pueblos. 



■-*ttet~ 

• •• ••• ••• ••• ••••••• ••• ••• ••• ••• ••• ••• ••• •••• ••• ••• •••• ••• ••• ••• •••• ••• •»•••• ••• ^••(•w*f4 • •••••^•<ítv ; jl 

(«La Tribuna», de Buenos Aires, fecha 13 de Jflayode 18W%) ;j '...:. ., | . 

■ - M \ ' ' " f — r ^~~' ' ' -V •' 

••!■■«-.■■ m- TTNO ÜEÑÓS. ' * . .:... \ ■ 

it( ^flf^f9ii.m^ 7 o4^Í:re^ocijo de la potación que solemnizaba *^*áh , 
v*raai;i¿! á$ Mayq;,atr»ve8abft,l4ií calles dsUunnos Airetí uft mod^t^ eorr* I 
voy JT^e^re, aji^Ueya^á a última morada loa reattfs dé uño d¿;l5ü temí» ■■ ; 
grados/ salvado de la carnicería de Quintero^. • "" 1 

Y : bo ^etydp er# también Quinteros (i). Tal vez de Una poción de 
su ^mil^babift. tomado el sitio, el nombre que deb a hacer céíéb^i ¿)ót- él 
martirio délos campeones de la libertad» ,: \. ; * ■ 

^.uportejo fiíiebne se componía de sus compañeros de prfcseriéiotí, v 
al ^fj¡t9,ca la tumba» cvípoMos decir el último adiós por tod^^f'q&één- ' 
treg^Qs.á.la.rierirad^' asi toy\ sucumbiendo alas privacietieír íftfl'desrtiiíó^ 
despeé) 4p^aJ)er;^<»pa4oá lateaba de loa jenízaros dé la titea í A Jyr'á'i*' 
cuchilla de sas veraagos, sin que su* compañeros de caüsa^tfó^ófti- 1 í,! 
biap picado de g^us sacritticios par <?l pan ni siquiera un puftadó dé ! lá Ver. 
ra natat &*$ echar . sobre su. cadáver, pudiesen mandar á la ieléAúfúiñWU 10 ' k 
otroicpnm^ qttjE¡ lft i$ea fa Qt*e Jo había acompasado hasta ef sefculcfr & la . 
religión de lá patria. * . v ..■?; ••ii^ < : «... o ^^:0 •>* ^■q«T->:í 

Cuatro orientales han satisfecho ya el tributo de huesos que la emU 
gracion paga al desiiecrov ; » •• 

(«SI Nacional», de Buenos Aires, de 26 de Majo Je 1859.) 

Publicamos á continuación uña carta de aquella ciudad escrita por 
persona respetable y digna de .entero crédito.. -.. Ui . • ? 

*fiétHhWh^qii*é!!Í rebela soh di3 : ía m : ^yor.imporUu«?iay miwfctraa » : 
en toda su desnudez la triste y-'eMtiea situación qué lfc está cabiendo & 
aquel desgraciado pais bajo la ominosa dominación del partido blanco. 

No hemos podido léér esa carta sin esclamar: pobre República Oriental! 

Lacartudice así: ■ ,■ .-._ . ..'■•■vV ■'. .. ' 

f Aqui hny grande aTarma, no sé si por puro míad^ ¿ por algún moti* : /^ 
vo justificado. Muchos.lo atribuyen á los temores de una próxima iutasio* í 
de Flores. '*'"". ... oum 

■La* tropas duermen en los cuarteles, las guardias se ref oeraaa y ae ^ -i 
anuncian ademas o 1 ras medidas preventivas y $e segur, dad*; •■«■ ... * ! i 

«Évia, el traidor liyiá, queh ; zo.áI bravo darías yietimá de sa falsía y*'- >'. 
de su traición, acuba dé recibir part? 4ei premio $& ¿ü p<4rfiáiatíelouer«í:^ 
po de artillería que manchaba ha sido .dUuéltq, sus Soldado» haii sidb Aff 



ttj^K' te&!énu X>; Juan Quinteros y de 1a Sierra, n>imo iwrinano 444«^4^f4% *W 



> ¡I 1 



-Xltf- 

tribuidos en los demás cuerpos; y él" y bus oficiales agregados simplemente 
al Estado Mayor Fasivo. ..-•{ .[ 

«El que inasha influido para eso, es el vasco asesino Bastar rica, uno 
de los mas fumosos satélites de Oribe durante el sitio de esta plaza, y 
hoy uno de los hombres mas ¡importantes d<? la .situación. Desemejante 
personaje se sirve el gobierno para matar orientales. 

;«£ypr pnsó ujm nota á la Comisión Permanente, pidiendo autdrfólfóton 
para^lebcaí? con el. Brasil el tratado detinitivo de que habla el prefinir- 1 / 
nar ¿e mus del año 28. Antes de enviarla, el gobierno llamó para cont&éh*''" 
ciar & Baudrix, ministro de Urquiza. " "'' ' fM 

r: cSe asegura que oí Papa ha escomulgado f\ este gobierno por erl aten- 
tado de, Quinteros y por. las especiales atrocidades ejercidas con referéndrá i ;' 
sobre los ¡tul anos tomados en aquella jomada. Í4J " 

. «A D. Tomás T<>mkinson, comerciante do los principales tle esta plüéa, 
se Id está siguiendo causa criminal por un mensage enérgico que míiridA £ " 
la administración de correos. Do la imparcialidad de bus jaeeóg deVé pHúf^y 
meterle un acto de le, ó una condeua á galeras; pero es inglés y hunde t^'/ 
ner qu^ mirarse mucho. .- " :1 " : - 1 

.'•Se susurra, para que nada falto, que habrá nuevos destierros, y ya sb ' 
nombran eutre jos favorecidos á personas de las ma« notables d¿l pais.' <: \* 

/«pe todo estQ resulta que varaos caminando /i pasos dé jigarit¿$ lb%? J ' ,J 
tiempos de Otorguéz ó Pedro Amigo*. • : ' " ■■•" /*''' rt 

(«La Tribuna, do Buenos Airas, focha 13 do Agosto dé 1856*):- i ■ " :ÍA *V 



H.A. GUERRA CIVIL EN MONTEVIDEO. 

■ ■ i y ' - x ■ 

CRUELDADES SOBRE LOS VENCIDOS . . -; 

La siguieuto carta ha sido recibida por el gefe de una «asa de uuep- 

tra ciudad, y escrita por uu residente de Montevideo: ' t llí# 

♦; u 
Montevideo, Marro l?..d> Í858. 

'.*'■' " r . 

«La siguiente tragedia que ha sido ejecutada el 28 de enero de 1868, ah 
un país que profesa la religión cristiana, forma la ma* ue^r* míyiclU deaa; (:V 
historia. Habiendo sido tolerada la libertad de imprenta hasta íTúés'det ano { ¿ 
anteiior; ciertos escritores de poderosa inteligencia, opositores al partido, 
manchado de sanare que ahora gobierna, levantaron el grito de oposición ... . :Jk 
ata abierta participación del gobierno en la3 elecciones para 1 1 legisla tufa 
de Noviembre último, y contra la aceptación del trata lo Drañléro, cónfée-, . ^ 
cionado.por D. Andrés Lamas, ministro de este pais en la corte del Bra^k, ' 
que, por lo meuos ora el primer paso para la ventado la Repúbli cas "* 
Kn esta existían dos partidos, uno colorado contra el gobierno, llamada É»-; 
¡orado y ttatto aliado del gobierno, llamado blanco. ' 



r¿#7 

»Bl gobierno, viendo que los cohmhs hd f vmx.$rñiii&& prog*jW>s .w*4* 
irfthdb consigo todas la* simpatías ¡Jólos eétrangüm^ y proyectando^»^ 
reunión {meeéing) en el teatro viejo para Jas .^lécuipiLe^ antas del dia nenala- 
dSi se resolvió & impedir este privilegio constitucional par uu edicto dg^ 
policía, y de aquí nació la prohibición de toda reunión política. 

«Desde esta fecha data la enética persecución del gobierno contra los 
colorados, principiando con taeepülsion de aígmioa de los hombres prinei* 
pales del partido de la oposición. Ademas de estos, mucho» fueron arbi- 
trariamente expulsados, y los que no teman i atención -ó. deseo da -mezclaras 
en la diapnta. El general César Diaz fué uno de calos, y del que ae dii^o ha* 
berse mantenido estudiosamente aislado, delata partea contendentes. El 
coronel Tajes también anduba tranquilamente eu negocios de compra de ga- 
nado para 'os $a*adei¡*ús por cuenta de varios comerciantes. 

#K1 general Cé*ar Díaz, repentinamente y sin provocación alguna de 
bu parte, recibió su pasaporte, con orden de salir de la ciudad en. el térmi- 
no úé 24: hora*. Kslc no iba acompañado de ningún aviso de raronjuatl- 
fi cable para tiru ilieeperaVe arbitra rielad. 

«]>e aquí puede decirse, nació la causa de ]a revolución. ,., , • ■ ■']*"! 
'■' f >HI general Cernir ítase dirigió para Buenos Aires» doajd«' se, habían 
refugiado los demás colorados; y como era de esperarse, estos dQ^terr**díj> 
a'éfeuhieron y resolvieron ir ti probar el ganar de nuevo bu perdida posi- 
ción por medio de un desembarco wi la costa de su .Uer^ ; a n^taUJClgenr- 
ítt15 J á¿6mf«?íiiao de 70 á &Ó hombres) llegó a éstej nuerjopomepl 1 priue¿f>á& 
écfEtoéitov y desembarcó eu la playa .opyesta, donóle J03 rsppdioi.aflaiftQS Jvtf 
ttítrdtí ritíttíérb^os amigos que ^e encontraban ya'o^exando cqntra el gobio»* 
n^, ri líitbiéndó recientemente obtenido una . seijial .aveitfAJad&> sobre» el ft^ 
jftf¿d,'jr ; l0s ^uc de hecho tenían la cípd¿ui casi ci.rcíuiwjadfL :\ , •* v. • ^ 
••» '''Ut'A'lfc Hejjada del general Dias, fué cploqádo i h ^haH, l <roftQ'fifll&tMfe 

éMHfW-títSí ' : .-.:', ::.' ".... . ;: ." ! .,v . > v >m\ ■«■..■'■■« > 



unijivu^gwv. , f . r ..-.-•..•■ . •, r..«J! i • ■ 

tr >'i\ímkipie tieínpo é^^odia^ségjirar que teju^q.'l^PQ i^ipO.hotnJwl© 
Él! Wf marcharon en dilección & San José parú interceptar i4^ai;9tt^44*<** 
Moreno v Dionisio Coronel, at^bos ^8p^radp8.cpn;fuüiaa^á í fov^ % 1 i<W'í go- 
iWhiW?^ ■ r * ' '\ . '\ .\"/" t ' V.'^ -'m:- .»'■-....■ /•'/.. «•*■*■ í^J 11 ^ 

«Las fuerzas contenHeritee "'; ;«e ijjeí^poi^firaróli-' ■í(©i , <5!^ deii WíB^ /^HSWMdHW 

y allí dieron una desésf'era'da fra.tafj[ái .'.r^úp^qp.uqÁ i&Wf 3?é r $4* W¿vAgl 

)>or ambas partes, jtáío i&á 3eci&<& yictórja 4&\* #»pW í^tfe^^W^r 

debida principalme^$ : £ |á;^^ 

' Catafli-ro y otros: \ "' l * ? *" !, .V- ,..'•,"''."' - ',!:.''*;.»?.■■ •;í;-ii.s¡p»' r '->'f.aü 

«Los colorado* ei/tpi^é¿^ar¿1^pra¿ ^bbyp $|ti^. J^ f "^Jj nujq _4^Í£9-#íWW*í> 
y levantaron allí contribuciones para proporcionara* ,4rU^tóf ¿^f^WÍ^' 
uniforajiee. La marcha (Jeques continuó dire,eterifjaut4 ^PWíffioiád^ rio 
JW£fo.*.' ; ' '\ t " ."' : / : '"' ' ( V m \. ' ,. i; . . i-ü '.'i j ^u-'j 

" ft ■* tfeéétle eí 'lU'óffipnfQ $* 1^ marcha á.SanVJosé,. coraeqaó .up&w&deUdfti 
itfjffrfttt&ifes füóvímloiitp^ qup qoricliiy<Í con e) desgraciado 4#asíá» 4$l 
pasa dé,Quinf£ros, feri blj&io X^gró/ Ji^cí^ dwdQ; ipaprB^B^Biwí* <• d í- 
rigWAhTrá'fbefóa^ b^ en<wti4éiix><>#aí4íh 



t^ftjerrts^uperióres, bajóla» ordénes del general Medita iquLefirflldSfr 
biérnó había enviado en bu persecución. . f : ¿./sifíiioi" 

■»■ -«Nb creo necesario estenderme" ab°ra sobre ío* errónea déVg994nl 
Pfaz,' pero dé paso diré que después de las ventajas obtenidas cu* ^yúqstA^ 
debió haber reasumido su posición dominante sobre la ciüdad^cqtf pl ob- 
jeto de evitar la reunión de Medina con la* fuerzas del gobierno (cQty* ¡ 4¿ 
400 i 500 hombres, tjon dos piezas de canon) y las que después dpi t#fy 
fuerera destinadas para el ases'nato de los colorados en Quinteros. . . 5|l : - 

«Pero sí se hubiese sentido débil y con poca fuerza par% emprqttdft 
ese movimiento, la prudencia v el buen sentido de seguridad para/ape oqpnr 
pañeros, debió haberle inducido A dirigir su marcha hacia la Coiop^ dan-* 
de en oaaé> de necesidad tcuia los medios de escape, y donde principalmeur 
te tenia la grata esperanza de que se le reuniesen mucho? amigos dester- 
rados anü eu Buenos Aires que estaban prontos á buscar su iueorporacioiu 

«Basta decir que el general Díaz tomó el rumbo que habiau tomado 
am enenrgos para caer en la trampa, y después su desgraciad* muotfrf 
Llegó al paso de Quinteros, en donde ge halló rodeado de fuerza^ muy su- 
periores, en una estension considerable. Habiendo llegado á este pinato el 
general Medina casi simultáneamente con sus coadyuvadores, liinniw* 
Coronel, Olxd y otros, cuya superioridad numérica muy pronto se hizo ver* 
rodearon á Díaz y los suyos. .........;., 

«¿Qué hacer pues, en este caso? Talvez César Diaz, por .tensor, dé. un* 
derrota ó por la errónea idea de colocar su vida y }a de auát.co^paifcrqft 
bajo la salvaguardia del general Medina (su antiguo enmarada de.arawf, 
Jj de causa), ha sido sin duda el móvil principal para dar un paso popo ¡jiub 
trfioable. No obstante, es sabido que él hizo proposiciones á Modín*, par* 
economizar la efusim de sangre. (Esta6 mismas palabras, bastaute elocuentes, 
se bailan en el primer parte detallado sobre las transaciones de^iÍ2itewR)f 
Una capitulación fué propuesta y aceptada, por laque fué estipulado, que 
Cellar l)ia¿ y sus oficiales depusiesen las armas y fuesen escoltados Ao*A? rf[ 
territorio brasilero. 

; : «Es necesario advertir aquí, qué casi todos loa oficiales compañeros del 
general Diaz, vehementemente opuestos ala capitulación, manifestaron sus 
tefeores^acereá de Tina traición. El general Diaz rechazó tal Idea, diciendo- 
ha * que aquello* que tuviesen miedo hárian hwi do escaparas: pueü él, por 
« *u parte, tenia (asnéente confianza ,eh la rectitud de su auiiguo cama»* 
«Wá él general Medina, y lá buena fé del presidente Gabriel A- Peraira». 
Una confianza tan inmerecida, un desden tan culpable y una total ausepcia 
d* t*rtior,mny pronto mostró á sus compañeros y al mundo entero la do-gra- 
ciada suerte dé sus gefes. ' '■ \ i m-.v-Í 

«Es necesario advertir ademas, que antes que se hubiera tomado eétfp^ 
paso, ni aun cuando se hubiera pensado, muchos de la caballería delgene- 
neíraí DWiz, conociendo que fru posición se iba haciendo cada vea rana Jf§p¡ ■ 
ligvosa, adoptaron el camino de sauve (¡uipeut, jr huyeron* ; '„ . \ ; 

•La primera insinuación del suceso de Quintémosse escribió i. la ctuj \ 
dad étSO'defcne'topor un oficial dé Medina, al gobierno. 



- ^/- • 
«El oficial, al llagará la casa del presidente, mny inocentemente y 

entusiasmada g<kó¿ im inmensa antaadd»» *?ente reunida allí, ansiosa 

de cono* ereí estado \ olíticot— vtodoestd cotuivdo; o rtbddcshan cap tuado*, . 

4*. &a. Aa. A este j obr* lumbre muy pronto he le hizo guardar ilencio, 

y «sale ordenó U'rmimuitemeHte que no dijtra otra cosa s nó que se hab an . 

rendido s u condición alguna ti irtnerai Díaz y *us moldado- í Kste mismo 

oficial fué conductor de una carta de D. Jo^é M 1 asáltanos (hermano del 

presidente del fcenade) ásumugerde laque, la siguiente es una traduo- 

cioo literal: 

".Durazno, Enero 22 ds 1858. 

.-; ? El port» dor de esta es el oficial qué conduce el parte oficial, que di- 
eeque p í do está concluido. Las fuerzas del general Díaz han capitulado ; 
erle con todos sus oficiales han caidb eu poder del general Médijia, inclu- 
y/^pdp ja Infantería, | or medio de una capituacten 

^ : *Este etypeso tuvo lugar en el paso de Quinteros. Tor cuyos punto* 
aiabos conten de u tes pasaron. 

- >- ir Felizmente, todo ha concluido sin efusión alguna de sangre, César Díaz, 
Tajes, Poyo y todos loe oficiales pidieron ser conducidos al Brasil. IX 
WoniaioVoronel los debe escoltar. 

^¿ « Firmado —José M. Castellanos». 

* El hecho dé la capitulación está así claramente establecido, y es fuera 
dtf toda «urda, no solamente por la precedente carta de nn blanco, sino por 
cifcntós de testigos oculares que han tenido la suerte de escapar, y otros 
qttfc han «airado por parentezco, amistad ó hermandad. . 
!rf Ahora, señor, voy á hacer una pausa para darle un tipo de indios ci- 
paws, que se halla entre este pueblo, que profesa la religión de Cristo, que 
se'lftsonjjea de ser civilizado, y que ha imitado én alguna manera ¡el refina- 
miento europeo ! 

... frióte eatet solemne contrato, el Presidente D. Gabriel A. Pe reirá, su 
premier Ministro D. Antonio de la Carrera?, V. Federico Nin Reyes, Mi- 
nistro de la Guprrp, (Joronel A. Gómez (?), rennidpsen consejo, y delibe- 
riMÍanfient^, resolvieron usar de todo* sus poderes oficialesá fin de ocultar 
lí pación de >u infame proceder. Firmaron un decreto y una orden en- 
v1|4j^»1 general Medina para/i/áí/ar á todos los gefes y oficiales, y de cada 
¿¿ble nao de loa eoí<Jado*, á mas todos los italianos* principalmente )om* 
bawe,, que allí se hallaban; algunos éscigidos, otros por paga; pero to» 
doSi^yeron en número de 50 á $0. 

i . b Kl Gobierno tomó muy poco tiempo para deliberar esta terrible me*» 
dkte, f>orqae el oficial que condujo el parte; llegó en la mañana muy tem» 
paáno* y i las diez d^la misma iba de regreso con 14 orden áp fusil* 

# I*a riudad muy pronto manifestó iigno de alegría con eViej>tyu¿ $t 

... 1p '- ' 



1» enmonas, etc.; p*ro £ un i <jr ui m iy >m da h* fa* do! p* s y <e*traflgfe ¿ p 
resté uís jo lia leer un su* ctrns.in4<gTric»«iii y tristeza (co*rrtx.) -^ ■"■* ■** "■ j* 

* « Taii pront> c«mvi se bujk> que \f3kfiUx 1 orlen h*bia 'ido envía l*, 1 los» 
•cón^nh^ extranjeros y mnch b-o^i^ per^oiia^ caiMcteri»¡l«las«B a<WT(5firt^i^ 

al* Soborno' con objeto «le nlerp »ner ti la inlluen daiposible pava bb*e^ep■■» 
el perdón ó suspomler la ejecución Je aqu-dlos vidente*. • t! * ; :i -° 

• * Por ftltituo, so obruvo una s»is:>en*;0 i e»t el mtanc» dfaqtfe la ejaeff-1 
eion so estaba con ¿ui-fa, á una d stiucia d¿ 40 á 50 legnas. - r - :i - i¿ *-• '* 

« Medina, un tape ó- un dv»scm tiente d^ in lio, el alorado traidor, y 
el antiguo oom »añer> do anuís do cis» toJjs los rend» J»>3,.el Nihfl+8(ihb 
do Q*te pai's. sin he* tar u* mv> n^ito. nuo o i ejo"Mit?Wu la cttiticfrfr* A«m^ 
do así cuvnplirjiieuto al pié »e la letra.á la terrible órduri «Wflótíjifiíóí?/^ 
• '■■« Bl 8 de febrero, 22 italiano* y ttf hijo3 del pa sftíoróti ffr&Hsrf^V 3 
adem** de estos, 60 ó 70 fueron conducida A un mtntéá driífosMál-rio^ 
Nog ro y degollados A cuchillo y lanza* B1 ré'to, coraó"20fr hórtibHM^ mar 
cha ron pura Montevideo á pié y cercados por la caballería. K) btobérólw** 
truniento que han suf ido esos aerea desgraciados en esta jornada* estt fue- 
ra üo toda coticepc on. Lo lia oído de loa libios de uno de estos, al jiMamT 
tiempo tengo sobre mi mesa una declaración escrita da ottoprisioeaR^/] 
bou tales los horribles detalles de crueldades cometidas durante el tránsi- 
to de las 40 ó 50 leguas, que es impo iWo describirlas ni aun con la pluma 
ma* acostumbrada á ver y practicar semejantes iniquidades. Loa infelices 
ibau couatauteiueute rodeados por la caballeril, que freeuenteintf* tolos 
tanteaba, como ai fuera arreando ganado. Cualquier prisionero c*^sí|^ 
dp 6 lastimado que no pudiese marchar junto con los denias, era aepáúr. 
do para h-tcerlo descansar para siempre de los trabajos de este fnqno$, El , 
hambre y la sed prevalecían de un modo espantoso, y cuando llegaron"* 
Santa Lucia fueron conducidos al rio como 25 de elfos, principalmente 
italianos, con pretesto de amortiguarla sed, ¡los ^¿tója/>W5 ro/r^to/i? J^>¿ : ^ 
grb ha sido mezclada con el agua que debió apagar i a sed* de es'6* *kro** 
lices. ■ -. .m 

• £1 progreso de las crueldades hacia el resto fué notable eit adelante 
con los tormentos mas alarmante*. Parece que él olqeto de eitoá^n>al¥a*^[ 
dote salvajes hs sido reagravar sus crímenes y hacer revivir c?I -terror," tal ' 
cotoo en los terribles d as del tir »uo Rosas, quien lleno de hórrot con SM" 
medidas erimiuales á estos países, hasta sobrepaauf los límites humaribs, « 
mientras que hoy pasa una vida tranou la en Inglaterra! 4 Üasf éiiUa ifcár* 
cha, dete ó tres ó más eran fusilados o degollados, Onda cuál esperará p* 
mementos su parte. Fiual mente, 1h que sobrevivieron, jumÁs c elvidaf*it « 
la caruiceria [//lo^a^r^] á la llegada á la villa de la Uüion, como tr*es m^^ 
lias de Montevideo, en donde fueron encarcelados como 100 de'ellok Los 
amigvra de. estos se pusieron en movimieuto para rescatarlos, y edqi »-seT 
suponía que el Gobierne estaría: ya saciada de sanara, ¿arlándose da la j 
misericondia, pusieron en libertad unos cuantos de ello* ¿ su elecciofwé-ten 
v y> I .«M quedaba un cimero c^neider^We ePUpras? lUoartfialio^ ect bor^ 
rióles calaboxt^ w 



• -ir?- 

« Aquellos que han s'do puestos eu libertad, han narrado en secreto 
irá teeirriWeíf)¿(fecinuewíot,vy «ídie , podrid* reunir estos-piJWofcf^etalles. 
Mkpero^ae ía: alacio u de esta sangrienta acc v on sea cono ida b tsta : lp i?#$ 
Amóte deia tienda y haHeia lastimera execraaon iíe todada orjstlai^d^tl.v.i 

'i *"Spy bu mas. obediente y humilde servidor 
•*P ¡' .\M« ■ : •• . . . i;r . . /£, 0.» - .. f \ S.{, 

^■i- : • ' .V- : ■ ' - > v .-. •/ :•. *-*— •:•;*-• ; • .* ¿- ■' 

• i -,--::::•: l^áL BXJEC»A.O|[QJV UNIVERSA^ • ; ■ .. *"? ? - ' 

(sri^a^do por primer vea la prensa ; patriota de Buenos Aii^s ífe|iuncT¿ 
abfpni|d'' l^SieiecuiCiones d* Quinteros, presentándolas baj> sú; verdadero 
color, los enemigos de la actualidad #quí.y sus. aliados Jos^fcncQt !0i) Móit- 
t&é&fQí l*P? tempestaron acusándonos da parcialidad y soateíuendo lú te- 

otintH^no: despuef de l#s publicaciones de ,1$ prensa patru^a, vj^ne ¡-gfjfj 
Christie con bu nota á calificar de espantos* pamiceiia aquel trágiC9\a<jpa- 
t0<4)ni£l*tp« r { ■■•;, • : .- . :.>,.--. J p 

Tras la nota dé Mr.Chistie viene el memorándum del Gobierno britfyj 
nfQ(V$rt.qtt$ /el QpbiemQ de irruirá «s acusado de haberse manchado con 
les ?rbvcy£i ma$ odiosos» ..,._,. v .*/ ,^. 

-ii-^jPGs-dpJ memorándum vienen las publ cacipnes de las prensas \i\- 
4?]H'f!df£!)f68;de Inglaterra, Francia* España y el Brasil. * :."•'.' ? 

lor todas partes, de uno á otro estremo de.1 mundo, el grito de Ia'hu-i 
a¿udad se levanta unísona para .maldecir á los verdugos de Diaz^Xajes,' 
jpw y *us eynjpañcros de. m rtjrio. En Chi c un prefecto ójintende^tpk- 
dappl'Cpj ha capjigiidoÁ uu hombre amarrado á un cañan, y .al di¿.t siguiVú^* 
t& Jo^ per pdieps ;to Chile np v « i.cnentran uñ modo ma* severo y lijas duro. 
i}p can su ^a i; á a()uej emplead^ de U» -^utoi idad, que c Miiparai loa Jo? yardii-V. 
S9§ í'ü-.Q^'lí^P^ publicando ej ¿hecho bajo ej ?ít¡lo Quijeros e(i Ch /<(... " *| 
¿r tiP^'-feftfftU^S 4^1- lici» 8»l % >e . ve en ,-e .caso (^dai-^spiicacipuó&rai^té \a$ r 
C^jn^^s^re^l^itentado f|e que ha Bidp^cónijjiltct^y .étniistuoL- íj^'PJJ^g^ 
&H&W.ál u $+*!t %te f i¿ i&9:**~Jth 9°*°* SíwyimariiX qué mancha fc%lsÍprlQ¿o* * 
bíílf^^^/(^.^^^- • v i - v .-;• - . " • Y : c:^ '-JxV^- -js 
¿iv #iM»- ACfeVH^fiw de Buenas- Aires no so ptreirep £ justificar ;~lá "ppra dfu 
s#ft pl #áo* iíe la oirá orilla, y se c ñcíi á atenuar su pdíósidiid y A .afHo¿ii£ 
c^phqdad jen ella A las victimas," & implorar la ?/^¿^r^car¿/f( "para IosVV^ ; 

d»f**-. -"V* •".: ".,./. . .- ■.•■•'. -•:•./ "■•/' • ; ;¿ 

... , Kn Vpt! tpvidío los. m>raos Milicos, losamos enaltados de entre -eMo^ . 

tiwubl^n ¿\ folojiombje de Qiiinte/.oF, cgnio el reo en x prest íicia delgiiez.,* 

y biijan la cninizastvergonztidosciiíu done les recúbrela jo qut itllí íjieioit/n. f 

¡i «¿Qué 9vs se. m-^cfiit^ para piobarque no es la .parcialidud p^Hító* fa % 

qjje .íi.9 jrno.yido á h;s anii^o^ ;d<? : íu libertad a lev^tay el grito coptrados/ 

a«t¿>resVle\ gangltciito diama? , . -.'.,-. v'* . % \ -.^^i\ 

..y \ : ¿ Qi 1 ^ m^s te t i^ceeita paír*» justificar sus cargos contra tjer&nt, y^ ¿jr 

cívculo t ¿pe le rpdea? f í , . «\*. 



j Qué mu te necesita para probar la universalidad 44 horror qa# Jm 
despertado en las almas otea puestas la c irniceria de Quinten** y iM 
execraeion que pesa aobre la fren re de loa que la or leñaron y ejecutaron? 
8iel partido blanco persiste eu atribuir á un sentimiento de parcialt* 
dad el hecho que tan profundamente iobe impresionarlo, por lo menos ha* 
brá de reconocer que esa parci didad es universal, y por consiguiente que 
tiene contra si la opinión del mundo entero* 

j Bstraña parcialidad por cierto, U qufcfeJdnelbi véW* f el asentimien- 
to unánime de todos los pueblos de la tierra ! 

Pero parece fuera, ao duda que no es él británico etlútfce Ghobitern© 
que ha protestado, en nombre de ia humanidad y de la civilización, etta~ 
traía barbarie del partido blanco. 

Persona caracterizada escribe desde Montevideo asegurando 1 quéítf 
gabinete francés ha imitado al inglés, y que el 8r Maillefer ha pasado a& 
Gobierno de Pereira una nota concebida, poco mas ó nfenos, 4n ltó -tma* 
mós términos que la del tír. Thorton. . • :í; 

Si el hecho es cierto, como lo creemos ¿' hace un alto honor al Q<k 
bierno de la Francia. 

El pueblo francés, tan civilizado, tan noble, tan aimpáttcoál* libertad^ 
tan enemigo de la tiranía, u> puede m mos de estigmatizar á tos verdu- 
gos de Quinteros, y su Gobierno no habrm sab do interpretar sas senti* 
mientas si hubiese permanecido mu lo en presencia de una iniquidad qué 
no tiene ejemplo en nuestros tiempos. 

A esa doble condenación espresa de los Gobiernos de Inglaterra y 
Frauc h; á la sem -condenación del m sm> gablete del Brasil, cómplice 
del atentad », y 4 la c mdenacion de lo* diputados del Brasd, de Us pren- 
sas libres del Br.adl, de Iu < ate-r i, de F'a ic a, de 15 pañi, de Ohil -; a ese' 
Érito de ex3cragkm un versal qu * partéala vez de la A.mérica y de la 
ur>pa, ¿qué dir&*i üh>bhno de 4on evüle >! ¿qué dirá f'ereira? jqué di- 
rá el part do blano, qu * creyó que para perpe. uar el predomin ti de su 
partido no había mas que hacer, que fus lar y decollar á sus ^dtersari *el 

La reprobación de todos los hombres honrados, el grito de. las pri- 
meras nacioue* de Europa por el órgano de sus prensas y de susQobtttv 
nos v po ulti no el d-np recio c >u que le m na hoy, que le fea fuerte en 
eÍpoil?r. sus na sm >spar¿iáles aduhd >res y cómplices de ayer, ¿todo ésobé- 
le dici nalaf $ \o haba acabalo po convencerle dé qu* las eje ucimies dé 
Q únteros fueron otros ta do* i*es\>nt * a eonos, y q x ¿ ¿ur c mi x ueu'* 41,' ; 
a le fué el princii» il pro.n n-»r ó insri'ig* 1 1 d¿ es n ej jcueioies que Usar* 
aeuó y aut »r»zó btj > «m arma, es u i malvado, ua asesiu > justificable de 
los tribunales de su pa ? 

Kl tribunal de la just cia o* tRrdio i veces, pero siempre es seguro: él 
ha de llegir, y co • él la ospiacrm de rodas las miuu da Jes, de to ios loa 
erimen •*. Kse día, Pereira y los s iyo« uo han de eico itrai 1 en t>d* la es* 
tensión del gltibo uu rnc^i don 1 s ocultar su uifam a vsus remor ¡miento*. 
Por to tas arte-» ha ' de pers¿ »uir á e*os crim naUs fant nos las *om*' 
bras saugneutas de ihas, de T ^jes, de Freiré, de Caballero, de Marti- 



i«, de Aballa, de Poyo, de Rjp'noa* y tantos otr >s mir tires de la liber- 
tad «edificador á las iva» del pactidoiíWliMiw^ k ■ 

* . La cramroctat <fc la kmanidad tnter&tM atwUmz del mw<ío— hé Isaí 
•l tenor dte lo* castigo* que lea espetan i Perfeira y aun cómplices t . t 

J&siauttoa vengados. 



Por laa últimas fechas recibid» dé Wóntévideahem#f tenido di dis^ 
éáfai Íe\ trono, es d óit\ ít alocución soberna dk^hi* por el brigadier ge- 
aefal !>• Q. A. Pereira á su* amados y jUUsvmsAIoí, los miembros del cueiK 
jtolátíslfetivo crien ral; : : ' 

' Entra otfrAéMicitaciónes curiosas, el vencedor de Quintetos (fme*t& 
que es compadre def venéendor de Indiu Muerta, etc., debe ser támibi^ 
vencedor de alguna cosá) : diée ctfn lá mayor sangre fría r"' Jl* r 

*»•' " J? s6*i ' ctortiífidád que» habéis Conservado entre vosotros; ta atildad Éj^ 
sentimientos y vistas que en las mas notables cuestiones habéis maniferaW 
db/han sido uti motivo mas de satisfacción para mí y para e l pueblo etffó 1 

ótginotoit: .■■■■••;■ T ^ 

■ ~> «O* felicito, séBóres Senadores y Representantes, por vuestro pátrí^ 

tierno, ate». ti 

p Ahora traduciremos, sin comentario ó por mejor decir, eompletareittlf 

Iba BOWtxs sentimientos dé l'ere ni. m ' |>. 

í Han *ido perfectamente un dos los represe tantes orientales páfí 

•probar las sangrientas eSc na* dé Quinteros, ffe ' 

„ H«n sido perfectamente unidos pnra ; a^tí al contado tit\nte mil pám£ 

cenes al veirdugb Medina por las cabezas de Üé*ar Díaz, Tajes y demw 

mártires. 'Si' 

flan sido perfectamente unidos venido canduieame^te^el tratado Aé 

coü<frci#c*>ii el ^Brasil y traícionand vléé uno* ¡>ór^bar4fá, lbf étfotpor 




Pereira, que ponen el «ello supremo i la infamia de. e*o« Jadas déla cor y 1 
Áa^íjla ralea K.4 hi*ti atar q'o* «1 tatito en que lo* .¿teneos han p istrado 
lfcfcoHtica de su tierra, «üba hista los lab os y lo* óidis de los epre^entan* * 
tes def mundo civilidades como les Ira' «ubi lo 4 las narices el oordt la san- 
gn, txtétid > la matanza >e Quinteros. 

r¿ - * Taivéz stf Klejat'ti sot >cados por la pén ilenci'a dwetg meada de las 
doctrinas >u« pr »fe a y d* los elopos qu .« d «tribuye im >unetneate débdé 
l^áit^d*, r, sii ^\lóú ahuchado V e^baft-ailo el aneo déspota. ^#a¿r<<i 

(ídem idem) 



A 



JE1L PJE2Z JPOB !*&. BOCA MXTEÍfcE. 

Uno de I03 diarios de Montevideo que mas se enoamitt ¿entra fatf 
hofcibres mas puros, que mas sacrificios persónate* hun bocho oh bien de 
su país, y endiosa á Ion que chorrean sangre de crímenes eomoiiroas Aéo¿«* 
reno y Bernardino Olid, tieue 1a candidez de publicar de v<3i~**¿ea*udo 
máximas morales que s m pedradas en tejado de vidria. 

En uno de sus últimos *númeroá' tWé está ráAx m*^ja¡tirttf : to*hora* 
« bres honrados han perdido á su país: lo* picaros son los que seducen y >¿ 
« corrompen, los que procuran hacer síí'Fortuna á costa de los demás ». 

Aplique la máxiipo- <ji*e ^o&al&<K)]^Q ittftUWe^ A.tos cosas de Monte* 

, video, de la confederación ele] Paraná, de Buenos Aires, y pregúntese 

quiéues son los .picaro* y qu éues loty&oiirados, quiénes por cq¡n.« fájente 

um inito&es <lt toa majes de «ptos pueblos, y quiénes los culpables cU,AW 

padecimientos ■ : ; Y--,r 

l Los h inbres de bien son Pereira, ébr o habitual, enriqu^go^!** 
dtta|¿idac¡ones d«Ho* oaudiihges de o¿*as épocas; Nín Reyes, pyer iro la 
indígeno^, qti<* manda hoy sus hijos en coche á la es *aeia? ., . - ... . . ^.^ 

¿Los hombres de bien ton Lucas Moreno. ?td§^Jg^£^^ 

{jjernardino Q id, el asesino de Fortunato Silva, aue? n^vJWW^tft^ 1» 
jWWte ;&y$ih?ire!*^ de fo¿ aseónos de ¡ JUfc frjni* 

in Silveira y efe treinta y nueve asesiuatos en Cerro Largo; (Jame?, qu^ # 
bebió la'sangre del primer unitario que cayó prisionero en el sitio 4<* M£a¿ 
tevideo; Laaalay dignasobrino de Oribe; Mariano Jdaza, el ferbs xerjugo 
de Catamarca? . . c J|ft ;j 

¿Son esos los hombre • honrados de Montevideo! ■'.-'* \' m ' 

¿Los picaros de Montevideo eran Tajes Caballero, Poyo, dechajóUtit £&; 
honradez llevad?! h sty el qujotwmo; L>. José María Muños, jáoJsoii'a y. 
cien ciudadanos corno esto*, q.e la m.üj cruel iHdijencuuo.haJv^^fHiMMc 
uu%liu£a dp \*\üPtfi'.lÁ\ui*d í de r surtctítiid? ' ' ? v , " 

¿liOtí p- ca^oa eu- te orll la L der ích^ del . Jíio de ía n#a son Aj¿ n$, w Íí ^ 
tre, Zapiola,*R?esini, Obi gad , Sarmiento, que jumas han sacad- rUf^^pg^. 
Uiica otr^ coaa^ue sacrificios ú privacignes? . ~- . % . -- 1 . ■ -- : * ¿ ¿ii ■ 
.. r Por*co4if s pa 4effaVte y tenriaos, pues,, que aing¡ino£<U ^*W%áM; 
eMps pueW. fi^puv^ir/napuiar^e ¿los partid s, representad f¡'j><¿r Áíntiq^ 
Mitre, Kiestra, Obligado, tíarmiéut , e$c,,"\ie e$te Tado de) R o; gof.Tqfrjig 
Caballero, r\>ye,Muñq3, 8 Uoni, etc M en feu otr* orí llj*, porque <9f9¿uf ^os 
hombres honrado hau perdido á su pais». # » "■#■'**" 

. l\>i coplvsion de parte, tenemos que los autores de todos 'os ryál^dg^ - 
est- a pueblos sot R>sa¿ y su- sáfente*, U quisa y su* sostenedores,, &q»; 
reirá y su'eorty de Requerí, Nin Lio^ps^ La-ala, O i id, Lucas Mórruo^Jkfjp \ 
riauo Maa, ote, p 01 que « -on los picaros Jos qu^e procuu*n biicer^aipriiu* 
« iia á costa de los demás, » y: u>do» ;e«sos. brjbpues k«\\ keubq ^ £>i '^u^m eú-^ 
la», * evueltas. políticas. . ^ : •... K 

.-. ¿títtál es la fortuna de^Alsiua, de. Mftre, de Müno?, 4e Jo| í¿ ho%ü>|;es' 
mas culminantes de nuestro partido en ambas orillas delÉio delaiFl^o»? y 






^ f,wlQ9Aw4di^mpe&ado loa. pringo* pns ios,, han fjfl^ut? #.PPgtg¿ 
han tenidu eti sus manos lo* mismos nudos efe ennqu^c^^'^y ^itu^r, 



•»!¿ 



toe* 

• • ir* JSo^el^afctido de -uaegtrjra;- enemígasete) los./io enn^a^^áha^á/eu J<^ 

puestos secundario*. Mariano Maza y Lasa la jamas bufido 'TWÜUtTQ&u, 
bp^^ftdado e*í gefe* -■ y. bou ¿ppltfqu!? 1 *»- L pe $s. M .'íéñ<V Jfr r^Q^í VA, Oíia, 
l^W'^iipwn^HiQhv^pawio 4epsgur(¿ cQmáujláqU^e depa: ta¿e^- f 

• *Wfi¥ t*bW^Hwlf>*< ; ■ *' ;: . • . - .:'.'",[ .•/.< - ;. . - " "'.', . .-■ ' it -r[ 

Es cierto, puea, que la política uq lu 3IJ0 par#;JnjiQstfoa tíüexftfgQñ majp r 
qa%^uu^d¡0fdo bf^r foirbuii£, eu cualquier pue^p, *el ínasr eucái¿BradÓ ' 

imttthm» mm'Me- -, ¿. .. v - , ; , r ."■ : .', , y .V ■ W-* ,m 

Es cierto, pues, que la fortuna personal ha^sid&.el ui*k¡9 Ü£:<j4$3$j« 
tyPkfo^ffMArfleJ:^ ¥ro3ue¿do 7 V ,,>,.. Ví .. j ' * 

Y como estos paires pasaoan por tildas las tprtiirasr 0£ la ^^sgja^fL 
^WtfípfcGlto&iae fttf.ri^^i^q^aus/opuiai^* aw hecjia? Agosta A#1üL« «rfrí- 
mientes del puebl<», de cuyos males eon ellos- íos culpiiujes/y.jrq^cii^^ljes^^ 

' : *p»ft*w* la máxima- qu,e propala» lo jyaqnocei* y eoii%san, : - "..' * 

.itt-íípftotnpe berao* $ufrid¿iC#n fl pai# ausJ^rtunips y Buz^ixvgo*^ ^ 
' -*í H)WwI#t&Iucni40 flfti$*tf?48 $Lpais se arruinaba, ellos no lian tem4© en 
l«é4«gí%y^4#l^ajn mas que ventajea. -> '•'.•> V¿? -'• 

Y añade el d ario del partido blanco de Montevideo: "todo está per- 
« dido cuando loa picaros aintreirde modelo' y tas,bus&o&de es^arnie." , 

Esto debe estar perdido, por esta regla, en Montevideo, en que los se- 
mi-dioses son el ebrio Pereira, el renegado Medina, el degollador Maza, los 
asesinos Lasala, Olid, Lucas Moreno, los degradados Juanicó, Nin Reyes 
jBbP*t»awa/r> ■- ¿ *.-\ - >r - ;, ; ... í. /:'<7.í //iriA ? 

^tgü^A^M ,ept«f ^rdido en. la Confederación del C¿rau^ ^nóue XJr v 
^ll!ÍS** e lfAWi4 JQS ,cuérrioa de la fuga, y'éá lijffiW&ión/.ttf éáafilíiífe^ ¿ 
.d8BW8(9ft WéllVk&ron ^telal-y ¿dlftM^ ; Vsl - ™ ;"* * ' ^; wU ** 

Pero olvidan que esas turbas 8óD'^r*¿0rfiteIAfiirol<j» lámate jehrta** 
w&innnTúáMfaí~.r--i->:>.: &ln;'r ■ ■ ■?!» -;¡;.^ ^ í0 * ;-^ir\i ^í -vi 

Sigan transcribiet do máximas morales, sigan ^ndo^l^eblq,^^; 
cop que ahorcarlo». En el jnpmento ¿npno^ peusado,, el' ^i}óbi^ seVcüefaá 
de esas máximas que le nari ítfrai'dfidó im : previsofáiiífeifté, «$ ^cftítnfi'j con 
«que los picaros son los autores de todo» nuestros niales? oon que los hom* 
« bres de bieiyia JiuarlAA traer males al pais?— pues, vendan los hombres 
• de bien, y ■SlRít^^^ >-* \^ > i ^* í **** * r: * 



to- •; dr .ti. 



*l-V>. ▼. .-....,...:. : -.,-.-„: :.., 4: ? '-/t-r-. . ;:■>.... ^ ■:,;•_ ^ 



En este dia la tiranía de Ro?as, victoriosa de todas las resistencias, 



HerA i las pu*i*as de Montevideo hace diez y ^etn afcos, i pedir la» Mavw 
de la ciudad para devane. r al fin de la lucha, habíétivfo tfomiMtíl&Voto é 
•ü ora nos«» imperio. ,J » " ,T r '" 

Montevideo arrojó el guante al rostro 4 la insnleute tiranta, la defjW»' 
to coi brazo de fierro en me lio de su* triunfes, y la postró & au« p fa •» - 
xtn combate de «<iez años 

. Sacrificóse aque pueblo ¿ la libertad del K'O de la Plata se eondmó i" 
las consecuencias dé tan jigante esfuerzo, postró i la tiranía, pero <*yó 
exánime de ia lucha después de la victoria, y uo pudo aseguitor* plfra Síl« : 
libertad que dejó ronqueada para todos. 

Las hordas de los cosacos del descrismo han pagado sobre aqu*l pité-? 
blo, pero no hau c nseguido arriar las banderas que elevó en •as-tnnchflfMt' 
pata 'os eiglos de los siglos. 

La bandera déla defensa de Montevideo flamea todev a^on todévlft' 
gloría de su* tradiciones. 

?I pueblo oriental sabe ofrecer en holocausto de esa tradición glorio* 
ta, sacrificios y mart<r'ios 

Esperad — no e&d lejos de la resurrección elpneb'oque tkneixsi mdrtíre* 1 
por centenares para la santificación de una causa que habían glorificado los héroes. 

Tal vez celebremos en Montevideo, con el entusiasmo que despierta l» r 
gloria de los pueblo?, el décimo-sétimo aniversario de su grandiosa dftfeMfe' 

[«Kl Ferro-Garrí!», de Santiago (ClUle), de feeh* 16de Marzo de \W\ i. ■ . 



-<*.;:-..»<» K 



CARTA ORIGINAL— Existe en esta imprenta, á dispoweii»^ 
todo a^uel que quiera verla, la carta original del general iHax 
dando cuenta á m señora de la capitulación hecha ^^Úe^^ 
4 cuyo nombre «e le garantía la yída. , . , k ' . !".-../ 1*'"' 

Es la misma que estuvo depositada en casa del señor confuid 
inglés en Montevideo. . n ' : ' 

Nieguen ahora, si se atreven, la capitulación. ' "\ : ' '''/'J}''u 



EL E»JPIRITTJ I>13 IX>& TACHEROS. * ^ , * 

Sábese que la torpeza de los blancos nyishorqyeros de Mpnteyideo baca* 
Hfioario con el apodo de tachero A todo el que maldice sus críme **• y parta* 
«ece al partida decente de aquel paUu 

Ellos tan e«p ; rituales como patriotas han tomado su revancha, j cada 
vez que algún estúpido :en¿**»H* ó •• cíw p»ftfj^ ]¿am*{#A€r<>j, •• ▼■•*• 
ven su galantería dic'?éndoles afila.. .dor¡ imitando para nacerlo la monoto- 
nía y tono de los que profesan ese oficio, j rompen el tímpano de los tras* 
santas. 



-I*%r 



4ai^eflt¿*qu&splo piensan en ajilar el cucíüílo con ^ue cortan la <ftl^ 
za de sus hermanos. " / \ 

Al menos ellas conservan, como nuevos vestales, el sagrado fueg<> de 
la libertad. 
< Uu^urríth l i¡ esas bellas ! t • ; 

jfyrtjíin*i¿ decenos Aires» &oha 16 de Abril de 1868.] Z' / ". 



JUA. CONCORDIA 



Recibimos algunos periódicos del que se publica en la ciudad de ese 
Hombre. 

Enlutósus columnas el dia del aniversario de Quinteros, publieaudo 
con ese motivo el articulo que con sumo gasto transcribimos á continua- 

2¿DÉ MÉKÓ VÉ *!85& ¿ f ■ *" * 4 ,; 



cion: - . y ^ , , 



Cuando latría razón y el convencimiento escriban la historia de núes* 
troftTfMtff es, y coloque» 4 los hombres y loa suceso* en la esfera que le# per 
te^jfcft: ^jenei?acK>pes futuras retrocederán ante algunas de aqs páginas 
esc¿í|^catt caracteres de sangre, y la conciencia pub/ica lajizarásu ana* 
ter^a ;fi9t^ra los malvados, sean quienes fueren. . ■•'"..': • 4 j, ., 

Lejos del pais que nos vio nacer, bajo el cieto hospitalario de Entre- 
Bk^dond^una manojenerosa haacojido el infortunio, el dolor. y la g*á- 
titila, nos J|ace levantar nuestra débil voz, no para sublevar la conciencia 
deMf«pueltlo8; hemos ¿icho antes, que i las jener^cibpes venideras lef to« 
ca^el efcn^tinip de ectyq peripecias norribles que han careo nr do como el 
cáncer el corazón de la patria, rompiendo una á una 3U$ preciosas fibras 
qqqj^p#>s.*fometer»os f su fallo y consignar en este dia- infortunado un re- 
cu^r)4pi nuestros henéanos Tajes, JDiaz, Caballero y etapas compañero*;, 
v^ttflt requpr^o v.ve en ■ nuestros corazones alimentado por el pálido sol 
deifeqtranjero. ¡ Dojmíd en paz ! 

.- ,y vos, magnánimo general Urquiza, noble varón entrecano, recityd 
nuestra eterna gratitud;, ,- ; - ■ • .'. ,..! 

O^ ?#¥**" de Jfctr^Rigfj.) 

.. n ..;r. - .; i : / . 31 BIOJAN^fla»C>. " 

,,....,>: Jw* 12 de 1858 

«¿MIABA DE RePRBS^TANTKS. 



(B8tracto8— traducciones del autor). 



* : JB SK lírtttáiré—Ef&ótorado diputado ha reducido los motivos de #u 
opoMei^'á^áerístra^^^ 



.-iá*É^ 



P^Mpty" 4W£ r^rlbseñthmoi, k frebtitiliuáeióti de la fnf^v í »tó\iíítt* l éfr4oí . 
n^^ord^'t^i^^ukmdildMroñ tos Imite qdejüfyó háéfrt^ityl#k*m*> 
ministro dej$tgp<¡iqs Estrani^ros. • ■ i: . fí ' í : '' • Jii '-"; ^ •* 

* MJSr.JadMóde Meúfto'ga'—Yo no he d cha eso." ' ■ ' "'" "\* lA / r . 

El Sr. Brtisqué—TeQH* la bonda i de rectificar. . . - : 'y V' iíl M 

jE! Sr. Jacinto de Mendoza— ?j0 que dije fué que por n<y.tobéfcsi)itoU&ikdo 
contra lo que se practicó en el. iVw M QuiNTsa^, yo recelaba <£ue pudieran 
venir 4 ser sa'piccvlos de sinyre tos lauros ' del nob'e m'Uístro 'de NtfljSÁés 
estrunjeros. {Apoyados). mííhu »/(».»; * 



["Jornal do Commercio".] 



M-;S 



•'■*:.; J 



¡QUE FERpZ CANIBALISMO! 

(Traducción). 
r tto&ftiaító¿y cartas dé MoriÉe video confirman Ih n<ft\á& A&lcfrftíüTlMQV 




do$í 

»i . ..... 

LhHrirtétfcí^ ¿Idesáirtmb de un- partido que ced:6)H ; pM< 

fatigas, <& mií !ucKi'iHÍc&rnizáda ; y A\s¡ corfupc on *»' \ói vw^8 v j WR¿clnOII :>? 

en 3 p*deratjutái¿kttlto(yg cotitráquieii el B>a8¡l péte$ '-'p^r-WMli^llcMtiMftP 7 

El Brasil que, para conseguir derribjx ésas qiife'feb^fé án'íhMtdtf<Í!d dl> 
cadáVereis enarbolar nef'periabtide hi tiranía, ópüsé: ¿{íeMeotiMÜl ier- 
ro, es uu gran dolor se vea forzado á apoyar un góbTéhí4 : q#9 > pb# 1 ¿IW / ^ 
actos se nos muestra indigno. 

De los gobiernos tiranos, el pueblo solo espetf ; ¿átigTO;jr éñ tiü Irfgós 
desangte que la tiranía sienta ^iitrcmQ, 

Las luchas intestinas deía^^mbiréa ue iflbn te video, son una guerra 
de esterminio^ , , 

El castigo de espatrincion y confiscación de b.i.eiijQ que las iliciones 
civilizadas imponen a aquellos que intentan contra iá&egtmdrtd'déf Ksfroo, 
en Montevideo es revocado; y en lugar de castigar á los delincuentes con 
aquel castigo, que la severidad de las leyes orden», echan mano del barba* 
ritma y «ota eftpkpi) ijn* imietfe t ftro^ en y$z d^^n^^reccicp ipa* ilin- 
mjín^ nw^w ?e#eMÍW& J^t^ii^rinjireli^iiwn ^ita^poi^upeu^ 
cabus de que man las naciones, que asimismo la civilización considera* 



-*ttft- 

fc&JWPf #8íW*)t¥f4° V9J el. arma del. : . emita* /"X^.pjMrifffe^M 
^jac^ll^p^cio?^ mi fusila, ei* ¿quefla, ^pubJi^iie^^^ {.([•«.-;. , ¡^ 
**.',.* M <WV9* mqrfíferay fy desír^cion copio cd u|ucó jp^a)Q,^ra a t4ífW- 
¥* P W fftWjB^q^W 08 conflÍQtoa, ha£ e dar ta^aj^á #¡¿9 epwq¿.jPPf$: ¡tfw 
^¿a^ev ^e^ibH lo mismo que lord Gray decido/ Ja ¿triada, ..4'» e !* W^V 
p,f#irto r j-e.narir sqlp sobre céui^sy,cad£vea:es..V j/ ; ■ 'o^ 

. . , r , jt cp« ¿fóctp, al gobio; no de ese .teraíom qpé . qu&e . I& ^ (f y { &[&$• 
tyk&\q, dejáíá como,b\eii se puede aplicar Ja; ¿;iérg¡qa lr e^pj:^}ÍQii 4^;$ft!s¿ 
jqiie ^¿/tfa^ moneda en laMrnehurhana. . , . V;¿:«í 

Las crueldades de esos 'hombres vencedores, esas guerras £ml^<jnie 
A^^& muchos caracteres de una; guerra dq salvajes, cQjiyertiVáty el tornto- 
-jríp, .cfj u^uttjo . y asolado, y para atravesarlo, será. m^uest^r llevar tofíqs |p$ 
¿¿^tjmieutf* pomo para un desierto 



cu» 



<w. ¡Ukv^ifimvL. aparecerá por, tód&s .partea,, y qoxq^ *i¡Uce i .^ : próVAfb;q¡ l ^ 
Míí^AagffliJíar^^liogw á ; u« homfoy, íji paló.iiQude^h^arlQ^^i tf$jr$ 

,, El &ooierno de Montevideo^n ty practica deitftles .^tro^ji%aegj¡ qi^t- 
ti>udq al Jyjipbre lo que &pjq #íqs ( 1$ pjÜpde.poncefler y^i^ífa^ -par^g^qjwj- 
rer imitar i Cromwell cuando ¡biepij^^ 
ciow ,taqíi?rgita j^bUcioMqPragbiáa.. ;0| { ."•/: ; . !..'_, ' l \*A 

No piense el gpfri ecno de , U 011 te video, que si. ek ^ras.íl a© .cppp wvfi 
inn>óvil delante de tales ¿tentados, 09 porque le^soir^ispé^s^és, i(; f, 

K^ggbieriio del Brasil -ap9Ífi'i|4q ftUP*jttat^do< ít^W^^^^P-^y^&^KÍ»- 
.dacj, vAcitfpjii. y es por la inítiieucia de esps /t^fw^jqifpfgt^hj^no^fliil 
Br^nil, huciendo respetar m nqjnbn l"f rpfift eet P r j^^PWWWS ^ tettfMT©> 
_4$l que AQii el mas leve moytayvéq tose pu^ge ergujrV . : ,.!._ s '." L % !:í ¿ 

Si el gobierno del Jíra&il ,)iueryi¿i.eVd f p3r¿ tprtyjria* de,i¿ua,y$j? ; t#Ies 
atrocidades, podía ser ce ús^raiormá?, U P^ifíojí ueu ta?l .'ftú¿ *#pt<) w 
el cumpJimieuto de lo* tratados y su .Qft^^if$j|^¡m^ ^MB- 

gar á que se ]e bagan lo^ r mapror^a wcc^iv)* y ae £^^ 
radez con que apoya esa po^éiGU. '\ v ;j "■ J ', 4ilí " Vl ;' ; ... ; ' . ,.>■■».. v íj\-: 

*.'..■: '- : '*:■.--■■. : i' VI'--."' r.J""^*» 

, (t Novo Rio Granéense*, do 4 de Marzo de 1858.1 / fV 

»¿f * ■ « ;iif .. ! -i" .: - ■ * ■ ■ '-. ■ :■■ f ■; 

■ ':*;'l i L> *:Mi, • '■ -. , ■ . ; . • '•;.■ tjü ' ,: S 

(traducciok). k il ví ■ •'" * J 

""" ■.:;.'.;'...... ../. : ... .......... J¿.' 1 .;í.. .;;..!.. lA,.. .. 

- % •'■"•Jpbbre paifr!! m quémanos htáeis cmdo!!„..*.¿. lirias e*té «simio de ééfeas 

h'b'^étfe '-ñors mucho 1 tiempo dun-r, porque todos lo^ésth»ngel^*{íí!ñ ftttfp- 

c 011, maldicen á ese partido blanco, pues Montevideo e^Ttíay'bfCTiPári^íie* 

* - Wa-europeoy qus -americauo; «olo esto ba&talm para <jue- eeepartido cayere 

4 por^íseno, pwque CQnesa. maircha no puede; «ubsisrit, -^cho; njfts'des- 



SueS que «aerificaron á esos hombres que eran el orgullo y la espétate* 
el pueb'o oriental, A esos mismos hombres que ese puebíó herdtcq (fcoy 
desgraciado) vid pelear coa tanto denuedo contra loa degolladores Rosas 
y Oribe; pues bien, su desgracli fué sa mérito, porque eso* mirados blafi- 
#ar conocían que figurando esa javentnd ¡lastrada y valiente/ jamas elide 
podían hacer del pueblo oriental un rebaño de ovejas para Helaría* al ihi*- 
ladero cuando les conviniera,porque esos buitres sedientos de sangré no pue- 
den vivir sin derramar la de aquellos, que por espacio de nuev^ años fas**- 
tentaron con tanta enorjíay vtior el duieo refujio dej.i libartltd** la 
Nueva Troya. '[ rx ^ 

SÍ atrevimiento, impavidez y m il lad de e*os blmcos desnaturalizados 
llega al panto de querer persuadir al pueblo, que el infeliz Ofear Diafc jr 
sus compañeros de infortunio se entregaron d discreción, cuindtf'toio elpaw 
sabe y esti convencido que capitularon bajo condiciones espesa» de ser 
conducidos hasta las fronteras del Brasil, recib eudo para ésefiti tos pUt- 
portes correspondientes; solo 4 ese precio depusieron las armaS/'gatafttiddB 
por la palabra de Medina, porque aunque conociesen que el pobre- viejo no 
era mas que un testa— ferro, con todo, no podían prever tal monstruosidad, 

Krque si bien no tuviesen mas de 600 hombres reun do*; fcieri sabían 
i blancos que con 1,000 hombres ios habían despedazado ott Cdgtnchd; 
con todo, el loa, los blancos eran 2.500, y por esta razón acataron los 6 >Iora 
dos las propuestas de ellos, qae de lo contrario h ibrian vendido bíeü ¿aira 
sus vidas, y en «1 último recurso, estaba muy cerca el monte, de -ddhde ni 
todo el ejército de ios Mancos seria capaz de capturar ano, qUO soló <Je 
ellos, como no ignora todo aquel que conoce lo3 montes del río Negro, '/ 

Mas es en vano que ellos griten en sus diarios: todos estamos convenci- 
dos de la capitulación, y si los hijos del pais no pueden hablar,tétniendo i 
la mashorcaypeor que la de Buenos Aires en tiempo de ftosas,tatljfio sucede 
& los norteamericanos, frau ceses, ingleses, que lo dicen libremente, y bien 
se guardan esos salvajes de meterse con ellos, porque sus ajeutes desean 
un pretesto cualquiera para hacerles la guerra abiertamente; tales la in- 
dignación que les ha causado tanta atrocidad sin ejemplo. 

En cuanto ai viejo Medina, muchos de los coloradas lo cotá'pádeceu, 
porque conocen el triste papel que lo hicieron representar; otros,sin embar- 
go, lo acusan diciendo que él no podia salvar del oprobio sos canas tan res- 
petadas hasta ahora, sino haQ¡endo cumplir la cap tulacíon, haciéndose 
asesinar con sus amigos, que tantas veces con él se habían batido contra 
esos monstruos de la humanidad. 

Sea pues, como fuere, ellos le darán b'en pronto el pago.» 

El diario servil intitulado La República inserta una carta, como es- 
crita por el sacrificado César Díaz, á un tal T...GL..,que merece tanto cré- 
dito como los robos, saqueos y asesinatos etc. etc., imputados á los colorados, 
para vengarse de sus hechos, cuando todo el pueblo sabe que march iban 
con todo orden. 



(Eitnwtoadel «Diario do Rio Grande" focha 12 de Marao de 1858) * *^"* 






(traducción) 



^' : ' tifa cuánto k la* noticias que dan los diarios de aquí, podemos usegu* 
rar que son ftlsas, y no h icen mas que copiar & La Rep&blica de Montevi- 
dép; trae- encajera 4 su conveniencia: por cnanto los h >rabre* asesinados en 
j&bittfeKm ft'o eran anarquistas ni ladrones, perj si los mejores que poseía 
m República Oriental, ya como militares, ya como ciudadanos; y «i de-ase- 
feúras : * "ladfonetf son apellidados, ¿qué nombres tendrán los hombres que 

átrttiáfraéhfe rigen en M otate video..; ...!! 

hoz 200 degollados y, lanceados en Quinteros eran prisioneros de guer- 
rá,qudaé habían- entregado bajo una capitulación firmada por el gene- 
ral Medina, en la cqal se ordena, que los generales Diaa y freiré, los 
twí>fidé?r Tifos y 1 Caballera y los demás gefes y oficiales teman pasaporte 
Fcbnftro we'llró) para la frófttera» y que lo3 oficiales y tro a ir tan con sus ar- 
mas hatta Montevideo: dfespaea de hecho todo esto, el gobierno dio orden 
*U\ M iber(fa&<f Mediría lr darian 20,000 pihos 

'%%#* PRohíDAli; cuyo premió ya le fué decrettdo. En la 'Iribuna oe Buenos 
<4¡res Re encuentran publicadas láá h&ses de \&capit dación y el pasapán fe, 
"febita ofrecidas & tas victorias, y en Montevideo, en el consulado fnglés, 
'éxiétén copias de lo mismo, estando el general Medina en posesión de los 
originales. 

(«Jornal do Gommercio» de Rio Janeiro, fecha 7 de Abril de 1858.) 



AJU FKV TJ1SA. DEFEISTSA. 

# i "■ ' : : x l. * ■ i ' i < i y - *¡i > . í 

Llega á nuestras manos un folleto en defensa del gobierno de Pereira, 
*f'éBítmSk6 K presentar i los rnártiresde Quinteros wftiócrunmates famosos, 
altados muchas vecé* por la jenérosidad y ia clemencia de los miamos 
que tuvieron al fin que hacer justicia de tantas reincidencias. 

f: ~ KtYólteto es anónimo. Los asesinos de Quinteros no han encontrado 
T niiá5hna.qner ; responila por ellos ante la conciencia de loe pueblos y la 
^B^i^aañeldV&gfós. Todos han tenido ~ " 



vergften«a de ligar so nombre 

kl | Hir-ttftmUu ; . ° íj ' 

fc w Los cargos hechos álosmirtfresáe Quintero*, son : ■— 1. a haber peí** 
hurtado con repetición la paz del país con reiteradas revueltas; 2.° haber 
desbordado las pasiones criminales, autorizando el asesinato y el robo; S.° 
haber atentado A la ley y á la autoridad de un gobierno que aseguraba al 
pftíft todas las libertades y garantías y se habia escedido en jenerosidad 

v dW* *Wé revolucionarios. 

El primer cargo es falso. 

** - II segundo es felso. 

"''"I iJ R{ terceto e« ftlso; 



Los asesiuí^lp^^^^iHt^rpf h^f") 4j^449^&&4$2 9 ' a Hapública 
contra el poder de Rosas. ¿Era este un crimen?" Pereira es su cómplice. 
Medina es su cómplice. Fusílalos el partido blanco, como á Diaz y á Tajea» 

En 1853, el presidente Giró hizo una revolución, y viéudose perdido 

en los e.ucesQ^ que promovió, abandonó el puesto. El partido de loa iu&rti. 

res de Quinteros lo ocupó.- ¿Era este un crimen? Cómplices faecua J&feíra 

.y y M^dtoa.' ¿Por qué vívquí 

Engodos los. hechos que relatan para fundar el síjgppdo^rgp 
.«na «ota imputación á un gefe, á un acto pracucacjp por j^na óf ' 
todos se quiere responsabilizar á un partido por desmanea dft ¡ y 
por abusos individuales, y ni aun estos desmanes y abusoé.^.^M\4ff{ 
-mente, comprobados. ' ' • ' i \ ^L 

En cuanto £ la legalidad y á la magnanimidad del. gobernó ¿le Jj,era¡- 
. ra, ¿qué cleoír? . . ,, ... 

Iük* ni se discute. La violación de todf^ lasleyes.Jatorp^za^^^n- 
men, la iniquidad, la alevosía, el ^auibaUamo—eso es el gopif fUQ .4? .<£«• 
reim, ai decir do sus aliados de Rio Janeiro y fíutre-Iíjo*. ^fg^Jaf ^m- 
feaioues de bus amigos Bilbao y Barra, y estando al juicíp de íps n^fr^|¿i 
Chite é Inglaterra, que por el órgano, oe Mr. ChrUtie ba r recou¿ci49 £fa 
revolución contra el gobierno de Pereira el sello déla justicia. 

Aeptos testimonios, confesiones y reconocimientos, np hay UR^ArU- 
bra que añadir, porque ellos son las manifestaciones mas cumplida^^ljfl 
conciencadel universo. ''.,'.'.. 

["Los Debates," de Buenos Aires, fecha 24 de Abril de 1858.) 




ACXJSA.CION 1>E PEBEIBA 

¿Por qué no acusasteis á Pe re ira como a^usaÍA ab,om á Ü^qúí«? pre- 
guntan los que ao esfuerzan en atenuar las atrocidades de los g^bí^rnpa jj^l 
Paraná y Montevideo, . V. '-., '. ". \. \ 

Olvidan los hechos. Pereira fué acusado comolo es ahora ITf^'za. 
. Por ahora 1a acusación formulada contra. TJrquiza qs ai)t^ Ja opin^pii, 
á falta de un Congreso Nacional ai*te el cual sepuedaáeducirl^te^lmen^. 

Otro tanto ha sucedido y sucede con Pereira. ¿Qué son Vo^¿i^úJ^ áe 
periódico* que en Montevideo y Buenos Aires han fQimv^^ii^os im 
agraVioa:de .ese gobierno que lo tiene por cabep? {To aon por yenjuxa *pp. 
saciónos ante la- opinión? ¿O, se cree que necesitan tapiarlas foi^a jangar 
las palabras forenses para que surtan el efecjto de acusación ? ' ,-, ' ¿ 
. Perora ¿fué tusado por el Nacional de Mpntevidep.de .^tentar 4 !*q !(*• 
yes y libertades del pueblo, y á esa acusación respondió 90a u^pfí|B^p;y 
destierro. * * 

La prensa de Buenos Aires lo acusa todos los djas de ; ft*£ftnp, gor ha- 
ber mandado dar muerte, sin juicio ni sentencU^j^l, ^^í^glj^paiu 






La prensa lo acusa de asesino alevoso, por haber dado muerte eon f tó* 
coaon <fe una capitulación, baja la f¿ pítUtcttt/ ¿lh<^tfotimr> r qhe'bn' Hitóuu< 

cá§mfa<$M ■ ' ■."•■■; ' : . - ■ 

^1Ü« watóbioü jWité'#o¿Íurbh publica dtí 'üaivehó. 1 ÉstS *fo* 



muí 
oí 

PettViabte quién? ¿Ante la É^^i^ibn~i2l^á ? c^tf6lH%JS^^l ¿bl>Kírnoíclié-4f«f**íf 
'óúese llama ahora Asamblea en MmüeVídeót 1 v . : •" * " " 



^Es la acusación legal ffl que ee ecsijét 



ra 



¿léVcjuefeie, eU? Qué inocente*! Eeágí^ue sef^ecbntí^ía légattdáá * 
de esa Asamblea, la Validez de m nom&iihrénfr!^ 
mía de lor delitos por los cuales tiene qiife rfer acusáído él jjobie^htfflé Pfe r * 
reirá Ajó, nenes! , ? - : • 




un dia ante una asamblea qu$>pea [a ^pce&jon. del vo r to del pueblo, s^ráu 
juzgados y condénalos, porque ía conciencia pública ek ya'tni poaer en 
estas sociedades, y las ideas morales ganan inmenso terreno cada dia eu 
su seno. 

£1 tribunal competente é¿$¿efl¿n$$l$ yeudrA. 

La acusación legal vendrá. 

;Ifta4fipU&idu y él escarmiento vendrán. 

Oribe murió cotí tina «enténteia ifrevocada sobre su frente, que lo dé* 
cl*4ihA0llíid alevoso. <Hofú& ^to Horca, pero su nombre está eu la horca 
por lop siglos de los siglos. 

-«í8¡tft i ftf*i« í ioü ios hijos de^ñn ate 1 ** asesino. La opinión ty la leyaií lo 
ha*^WttTjmcfaife>, j la seiítet.cia de lá ley está en los aróhivoa de tos tribus 
nátb*Jp& idfeHdé ja op.tiJóiiBstó *egtetrado«eu la historia. 

-^BI*Éllb- dé tar'opíníóü pAWlba respecto de los asesto** de Quinteros 
esí*>¥*1^dé^ fu -feiütbtf á¡ par ia acUsaeiéu ¡que antte láoijitüoii lea ha bew 
cho la prensa. • "" •■ ' ■ * • < -' - ■ ■ ' í ■ 

La sentencia legal que los condene á la horca de los criminales famo- 
sos ha de ser redactada un dia, como & que declaró asesino aleve al ma- 
tador de Florencio Várela, 
•erfjtfl tttelitftodel ¡tfobtte Qainüeros qáeda¿ emplazados. 
e!S .vinS-uí •. •..■'.» \ •■.> ;.. .- •.•■.'■ •• .,-.■ ■• ..■ ¡ 



■*;>'. 



'títftifrOSÍ ÍATfctJBéÍ : -■■•■•'•'•••'• ■ • 

*"' ífeíW ptahíitíá^^Aimehfé én Montevideo un folleto titulado: Para 
taAfc(or/a— j^ 

La íorma del escrito le hace aparecer como publicación oficial, y se* 
gnu nos informan,solo se tiraron un centenar de ejemplares destinados pa« 
r» ftiera del país. 



-ÍGO- 

Hemo3 leído el escrito indicado, y sol q vemos on él un esfuerzo inútil 
en los actores del drama de Quinteros por probar que aquello no filé iáná . 
felonía. /..j- ' 

Dice el folleto, hablando del gobierno: '■' ^-- ■-■«" 

«r De los resultados, de las consecuencias de ese proceder, i na4'$h*.' 
« debido dar esplicaciones; el tiempo y la historia se encargarán de apré* 
« ciarlos cual corresponden. 

« Prescindiremos también de hacer un examen detenido de la célebre 
« nota del 8r. W. D. Christíe, ministro británico en .el Paraná, porapé/aa- 
« bemos ademas que el gobierno de la República, se ha dirijido al de S % . 
« M. B. reclamando de la estraña conducta de aquel ájente, que se er$*. én ' 
« juez de cuestiones estrañas, llegando hasta interpretar los sentimientos. .- 
« de au gobieruo para calificar á su manera la ejecución de los rebeldes en " 
« Quinteros, sirviendo así las miras de la revolución y las pretensiones 4^T-y: 
m minantes de un gobierno hostil á los intereses y los destinos de la HOfriK* 
« büca Orieutal. » 

l'arece que no puede quedar duda de que la publicación es oficial. 

(«El Ordeo», de Buenos Aires, fecha 22 de Abril de 1868). 



Recois en ce lien, oú fenchaini, le deipotismei les 
honneuTB que te décerne U patrie. 

Lamartine — Histoire des Girondina* 

Hay cuadros en la vida de las naciones que por si solos aunque ¿ifda*» 
dos,sou laespresion mas intima y mas elocueute del espíritu que. las auiqui.. 

Todo el que haya asistido ayer á la misa tiibutadaá los maneada 
los que fueron presa de esa hidra que guerra civil se llama; — toda cria- 
tura que posea un sentimiento noble y tierno de lo qne es )a demostración 
muda de uu pueblo, quedará convencida de nuestros asertos. 



Multitud de señoras de nuestras principales. familias— como en núme- 
ro de ochocientas — acudieron ayer de las nueve á las diez do la mañana de 
todas direcciones al templo de Dios, para tributar tnte el Eterno con la 
abnegación mas ardiente, animadas del mas sublime espíritu de caridad, 
la última ovación de la esposat pl eFpo*o, de la madre al hijo, de la her- 
mana al hermano, — ¡ de la'nóvíá al noviol ' 

En su* semblantes angelicalmente simpáticos seleia lare'igion de la 
patiia, 1» religioi' déla ccnc'cncia, lá xél ¿ion de la human dad! 




■*? *r 



-131- \ 

?*11as lloraron! 
nosotros lloramos con ellas. 
¿Y cómo no hacerlo ante un acto que por su imponente sencillez, por 
el carácter intimo que encierra, revela la grandeza de los sentimientos qne 
atriman á las damas Orientales, y demuestra que las ideas no pueden ser 
ni degolladas ni sepult^cfy eq Ipsicalpbpaos?! ^ v 



< AYJMafM /y e*tx>iaá' drkonrtraseuy* nómbrela Miifotnio4epa|vi#1;qh 
mo, libertad e independien *i , Té«lJb«ft>derfrtt habrá oido vuestras pre- 
ces, y la historia registrará en su libro imperecedero el espectáculo tierno 
y al iftismo tiempo magnánimo á qne habéis dado lugar! 

f¿''tótj¿fet-hns, i orgue todo el- que tenga un 'cowz<m -para seutfry una 
'rttéljgélicia pattf apreciar, os ha acompañado eu vuestros votos. 






Montevideo, Marzo 2 de 1858. : 
José A, Tavciara* 



si'} r\'-. . 




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CAÍ^ITTJIjO vi. 



*r. D& touo# los documentos y artículos anterioras resulta ^pr¿ba4? : 1° 
#we fc*<6o capitulado* en el Poso de Quinteros ; 3.° /-W^0L^*4jó 4&#ft W?» 
fame abuso do confianza le fué arrancado al General Díaz e^pasapefrte ar- 
mado por Mediftfique Qo^t^Mia las basqside la capitulación : 3.° Que fue* 
ron asesinados bárbaramente, sin ser juzgados, los jefes, oficiales y sóida- 
dos inmolado^ 4 Ja ssd'dofsa-ugrs del partido blanco : 4.° Que los robos im- 
putados por los señores Mae^o y Barbosa en sus folletos, sou falsos y falsí- 
simos; pues el partido colorado nunca manchó su nombre con actos seme- 
jantes, y esto está también sobradamente probado p*>r el testimonio de 
personas de respeto é imparciales, como constatado en la publicación de 
los articulos que forman el capitulo V de esta relación. 

Todo cuanto á ese respecto estamparon aquellos escritores en sus ca- 
lumniosos pasquines, no fué sino una miserable invención; puesto que 1* 
mayor parte de los nombres que daban como perjudicados ni existían ni 
existen en la liepública, y solo eran inventados con el objeto de acumular 
cargos, á fin de neutralizar el efecto producido en el pueblo por la carnice- 
ría de Quinteros, i ,. fi ^ : ... ■ ^ 

Muy pocos esfuerzos necesitamos emf>?ear para llevar al ánimo de 
nuestros lectores el convencimiento de que el ejército á las órdenes del ma- 
logrado jeneral Diaz, era incapaz de cometer los atentados que se leimpn* 
taron por sus enemigos; tales como: — el saqueo de poblaciones, asesinatos de 
vecinos pacíficos, violaciones de mujeres, incendio de establecimientos, &a. &a. Bas- 
tará tan solo recordarles los nombres de Diaz, Freiré, Tajes, Caballero, 
Poyo, Abella, Espinosa, Mas, Islas, &a &a., para que ni sombra de tales 
imputaciones queden en el fondo de sus pechos. Esos hombres que signi- 
ficaban las glor¡&3 de nuestra patria en lo militar, y el orgullo de la socie- 
dad, ¿ podian ser ejecutores de atentado* semejantes, ni aun consentidores' 
de ellos ? 

Un ejército compuesto de lo mas selecto de nuestra clase militar, en 
jefes, oficiales y ciudadanos honrados y patriota?, ¿podía haber come' ido 
crímenes como lo* que se le imputaban ? 

¿Habrá un solo lector siquiera que tal crea después de los documeu* 
tos aue dejamos exhibidos? No, no puede haberlo, porque eso sería una 
blasfemia, y afortunadamente los habitantes de la Nueva Troya conocen al 



-133- 

parlivlo Colorado, como conocen á loa 0}id* Qagies, Maza, Cabrera, Vilaza, 
1%M/ < 9iHWhi 9 ^éreihr; etc. etc. ". •' ,; : ' 1 ■ J " '••" ' ,! ; -*" u-' ' 
''^''''ll^Mlk-'eF^éñéírál'Diáas; qué después del gFoiTOtofri'ttfrfod¡s Cafañetoto 
dio al p r aia el * iguiente Manifiesto, habei^e npanchádó con taléá criménes? 
'•- IMaAó y cófttéitejsenbs después « les quéd¿ úrr áfoino dé dud4* 
*■ > piééM: • ■■' •* ' "' ' • ' ! • ' *'•-'• ,:: -/-i-'- ." • 

* "'I&.sólémriídad'dé'lás c'rcuítt8tatiqa9 én qaese encuentra la R*p6-¿ 
Büqa; la naturaleza de tos ao^ntéciinietitófl poIiti<*b3 q*e; se d^VrblI^h ^W 
ellfc^n.loanromentos presentes, y la actitud qtté"bl.*toi tomado en etóií 
acontecimientos ios ciudadanos qué componen el éjéréftó'ltbéfradqr y el 
Tefe qué los .Wamla^iii^ colocan ;ch r la nedesfidatf 'dé drijii^ ttíi yóW d fOs* 




nim<^ la reputación dé ciudadanos benemérito* qtie ! 
tfé f úi$ó?, K búé\\ÓB y- teáles sérridofrés' dé la pn tYii»; 

•'*' ^Ksírro&ria os es deacóiióclda, coriinatriót'é y anr go§. És la mista* 
qíté'd'estié IHñ métijóráblés- altura dé Móute'-Caseráta' tofo la gforiá'dV 
*rrtWóftia>s él trititifo dé lis arrias orientales y la caida dettlratid qae> 
MáNa ¿ írrtfehfádo eétílávifcárós: * ■"' ¡ 

I*rp4i fl^tdddwI^'lldákihfift'riiéióqéB que se han sucedido en x la República 
dferhhté IbS ¿Sóá ^jüetíuéñta üe ecfeietencía, ninguna lía é ú&is&ñ fiíúésttf * 
los intereses mas Vttyfés éo.mb la cM feiildádáirtr 1DL Gátir^ AL;. P^eirn; 
rfl'Agtfff ih&ÁáUxui ííá üecKó tm uso tan 'móitá'tfrifóso del bódtíP éoiíie él se- 
^^V^iWVfáV'^HHgüéió-htf-'-aiséét^dó golpea mais ftidbs á U ©ó"fc*itucton; « 
Hfc'flfcértfcdfetf ptibjieai? y & fós «Jérédiov priní^rdiares det^cihftadttlidi? Mn¿ 
jjtftío taiibWdó tanto de la paciencia de tos pueblos -f de' feü disposición 
tflápatf.' ■"''-- ■ "• -^ ■ 

eo! u\é j^ ^esfirde^efrígén vióiqso deia presencia del s^Bot Pereira, y de 
tojrtóedkfe\j4JMo£ cuales íé nabia sidó-iijíipuestá al paite éncieitcr modo,-i*6 
itobdeií lá Répftbl'Ca uniólo ciudadano qúe-nó sé sübordin&sé á feu'fttfcto* 
ridad, en la esperanza de que el nuevo gobierno adoptáiHá^Una pdlít'Cá 
*ítíW&trté¿ y íígena á láé pretensiones execradas 'de partido' Las' pfblon- 



erame; y lígena á Itiisr pretensiones execradas de partido uas'proion- 
ftWí^fe^acias del pnis i y la ! necesidad de una país repar*dor¿ Híipoñiá 
r*éacriflció,y íiohnboniidíé que ¡rehusase hacerlo. ; 

-:tov ^^Gdthdha correspondido i ^ tan noble sácHfició el gobierno del seftot 
1*eíréf *; vtostíttós ^ lo sabéis, cohtíiddadanosy habitantes tódbs dé ^Repú- 

• í7 "'El^á dada el espectáculo de los mayores desacierten, délos tittm 
inauditos atentados á la Constitución, del mrisibsOhito desprecio por l^s 
Wffcib^iiH^áiid6 5k stí'inarbIiá''por la erim ; ri«l)t0tewirtda tffer eisN^ndaloso 
WeiVtado de 18 de Murzó de 1656 t* onírti él Poder ^I/e^lkfiVó, rftíé ptiáo 
cunndo menos eii problema la liidé^nd^hcitt dé toé pddétés páb te< tf^y 
•pi^Iél f WWtordéteÉiiMrródé ciüdddáh^i qtaéi tío ftfniaá ^oh^ síí^ocar^o 
-^é^ért^^eér ai grah partido p^líúed que fatuta défettihW --tá^ntméj 
WtóabWMWttíaiáitelapatrííi. í: •'"" i ' <1 ;> ''^ 

-C¿mí* *'V. :■••■;.'■ "•-■ •' :^V;- - ; . .. -r ■ - . ..,_., _..... r 



—134— 

" Desde e3e momento fué fácil preveer la suerte que je esperaba aj 
paiabajo la actual administración, y el tiempo hi venido 4 confirpiar y 
ajustffcar las previsiones de entonces. •..,*■ ■ ■!• 

" Desda aquel momento los derecho* mis serados del ciudadano, y 
aun del hombre, su I ib Ttad, su seguridad, su vi, la mism i, no tipneu "i m ta 
garantía ety la República que los caprichos y volunUriedadei ^^1 ppier y 
<Ie^cÍ£Culo funesto que lo rodea. Ciudadanos pacíficos y beu^u^ri 3 tos, p tfj 
m*s de un título, han. sido injustamente e ti cárcel idoa en oscuro* ciIpQp?, 
£03, y arrojados violentamente del seno de la familia y de la patria, sUlj 
consideración á las forma* y trámites prescritos por la* leyes. '• • ,;> ^ 
"La libertad de la prensa, este centinela avanzado de las lib i rt^é* p#¡ 
blicas, ha desaparecido cornpletamaiit», y lo i escritores públicos Kan, : jmj ; 
dido ser arrastrados á la cárcel en pleno día, y lanz idos fuera del pai% 
por la independencia de su* ideas y de sus opiniones. 

"Una sol* esperanza, un solo camino legal le quedaba al partido ^e 
la defensa de Montevideo para revindicar sus derechos y oponer un di- 
que á los desbordes de la adm nietracion, y era, presentarse en ios ooipV. 
cios púbicosjá disputar fácilmente el triunfo electora!; pero el gobier*$ 
det Sr. Pe reirá le cerró también este único camiuo que le quedaba, pi$t 
hibiendo par un decreto las reuniones púb ¡cas proyectadas coa aqueí 
noble objetóla) mismo tiempo que autorizaba y prom >via por los mejiips 
oficíale* las del partido en que habia decidido apoyarse, 

" Bajo tales auspicios, era de todo punto imposible que hubiese eí^e^ 
cienes propiamente dichas, puesto que se habia coartado violentamente, 4 
la mayoría de los ciudadanos en el libre ejercicio del derecho electoral] 
pero el gobierno, que se habia propuesto imponer á todo transe al . pfria 
los candidatos de sus simpatías, no se detuvo ante ninguna considera: 
clon legítima u honesta, y poniendo enjuego todos sus medios y todos 
sus eleineutoa, d ó el escándalo de un nombramiento de* diputados hecho 
por Las policías departamentales. Tales el oríjen de la llamada 8. " '1% 
jislatura constitucional. 

« El objeto de esos indignos manejos, de esa serie do atentados contra 
los derechos d*l público y contra la Constitución, uq ha sido otro qu* lloí- 
var al seno de la legislatura hombres complacientes con el poder, dispues- 
tos de antemano á aprobar todos sus desmanes y escesos, y por ált'tipa, con- 
ciudadanos, poner el sello de su saucion á un tratado vergonzoso para if» 
República, y fanesto para sus intereses políticos, económicos y comercia- 
les» puesto que anula la independencia de nuestra idolatrada patria entre- 
gándola á uu poder estraño. 

«Tales son los fines que se ha propuesto el gob erno actual, y talas 
los medios que ha empleado y emplea para llegar á ello y para consoÚ^v 
en la República lo que él llama el principio de autoridad. ' 

« Cerradas asi por el despotismo y & violencia las vías legales y pao£- 
. ficas; defraudado el pueblo en sus esperanzas; atropellado ei) sus. ma^ sa- 
grados derechos; violada la Constitución, ño una t sino ¿al vec ( esjfiüg^Ad^y 
destruida por los escesos del poder la base de nuestras instituciones cíémo- 



W|4^Pf^#»^ , ?U^ ^^fé^4^&**4t# "- ^.tpí 1 -**^ Wdió enere apé'a? fcl recurso Sétremo 
délas áttiía», l qi\é éri el caso 1 présente os un derecho del pueblo para repta-, 
blecer el imperio de la ley,ó somjeterse & un despotismo brutal. '"' 

« La elección rio era ni ptf&jás^r dudosa para un pueblo viril, que 
ha sabido conquistar su lYbertád e iirdependefflcia á costa de su sanare y de, 
séus tesoros. Era ya i riüispetaabíe armarse para salvar A la República de 
loa malea y de la vergüenza dé la tiranía, y é30 han hecho los valientes J 
que mé han honrado colocándome á*6u frente. /' '■ 

La misión pues del ejército libertador e3 salvar á la Hépúblicadó 
la tiranía del Gobierna actual, libertaria del poder opresor que pesa sobra 
Slttij' f WViiitticwtrloií déi^Aósde los ciudadanos torpemente hollados ; por 
élto ¿oíff^ábl ; Ss& nriüón hit ém|>e«tdo ya á realizarse con la espléndida, 
i^^iiúé(^dñ¿ha y queasegura él triunfo definitivo de la buena causa.'' 
fla étíEht^á'n)í[ 4 ddmpatHotaá y habitantes todos de la República, jüró^ór' 
ñtf -hótiot $$% faz del púébló, qué ai aceptar el puesto que me han con- 

Sido mis conipañerós de armas, no he sido movido á impulsos de ningún 
irttmiéiitd bastardo, de ninguna aspiración personal. Él supremo inte-' 
res de la patria eá íó útírco que nie ha movido á acudir ai llamamiento de 
mis conciudadanos j^amigos, y .^compartir con ellos sus fatigas, sus glo- 
rias y ana pcligroáT »i * ■ « -. .*:•=■-.: 

*J ift^perq. 4 co^€^t^ra confianza que la opinión del país .y { la posterí- 
d^ sápráphaceVjustrcta^d la sinceridad de mis palabras y á la pureza de 
im8 f lúteiVci()ííes.» : '.' ' 

-lA « Cuartel general/ BueroSÓ de 1858. 
*" ' (Firmado) Cesar Díaz. » 

¿ Podía el que firmó el anterior .docnmento mancharse con los críme- 
nes qntó le imputaban los escritores dé aquella época ? Mil vece3 no ! ! 

Afortunadamente para estoja países, él partido blanco es conocido ya de, 
todo el tnun do civil jRado, y por eso, apenas llegó áoidos de la Europa y 
de la América el eco lastimero de ésa voz fatal qtie les hizo conocer la 
auerte infeliz de los héroes y mártires de Quinteros, un grito general do 
indignación cundió, como el rayo por todas partes, maldiciendo á los auto-* 
Iffifiqbíf&lihiiAo'y & los que directa ó indirectamente propendieron á él. 

^ ^ÍÁlii'éktíh'esos artículos qué bien patentemente lo prueban; ahí €f£- 
tam^&tólio&i mSHííeStacion del pueblo* de Bnerihs Aires en favor de las 
victimas de Quintero?, mandándoles hacer unos magníficos Amérales, á 
iMdue ásí&Tió todo cfctanto hay dé ma3 notable y distinguido en aquella 
j&bmcion, en X$ ná cofa al y estrangero. 

*| ÍÍJJ Aétb' tólérhneé' imponente en que se manifestaba de una manera es. 
^fesrirá la indignación producida por la carnicería sangrienta de Quinte* 

Era un tributo del pueblo hermano de Buenos Aires, en que bu go- 
m¥fiiéno r téiÍiata menor pálrfléipacloh, ni tampoco hubera podido i mpe* 
4l^ c «6^€í'n6 ; patft<yimpedir taih)poco qhe los Sw. D. Bartolomé Mitre, co- 
HMmfatdircéir, D. Héctor y ÉK Mariano Várela concibieran la ideade pro- 



mover una suscricioa popular con el noble objeto de favorecer la* tíujIm J lot 
bijo8.de los mártires alevosamente asesinados en Quinteros por $1 gpbtórao aja 
SrlPereira. ."."■■_ ^ 
En menos de cuarenta dias esa suscricioa ascendió a ciento y setenta mil 
pesos, concurriendo espontáneamente á ella loa habitantes de la campa aa¿ los 
de la ciudad, los del Rosario de Santa Fé, Concordia, Paraná , Concepción del 
Uruguay, Córdoba, etc. etc., pueblos estos despotizados; entonces, bajo la opre- 
sión del general Crquiza, el aliado del Brasil y del gobierno del Sr , Pereíra 
en aquella fatal época 

Como nuestro objeto al dar á luz esta refació* histórica, e$ no d$jar dp/i§ 
alguna de que en el Paso de Quinteros hubo capitulación, y que^.p^^^Q 
los Sres. Maeso, Acba, Horne y Barbosa con tanto etLpeflo *e¿ó ; QPtqa 
tampoco queremos que quede la menor duda sobre las calumnias de aquelfoij 
con respecto á robo*, asesinatos* etc., por las tropas del general íhai, y ñjne^ 
burgo de las abundantes pruebas ofrecida» en el curso de esta relación, pe^r 
dimos á nuestros lectores se fijen con atención en el siguiente articulo de Jtj, 
Nacional de Buenos Aires, fecha 2 de Junio de 1862, que dice asi: 

PASO I>E QUINTEROS, 

«Según las cartas que publicamos á continuación, ya. el día 28 los fi(ib<ute<- 
ros de Plores, se habían alejado de Paysandá, y cercados por las fáeróu í¡£» 
gales erau fatalmente encaminados al Paso de Quinteros ! » 

« Estas son las palabras con que se encabeza un boletín de lá Reforma Jto- 
cifica. 

« Las cartas que se rejistran en el boletín, á continuación de esasliueas, 
no tienen importancia alguna, á no ser la nueva prueba por declaración propia 
de las sangrientas tendencias del partido aliado de Rosas y sierro y airfgb d¡¿ 
Oribe — esas cartas son todas escritas pjr gefes blancos y en ellijs cada uno sf 
empeña en manifestar mayor grado de odio y de crueldad: ningún hecho a*m, 
so o la promesa unáuime de repetir otra carnicería que no sea menos bár^va 
que la de Quinteros. 

« Todos los gefes, pues, la prensa, el Gobierno y todo individuo qué per- 
tenece al partido blanco y pisa actualmente en el territorio oriental, está proba- 
do á la evidencia que tienen la voluntad decidida de derramar nuevamente la 
sangre de mártires ! 

« El Pato de Quinteros, ese nombre qqe recuerda lamas infame y la. mas 

COBARDE DE LAS CARNICERÍAS EJECUTADAS EN PRISIONEROS INERMES; CJSR ÍAL- 

qnidad que no tiene ejemplo en las guerras mqs encarnizadas de, nuestros tienr- 
pos, porque fué la violación de lo que lodos respetan, la garantía de tá vidpQjUe* 
de deponer las armas, el Paso de Quinteros, decimos, se invoca como un timbife 
de gloria y como algo que recuerda la Providencia ! 

« Una capitulación violada y una carnicería donde se, hacia correr lp 
sangre humana en medio de la algazara mas salvaje, donde so bacía .ostgptackip 
de crueldad, prolongando el martirio de lu víctimas, fs el recuerdo ,\ 



mvoca y que se presenta por los gefes dé lte Mancos!, ¿Ótelo ^prfijgrami en la 
presen^ gqerjca^pcftgr^naa. que se acepta, y se encomia por la prensa de ese 
partido. " 

* * El programa de los revolucionarios fué levantar la jupti^ia abatida, y 
abrir las puertas de la patria para los orientales á quiénes fa tiranía había 
VS9M& A^XM ^*Wff?£ : >* fW^ejnibjt en él Je* mata rúa de Quiuíeros y 
«nombre de la moral sé hacia la pro el poder que se había 

te^^^ft?^ l* s padí veres, de Tos. mártires v. y. á nombre de la moral se 
prometía dar de nuevo una patria á tos que íá habían perdido por no querer 
¿iflJWiW^ntar sámanos, ni njancbar su conciencia con el aplauso de la inl- 
fpnjfqaq. l ...' .'¡".. '•.'.,* ., 

m ¿¿«d&fpyfow^ laapolojfa delcríméji; ^Ibfe 

^^fprf^tai^ poltra la sangre yérjída en Quinteros,, se les responde con la 
satisfacion de aquel hecha síq nombre, eu que la cobardía y la crueldad Ste 
^Pf^w^tiRiinitp,. .,,'..,.. \ ;.' .,/'.'■ 

/■•r.^iMfliPW-W carnicería llaman bandido^ 

Id&que la condenan; los que ise halagan! cqq Ja ^peranza de derramar dq nuévp 
^M&PJS&jk) Aloyas, yictini^s^ llaman; ¿andidos á los que iléva.u ía libertad á 
Jos mismos que los amenazan con ía muerte. . 

[ ^ « Ninguna duda puede quedar ya" sobre las tendencias de uno y otro pár- 
"fíláo. — Éí partido de tos blancos, cualquiera que sea el término dé la lucha ac- 
tual, se ha maíitfcfrdo una vez mas; el partido colorado ha hecho la conquista 
rf^Rt 1 ^^^^^ 6 ^ sery¿r$para fortificar las simpatías que ha inspi- 
rado hace ya mucho üempp # tódos Jo$ : amigos dé ía libértótf y del.ttóíeclv). 
-4UiL ct^WB^^B 1 . ^ÍíP?W° rpfoffiíto Ka sido leva ritáda bi^n áíto,V éstft ííl 
frente dé la Bandera del partido Ótanéo que SUS hombres han revafntado 
también. \ 

( ^ rjr « ( ^P|tDalabra de aliento, á los que. luchan por la' libertad U'e sus eíjmpa- 
tnotas y ¿í bopordíf su patria, ^na ^al^ibra de aíieuto de todos los jqué ; simpa- 
. Mfí£At9P^> to t ^p^^ í¿faisfi ? uua palabra que estólilézca lá solidaridad moral que 
ííeSe existir entre todós'íofe hombres que sienten en tia. corazón amor por la 
4^!if¡ty ^WPRfPWs fl crifijep, gue$e erijeen ^átdiffa;» 

,.: ^^¿tift^eipcjs, . it .. . '.■.'"■ 

. ; ..¡^e^rito^á <fól&<s .Péréira, éh lo dtte tute mdipié hicieron; fué en 

■'fflSlfR» W 1 *; * l * $* tristísima , n^ñfaria, hubiere tétiídd fugar tírix capitula- 
ción, y al efecío se desgañotaban gritando «rio'hübo tal capitulación, y si tié 9 

^MWlflmienlaj.los desafiaras á que lo hagan»— Bien sabían ellos que él 'déígi- 
p^|j(e ^bi^.sídQ ar r f"* í%a ^° al /general Díaz, por el coronel Lázala, él que 
en unión con Medina se lo remitid áPéfeira. Pero loque aquéllos éééri- 
to^^dabao aparentaban olvidar, era qtre él malogrado general B. *Cé- 

1 Wjjíaz, cuándo comprendió qde no podía réSiétir yá y ólvíd&íido la escuela 
l^.Mptene^e el partido blanco, entregó el pasaporte al coronel Lósala; y 
presintiendo átguna traiétón, áácó ¿opias dé ¿I y tes remitió/ copio ya hemos 
dicho á ranos seflores de esta ¿api tal. También se olvidaron dé lá carta del 
general á mi esposa, y que decía así: 



'<»: 



- isa- 
Sra. Da. Josefa M. deDiaz. 



»í;:v ¿ ■.-*-, ««:•:. :■ .- s- t: 



Paso de Quinteros, en el rio Negro,ítiieto S&'dé'^lSrili .V; ^ 
Mi Pepa querida: • '' : - ■"• ■ * ■■' * . , 

; * ; " *■■-.!•?■'■.!■!• :.;'»:,<; -,:-.l '¡•'Mi- 

«Después de extraordinarios esfuerzos pai;a sostener la c&úijfaifík; : 'iJW ¿te 

MOS VISTO AYER OBLIGADOS A CAPITULAR.» ' . * '" ''>* '"••* i « r:C1 * . 

«El General Medina ha gabán tioo la vida de todos los úflciátes £ sol- 
dados que me acompañaban. : '* : "■'•"• 

«En cuanto á mí y á los demás jefes, nos han dado tnr PAíAPbirrtfríV'ii 
march rala frontera del Brasil, bajo una escolta délas fuerzas de su tftandi. 

a Esto ha sido pactado antes de deponer las itktéi^Y'ihsíéo en mi 
bolsillo el espresado pasaporte; mas, segtiu )o conVéhidoV dSfytamte fcaWV 
salido ayer para nuestro destino, y hasta hoy estamos detenidos, ' } '"»'" r> ' !l / 

c INo me figuro que el general Medina sea capaz de viola* utibópiré^'ée- 
bbradocon todas lis formalidades de la guerra; pero ño pueídój ííitf 'etaBargo, 

liahlarto o.í\t\ Kpmii»iHnrl Ha mi fnhirñ en¿Vt¿* .1 -■ -i'- v t*# ■ '« :.¡ •' í'i *»..' 



hablarte con seguridad de mi futura suerte. 

¿Nos llevarán al Brasil? ¿ nos llevarán á Montevideo f l i fyuéir «abé.! 
Pienso á todas horas en tí. ..... . • ". .... . . . . vVíH; i / ,í . : ". ífr : '. r . 

• !•••• •••••• •••••• ••••■• ••••»••■••.* ...... •••••• ••■«•# ••»•'. •••••• ••'•••• • .. . *•••! • í«?t .*••••••••••• 

' - : - : .." =1M¡ Í.*I • •..•■" 

El original de esta carta y la copia del : pasaporte fué depositado aqitf¿n 
el consulado inglés, como lo dejamos dicho en otro lugar. ;l " V * ' ,' '"■ ' :,í> ■ 

En Buenos Aires se publicó posteriormente y fué seminado por tóefiio pue- 
blo, incluso blancos y federales. ' ,>, " , .V\" 
Ahora bien, ¿qué dice esa carta? '/ l '* í7 ' 
Que el ejército colorado se entregó bago él cobvenio de tina exhalación. 
Que Medina garantió la vida ai general Di». z y sus córtipáderw." ' 
Esa capitulación fué mandada á Pereira y comparsa por éí tfaidofr Méd^a. 
¿Qué hicieron al recibirla? . " . *• ' '* '.' ' 
Burlarla de la manera mas infame, mandando él gotferh^órdéh;- fárti qbe 

EN EL ACTO FUESEN EJECUTADOS LOS CAPITULADOS. • - 

¿ Y los que tal hicieron qué nombre merecen ?. . . •/";•„<,•_• • " 

Pero,para que el partido blanco no tenga niel pret^sto dí A nélgá'r'ajiora lo 
que entonces nadie tuvo el coraje, de negar,pai*a qué el hecho defa capittlacion 
quede mas constatado, vamos á consignar de nuevo mas ade1á^^el,adcnmén- 
to que va en la pajina n. 48. . .... V r \'¿ 

Cuando la noticia de la capitulación llegó á Mt»hle video, las tjíádreí ; hs 
esposas y los hijos de los prisioneros, temiendo ló que p<x)|a sucedei-, fueron 
á implorar gracia del Sr. Pereira. . . r . : '/. .' . , 

En ese camino, los ayudaron varios miembros respetables djd (¡uerpo 
diplomático. ' ■ . ti ' .' . * ! ." L *'": 

¿Qué hizo entonces la camarilla, (bien conocida) que rodeaba á Peteire? 

listo es lo que hay de mas bárbaro é inicuo. ■ .,"'■'. IV" ....:*.,'," 7 ,/.V' 



Temiendq que lá presa se lé3 escapase, manearon á escape la ¿rden para 
la ejecocion de aquellos mártires jeuerosos y cuando comprendieron q*ie ya 
habían sido degollados, que ya no podían escapar á su brutal venganza, hi- 
cieron que Pereira, firmase la siguiente carta. 

Mucha atención! 

Dice, así:. 

"L'^r^rir ■■ - Montevideo, Tebwro 2 de W58. 

« Su brigadier general Di ■/ oadeto Medita i 

jk. jU^qfyierno ha ordenadp la e¿£pjiciqn d? los gefes d? la rebelión (j^e 
han^i^o en jMyfcé'af l^s afolas i^íonales, pero atektas las ü^ukstaíí- 
cías que han mediado en El sometimiento que fiECfEN goaof^y ,4 coufjk 
deraciqu^ qug $1 gqhief nq.ijo, ha podido, prescindir , ordepM Y* E. qup en 

el aqgf ^jfciraítyc ¿s.te despacho wspend^ V. Éi U ejecución, coucluciéoüQlQS 

áU^^jtela;Ü¿í(m, 

4r Jttios guarde á Y. E. mucho? a£% 

« Gabriel Antonio Ptreira. » 

Pédifán phoré^qüetloá escritores? 
tjdráh fainbién ei duela la atitentfcid&d de este documento ? 
^deTa'inftrttóá í^iié iriévéfe, apárén&ndó.p^cfvíi^i; ií guiienes $ra i¿ r 
\¡0 pódihn ter perdonado*, á quienes teníanla convirciori ; : d¿í^'y¡B*#- ' 
toban ejecutados, ese documento revety la existeucjade la (^mtdlarion (^ué W 
nie^/pües báb)á <J¿ cfrcún$iancia¿ qué han frieuiado en él sórneiirkitHio. \ 

¿11$ rdrcuústánrías soá ésas *t 

l No es claro com^ la luz del día, que Pereira conocía ya lía capitütatio i r y 
que si no pronunciaba esa palabra en su carta ni traidor Medina, é^ sifoplé- 
mente porque él no podía convertirse en acusador de sí rtfistóó ? 

Tf si nq era la capitulación, ¿ cuáles eran esa& circumtántiai ? 

Nada tienen que responderá esto los defensores del partido blanco] y silo 
hacen, respondan con documentos como lo hacemos nosótitá; cp4 doejKftéptos 
que lleven al pié la firma de nuestros hombres, como el úItirtK>^ecopl¿íhpí> 'lie- ' 
va la de los suyos. : :í 

Así se escribe la historia. Así se. I^abla la verdaej. Asf sé prueba Que él 
parfla&^)tóí¿¿ ! 'A él mát del fecfcóWe Qiíífaf<frps. \ ."" ."" ; ! ! 

ÑnesíH4s lkttré^áiVán ajtórá ^iéntes ¡son los calumniadores jr, fos fétáíi- 
gcs. . l " '' '"" ' /',".' x ,<: . ■■• ■■' 

Aun tenemos mas pruebas con que confundir á los detractores del partido 
calorado i y dejar bien probada la revolución que termina en Quinteros. 

Al efecto vamos á consignar á continuación dos cartas que el ciudadano 
emigrado Dr. D. Pedro Busiamaute dirijió al Sr. Frías en Buenos Aires, en 
contestación á varias calumnias que aquel se permitió publicar en la prendí 
contra algún ¡os de los hombres del gran partido <Je la libertad. 

Esas cartas son una recopilación esacta dé todos los sucesos de aquella 

19 



época y de los fundamentóte e* que se apoyó el partido colorado pá» hacerle 

la revolucipn ai Sr, Pereira. •:*..' 

. . • . ■ - ..«■•'* 

Véase lo que dice el Sr. Bustamante : /.:.-, 

" Sr. X>. FÉLIX FRÍAS. 

(( Por algunas horas he vacilado en coatestar al artículo de vd. publicado * 
en el Orden de ayer, temeroso de que la indignación que él ha sublevado en 
mi ánimo me hiciese esceder aquellos límites que la moderación y el respetan 
debido al público, aconsejan guardar en las discusiones por. la prensa. Pero, 
sea'tté'estb lo que fuere, se flor, vd. ha áfado á'nti país yyátni óaríldd en sus 
glonáayén sus* hombres ríias culminantes; y yo no puedo resignarme 'á de^" 
vorárfen silencio sus denuestos. 

• « Voy pues á contestará su artículo de vd. no en lo éftie tieñé de perto^' " 
nal contra el Df. Gomes, sino en aquella parte qué se relaciona icoit los : tít&P . - 1 
mos sucesos de la República Oriental, y con los hombres qué iiátt figurado ; - * 
en ellos. 

«Para que se persuada de que tengo títulos bastantes' partí -emprender 
esta refutación, bástele saber qué soy oriental, y miembro, aunque muy hu- 
milde, del partido que vd. ultraja, Sr. Frías; títulos; que no he perdido por 
hallarme ausente de mi patria; títulos^ que, en mi país y fuera de éjl,- me; ha- 
cen competente para rechazar calumnias, como las que contiene m artículo' ó 
libelo; porque i& calidad de dueño de casa no da derecho para insolentarse,, - 
corojos estrados. ..'.->...... : \ . " , „-, ,.*.. '.. .''. \,V -',. '^ 

« SI quiere recqnoicer el í>r. (lomez-r-dice vd— '& los verdaderos ¿árapiic^;., '. . 
« del atentado de Quinteros, no necesita buscarlosjtjm legos .ftetit. ^^-ff*'* 
« rigüe para saberlo, cuáles fueroq los facciosos qué , proyoc^ran coa s^ |q¡rd * 
« re^y,yenga¿zasla g^ierra^ivjí en su propio pais. » v . , . • J J " v #>,,.-, 

« ár. Frías, es insultar 4 loa vivos y á los muertos -^-ji.Jos muertps ep su ."* !' 

memoria, — á los vivos en su infortunio, en sus. áfecciones f V¿rt losfentitnietites 

ma$ delicados que el corazón del hombre conoce; y oso permítame vd/decir- 
sclo,!ew£S ppco generoso, eso es innoble, eso si es digno tansalo de la pie- 
rna dé Nicdli?1tfariüo y demás gaceteros de Bosas. 

« ¿ Quiénes fueron, Sf. Frías, ésos facciosos que ejercieron sus furores y'$u$i í 
venganzas sqbre.. ms /¡neníigosZ . .= \ '-.«'* 

'« ¿fueron Tos cbf orados, que np estaban siquiera eñ situacícjn de podpr . 
ejercerlos, pues se h^Uabaq fuera del gobierno, j que porfliuchóttenipcí has- 
ta carecieron dé organización como partido poHtico? 

« ¿ Fue el venerable anciano O* Joaquín Suargz, ciudadauo pacífico,» y pa- 
triota á toda prueba, que trabajaba por k indépéndejicfoV^^ 
que viniese al mundo D: FeTix Frías ? - . . ' 7 ":' ( ' * 

« ¿Fué el general n. Enrique srartíné¿ lf veteado ¡$e los ejérpto^ de tá r . 
revolución americana? -'V- V'^- ." l> \ '": "''." '".''"[. ■ *. ." * 'j "„*i -¡ ... 

« ¿ Fué el gerterat D César Díaz, útfe wápd^ dé batirse por nueve anps ' ' "'. 
por la independencia dé su pai3/Viho k 4X!M¿^ 



^^los «01^06-46' Aésa8 v pata que '-D? "Félix* Frías, desterrono énfoneé^ pü- 
i -diese volver á su país, fuese reintegrado en sus derechos de ' ciudadano argén - 
íüqojlf pediera mastaride arrojar lodo sobre suturaba? ?? * 

t.iji t « ¿Era un faccioso, manchado cou actos def furor y de Veagoriifti aquel Ta- 
je», ^ek Aquilea de la Mueva Treya, el Buyardo Oriental, el Tentadero- tipo 
/ del soldado republicano, el corazón mas noble qa# ha latido jarea» en peono 

JlU0¿WD? ':., ■ . ■' , ^.-:i5:'.'. 

« ¿Lo era el general Freiré, uno de los 3& heroicos libertadores, que .el 
:aúo 24 acometieran á las órdenes del patriota Lavalleja T la ardua empresa de 

• rescatar áaupaistde la dominación bras lera? «í 

« ¿ Eran facciosos manchados con actos de furor y de venganza, Caballero, 
"«Martínez, Abella, Poyo v y pantos otrosiwaéadaoos beneméritos y leales a 

.«u bandera, sacrificados unos ea Quinteros, jiroieudo otros bajo el despotismo 
tüeliOobiernu de Montevideo, cond-nados muciid&á comer en «Jj estttonjero el 

amargo pan de la proscripción? r. ••:. i .t.i\\ \t\t:v-*<\ .. 

oU.M tí ¿- Merecía» ese dictado los que, en & prensa y fueradelaipreása, en la 

tftriban* y fuera de la tribuna, con la palabra y. con tos hechos, estafan* dferitoa- 

trando prácticamente sol resolución de apupar la *opa del sufrimiento fercata de- 
i jaree fusilar en las mesas electorales, antes q*e «pelar ü la revAtacim* ? 

>¡\« ¿Eran (acetosos, manchados con actos de venganza ó sédienbosdeella, 
-tasque,. como Día* y Tajes, llevaban sus contemplaciones y áu sumUíonUri 

gobierno hasta el estremo de solicitar del Presidente, de la República, ca&'éo- 

• mo una concesión-^ loque la leyrjes'reconocia espresameote como un^dérec bo- 
fe facultad de reunirse públicamente para acordar sus candidato.* á : hi-repre- 

>. sentucion nacional?, ■ >- • : 

•'i*u i a ¿ Lo eran los que teniendo como , resistir, cruzaban los bracos ante los 
destierros dejl J)r .Gomesí y: otros .ciudadanos primero, y después a«te el del 

• gieáeral Di az, arrancados violentamente de sos hogares., encerf¿4o*<e¿ oscuros 
^calíibozoi^ y aL fia arrojados de ai. pais sin juicio ni sentencia legál^slri^usa 
L^sttf¡oada v por naoapricho del poder, 0o? uní ¿acto despó*lotfy ittatiftfela 

*pt<K*d«lpúWica?: « -■■ -,r.v- • •*«'- ■-:; :■?■ i-i-éi/A-otiii brí'i^-': 

« Los que eso habían hecho, los que eso hacían, los que asi obrábanlos 

.*}ft£aan«ufríaif las-ttíGpeWA, las arf)iliWiedadeí;,^DS^téntódos*f poder, ¿eran 

fttQGfc0be£?£eranfite^ ?- : * - i-C-*-* *: •> 

í^l: wiNo,Sr » Fcws.iJtóspetevd. un poco mas la memoria de 1m qttefy&kio 

*fdi¿stfiií^y elbooor, jí e^de* echo* de los que Jes herno* sobre vividty respete vd. 

¡«otop todo ¿a rendad y la justicia,, y no quiera confundirse con los bombrés^ie 

> &w portWo que ha tenido poif táctica constante, atribuir á su advé rs arto' ten - 

détteWfN, l^ecliQS y crímenes deque solo él ha sido y ep capaz. B osas y Oribe 

llamaban castrador al general Paz; asesino y forajido ál general La^allé, de quien 

rtoé secretario vd. , Sr< Frías; bandido al general Ri vera ¡'sfl/vq^á todos sus ene- 

, roigoe; y cuando esto* le* enrostraban con sus crímenes y pul maldades, itttén- 

• toban justificarse, como intenta vd. justificar abura á la política bra«lléi»4*« el 
Rio de la Plata y á los asesinas de Quinteros j insultando á te* vít?tf*nafc y ale- 
g^pd^q^ela responfiabUüadde sus heehps úo era suya, piuo> de los salvajes 

MÚÜMÍ<*\ qut no qwian eííarst.qmiúlos^ni somtérse d su a»Mi4#d, esdertr, áteu 



tiraaía. Es lo que ya habia dicho el fey deE?paña paw^tAcwkte¿(n#oée« 
de }« conquista de América, el gobierno y el parlamento inglés paral absoWer 
i Hastings de la responsabilidad de las matanzas de I* India,; Garlos í X pata 
_ cOhones&tr la San Bartolomé, Alejandro de Rusia para ¿hice rar h sus tenientes 
. de los horrores cometidos en la Polonia, y la .monarquía austríaca \pKra dis- 
frazar coa el maüto de la justicia sus iniquidades en Italia y Hungría. : &a)aha 
palabra, es el medio de justificación á que apelan todos los tiranos; lodos 1 los 
gobiernos despóticos y todos los partidos sanguinarios. 

« Facciosos^sedientos de venganza, son los que han techo del padter un 
instrumento para derribar las instituciones, y pira perseguir, y esterotinará 
sod adversarios políticos, : > : 

: . a Son los qm el 18 de Malrzo de 1 856 atraillaron puftal en manoj á tos 
representan tea del pueblo, hiriendo á los diputados Toare* y Labaodtfa^ 

* Los que el 30: del mismo mes desterraron sur ctosá alguna justificada 
al general Diaz, al coronal Tajes, y otros gefes y oficiales.; ;< :w..:i«- 

« Losquk, no pudieado arrabear de la Asamblea la sanción de] tratado 
celebrado con el Brasil, ni aun á faVor de las amánalas del Gefe Potitico, di- 
«OlvierOQ por un golpe de autoridad la Cámara de- Representantes; ; ■. í'.t:/:¿ 

« Losqu¿ v viéddose vencidos y perdidos en la opinión . púbfieaper la 
aposición en la prensa periódica, no trepidaron eu amordazar á Iqh perió- 
dicos colorados, en perseguir, prender, encarcelar y desterrará «ni rfe- 
daetores. ■, « : .■ ••.!■:: 

. *. Los que, después de haber declarado pública y ■ solemnemente por rao - 
dio de circulares a los Gefes Políticos, que el gobiérn> no tomaria r ¡ pfcrtc» di* 
recta ni indirecta en las elecciones populares, echaron mino de los medios 
oficiales y emplearon la coacción y la fuerza para ganarte las elecctdnes al par- 
tido cotorado, itapidi^enda la libre manifestación de la soberanía popular. ; 

« los. que, proveyendo su infalible derrota en las eleocionesy si se deja- 
ba bipartido Colorado la libertad de orgapizar sus trabajos y combinar sus 
efementas para la lucha legal y pacifica, no tuvieron embarazo en coartarte é» 
libertad, interdiciéndole por la fuerza el ejercicio del derecho dé rémíioa^pa- 
cíftuu : ■• >.. ,. . .;.-;.¿; - ■ :■;• ■ * ■■ 

a > < I^qwbicieroapen^egtíir y desterrar dé Mercedds, al Dr. Mézqtd(a, 
que trabajaba alM por el triunfo legal de su partido, y asesinaron cobardeaien- 
Ui un empleado de policía, porque le supoiiiaii adicito á la p<$rsona / de aquel. 

« Son facciones los que come el ei-mÚMstro Áéqife*a, redotaiendari á, tos 
gefes políticos de campada, como un beneficio inmenso, pava? ei pai^y' q«*°«a 
preciso asegura á todo trance, un proyecto de tratado itíterciadionírtf treqoe 
el poder 4 quien competía esclusivamente aceptarlo ó rechazarlo lo huteicse 
tomado tadavía en consideración. ■• ■ 

«c Son facciosos, y algo más, los que en el departamento del Saltó asesinan 
ánn sargento de policía porque como colorado, se disponía ft trabajar por tos 
candidatos colorados, y . hacen inscribir en el repta* cívica los nombres de 
mas de 200 brasileros,' la mitad de ellos hnajinavios ■• -"* 

« Son mas que facciosos los que én la secéioted* tos tires ^rbWefi (juris- 
dicción del departamento de Paysaudú) llevan & tas mesas electoral^ WMtffe • 



¡ ,l»afrifcarf»delanzaiy trabucó, paraje voten como cSriciáffáfcbg é impidan 
f ^#to?á loe'cotórados. 

: \ : í « Son ¿acetosos los que en el Departamento dé Canelones, le acechan la 
^ fcastftl Góraandante D. Nicnsío Porjes para asesinarlo, obligándolo a guare- 
í >!reme€fl to* montes de Sahta Lucia, y los qué destierraVí de la Colonia al ma- 
yor Arroyo y otros vecinas del Departaméuto, porque trabajaban por el triün- 
.fcde te; Aiafta' colorada y ha bia conseguido entrar én la composición de las 
i fáesna primarias. 
/ 5 r«^Sott facciosos sedientos de teftganza los que por seguuda vez, y tan injus- 
tamente coma la primera, destierran al general Diaz, sin atreverse siquiera á 
. darle la orden de destierro, ni mas que un pasaporte que aparecía como soli- 
citado portel. 

« Lo son los que dest ierran por su orden Senadores y/ Represen tari tes, á 
r despecho 4e fas inlnunidadeB qué la Constitución les acuerda. 

;; «6on, por último, facoiosos, asesinos y sedientos dé sangre y de veugax- 

»¿tos ique ordenaron y los que ejecutaron en Quinteros el fusilamiento de 

Diaz, Tajes, Freiré, Caballero, etc. r cuyas vidas estaban, garantidas por las le-> 

jteft^la guerra y por el sagrado de una capitulación militar. 

•.su ;í* Btoa,Sr. Fria&, esos son los facciosos que con sus furores y venganzas 

; pfdwcaroa la guerra civil en su propio país; y los qne algún día tendrán que 

. dari ementa á' l)ios de esa guerra y de sus funestas consecuencias; 

.■i -.: «Acometer á los Representantes del pueblo, htropallar los d<? re clips 

primordiales del ciudadano, disolver los poderes públicos, sofocar la íiber- 

; tari-dei péebtó* coartarle el ejercicio del derecho de reunión y dé si^frajip, 

i violar cén fuerza armada el domicilio del ciudadano, amordazar la preasa, 

•primeriar, encaroelar, proscribir, fusilar prisionero? Capitulados, todo eso 

ha hecho el partido blanco, y entre tanto, es á los colorados, á, los que han su- 

fridoiodé eso, e&ála* victimas y no á los verdugos, á quienes vd. Sr. Frías, lia- 

ntaifiueMQá> y acusare haber provocado con sus furor esy venganzas la guerra 

<- ¿ un«;Bftg^álMaqalflar9«ontinnár ínaflana la penosa tarea que me he.iroppés- 
tq,. ó mejor dicho, que me ha impuesto vd. con la publicación de su artículo. » 

ir. 

• * : ' ¿:i »? <;■■•; ilVO<: ... ■;'•:■ ■■ * ' , . , 

. . i * Hbph>báctóen mi primera carta qué es falso que él partido de la defensa 
s de Montevideo hubiere provocado ftí con actos de furor j de vengauza.iu de 
otromoda, la £a<?rra qae terminó con la matanza de Quinteros; y lo heproiw- 

* dp,iio*5an palabras y declamaciones huecas, ni bajo la fe de mi dicho, sino con 
heoboflqoévd. no podrá contestar. 

* He probado del mismo modo, que fueron el gobierno y el partido blan- 
tOiytáútáo eúfeonoes ¿el poder, los que provocaron la revolución, y los que me- 
recen por tanto el dictado de facciosos eon qué lá generosidad de vd.uQs favo- 
rece ^ ..- '..''.....:''.! 

; . » , ft,Gae8.heeho9 sonde toda íitítorfédad, y de tal naturaleza, q«£ después de 
etlofcaotoíateíba ptmt poAer el' sello' de la jtísficiá á la 1 revolución un atentado 



como la carnicería de Quinteros, según la bella y etocta edfciréstardefr Mflor 
Chnstie. Son hechos conocidos de todos en Montevideo, en Buenos AM&,'en 
la Confederación y en el mismo Brasil, y yo co puedo por lo mismo persua- 
dirme que los ignore un hombre como vd. que, figurando como figura ««los 
negocios públicos de este pais, tiene obligación de ponerse al corriente "riel 
movimiento político á lo menos del Rio de la Plata, ■ • » = ¿ ■:■■■' 

« Pero por si vd. no me creyese ; por si no cree á los colocados y 4'lbs 
hombres imparciales; por si ignorase lo que no debia ignorar, voy á citarte á 
vd. en comprobación de esos hechos y en vindicación de los hombres que vd. 
ha ultrajado y calumniado, un testimonio que espero no recusaré td:? pifes 
viene, no ya de los facciosos colorados, no ya de los faccioso* estrangérosí too 
ya délos imparciales ó neutrales, sino de nuestros adversarios políticos, es de- 
cir, de los mismos blancos, Sr. Frías. \ 

(( Quiero hablar de la Bepública, periódico blanco de Montevideo,- que *n 
uno de sus últimos números del pasado Junio, dijo estas palabras : « La última 
« revolución fue provocada por atentados escandalosos é inauditos del poder.» 

« ¿Lo quiere vd. mas claro, señor Frías? ••* 

« Los mismos blancos, pues, han venido á confirmar y corroborarlo que Ra- 
biamos repetido sus adversarios políticos: han venido á reconocer paladinamen- 
te la verdad y la justicia de los cargos que les habíamos hecho: eUos confiesan 
que la revolución fué provocada por el Gobierno, y provocada (óigalo vd. bien), 
por actos escandalosos é inauditos; y vd. sabe, señor, que confesión de parte, 
releva de prueba. -\ ■ - 1 -.■■■• 

« En presencia de esa franca, libre y espontánea confe¿ion de hueitros 
enemigos, duda vd. todavía quiénes fueren los facciosos? Duda vd. todavía 
de qué lado estuvieron los furores, y las venganzas, y las tropelías, y las provo- 
caciones á la guerra civil ? 

« Si vd. duda, es porque está vd. mas obcecado todavía que los mismos 
blancos, es que está vd. mas que prevenido contra el partido de la libertad: 

« Pero dude vd. si quiere : el pueblo de Buenos Aires no abriga tales 
dudas. No las abrigan siquiera la prensa y los diputados del Brasil ; no las 
abrigan la prensa y los gobiernos de la Europa. La duda de vd* volé muy po- 
co én este caso, y en general el pirronismo es todavía mas absurdo en historia 
que en filosofía. 

« Después de cuanto dejo dicho, la revolución Oriental podrá todavía pa- 
recer injustificada para los que profesan la vieja doctrina de la obediencia pa- 
siva á las voluntariedades y á los atentados del poder; podrá partecerlo f los 
que pretenden que no hay revolución justa (en cuyo 'caso es preciso hacer con 
D . Félix Frías que acompañó al general La valle en su revolución* lo mismo qhe 
con Díaz, Tajes, Freiré, etc.); podrá parecer injusta á loa que propalan que valen 
mas cuatro años de un mal gobierno, que un solo día de revolución (es decir, 
cuando son ellos los que gobiernan, ó influyen en el gobierno, & io explotan) ; 
pero semejantes teorías, insostenibles hoy aun bajo el réjimeu monárquico- 
constitucional, condenadas y vencidas en todas partes por el espíritu de mies- 
tro siglo, incompatibles con los progresos que ha hecho la razón humana en la 
Ciencia social, $on verdaderas herejías políticas eu los pueblos democráticos, 



qoetietteft por base de su existencia el dogma de la soberanía popular y el 
principio de resistencia legal á las arbitrariedades sistemadas del poder. 

«- Seguramente : si la revolución oriental hubiese triunfado, muchos de 
los que ahora tanto la motejan y escarnecen, habrían sido los primeros en que- 
mar iocienso en sus altares, y en tejer coronas para sus autores. Pero ha sido 
veecida por la alianza del Brasil y del caudillaje, ha sido ahogada en la sangre 
de lo« que se pusieron á su frente, y por eso tiene que sufrir la amarga censu- 
ra de los que juzgan de la moralidad ó inmoralidad de las acciones tan solo por 
flus resultados, de los que no tienen corazón para los males ajenos, de los que 
nunca hallan justicia en el vencido, ni reconocen gloria y grandeza sino en el 
venador. 

. <«.'Con el misino aplomo que ha dicho vd. que los colorados provocaron la 
revolución con sus furores y venganzas, con el mismo sostiene que antes de 
eso loar partidos habían empezado á calmar sus antiguos odios y á trabajar uni- 
dos por la convalecencia del pais. Esto es completamente falso y no podía 
menoé de serlo desde que estaban frescos los recuerdos de la mashorcada del 
18 dé Marzo, y los destierros de hombres conspicuos del partido de la Defensa. 

« Vd., Sr. Fiias, toma como efecto de la unión de los partidos, que ni ha 
existido nunca, ni podrá ya efcistir después de la lección de Quinteros, lo que 
solo en efecto dé la prepotencia del partido blanco y de la postración á que 
habían reducido al colorado la influencia oficial y sus propias divisiones. Có- v 
rao so realizaba la convalecencia y lo que de ella debia esperarse, lo han dicho 
mas tarde los sucesos. 

* Sien la elección de Senadores del 56, vio vd. obrar en el mismo sen- 
tida (en Montevideo y Canelones) á los colorados y á un puñado de blancos 
de toe que se llamaban anti-Oribistas ó fusionistas, *sto solo prueba, de 
parte de los uuos la mira de captarse por entero la confianza y las simpatías 
del gefcdel Estado, de parte de los otros el deseo de evitarle al pais la ver- 
guean déla influencia personal que D. Manuel Oribe venciese á la influencia 
del gobierno mismo en una elección popular. A esa cooperación del partido 
colocada debió el gobierno no ser vencido en todas partes por Oribe, como 
lo fu&eniel Durazno y ¡Haldonado, donde los colorados se abstuvieron; pero 
todos saben cómo retribuyó el Sr. Pereira ese servicio tres meses después 
en la elección de Alcalde Ordinario de la Capital. 

«He entrado en estos detalles y esplicaciones para demostrar el error 
que padece vd* al aseverar que los partidos habían empezado á trabajar uni- 
dos, por la convalecencia del pais. 

; « Permítame vd. decirle que no procede de buena fe cuando, para absol- 
ver al Sr, Paranhosde toda complicidad, directa ó indirecta, en el atentado de 
Quinteros, aduce vd. como prueba de su inocencia la circunstancia de encon- 
trarse: ese diplomático en el Paraguay al tiempo que él se consumaba. ¿Cómo, 
no ka- advertido vd M Sr. Frias, que en el mismo caso se hallaba el Dr. Gómez, á 
quienySin embargo, haee vd. cómplice del atentado? ¿Será que vd. mide el 
grado de complicidad por la mayor ó menor distancia que separaba de la escena 
alDr. Gómez y al Sr. Paranhos? * 

* Es vanepretend* vd. negar los hechos reales y positivos que todos 



co nocen, y sustituirlos por otros nacidos de su fantasía £ de l^pirciiltcM 4*¿K 
le domina; en vano se esfuerza vd. por falsearlos antecedente* , •$ i-JaeiqMKY, 
sas que dieron margen, diré mas, porque es la verdad, que bjcteropjrtc&B*- 
ría la revolución; en vano quiere vd; oculUrel verd^der^ orígeq ( d^ -teií tmUpfe - 
que batí pesado y pesan sobre mi país, desdé 185.1, y que se bap a^ayft«k>4ésrfr-¡ 
de 1853: pretende vd. un imposible, Sr Frias 4 acomete; vd. upa efitpres* e*- ? 
la que no hade acompañarlo nadie por convicción, en la que p$J)&Q de ay*-^L" 
darlo sino los blancos y el Brasil, y eso por siv propip; interés, 'por cóilnb -"■ 
niencia política, porque esa ellos á quienes sirve y favorece ,v<j¿. cotv Jti pro*;* 
paganda > con su defensa do la política del Brasil y de la couduct* 4e ■!«**: :■: 
blancos, con sus rabiosos ataques contra los colorados y los que miran comtf •&**■ . ' 
nesta para su pais toda influencia esterna en sus asunto* domésticos, y. mas 
que otra cualquiera ln del gobierno brasilero. 

« A mi vez diré ávd.— No busque vd. á los cómplices <1qI flí&qta<Jo"de 
Quinteros donde no están, no los busque en el partido colorada, que baacfedj a- »:» 
do una resignación y una mansedumbre á toda prueba, y yue $olo .sebadetei* ' 
dido á lanzarse á la revolución cuando se le habían cerrado violentamente' Mf - 
vias legales, cuando no le quedaba ningún arbitrio legal y pacífico |>ar* recu- 
perar sus derechos hollados, y para garantirse contra los furores y ]*# ten- • 
ganzas de sus enemigos. Búsquelos vd. en esa diplomacia arten^ ,que dettfle 
1853 especula cop nuestras desgracias, que desde 1851 e&ptota entre pasotra^ 
el espíritu de partido ofreciendo y dando protección y apoyo á uno» y otret, .: 
unas veces alternativamente, y otras simultáneamente ; per^> siempre coa » m 
una mira fija, siempre con la mira de arruinarnos, de cortarnos lasaos, dfrani* 
quitarnos, para que en vez de un Estado rico y poderoso, capaz de ¡jatyiqtflaÁ : í 
recelos, seamos un pueblo miserable y raqui tin^o, dispuesto como para, ar^cibtí :.: 
pacientemente la ley del masfuerte. ■-..-. ! ■•*•.■ ; 

«Busque vd. á los cómplices del atentado de Quinjterpp, en l^qq&dfedeí ^ 
Rio Janeiro aconsejaban á los colorados una revoltjciop qjje tuvJ€$e.pcfrM+' : . 
sultado inmediato el derrocamiento de todos los poder/e$ ; ppbíicps:4ei FintwJAfy * ' 
en los que suscriben á tratados calculados para arruinar á su pai$ pol(tiiefc y 
económicamente, y llevan su audacia y osadía hasta preteqderqugftl paw<ft<ít; 
mita como bueno y salvador para sus intereses lo qqe pre<?tff^e«tfr es i> j: 
asestarles un golpe de muerte. ■■■*»■■;•■' : í- '¡^¡^ 

« Busque vd. á los cómplices de Quinteros en los optimista* que «tan 
empeñados en hacer lo que no es dado hacer á ningún poder tjqmw4 (hdWo- .» , 
con relación á mi pais) — uniformar las opiniones, las vel^tade^ t y-,lo$ -¿afé-. -■■■?. 
reses mas encontrados entre sí, y realizar el amalgama de la, libertad 5 del 
despotismo, de los. hombres honrados y de los malvados, delavjrtmj y?*feiv.^ 
crímen, déla luz y las tinieblas. Esa teoría, déla fusión (síes .que pineda, ? 
merecer el honor de tal nombre), esa panacea que al decir de DJUestroseippí- -¡ 
ricos debía sanar todos nuestros males y hacer de la República rQ| foBftl tufe 
Edén, cuenta ya siete anos de ensajos repetidor, quo bW: ¿do> fmf*::*lUflI..:, % : 
desgraciado pais siete años de tormentos, siete aú<?s efe agafQufa v deescá¿d^: : j 
los, de sangre, de estagnación material y moral. ■ - ■) .-.- •■■/«.■»■> \ü Ir 

«Ahí es, preciso» Sr, Frias, qué busque; vd. ¿. -Jos <H$fí|^ft#;jd^;.QiÜ9l|rps 



ep,esa acciop deletérea y perseverante de la diplomacia brasilera, y en la cop- 
peracion 1 que por desgracia ha encontrado ea algunos de nuestros hombres; 
en lo# malos hábitos y en la índole perversa de un partido que no conoce 
otro móvil aue la venganza, que no tiene mas fin que dominar, sea como sea, 
J que no sabe emplear el poder en otra cosa que en el esterminio de su con- 
trario; en esa falaz fusión, seductora sirena que nos halaga y. sonríe, para 
mejor engañarnos y devorarnos, que predica paz, moderación, fraternidad, y 
cuando llega la ocasión de obrar, hace loque en Quinteros; hace lo qnelps 
mas buenos, los mas moderados de entre los blancos, los que al recibirse en 
Montevideo la noticia de la capitulación de Quinteros, corrieron en tropel 
á ,casa de Pereira, á pedirle con gritos y alaridos las cabezas de los prisioneros, 
y no se retiraron hasta que Pereira les prometió entregárselas. 

« Estos tampoco son cuentos, Sr. Frias; estos son hechos que conoce el 
último habitante de Montevideo, porque todos ellos los han presenciado. 

«A la vista de esos hechos, que no necesitan comentarlos, que son elo- 
cuentes por sí mismos, y ante los cuales el mas osado tiene que cellar los la- 
bios é inclinar la frente (como lo hacen en Montevideo los mismos blancos), 
¿qnéle queda á vd. que decir? iu^stif^ yd. todavía en buscar en el partido de 
la defensa á los cómplices del suceso de Quinteros? dudará vd.. todavía sobria 
quienes pesa la responsabilidad directa é indirecta, legal y jno?al de aquel he- 
cho, que vd. mismo, acaso por un homenaje forzado á la opinión pública, ha 
tenido que calificar con su verdadero nombre— alentado . . . ,? 

« Vd. nos recuerda, Sr. Frias, que estamos en casa .*ajepa, que somos 
estrangeros en este país. Ah! Sr. Frias, puedo asegurarle 4 vd. qtje ninguno 
de nosotros lo había olvidado, á pesar délo mucho que ha hecho el hospitala- 
. rio y jeneroso pueblo de Buenos Aires para hacerlo olvidar. 

« £1 único basta ahora que nos ha llamado estranjeros és el hombre de 
quien menos debíamos esperarlo, es un hombre á quien, por su reputación 
literaria, debíamos suponerlo muy arriba del mezquino espíritu de localidad. 
El tiempo nos ha desilusionado tristemente. 

« Somos estranjeros, sí, Sr. Frias, pero somos . hombres también, y no 
. hemos renunciada ú los derechos de tales. 

<c Somos estranjeros, es verdad; pero estra ajero era vd. en Chile, y sin 
embargo entiendo que tomó vd. una parte activa en los asuntos internos de 
aquella República. Estranjero era en Montevideo nuestro amigo I). José Ma- 
ría Cantilo; pero cuando la pasión de partido, no pudiendo ponerle otra tacha 
al redactor del Comercio del Plata, le llamó estranjero, estos estranjeros que hoy 
están proscritos en Buenos Aires, se sintieron indignados contra los que así 
tildaron al Sr. Cantilo, y de esa indignación se hizo órgano en la prensa, 
. ?qnién le parece á vd., Sr. Frias?. . . .Ese mismo Dr. Gómez & quien hoy tam- 
bién vd. llama con desprecio estranjero. ' 

« Estranjero era en Montevideo Florencio Várela, el mártir Florencio 
Várela; y yo no sé que ni después ni antes de sn muerte, baya habido en 
aquel pais un nombre mas respetado y mas querido que elsnyo. Es verdad 
que también le llamaron estranjero, como, nos llama vd. á nosotros; pero le Ua- 

.20 



lifortrtf agí tes'Mttícós del Carrito y J6s escritores dé Oribe; éM» 11 tjttaTtatifo 
;éfl34ífitfáháhíci l ei sfccrétáHó del General Lavalle. 

<* Ifttranjferós por último, eran los soldados de la Lejion Oriental tfrie 
fctfáfribtiyó e0 Caseros af derrocamiento de la tiranía de Ho&s, y dé'cttja 
íflotra'qtílei'évdí pr'escrridir ahora en obsequio á sus simpatías, tomtt dics'vd. 
pdfc el Brasil. 

' f -fc f¡r& foAbi'eh estrangéró el jefe, dé esa lejion- cuya myitioriá intento vd. 
ñ eprtttiír aho,rsr, y alcúil, se jua entiendo, hizo 1 1 corte D. Fblíí Ffíafc ítllá én 
' los tiempos éhqtté tuvo uita posición oficial en Buenos Aires. 

«Lo$cri£htalcs, puéfc; eran 6 son estranjeros \para : vd: ahora, ypor tatito 
les está inhibido' espresar su pensamiento atjúl sobre las cosas de éste pais^ y 
,aun sobre los htifa bresque han hecho la desgTaciV détauyopnipro; péro'ncfériin 
! éstrátijéro£para vd. antes, cuando le abríanlas puertas dé la partrláfc 5 Don Fé- 
lix Frraá, y entraban por las calles de Buenos Aires,y eran recibidos pforlá po- 
blación aó como opresora sino como libertadores, no cbmo extranjeros sino 
"éómó héftnáñós. 

<t Hago éstas teitílmscericias, ño ciertamente pira echar en cara < lóVhíjos 
úe Buenos Alteé, uft servicio que 4<d fué m.i* que la Retribución délos inrnén- 
s sy repetidos áervictés que ubi pata liábift recibido de la «oble y jenérdsá' Na- 
ción Aírjétittnq,* lo Ha¿o para -recordar al Sr • Frías que la éaitdad de efctrfcnjlítfos 
nonos ha íití|)édfido frtitérnízá^fcon los atjéütinos y compartir coft eH6S l Wrf ; glo- 
riasy los peligros, y qúénoés consecuente taiimpáh;i&len'Stti i opin3tídés , ^'en 
sus'juft¡íó&, ? éH sus felojios A los unos Vén sus vituperios ftlbsétros. * ; ' 

■ 'tí pti&adhrértéiieiá é ph)íriesh /quiero hacerte á vd. Si Ift btflá ¿éláfé- 
Voltíbíoh Í5 irtf^Sübesp 1 cübil^üfern léíléTá á Vd. algún dia á mi pai¿, ytttyálli 
algún oriental quétéñgíá él atrevimiento de llamarle á vd : pofréséWikk éstfan- 
* jeró, ó'ééhá* barrtf sobre 1 las ¡glorias y sobre las reputheiériés 3e fea pais, el 
qUeéí^bteésta^HTieé^^erá él : primero en Salir Ala defensa toé Vdl : y é>é su 
país*, jrnb ; ^)^^ tonto ^¡¿itimientó/ dé ostentación, isiiitf por thi sentlWtéfrto 
de deber, de honor y de justicia*. To sé, Sr. Frías, cónlo <iebéébiidüci*se 
un duéfíodfe cáste- con tiets fíuéspédes. 

«Habia formado por mi parte el propósito de no Vcrtvér £ bbúr>hrtí*& por 
múchb'fíétopd dé la: política de mi pais., ¿jileé! para alanos '(fe? sido prove- 
bWhtíy'frifóttfléHi; para ótrofc, y eotte estos yó; ñoliásicto útáéque ün lar- 
go tttfmet^ tea Menté feétiüdá tie contraías, dé decepciones; de- pefligtos 
* y íé dtfsgtísfcite. fiáe^'éatnin^éirtabacüandolos dWqüés d-é vi. contra el 
"pattldó Qué Representa -tos frádfcicmfes gloriosas de mi país, metían obM^hdo 
á qtebtfaritá^itii propósito, al menos por una vez. 

» (( Si éni M gfáctirsd de M téfatacioü he escédftlolos lf ftri tes de la Modera- 
cioü, : ptdo'&ftistt^l pueblo dé jJüenos Aires, esperando qué mé tá datfá, no 
en obsequio á mí, sino en obsequio á los sentimientos que hato provocado la 
traMioác*Mí^é^teescHto. 

W PétVA deM&s,4<Hnoiio qbiérb dejeft* asidero á nadie paifc 'que paéda 
étiblcvár ctttttd tal éf seatútáénto de localidad, declaro qufr #é*peto y mío al 
jé¿ett>so pNábto dé BaettOb Aires, qué estoy muy reconocido #J* hospita- 



lidad que me dispensa y á cuanto ha hecho en pro de mis compañeros de 
infortunio, y que hago por su felicidad los votos mas ardientes y los mas 
sinceros. 

« Pedro Bustamanle.» 

De todo lo espuesto hasta aquí} éreeraas ¿hafcé* probado con hechos, citas 
y documentos fehacientes: 

Latirji^^g^ #:; . , m s j KJ .y . , 

Su ilegalidad. 

Los atentados reincidentes á todas las libertades de la patria. 

La provocación á la revolución. 

El origen de esa revolución. 

La justificación completa de ella. 

Ln causa de sus contrastes y reveses. 

La neutralidad completa del gobierno de Buenos Aires eñ nuestros asuntos. 

El origen de las simpatías del pueblo porteño por las victimas de 
Quinteros. 

El apoyo. del Brasil y de Urquiza en esa época á -Pereira. 

Y finalmente, creemos haber probado 1 t[ue todo - le imputado al partido 
Colorado m tos folletos y diarios de entonces por los Sres. Maeso, Acha, Hor- 
ne, Barbosa y demás escritores del -gobierno despótico de Pereira, eran ca» 
lumnias miserables y solo dignas desús autores. - ' 

fin el sigaiettté capitulo veremos si el General Flores fué ó no el venga- 
dor délas víctimas de Quinteros, y si los blancos tuvieron coa su caidael20 
de Febrero de 1865, el castigo de sus iniquidades, 1 al menos con su desapa- 
rición de la escena publica. 
♦ ' l ' 

NOTA^FoffcUnaoi El (hrrm di ü tramar, y £1 Eco miptíwtAmtricmo do la 2. » quin- 
cena.fa.iVhrjl de ¿$58¿ ^up^abUlmn ;eatei^íwiiéfit^ft^b l rjé 1^» i^e^mi^pi del Paso de Quin- 
teros, y. ed términos qa$ honraban á \o\ Sres.. Oaioedo y S. J. Flore*; pero entonces loa fací • 
liUtri&átin.ámióo de cauta qú(3 tenia infere* en leerlo *í óptelos prestó á otro, y el resultado fué 
quedarnos sin ellos, lamentando hoy su pé\\$i la p<>r la folta'qáé nos fian hacho para esta obra 



;.íÁ®í2ji^ 



-ISO— 



CAPITULO VII. 

VENGANZA. DEL CIELO-LA EXPIACIÓN. 



No hay deuda que no se pague ni plazo que ao s t 
venza. — {Proverbio ) 

Voy á morir por la causa de la libertad, á la que me 
consagré desde mi temprana edad. Si supiera que mi 
sangre había de redimir á mi patria, moriría contento: 
pero si ella cae al suelo por el capricho de un hombre ó de 

UN PARTíDO, DEL SUELO LA HAN DB RKC0JER MIS HIJOS AL- 
GÚN DÍA. 

(Palabras del comandarte Caballero al ser f asilado.) 

; Ojalá los poderosos aliados del gobierno de Mo » te- 
video, que tan pronto como celosamente acudieron en 
su horade dificultad, puedan sentirse autorizados á , 
señalar á aquel gobierno la impolítica, así como I» in- 
dignidad (Wickedeness) de crueldades que enajenan 
la simpatía á los perpetradores, provocan la venganza 
y ponen á una revolución el sello de la justicia! 
{El Ministro Inglés Mr. Chrislie) 



Pero todavía queda un juez severo;/ es la candencia 
pública: Pereira y Carreras tienen que vivir para su 
propio escarmiento. 

{Sarmiento en El Nacional, de Buenos Aires, 
Febrero de 1858.) 

Esas ilustres victimas defan § deudos 9 y compañeros ds 
causa que han de VENGAR con altura la noble san* 
gre de esos valientes infortunados, etc. 

{D. Pedro Homero f Tribuna, de Buenos Aires, 
9 de Febrero de 1858.) 



-U»l— 



' La humanidad entera ultrajada por vuestra muerta, 
os vengará de aquellos que abusando de un poder que el 
noble pueblo les hab¡a confiado, desdoraron para siempre 
una página de la historia de vuestro pais ! 

(O Brado do Sül, 1858.) 

Venganza contra los asesinos de nuestros compañe- 
ros de Monte-Caseros! 

(O Brado do Bul.) 



No hay plazo que no se cumpla. Solo no pasan 
la justicia, la inora), la Providencia, que aguardan d los 
malvados, y les cuentan las horas. 

(D. Juan O. Gómez, Debates. 1858.) 

No está lejano ei dia de la espiacion de vuestros ase* 
sinafas. 

(D. José López de la Vega, Madrid, 1858.) 

Esperad— no está lejos la resurrección del pueblo que 
tiene así mártires por centenares para la santificación 
de una causa que habían glorificado tos héroes. 

{El Ferro-Canil \ Chile, 1859.) 

La espiac'on y el escarmiento vendrán ....♦•• 

Los asesinos del Paso de Quinteros quedan emplazados 
(B. Juan C. Gómez, 1858.) 



El partido Blanco con el hecho de Qiimtew se consideró vencedor y 
creyó en su loca petulancia, que el partido Coloraio había muerto civil y 
moralmente para siempre. 

A la sombra de ese triunfo se estableció un gobierno que, á la vez 
que venia á representar una tradición do sangre y horrares, era la nega- 
cion mas completa de todos los derechos que un pueblo necesita para 
ser feliz. 

Una vez amparado del poder, su primer paso fué condenar al ostra* 
cismo ál partido Colorado. 

Perseguidos, amenazados sus hombres, y sin ninguna clase de garan« 
tía*, no tuvieron mas remedio que abandonar la patria yendo una gran 
parte de ellos á vivir á Buenos Aire3, y loa que residian aquí eran con- 
siderados como parias. 

En medio de esa situación, el Brigadier General D. VENANCIO 



FLORES, solo v sin mas ejército que cuatro hombre* [l], se lansó desde 
la vecina ciudad á estas playas el 19 de Abril db 1863Ü 

¿A qué venia? 

A pedirá sus compatriotas que no consintiesen en la afrenta de te 
uer un Gobierno elevado en virtud de la matanza de Quinteros. 

A pedir al Pueblo Oriental que se levan tasa á luchar por sus derechos, 
por su libertad, por hacer volver al seno de la familia y de la tierra natal 
a Iob que peregrinaban en el destierro. 

Tan grande empresa, misión tan noble, no podia menos que contar 
con el apoyo y la simj»atía de todos los hombres honrados del Rio de la 
Plata. 

Y asi fué. 

En Buenos Aires la revolución fué saludada con entusiasmo. 

En la República Oriental, segundada con eficacia. 

En los hechos que tuvieron lugar; 

En la espontaneidad.con que los hombres acudieron á ponerse ala 
sombra de la bandera enarbolada por el General Flores; 

Kn la creac : on casi milagrosa de su ejército; 

En los triunfos sorprendentes que fué obteniendo, estaban simboliza- 
dos el prcsf'jio de la revolución, y la santidad de la causa que ella 
representaba!! 

El General Flores fué afortunado en la revolución y se preseutó como 
el ¿meo caudillo verdaderamente PRESTIGIOSO que ecsiste hoy en la Amé- 
rica española. 

No es nuestro propósito hacer aquí la biografía del ilustre General 
Don Venancio Flores, ni seguirlo tampoco en toda su revolución; caaes 
obra superior á nuestras fuensas, y que, ciudadanos ma* idóneos y con da- 
tos de los que Nosotros carecemos por otra parte, emprenderán, estamos 
seguros, para hacer resaltarla importanc a de esa empresa colosal y 8 lo 
propia de tan eminente guerrero. Vamos solo á reseñar muy por encima 
algunos hechos, que nos sirvan para -demostrar que la revolución del Ge- 
neral Flores fué la VRNGANZA DKL CIELO, y la E8PIA0ION del 
partido blanco por sus asesinatos en Quinteros. 

Y al efecto, varaos á dejar hablar aquí 4 ^n escrUp^distingu/ulo .cq.ii. . 
referencia á la revolución del General Flores, por convenir así á^u^str^ 
objeto: 

Dice así: 

«Inspirado por esa fe oiega que c& el alma fluida granas causas, sale 
un día del territorio Argentino, para lanzarse al suelo de su patria. 
> . «.No lleva ejército. 

«Le acompañan cuatro hambres. 

«A los: pocos días ya son doscientos. 

«Mas tarde ascienden á mil. 

«Los mil se convierten eu dos mil, y al fin loados j&il crecen hsast^ 
— ■■ ■ 

(1) D. Venancio Floros, D> Francisco Caratillo, Silvwtre Faríaa y Gtomeqtet Cágerpgr 



£&8- 

'WatHWtfll y tant&á ^iérnléáflé qnehoy^é cómpbua &M fiílanj ó qué os- 
tenta on sus manos el estandarte de la revolución. 

«Ese es el tr pie prestigio del General Floros; do la causa que repre- 
senta en la lucha, y?te la conducta que en ella ha 'observado. 

«•La calumnia de los que le llamaban táa ¡ato y filibustero,' se ha que- 
brado ante la evidencia dé los hechos 

.«Los tMinfíís de la revolución han moátrado su inmetfsó poder. 

«El poder de la revolución muestra á su vez el prestigio del hombre 

qfcie la ditijé "y que, tanto'éu el campo de batalla como en sus detíberacio- 

•n^s política*/ lia' mostrado ser digno ¿el apoyo que el Pueblo Oriental 1 le 

: )Vtc8ta, déla simpatía c6u que te acompaña et Arjentiho f y dét respétoNjue 

el ífetranierp le tributa; 

' «Amas de las pruebas diiuiasqué tenemos de estos hechos* citáremos 
otra cuyo significado m>' és dúdoeo, eoróo no es sospechoso el 1 o rigen del 
qué ía pfoduce. 

• En una carta particular que el señor Barbolani dirijo al Gfchetfal 
Flores, y que ayer publicamos; lé dfce estas lestuatés palabras: 

«Venga vd , querido General; su tvgar está aquí en Monedeo; ti pws 
« tiene precisión de vd. y lo reclama en esto* momentos supremos. Yo me 
« consideraré completamente dichoso, si tengo el placer dé estrechar su 
« mano cuanto antee. 

% ¡Ac'epte vd , señdí r Gé*ieraí, lá seguridad do mi estimación la mas 
«sincera». 

«Estafe palabras so n elocuentes. 
* ?: ' « Yafto es el partHo ce lorado a goviado bajo<fcJ peso do la tiranía blan- 
ca, el que llama tan so'o al General Flore?. 

' "« Ya rió es la gran mayoría del Tueblo Oriental, la ánícá qhe le es- 
pera can los brazos abiertos 

« Ya no son sus antiguos compañeros de rau*a, losúivcosque piden 
que vaytt<máM<y.aMefe A poner término á una situación insostenible. 

«Alíortf ¿s nafd'a menos que un MUiistro estranjero el que dice al 
General Flores «que venga á Alontevideo que aquel es su puesto, que 
vyRty<n*fycnéj>rmsión de #, y h tecla toa en estos m'mént'S supremos. » 
• ■ -Vffiüiíeístafi^alftb^ap, ^el Sr. Bnrbolaui, afianzado el derecho inmejo- 
rable en que la revolución se apoya, reconoce Ala vez su prestij o y su le- 
jittwictedj pué»td qne jiam la felicidad del pai*, cree indrspénsable la pre- 
iSefcrtrt^ért eí podpr d*l jefe de ia revolución. 



M»- 



1 '■/■"■# Ciando el Rénewd Garibaldi desapareció una noche del puerto de 
í*3éttoVtt y 4 ia)cñbézfci $}e uu ptmado de valientes fc lanzó al suelo de Si - 
r tH'ía > Tin BenUTftfentO do conmiseración y de lástima fué lo que inspiró á 
muchos de los que mas le amaban y querían, délos que mas ardiente- 



-164- 

mente deseaban que la buena fortuna coronase ese rasgo de audacia sin- 
guiar- 

«Ni el prestigio de Qaribaldi; .. - 

« Ni la santidad de la causa que armaba su brazo; 

« Ni el écsito asombroso de sus empresas anteriores; eran causas su- 
ficientes para inspirar confiauza cu la tremenda empresa á que se lanzaba. 

«De aquí, el seut miento de lástima con que asistieron al embarque-de 
los famosos mil. 

•Otros menos nobles, contando de antemano con la certeza de que el 
héroe de Calata fini ser a hecho pedazos por las tropas del Rey Bomba, le 
trataron del modo mas infame desde el momento en que desplegó al vien- 
to el estandarte déla revolución, habiendo diario que comparándolo á 
Walker al prinei| io, toncluyó al fin por levantarlo mas arriba que "Wash- 
ington en la escala de la fama y de la celebridad. 

«Algo muy parecido ha tenido lugar entre nosotros, con la revolución 
oriental. 

«El General Flores so hallaba en Bueno* Aires, cuando de repente 
se supo que había invadido el territorio de su patria. 

«¿Cómo? 

«¿Con qué? 

«¿A la cabeza de algún ejército? 

«¿Llevaba cuando menos los mil hombres que acompañaron ¿ Gari- 
baldi? . 

«Nada de eso. 

«La iniciativa del General era quizá mas atrevida, mas espuesta y 
cien veces menos popular, pues invadió solo, acompañado de cuatro 
soldados. 

«Al anuncio del hecho, algunos amigos políticos le combatieron la 
oportundad de su iniciativa. 

•Otios la contemplaron con estoica indiferencia. 

«Los enemigos, no hay para qné hacer recordar lo qne d'jeron. 

«El mas gran tirano no mereció nunca que se le dijera, lo que esos 
malvados dijeron al General Flores. 

«La prensa estranjera de ambas orillas del Dátale hizo una guerra 
ardiente y s n cuartd, tratando de sublevarle la simpatía de la gran pobla- 
ción que en ellas vive. 

«rero iv los ataques de algunos desús propios amigos,. ni el desen- 
canto é indiferencia de los otros, ni las desconfianzas que su < mpresa in- 
fundía, ni la guena de los diarios blancos y extranjeros, ni las inmensas di- 
ficultades con que tenia que luchar un hombre que necesitaba crearse 
elementos y reeuiscs ppra la lucha, nada, nada entibió su fe, ni le contu- 
vo en eu camino. 

«El general con la misma perseverancia de Garibaldi,con una actividad 
asombrosa, con una vo'untad de fierro, y animado {tor esa fe misteriosa que 
inspira la satisfacción de cumpbr un grau deber, organUóun ejército, lo ar- 



xnó, 16 equipó, lo díscipliuó, lo llevó al combate, ganó batallas, tosió pía* 
«as y se .hizo al. fin dueño de la campana de su patria. / ¿ , 

« Entonces los juicios y apreciaciones sobre la conducta del General 
Flores, empezaron á modificarse notablemente. 

t El écsito de su empresa, apagó las desconfianzas que ella bahía 
inspirado. 

'■ « A cada batalla que gatraba, ya nadie pensaba en la importunidad d* 
la revolución, 

« Los indiferentes se asociaban á ella de corazón.' 

«La transformación era completa y el General que había triunfado 
en el campo de batalla, triunfaba también en el ánimo de sus propios ami- 
gos, dispuestos desde entonces á reconocerle méritos y cualidades queau- 
te*, le negaban. , 

« Ni mas ni menos lo que sucedió á Garibaldi. 

t Pero, apesa/ de esto, aun hallaba una entidad que convencer, , una 
entidad que, a despecho de la evidencia incontestable de loe hecho*, se- 

Sia impacible hostilizando la revolución y prestando tu concurso al Qo- 
trno blanco. . V 

« Esa entidad era la prensa estranjera. \ 

«Y bien! 

« Ella también acaba de convencerse. 

c Ella también acaba de rendir homeh aje á la revolución. .7 

ir Ella también acaba de reconocer que en esta lucha, el General Flores 
representa los principios, la libertad, la ley y el respeto á la propiedad, 
mientras que el Gobierno blanco representa el crimen, el robo y eí.áae» 
sinato. 

« Nuestro colega el Standard, que es el que mas atacaba la revolución, 
le consagra ahora un articulo, en el que hablando sobre el Gobierno 
blanco, empieza con estas palabras: 

« Pocas persones en Éuenos Aires, tienen la mas remota idea (J$ las 
c diabólicas tropelías perpetradas por las tropas del gobierno, en la fuer* . 
« ra del otro lado del Plata. 

c La mayor parte de los pacientes, no pueden ó tienen miedo de pu- 
« blicar una relación de sus sufrimientos, y es solamente cnapdo alguno 
t logra escaparse á esta ciudad, qué conocemos los mas horribles detalles.» 

« ¥a no somos nosotros los que acusamos á los blancos de sus infamia*. 

« Es la misma prensa estranjera que antes les fué propicia. 
\ « Hay mas todavía. 

« El Standard sigue y esclama: 
,. « Por otra parte, el eiército rebelde bajo las órdenes de Flores, ha 
« desplegado la mas grande moderación. Tocos días antes que Servaqdo 
« Gómez hubo robado á nuestro amigo 600 cabezas de ganado vacuno, el 
« General Flores llegó á la misma estancia y pidió doce animales, dando 
« up recibo por los mismos, con el valor espresado en él, pagadero quan* 
« vo la revolución haya triunfado. 

21 V 



-use- 

.■ Las tro^m blancas no dan recibo, siendo su conducta uniforme ralbar 
«y* destruí* todtt ? lo que encuentran en el camino. ' r . ' " 

t Florea es muy rijido con bus hombres y esto es oríjen de que hl 5 
* catrsa rebelde sea rmiy popular entre los estranjeros»» 

« Pero ¿cómo puede haber duda siquiera, entre las simpatiza que 
debe' inspirar 'ton pwtfdo que entrega el gobierno y el ejército á los ase- 
sinos, y un partido de principios que pelea por el triunfo de la mprály 
dSlaTByf * 

t SS: la causa de Flores es popular en el Rio de la Plata, como táé 

Í>opu]ar en Italia la de Garibáldi, como es popular la causa de Polohia, 
a causa! de Hungría y de Venecia, como son populares las grandes cau- 
sas que enarbólan el estandarte dé la razón, de Ja justicia y del de- 
recho/ 

« Si antes hubo quien pudiese estorbar la aceion de la revolución, 
contener sus marchas victoriosas, hoy ya no hay poder ningún o qué ten- 
ga tal fuerza. . : . . 

Vlia revolución, triunfante y popular, avanza. 

t Ea revolución dueña de la campaña, y llamando á las puertas to* 
la ciudad, se encamina á su término glorioso. 

« Honor, cien veces, al gefeque Ya inició y que ha sabido conducirla 
hasta aquí.» 

Hasta aquí la opinión de aquel distinguido escritor. ' 

El general Flores fué el blanco de las más inicuas calumnias, y el dic- 
cionario de los improperios sé agotó :— designábanlo— Traidor— Vdndalo 
—?E*tür>Ulo —Ladtvn— Asesino &a. &a. Todo el partido blanco empleaba 'ése ^ 
lenguaje soez é indecente, pero D. Nicolás A. Calvo, D. Manuel R. G«N' T 
cía, D. Juan José Soto, D. Rafael Hernández, y el hijo de Soto, en la 2fc- 
forma Pacifica; D. Francisco X. de Acha, D. Pantáleon L Pérez, D; Er- 
neeto ftichellét, D. Juan Y. Barbosa y Ü. Manuel Diago, eñ 23t Patyp. 
Federico de la Barra, D. Federico Anavitárte y D. Ramón de Santiago, ¿k 
fflfldM,' fueron los que diariamente se ensañaron mas bou el vengador de 
Qtiíntetofe, y con el partido cobrado. 

Mientras tanto ; cómo respondía el general Flores al dictado de la- 
drón? *; - : ■ - ' * 
1 Vétanoslo en el siguiente documento : 

. S^ OftDElf GEHJOUL* DXL EJEBOITO : 

Art. 1.° El individuo que sea encontrado carneando en el campo 
que ocupe el ejército y sea probado el hecho ó tomado inf raganti, será 
destinado al. batallón Florida, de spldado raso. 

fi 2.°^ueAi jftóMWdb el que iliqgun soldado del ejército tome ni tro sólo. 
catalWií víicthdkrid, y solo en el baso de hallarse en comisión y con el 
cabal to cansado. 

* 3° Un anudante del general en gefe con una partida á sus órdenes ' 
queda desdé noy encargado de aprehender á los individuos del ejército 
que se separqi mas de 6 cuadras sin el permiso competente. 



4.° Se recomienda á los señores gefes y otcfaíé^aé í^fíibti cftíe ha- 

San leer á la hora de lista la presenta orden, sin olvidar á los encargados 
e las caballadas ytropillas pertenecientes al ejército. 

Santa Lucia, Setiembre 24 de 1863. .-,■■'. 

Vehancío Flores. ^ 

*/Ó5e C. Bustamante— Secretario, 

. ¿Cómo lo hacia sobre las acusaciones de faltar & las garantías indivi- 
duales de todos los habitantes da la República» y ial tei^to nfejus?pA>pios 

, Helo aquí: . . -.; «-<?■ * *> 

.fe INDULTO. . . if ? . -. ,v ."rofíiif ? 

, i- -'-'p afj?-f 

^l. El'GeneraLen Qefe <W Ifyércüo Libertador. '\ ■-•-<•• *t 

. .; : : v C^w^idismnrforrQue el trianfo d^ la causa q<aé so&tieuen Ua tvm&di? 
be*tado#as ( o9 definitivo y que. ella no lleva, sus ; tendencias icftco fidrqurf 
a^9t&t}lecii£k>nto de las gai*u*tíaa y .privilegios qtfe< constituye» ¿arma* 
valiosa prenda para el ciudadano; uhx-^Ij 

. m s ^Cws¿Vfefí?rkA>— Que. todos, los ¡ habitantes .dobda , gOaar dei la .tranquili- 
dad y ibjeuestfir qua se debe 41oa que pacíficamente viveÉk^n: la BepíáiAioa^ 
cualesquiera quesean svts afecciones poíiti^ag^ eikégad'Qs^aus.laáQfaa^fialr 
cuidado de sus familias; * ! M*»h *.<: 

. : , ; i A^udie&do 6 la > grau, deaercion que sufí e el ejóiteita de opáraclbnes 
d9Í:£obie*no<de Montevideo y todas las fueraas que gufcrn acenso* >£<&•{ 
blo# que ^un ; domina con, dificultad; '., ,.-;..; . ••*«,;•'. ir. 

v :, -Atendiendo también al peig ói ció q^ie deesa eUtiaaioiLsaíaigp^ipeijajái 
eticándose las propiedades, esterilizando*^ los ^ 

y errante por los montes y espuestos á:la persecución de lasifuaraaB>üilber- 
tadoras; 

ORDENA^— l é TódOS ^individuos que hayan pertenecido 6 perte- 
nezcan en este momento á las .fuerzas de Montevideo y ^ presopten^en 
el término de ocho dias contados desde ía ¿echa de este decretó alas au- 
toridades civiles y militares de ,n^L dependencia, v quedgr4^ 
ese^qlpJ^Qoho^pudiendo volver á sus ^qasaib^jb toi^ gf»^t^¿ y^ftftsptos 
del servicio de las armas, . . : , ,. :; ^ ;Ai ;¿ ^ :i ^* oía 

^ 2*. Las^ autpfidades receptivas pondrán 1#dp t jju: eaiQp?Q<p*fl| »eer 
efectiva' ésta determinación, tratando, poi^ lbsm^Wft|^\Í9^ 
gar á conocimiento de los agraciados este decreto y emendóse A su estricto 
cumplimiento. . . . r . * ^ :i :;{ 

Cuartel General, Pasó de ía Arena, Agosto 9 de 1864. ^ 

José C. Bustamc&te>—SéétQtM\& 

..-.■...--. .' v í ... *.:■ ■[ i¡¿ 



;-obb- 
JJó aquí otro documento: 

CIRCULAR. 
El General en Gefe del Ejór- Y 



cito Libertador. 



Al Sr.. Gtfe PoüUco y Commdwtit Militar del D¿parl%m$nto Je...... 

Aunque persuadido de que V. 8. cumplirá estrictamente con las ift«* 
tracciones que al encomendarle ese puerto le di por escrito y de' palabra, 
y sobre las q«ie he vuelto siempre que lie tenido que ocuparme sobre el 
particular, me ha paree do muy conveniente y oportuno dirijirme á V, S. 
para que asi lo haga gabera todas las autoridades dependientes de V. 8. 9 
recomendándoles, oa]o la mas sería responsabilidad, el respe o á las per- 
sonas y ala propiedad, ya sea de nacionales ó estranjeros, cualesquiera 
que Man sus creencias políticas, y muy particularmente á los subditos 
brasileros que en ausencia de los Representantes del Gobierno Imperial, 
M encuentran hoy bajo el amparo inmediato de las autoridades de mi 
dependencia. 

También recomiendo á V. 8 que en el caso d* que atgun subalter- 
no de la autoridad perpetrase cualquier atentado, trate con la mayor se* 
veridad al culpable, pasándome inmediatamente un p*rte c rcunstancia- 
do del hecho* 

V. 8. comprender* que las circunstancias por que atraviesa la Re- 
pública, escijeu la mayor enerjia y el mas exacto desempeño en las ftm- 
ctooes que ejerce en eso puesto que le he confiado; y debe comprender 
también, qué la falta de cumplimiento de mis órdenes é instrucciones lo 
colocarán para ante mí, seriamente responsable. 

Dios guarde á V. S. muchos anos. 

Vesakoio Flores. 

Cuartel general frente a Paygandá, Setiembre 11 de 1864. 

Al dictado de Asesino ¡cómo respondía? 

Poniendo en libertad á todos sus prisioneros, y enviíndolos al mis- 
mo gobierno blanco que combatía» 

Hi fuésemos á enumerarlo aqnf, no3 aumentarían muchas páginas; 
pero daremos á continuación los mas notables: 

El Gejjeril en Gefb del Ejército Libertador. 

Sr. Miñütro de Guerra y Marina, Brigadier General D. Diego Lam%s, 
Cuartel General, Paso de la Arena, Agosto 9 de 1864. 
Señor Ministro: 
Mi nota del 26, no ha sido contestada, sin embargo de haber sido 
recibida, como me consta. 



:.K Fteodiaí éido publicada eíi Buenos Aiesi -y eri me T biste}-' pdtqee «i 
el Gobierno de Montevideo se hace indiferente y sordo á mi vos, 1» prett^ 
sa se encarga de llevarla al conocimiento del pábiico y la opinión se for- 
ma dando á cada nno lo que 69 de cada ano. 

Mis temores, si beu estaba persuadido de la no contestación, se 
han realizado; y un amargo ejemplo servirá 4 V. E. paite lo sucesivo, si 
up es que *se gob erno de Montevideo tiene, algún estrafio interés en ' 
parecer por mas tiempo ante la opinión como 1 hasta hoy; obteniendo por 
toda recompensa el descrédito que tanto ha influido para hacer mas pnin* 
$ft,flo Jptairqinu, 

El suceso de la Florida tppaachi . por viva fuerza después de tantas 
provocaciones, ha tenido consecuencias que hubieran podido ir mas talla, 
ai una ^fluencia superior á mi voluntad y un deber mas sagrado. aun 
que el que imppnen los actos militares, no hubiese ejercido, sobre mi,. 
su acción, deteniendo la ejecución ordenada antes de efectuarse el ataque. 

Y todo lo que ha influido sobre mi ánimo para ejecutar esa ejecución 
de siete gefcs y oficiales prisioneros, no ha podido ser mas que el silen- 
cio despreciativo cou que/sé ha mirado la indicación que tantas veces he 
hecho, de hacer menos cfuel la guerra por parte de ese Gobierno y sobre 
lo que insistí en mi nota del 26. 

Una contestación cualquiera, una palabra sola, hubiera bastado pa 
ra mejorar la suerte de esos prisioneros, fusilados, <?uy¿t itstp acompaño oo 
rao también va la de lo* que permanecen en este campo en calidad de tales- 

Al romperse las negociaciones de paz y al prolongarse ta guerr- 
y^X5waLeU»;l*w ealamídadeá consiguientes, la opinión pública lanáó spbr. 
ese su Gobivrno de Montevideo todo el peso de* una funesta réspoAse ! 
bilkfouj. A V. E. le ha de haber cabido una p*rte muy considerable, u- 
lo dudo. - » 

. . . Quépale también la de haber concurrido con en obstinación a I suceso 
de la blonda y su* . eQusecuqncias, y sírvale para en to sucesivo, tertien-* 
dq muy en vista lo que en miau tenor del 26 dejé espuesto y elevando 
mi nota al conocimiento del Si?. Aguirrey sus demás colegas de V. E. ' 

Dios guarde á V. E. muchos años. 

firmado— Venancio Florto. 

; •■■■•<■■' ' ' José Cdndicb BusiaYnante—SectQtArio. '* . 



Lidia délos gefes y oficiales hechos prisioneros en el ataque de 
la Florida el dia 4 de Agosto de A 864. 

- vGowndMte Militar del Departamento y Gefe de la Guaraieion, el Mayor 
D.Jacioto Fárrago— Fusilado (1) 
i » Cvawwdante D. Dámaso Silva— idem . 

(1) La nota anterior üiee el porqué. 



, c Jtotonee D. José Bosb— Fusilado— D> Gregork>Iban*w<Uifa^0I Ma- 
imriootfclo— idem. 

Alférez D. Antolin Castro— idem. 
Sargento Mayor D Anselmo Castro— en libertad. 
- c Cantan J)¿ Manuel Cantero— ídem. 
.- Comisado de PolicifeD. Francisco Rodrigue*— idéte. 

> Tenientes J>. Rqino Martínez— ídem— D. tetero Peret— idem— D. 4ip& 

Ramio Ledesma—idém—D Joan R. Suarez— idem— D. Mámiél Hotira— itíétt 

-«dh OÜTto Rebollo— idem. f ^ 

Alféreces D. Vicente Martínez— idem— D. José M. Diaz— idtíni^» t f »»«e 

Moreira+^idem—Dv Leandro Fernandez— idem 

- Porta D. Andrés PerezMdem. 

El Sargento loan Basilio Castillo, desertor cuatro Teces dé lai ñltó Ü¿f 
Ejército Libertador, habido el único iDdíridiio de tro{)á fusilado. 

Paso dé la Arena, Agosto 9 de 1861, 
' Y* B° ./•..■ 

Enkiqué Castbo, " 

ViV> '■ ■ ' Gefe deEstAdloMajor. 

Es copia— Federico JEfocieí— Secretario. 



-*-4» 



Prisionera puestos en libertad en Paysándü. . ; . 

. ^(¿róñeles— 1). Tomás Gómez— D. Juan García. ' 

. íe^úéntesCoropele^x-D. Inocencio Benitez— D. Siltestr* Hertmacte^*- 
IV JFfljterico Av^rastnri,— D. Belisario Estomba. , ' ' '. 

Sargentos Mayof&sHD» Carlos Larravide— {abordo)— Torcuartó (káí& 1 
lez— Justo Lamadrid— Pedro Bi vas— Victoriano Bi vero. 

Capones— D, Juan Barragan— D. Bruno Oc&mpo— D. Fernando' 2éno- 
cen-r-J>» Camilo Gaceta — D. Laudelino Cortez-^B. Gamito AmtóHo— ÍJ. 'lo^ 
séJP#RWi— D- Miguel Berro— D. Miguel Nnñez^D. José ArefchícW^-D.- 
Lindolfo Qarcia— D. Fulgencio Moreira—D. Francisco P0fia— D. Estanislao 
Fernandez — D. Manuel Cerro. 

Ayudante Ma^or^-D. Ruperto Madrazo. 

Tenieirtes'pruiieros~D. Damián Olivera— D. Carlos Soülla— D. Joan 
Centurión— í>. Sisftrédo Ásámbuya— D Domingo Lara — D. Benedicto Yely — 
D. Benjamín Olivera— D. Cándido Barrete— D. Eduardo Braga— D. Eduardo 
Pereira. 

Tenientes , segundos— D. Benjamín vyiamojros^JD, Justo, £taufR<-T.D.. ¡ 
Attbnitf Puá^D. Jtíóiúto ^ * 

Alféreces— D. kfrégdríó Bbrtriotodévc^— W: MlikVÉ. Géber— D. Ignacio 
Ba^^rc^~í), iQiXWJei© I^Kasdrid^D. Luis RMéló^D. MariMW^lJÉ^z— 
D. Juan Martin Centurión— D. Nicolás Rosdes-^IK Santiago >>&op¿í?*fott 
Ramón Egusen— D. Germán Ramírez— D. Luis iopet^-IK fomásti Oft i Ét > D. 
Juan Maidana— D. Enrique Solle— D. Máximo Beni tes— D. Teodocio ^Jon— 
zalez—D. Paulino Capdevilla— D. José Busado— D. Maüttd Cbl. - : 



MUfiftTOS. ■.* ■■■■- t • »*''-i : ; 

tWóndés-^ D. Locas Tfríff^D Trisfan Aairobuya-^B. Jtó*t^W|— !! 
Dtffe&étté* Fernandez— D Pé^oRíyerb^. Sáíaél X^^^^P/m§»^2 
ro Sierra, D. Pedro Sierra, hijo de D. At^asio-^Feli^^eiiíá. ^V r 

I>* Martiniano Francia— D. Cándido Vila—D. Hermenejildo A|ñ^tt^- 
Anbw» López. ■''.'"""'./'" 



■i» 



Al principio de la revolución <toyó prisionero y íaé ptiíéstb ért^lroer- 
tad el teniente coronel D. Juan P. Feroz; mas , tarde I9 f u»e <aJ coronel 
graduado D. ^ilio Piza^d, &a. &a. 

Todoi lói dócdméntós deí gbíieral Flores, tenían el mismo carácter 
de estos. 

Humano en la guerra, no quería que se hiciera sufrir á nadie, 
s Por eso hacia responsables á las autoridades de él, de cualquier* tr^ge*,-? 
lia que pudieran copaeter. 

Cada uño de esos documentos afianzó mas y mas la re rol lición. 

Lo (jue se llamaba gobierno ( legaj, ^ poma procedía, con, lo» prwpjie- 
ro^aeí^^ral Florea? 

Üijos eran dego'ktdos, y otros forzadoa & servir en, aua filas;, encara* . 
lados otros y engrillados los mas. .. V:'-*'»* 

¿ Cópap respetaba e\ gobip^uo la propiedad ? Robándola y lítenlo 
á loé estancieros que reclamaban de esas tropelías. El uuo.qr? elpdtykia^ .* 
1&\ otro, úflofómo. Constitucional. 

Nuestros lectores juzgarán. 

En cuanto, al móvil que guiaba al general: Flores en, au ^r^pres^ él 
noly b^cpro^pLOs honor; y maestros lectores van i .'potM«QW¡ae 4«wÜo, 
po$ jo^^^ien^s ^ocunjentos : : . ^ í^i l '< 



pamento general «n Payeaadú^Gírtplflp 80k i ¿e4^^.v. 
Sr? Br. D. Ptdro Bustamante. .*. : ;í ' 

BüKNOsAlBES. * 

'* V" V$e5or y amigo: 

^ttóeútó pOv haber recibido.. su carta de Vd., que por l^viadej^..^* 
me'Aíftjiü W.lSt&éhxlfcomún amigo Ñ. lí. me hi revelado lajo^fo.*)^ 
Vd. tuvo al iniciar su correspondencia y el sentido en ;q.HGtes¿í (ftrta -${jia- * 
baTTO»<H«tR4. 

Todos los que como Vd. trabajan en sentido de hacer efeclipa y ams- ' 
tardé Wúnion di mesuró partido f aümentau para mí en, aprecio y cojuaidera^, 
? ¥ :,.. ■*'''* '■'"■'. ". *."/ "*" 

^ a^lgo y comjpattiota: feWa de la rf$m t ee$ÍQn ha sonado,, el Jriqnfp 



cíom 



". »*!> 



no puede ser mas seguro, pero en alga mas que en vencerá nuestros 
enemigos, vencidos ya, tenemos que pensar. És preciso qm todos nos ?nw- 
mos cordial y sinceramente. Asi la gloria nos unificará como nos ha -her- 
manada el sacrificio que, mas unos, mas otros, fiemo* apurado proscritos,* 
sin patria y perseguidos por nuestros verdugos. 

Influya Vd. con sus amigos, hágase intérprete de mis sentimientos, 
de mi vehemente deseo; él se retunde en una sola idea, te trotón de iodos 
los cobradas. .:.•...-: 

Olvidemos el pasado f recordando de él nuestras glorias y *bjur*od* ; 
de nuestros errores. 
. Crea Vd. en el afecto con que le saluda 

8. S. S. y amigo . r 

(Firmado)— Vbkaxcio Florbs. * 



Sr. D. N. N. 

Octubre 81, de 186S. 
Mi estimado amigo : 
Impuesto de cuanto trabaja Vd. en obsequio al triunfo de la causa 
de los principios que sostiene este ejército, se lo agradezco de corazón, y 
espero que seguirá en ese camino contribuyendo con ese noble empeño 
al triunfo y unión del gran partido colorado. 

He recibido sus obsequios y se los agradezco sinceramente y me 
repito de Vd. su sincero amigo. 

(Firmado)— Vznancio Flobks 



En otra carta del general Flores, se lee este otro párrafo : 
• Nada quiero para mi. Los inmensos sacrificios qué cuesta la cruzada 
libertadora, serian pagados con usura si se realizasen mis deseos— te 
unión del partido, y libertad y patria para mis correligionarios. » 

Ahí está bien pa+ente la idea y el noble propósito del genera* Floree 
~t la unión del partido colorado, libertad y patria para sus correligiona- 
rios!!» .. ...... 

Duraute la lucha, varias fueron las tentativas que por parte del partí* 
do blanco se hicieron para que el general Flores entrase en arreglos de 
paz. Su general siempre estuvo pronto, y nunca la paz dejó dé realizarse 
por culpa suya. 

Misiones diplomáticas mediaron en la contienda con ese mismo fin, 
y todas fracasaron por culpa del partido blanco. ' . ,-j 

£1 Sr. Ministro italiano intentó también un arreglo» y no fué mas fe- 
liz que sus antecesores por parte del partido blanco. 

En esa ocasión el general Flores llegó hasta establecer su -« estra&a 
miento del país ......ni aun así los blancos quisieron aceptar— gueríanren 

dmon A discrecio*nes decir , tjnsegundo Quinteros ! ! 



"■ Oomó'prueb'a de ló dicho, hé aopii los docurfientois Ju6<j'flcat)vo - s': . 

'■''■'■ «BASEUNIGA.» ^ A ' : ''. '•"''•' .''' 

« Separación absoluta del Sr. D. Atarinsio C. Aguirre y del general 
Flores del puesto que respectivamente ocupan, dejando al pais en Ta com- 
pleta libertad 'de elegir uú gobierno provisorio hasta 1.° de Marzo de 1865, 
por medio del voto directo, haciéndose arbitro en la lucha la mayoría del 
pueblo, unte cuja deliberación se someterán Ips partidos beligerantes. 

« ÁY general Flores te compromete por su parte d alejarse del %áis y <f vivir 
en el esirangero fan luego como quede realizcdo'esk acto de pura Soberañ\a 7V>- 
f*lar bajo la aaravña de los ife/w ementantes de los Gobiernos de 8 Al. el Jtey 
<te^Jtaiia 9 de 8 JU. el Emperador de los Franceses y de S. M. Catóica. 

t Cuartel General frente á Mercedes, Setiembre 2 de 1864. 

«(Firmado)— Venancio Flobes». 



« A. 8* £. el señor ministro residente de S. M. d Xey de Jlplvu,. cerca de la 
Jtepública Oriental , J). R. Vlises Barbótani. 

'" Cuartel general frente á Mercedet, Setiembre 2 de J 864. 

« Señor Ministro: t .'; 

t Hé tenido el honor de recibir la nótá fecba 2? <Tel próxijfco p$wado 
y la particular de la misma techa anexas á \a&nuepq$ proposiciones que.Vv 
B. me hace & nombre del Sr. Aguirre, y d»go nuevas, porqué, ellas sé se- 

riti abiertamente de la mente que me propuse cuando firmé Tas <jíie 
E. condujo con fecha 17 de Agosto desde mi cuartel general en Arias. 
«Siento mucho, Sr. Ministro, que las alteraciones hecha* portel 8r. 
Aguirre á aquellas bases y que V. £. acepta como conducentes á afian 
zar la tranquilidad del pais, merezcan por mi parte ^otra eósá qq4?| mas 
solemne rechazo, por cuanto esas alteraciones iror>Órtan 1a no aceptación 
délas rnias, ni en substancia siquiera; y que cómo \T". E. sabe, frieron he- 
chas solo en contk/eracion i los altos inüresesde la Nación y tri obsedio d la 
personaje V. E. . ;" * 

«Después de la poca ó ninguna confianza que tengo eh la btfena fp 
del Sr. Aguirre desde el desenlace que dióá las negociaciones flerftxtíibf 
t V. E. sabia por una declaración verbal que mis propo&icrories eran 
indeclinables; sabia algo mas, y me es muy desagradable ver que dado el 
caso de mi resistencia á la aceptación de las nueras proposiciones presenta- 
das por V. E. á nombré del Sr. Aguirre, quiera hacerme cargo con la 
responsabilidad de las consecuencias que sobre el pais puedan recaer* 

" » Tengo suficiente fe en el fallo de la opinión y la tengo en la since- 
ridad y cordura de mis actos, para que semejante temor pueda arredrarme* 
""• «Hace mucho tiempo, Sj. Ministro, que la conciencia pública tota 
formada, y ante esa convicción se estrella la amenaza de "VV E. 

22 



-:*#*- 



« Concluyendo por decir é V. E. que no j uede haber ya o*ra#nm- 
lio para la lucha que el que sobrevenga por medio de las áralas ó por la 
descencion del Sr. Aguirre, puesto que en ello ee empeñan los hombrea 
del part'do blanco y lanientaudo el éxito de las neg< ciac ones, me repito 
de V. K. obedieutísimo servidor. . * 



■(Firmado)— Vehakoio Flojies». 



Por últ'mo, el general Urquiza, aliado del partido bl*nco % trató tam- 
bién de mediar para que la paz se hic era entre los belijerantes. Nuda 
cous : guió y sus amigos lo desairaron mientras el vándalo se mostró ow\ 
mas altura. 

He aquí la prueba. 

«Uruguay, Setiembre 16 de 1864. 

•ISxmo. S»\ Brigadier General D. Venancio Flores. 

« Distinguido General y amigo: K 

« Contra mis mejores esperanzas y deseos. mejor sent'dbs/ .tetoso 
que apresurarme á comunicar á V. B. que el Sr. Presidente 'Águifte fia 
rechazado la obertura de paz quo mehabia cabido el honor de inic'ar y 
que fáé tan nobfétnente acojida por V. E. 

« Confiésol.eá V. iü. que tal rechazo me ha sorprendido l¿mt;<vcpmo 
apesadumbrado, porqué creía y creo aun en la posibilidad de uua tran- 
sácion que reconciliando los partidos eu el grande interés de salvar pon 
comunes esfuerzos la patria querida de tremeudas calamidades, hiciere*, 
desaparecer las amenazas de un porvenir oscuro y eucoú rar ápsa belhy 
nación el camino de su prosperidad. 

fijhn esta decepción, tanto n*as amarga cnanto mas deshiteres'idos coipfl sin* 
ceros eran mis ¿tfuerzo*, cábeme el placer que recordaré siempre con rax>»a- ; 
cimiento \á íraííca y Amistosa acojida de V. E, y cúmpleme el deber, de 
ren4¿rle \m testimonio que V. JÉ. estimará, y q»te estimarán los probos y loa 
estruños, de nti ajtrecijo d los deseos de paz qne V. /£. me ha kecjw sentir l , .\ 

« Me resta asegurarle mi perfecta estimación y mis.vo'jos py(>r su 
ventura, ¡esperando que V. E. me dé la ocasión de corresponder 4, sus % 
•tenciones. ! * * 

. „ « De "Y. E. con todo respeto , " : ; * 

«¡Amigo.y fl. S.' . :í 



t(Firmado)— Justo Jo$k delUkqujza. 



En corroboración, de todo lo que dejamos dicho, y para mayofiprúe- 
ba, insertamos en seguida la opinión de uno de los órganos .mas caracte 



« 

ri*adi>& dé lft nrensív^eu el Rio do lá Plata, la TYibunx dé' 8iiéíi¿fc \ Ajrea 
fecha 23 de Ago3toy 1. ° de Septiembre de J864, Cf>ú Véftj^icí* a W 
cueition orented. * ' . : V .* . 

Dice así: ' ' . ' j ';. í 

« Hay hechos que es preciso dejar constatados de úfia íüitti(íraevi- 
dentQ, paratd anreciacióu que do elloá se hwáms* tarde, ri por \l¿eM* 
gracia, ia cuestión oriental no traue uri ttesenluce piictfieo que, %ñfan* 
tiendo el triunfo de la revolución arma la, haga in&tíl'él dirrám^iatjduto 
ulterior desangre hermana. . - \ <* 

-' i*« Lapob^acioü ftnparénll qffe habita kn Montevideo, ... ; f 

« Los tres ministros mediadores en la negoe ación que fracasa, "'"'"' 
« Los mismos comisionados del Sr. AgúiVre, y en fiu p todo ef que 
quiera hablar la verdad, han reconocido las buena* diáposicíones en que 
adfca&á el genérttA Flores, y los ardientes déseos* que tenia por hacer lapag» 
« Sus pretensiones, entonces; tío fiíetón las del gef e afortunado de uu 
eféteíto qué no había sido vencido una sola vez. r f 

« No fueron las del gefede una revolución dueSít d4 la campana,' 
apoyada én la Opinión publica, simpática á! pais, y <júe £bfpéába ya las 
puertas de la capital. » ■ •< ^ * ' - 

**»'« Fueron Vas pretensiones razonables dé iiri patriota qd^anjíé U$ "de*» 
gracias que amenazaban ala patria con la cóntiuuacion de v la mefya. pré-' 
titfió* «uspender el vuetó dé sus victorias, récílf nar las armas ácU combata y , 
MMrtapafci. ■•-■•■" 4 - : ' ¡¡V .•-'•}. 

■•-r La magnaulmidád del general Flores no* fué comprendida por cV 
gobierno étanóo. 

Creyéndole impoicute, ó antes bien aparen f ando creerlo. impotente 
después de haber acordado las bases del arreglo, lias rechazo, >. ! 

« Es decir: rechaza la paz. 

t Una conducta tan impremeditada no podia menos d.e d^t loa re* 
eulfodos qufe «eprdpan y*. . , ; 

« El t»ais en masa condenó fceverameníte el proceder del gc&?¿rhd J ' 
bknco, hactafatoA da vez la Rustida que 1 so rnferfccí<í> él 'Qéiiem TÍorfi^ 
que, con mas títulos y derecho á ser exijente, no lo fué 011 obsequio, ¿ la 
pitia y al atvliért te deseo de apagar ta lucha. 

« £1 fracaso de la negociación creó uita ; niíetfa situácíot* t)ieu'di&tinu 
á'lof do¿ betíjeranted. . 4 \, y-l 

•...tííl gobierno blancfc, perdiendo diá á dia su prestijio, se fué áefuí* 
litando hasta llegar á Ja impotencia en que hoy se encuentra,. ; * 

i ■ ■ ' r El €eneral Flores; opeado por ía opinión y por el páia, que en su 
coftdifcta vio la lealtad de la misión & cuya cabeza ee halla, fué gradual-' 
metfte ganando terreno hasta crearse la ventajosa posición en que 1 le J áca r \ 
ban de colocar las repetidas victorias alcanzadas por el ejército libertador^' 
« • «45ett> es paturat. k ' 

t La opinión sana del paisdebia naturalmente inclinarse; ^n ftyor 
del qu* quería la pnz, condenando rtl ptovóeadür írWeiaato de la guerra. „ 
« y asi fue. 



-lee- 

t Pero el gobierno blanco comprendió boa pronto la grave Ja J daai 
proceder imprudente. 

« Perdido en todos los terrenos; 

« Sin recursos, y sin tenor dj donda sacarlos; 

t Abandonado por la opinión del pa s; 

c Castigado por un enonrgo prestigioso que avanza siempre, A qotai 
rio ha tenido el poder de vencer una sola vez, y amenazado por um ti* 
visinia complicación esterior que él mis no ha provoóado, ha tratado di 
reanudar las negociaciones. 

c Al efecto, se. mandaron varios comisionados oficiosos al campa- 
mento del General Flores. 

« A todos ellos les ha contestado lo mismo. 

« Si, estoy dhpuesto d hacer la paz. 

« íl último, y el mas caractoriz ido de I03 que han estado con elgtf* 
de la revolución, ha sido el caballero B.irbolan . 

« Desde el pr mer momento el General Flores lo repitió que estaba 
perfectamente dispuesto á hacer la paz. 

« Despueido un 4 larguísima conferencia, ha regresado á Montevi*. 
deo, llevando las proposiciones del General. 

« La prensa blanca no las conoce, diciendo que reina acerca de elUa' 
el mas profundo sigilo y iirster o. 

« Sin la pretensión de romper el sigilo diplomático, qne por otra parte 
ha de durar bien poco, creemos saber que una de las bases qqe presenta 
el General Flores, con calidad de indeclinabley es la de un gobierno pro- 
visorio, compuesto de él y Aguirre y acompañado por un Ministerio 
misto. 

« ¿Lo admite el gobierno blanco? 

« ¿Lo rechaza? 

« ¡ Quizá ! 

« Pero entonces es preciso hacer constar que por segunda veis racha» 
zalá paz v provoca la c intitulación de la guerra. 

« ¿Qué cosa m is natural qu i la pretensión del gefe de la rera» 
ucion? 

« Rn primer lugar, el gobierno del Sr. Aguirre no es un G ¿tierno legaL 

«Rsun gobierno A todas luces ilegal. 

9 Ks un gobierno que existo de hecho, no en virtud del derecho; quo 
existe par la fuerzi de las cosas, no por la fuerza de la ley ni de los prin. 
cipios. 

« En segundo lugar, ese p >der de hecho, hace quince meses qne lucha 
cotí U revolución, hucj quince motes quo ñola puede vencer, qne es 
vencido por ella, quo está revelando su impotencia, 1 1 imposibilidad ma- 
terial en que se encuentra de dominar la situación. 

« Uajo talos auspicios, ¿ qué motivo plausible puede tener para* no 
aceptar la proposición del General Flores? 

« Si ambos desean la piz, el Gobierno provisorio es uno de loa 
medios que puedo conducirles & tan anhelado tin. 



fc «¿Or$e eL Gobierno btynco que la mayoría del pais estacón él? 
« Mejor. 

t Una voz establecido el gobernó provisorio que garantirá nanrrfl» 
n^eute el ejercicio electoral de ambos partidos, abriéndoles el caminó de 
la tacha pacífica, para que vayan & I03 comicios por la puerta de la ley, 
el paÍ8 llamado á dar su voto, será el que decidirá.. 
« El será .el juez soberano* 
'"« EifalíaHi. 

. f ¿ Qué mas puede exijir el gobierno blanco ? 

1 ; t 8i su legalidad fuese un hecho incontestable, que no pudiese "po- 
nerse en duda, podría comprenderse que ante el deseo dé Salvar él princi- 
pio de autoridad, no se aceptase el gobierno provisorio, 
» Mas no es así 
n{ « Los dos poderes queluchan constituyen. do3 gobiernos de hecho. 
«Ni Flotes fepresenta 'im gobierno legal, ni Aguirre tampoco. 
« En tal situación, si se quiere hacer la paz, si se desea que la luctia 
cese, que no corra mas sangre de hermanos, que no se agoten las fuentes 
de. lft riqueza pública,' que ho se arruine el país, que no sufra el coraer- 
cfe,y que sé p->/i¿¿in en ácéióh los srrande3 elementos de» prosperidad qtte 
eft su seno esconde la vírjen República;, es preciso qué, entre otras cosas, 
se acepte el gobiernQ prov'sorio ! ! 



"LA CUESTIÓN ORIENTAL" 

* ¿ Qué piensan ha¿er los hombres que formín aquel gobierno agoni 
zante ? 

t Parece que ha llégalo el momento de que se acuerden que son 
Oriéntalos, y que es una i ufa .ni a continuar una guerra en que nada ob- 
tiwenp sino la i'Ujina d^l pais que despotizan. 

« Al decir es?as palabras, hacemos abstracción completado las sim* 
paiiaf que profesados por la revolución, colocándonos pr ícticamente en 
el, terreno de los hechos. 

« Hace diez, y seis meses que la revolución está, en pié. ,: 

. *. Al tirar el primer tiro, ¿1 gobiern i prometió sofocarla. 
... « ¿boha/hecpo? 

, . p .«JLpja%4^> ?. so > lia idj creciendo de. una manera jigant -scá, al estremo 
de convertir hoy al General Flores en dueño de toda la campaña oriental. 
■ ? f: ¿Qu$ resul. ad<> práctico ha obtenido el gobierno blanco de la tena- 
cicUáí *s*\\ que mantiene la lucha? 

..« Rimero -rHnber gastado en ella ocho millones de patacones. 
. t * 8egund)-- f tei\Qv impaga unagrau parte de los efectos y .artículoacon- 
etúpidw.eu la guerra, * t >esar de habar invertido en ella tan fabulosa 

7 ^IVcero-p-Habar hecho disminu : r de una manera notable las erradas 
de Aduana. 



«Cuarto— Arrojar sobro hu espaldas del Crédito Nacional iiu^rd3 y 
muy. f uinosos empréstitos. 

*r^«Qíff/itó— líábeT de^car^ado uu golpe de muerte Sobre el comercia del_ 
pai8| qtíe. cada dia se perjudica mas y mas cou la continuación de Siná! 
guerra désast roa «. .''■''■!■'■*[• 

nSesto— Arruinar la campaña. : ■ 

*8éptimo— Crearse uua complicación extranjera, cuyo resultado no es 
fácil prever, 

«Tales son en su conjunto general, los resultados prácticos, obteni- 
dos *por éí gobierno blanco eu la lucha que parece empeñado á aoáíéríer á 
todo trance. 

« ¿ Persistirá en tan falal vía? 

« Los sucesos nos lo dirán bien pronto. 

« Hacer lá guerra por el placer brutal de que corra sangre, y un bue- 
b'o.entero scerilute, es un crimen que la c'vilizaciou del siglo %IX re- 
cba^za indignada. ■■-,.-'• 

V Se,té piden sacrificios á una náciou, cugndo esos sacrificios van á. 
újfii nu resultado benéfico,cuándo la sangre que so derrama es en demanda 
dS $ libertad, c^trido los tesoros qué se gastau son en una lucha justa y t< 
dé principios. 

« Pero no se gastan ocho millones ni se arruina un pueblo, por satis* 
facer la se 1 vengativa de algunos malvados y por enriquecer á uno* cuan- 
tos parásitos sin alma, que tienen para c&da desgracia de la patria una 
sonrisa salvaje. '- •' * ' " 5 " ? • *"" ,-»;-. 

« La gran masa del pueblo Oriental quiere la paz. 
'"- Y Uh esfuerzo ñiaé en favor de la revolución, y la paz se hac&. » y 

••' • ; *, 

Apésar dé lo'que decimos en otro lugar de no seguir á la revolución 
del general Flores en todos sus pasos, hay sin embargo documentos <j«e r 
no dtébfeh quedaren olvido, porque ellos vienen á atestiguar la justicia de 
eártcfr&lüttfcm- y tes nobles propósitos que la ahimaron; taTés son, por ejéífr ; 
pío, en nuestro concepto, las cartas que el general Flores escribió al ba- 
rón de Maoá y n\ 8r. Berro con fecha 7 de setiembre de 1863; , - 

La última tiene una gran importancia, por cuanto en ella *e hace la 
historia c'aray verídica de los hechos que precedieron A laiñvatoión'ar* 
mfedb, asi cufio de la conducta impolítica del presidente dé eíá época, , 
qxré' precipitó la revolución. j ..? 

" Tiene adema! esft carta la importancia también de presentaría re- 
volución en su verdadero carácter, por cnanto en ella és 4 claramente tfefc 
velado que no fué en nombre de un interés individual, m r úé nirigiimilis- 
plrtfcióto petfsónat que fee levantóla bandfetat de la révólttciop. Fué en 
noúibre de4oé derechos del pueblo agredidos y de las srárañtlás cohsii W-í •* 
cionales desconocidas, que el general Flores se lanzó á la guerra, y su fcaK 
ta^-tóánifiesta bien claramente qué se hallaba dispuesto A'dvponer faar ar- 
mas si se le ofrecía por la paz lo que con ellas buscaba, ' : 



a ^j^.gB.ep» el partido blanco y el 8r. Berro quienes . provocaron la 
gfterjjfi, y ; ¿g este partido solo el palpable de \* sangre que se ^^rí^pió ^ 
<*§¿S8 perjuicios qu$ trujo la lucha. t . ^ 'í^ 

^ .Iifi revolución fué santa en sus propósitos y no pudo sqr ibíKi .^qj>!é 
£ generosa en sus medios, cuaudo se prestó á escuchar con, toda (Jefpren^ 
ciaí los que invocando autorización del gobierno, le hablaban de terAii- 
nar |a Iqcha por los medios pacíficos, ' .... . . , :■» 

/ r 4?ero el partido blanco fué siempre felón y trai<Jor$ y nada aceptó... " 

Hé aquí esos documentos para comprobar lo que dejamo» dteho: •; ^ 

# 14: Su JSzelencia el Sr. Barón de JUaud. : 

• • .■.-'•♦♦ 

«Montevideo. • •"»■••■ 



« Sr. Barón: 



«Costa de Santa Lucia, Setiembre de 1863, 



«Acuso recibo á vuestra carta, crue me ha s'do entregada por el ca- 
«Ulero N. ". / . 

« Agradezco los buenos sentimientos que en bien do foi paifréeprei 
sais en ella, y os doy las gracias por los conceptos con que honráis mi 
persona. 

^ « Tenéis razón para no dudar de mi patriotismo (lo digo sin usar de 
finjida modestia) jamás desmentido. 

, « ¿No he sido yo, 9r. Barón, quien menos hayp . he^ho.? por<evijtar las 
calamidades cons guíenles á la guerra que azota á esta pobre República; 
n^deb.eis $n vuestro carácter de zeloso amigo de la paz y del prdem*pú* 
bl^o, hacerme responsable de la* fatales conseeuppqias .que del ei^psci? » 
nlwil'ento del actual Gobierno han surjido de*puee de la conducU prf^o 
háml que el Sr. Berro desplegó al tratar una cuestión, la masjfi^ta y-tra- 
c^deqtal acaso para ei país:— tal es, Sr. Barón, U cues tipa «Emignacion 
QxLfHÍtaU ; , :/ \ . . - .... , 

*¡pon enta ; mi8aia focha pi$ dirijo á 8. 15. el S^ Barco; U> q^iP^u 
8plop\jiede daros una p; ueba elocuentísima del .ardiente deseo > ( qjie siemr 
pje-^ie Unido por ver ^fi^nzada la paz en mi paja, sino también. d^\ apf Qr .\ 
ció ,quQ hagp <|e vuestra persona, uua de las primaras qi*e han abierto* 
laqrpqettas á una negociación formal. . ; : ,¡ : . . ~ ,•••<> t ■ * : . { 

« Todo lo espero a pesar de la conducta poco acertada que «hfl d$8-f 
P-Wgft^Q el; Sr. Berro para combatir lalicvplucioj^ 

, .« ¡Las persecuciones ijimitadas; los on^i'celanven.tos & queihn.ejdft * 
c^i^pk^os los colorados en Montevideo por el.polo hecho fVe^eiMnisfpprn j 
reHgííjnaripá políticos; la actitud insolente y audaz ^ ^a. prensa p^iiod^] 
todo* todo, Sr. liaron, ofende, hiere al partijdp,; ensaña á los ¿Kwb¡a*.f 
ti.Qiítys, y por mas que quiera sobreponerse elbopubrie* á las misei?ifts v d4. t 
la humanidad, hay que ceder, aunque momentáneamente, á impulsa diíl« 
amor propio, t n susceptible en el nombre honrado y puudooorosq. 



« Ko obstante, lag puertas estáu abiertas; aceptaría de voest^ míanos 
la corona de oliva que me ofrecéis, señor Barón; por mas que; lejos de ée? 
de vuestro modo de pensar, veo yo en donde veiá la imposibilidad ñutferíat 
¿te mi' triunfo, la inevitable derrota de nuestros enemigos; tal es, señor Baro» f 
la confianza que me inspira mi cansa y el tmlor "con que cuento eri nri* 
soldados; porque si bien no estoy Jejos de reconocer, cbmo bieta decís; to- 
do el apoyo moral que la autoridad legal presta al Gobierno, tampoco ¿to- 
béis desconocer todo el imperio con que la justic'a y la raaou sostienen 
una causa como la que défeudemos. : a 

« Pondré, señor Barón, en juego toda la influencia que pueda ejer- 
cer sobre mis jefes subalternos para arribar í tan loable fin; pero de cual- 
quier marera, y cualquiera que sea eu decisión, confiad en que influiréis 
tanto en bien de lo» intereses Universales que i avoca i?, cuanto aumen- 
tareis en el aprecio y consideración que siempre os ha profesado 

« Vuestro servidor y amigo ■ » . 

« [Firmado) Venancio Flore*. * 

A S. E. el señor Presidente de la República Oriental del Uruguay, D* 
Bernardo P. Berro. / 

Cuartel general en marcha, costa d¿ Santa Lucía Chicó, 

Setiembre 9 de 1868. ./ ■ 

c Exmo. señor: 

« Al dirijirme á V. B. tengo la íntima convicción de dar un paso pa- 
triótico qué tengo derecho á esperar halle eco en V. B. 

« Jamas hubiese tomado la pluma para dirijirme & V. E, después de 
agotados todos mis esfuerzo» en Buenos Aires, para evitar, Escmo. sehor, 
el paso que di y que me ha colocado en la situación amenazante en qné 
me encuentro. 

«Pero habiendo recibido indicaciones de personas de alta catég&ríá 
residentes en Montevideo, y que creo puestas eu contacto con V. É'., párá 
arribar aun arreglo con el Gobierno qúie V. E. préside, y ápeslaí áeP res- 
peto que aquellas me merecen, no me ha parecido posible entrar & trfetar 
sobre tan grave asunto, sin antes dirigiriAe áV. B.Bi bien éá ciérío, l?x- : 
mo. señor, que ¿1 dar el paso enérjico que di en 19 de Abril del presenté 
año, fué ya en la persuasión desesperante eú que la poTíticfá tenaz dé' V. 
£. me habia colocado. 

« V. E. recordará que ya en Eneró de 1862 fué uh seño* KepféabrW 
tante (*) cerca de V. E. á. hacerle sentir la necesidad que habia jiahí el 
pais de hacer volver á la emigración oriental al seno de su patria, balo 
el amparo de sus leyes protectoras, en el pleno goco dé sus fuerza, í*rwl^ 
legios etc., como recordará también qué en Octubre ó Noviembre del "£*•* 
eado, hallándose en miBion cerca del 8r. Presidente Mitré el 8r. Dr. Olur«* 

f) El Sr, D. Manuel M. Aguiar, 



í 



t^ilanos, el Sr. Mitre nos convocó p ira una confereuc'a *on asUtenei* dol 
Sr. Ministro de Gobierno Dr. Elizalde. 

« Jíu esa conferencia, Kxmo. Sr., se trató «"le elevara! eoiíacimieuto 
de V . E. la necesidad que liaba de ampliar una amnistía, aceptando para 
ello la garantía del Gobierno de la Kijmb'iea Argentina, sin cuyo requisito 
no volvería la emgraclon oriental á su fai% juzgando en'onces que la palabra 
de V. K. y la de sus ministros no co -stuuia una garantía positiva] remon- 
tándose á épocas no muy lejanas y liarlo funestas, Kxmo. Sr., en que el 
partido que V. K. representa dio un ejemplo odioso y sentó un procedente 
que viene á justificar esa des ontiauza, sin que V. K. u¡ nadie tenga dere- 
cho ni razón alguna para agraviarse por ello. 

« Debo en honor de la misma verdad, declarar que el Sr. Dr. Caste- 
llanos demostró grande interés en el asunto que se agitaba, y cuando ya 
ine lisonjeaba del éxito feliz déla empresa, llegó a conocimiento mío y 
del Gobierno del Sr. Mitre el juego indigno que, no diré a V. E , pero 
jersona muy allegada á V. H, puso en práctica para desbaratarlo todo. 
ÍJago referencia al ataje hedió al Sr. Coronel Acosta en el Mataojo, y las 
prisiones y persecuciones que se siguieron contra mis amigos políticos, en 
aquel entonces. 

«Esa farsa (y perdone V. E. laespresion, pues no encuentro otra mas 
adecuada) tenia por único objeto poner valla á cualquier sentimiento dig- 
no y elevado que animase á V. E. en bien de la emigración, y al mismo 
tiempo hacerme aparecer como un hombre sin fe y sin carácter á los ojos 
del general Mitre.quien en presenciado semejante conducta no podria pres- 
tarse á garantir el convenio á que se arribase. 

«Y en efecto, Exnio. señor, los que tal hic ; eron no dejaron de lograr 
en parte lo que buscaban,porque un m» sdcspues,cuando volví ¿1 hablar con 
il señor Mitre sobre el mismo asunto, me manifestó que V. E no acepta- 
ba fu garantía oficial, | or amito la palabra de S. E. le parecía suficiente, 
y dando como prueba de ello el que acababa de dar de alta al touyor don 
Manuel Curabajal (coronel boy). 

"Entonces, descorazonado ya por la insistencia de V. E. que me po- 
nía en una posición ditícily desesperante; no ha'lando otro medio pa re- 
volver al pais honrosa y dignamente sino por una invasión armada, Oeqí ai 
impulso de m's amigos politice s empeñados en ella, porqué, Exmo. señor, 
los' hombres llegamos á veces á colocarnos en ciertas posiciones difíciles 
(y V. E. debft couocerlo tan bien como yo nrsmo) en las que no pertene- 
cemos á nosotros mismos, sinóá nuestros amigos j olitcíns y para ellos, • 

« No para aquí, Exmo. señor, la historia verídica de las causas que 
han dado < ríjen á la iivasion. 

« V. E. no debe ignorar tampoco, que en las confereue ; as que ture, 
omj el señor Dr. Castellanos, le propufcfc que si -yo ora un obstáculo á la 
paz y- al óiden de mi pais, fe exonerase á mi persona, haciéndose abro- 
Juta presciiuleneia de ella, con tal que Fe ampliase la amnifitía doñeada. 

<» El señor «Aoevedo Leite, oómul de S. Ai. f\ cerca «tel- Gobierno 
de Y, E., puede ter el mejor -intérprete d# mis septioiieutos; á él le e«- 

23 



presé mis mas ardientes deseos por la vuelta de la emigración oriental al 
seno de la patria, como una de sus mayores garantías de orden y esta- 
bilidad. El sen »r Ac^vedo Leite manifestó interesarse profundamente 
en favor de la emigración, y á su vuelta á Moutevideo le encargué enea 
recjdaruentc que por medio de su influencia y de la de sus numerosos 
amigos, tratase por todos los medios á su alcauce de allanar las dtieulta* 
desque por parte de V. K. obstaban á un arreglo definitivo y honroso pa- 
ra todos. Que á nada debia atender el Gobierno tanto como á si la emi- 
gración podia ó no llevar una invasión armada al pai% cualquiera que 
fuera el resultado, ya venciese ó fuese vencida, porque e3to es secunda- 
rio tratándose del bien de la patria. 

« Nada resultó, Exmo. señor; ni una sola pa'abra favorable vino á 
sembraren el corazón de I03 proscritos orientales acaso una remotí es- 
peranza de vo'ver á ver el cielo de la patria limpio y cristalino, sin una 
sola nube de borrasca que lo empañase! 

« ILibia cesado la acción de la palabra, se hizo preciso que actmseu 
las armas; y aquí me tiene V. E. al frente de mi ejército, sereno y dis- 
puesto á todo, pero antes que á nada á hacer la fel cidad de nuestra 
patria. 

« Nada pedia entonces para mí, que me considero nienoj que el ul- 
t ; mo demts sóida ios; solo pedí para mis amigos proscritos y desgracia- 
dos. La eituaciou ha cambiado de faz: hoy porlria exijir algo para mí, pe- 
ro ahora como entonces, nada pido, nada exijo. 

«Quiero únicamente patria para mis hijos, pero con honiv, y sin que 
tengan que venir á mendigar el patrimonio que aprecio de tantos sacrificios 
les he comprado. 

•Quiero abiertas las puertas del país para nrs correlijionarios, pero 
abiertas de par eo par; no como L mendigos que viuierau á pordiosear una 
limosna que está, si no en el deber, en posición de negar ó couceder el 
avaro. 

« Bien lo ve V. E., Exmo. señor : cuatro meses de lucha infatigable y 
tenaz; sin recursos, s'n medios en uu principio; calumniados é injuriados 
siempre; provocados por nuestros enemigos; cuatro meses, digo, han sido 
bastantes para concluir con el poder moral d> 12,000 soldados que defien- 
den la causa de V. E., que parece haber vivido engáñalo hasta hoy mismo 
par sus subalternos que no han querido confesar la verdadera cifra de mis 
soldados elevada hoy á mas de 3 JÜO hombres moralizados y decididos. 

«tira esa sola la obra de cuatro meses; Cilcule V. E. hasta dónde po- 
demos llegar, si dejamos seguir adelante el tiempo en la misma actitud 
que tenemos! 

« Y si esto no es así; si son ciertos, señor presidente, los informes que 
los generales de los diferentes cuerpos del ejército de V. E. le pasan co* 
tidiauamente, Mgaee V. E. una pregunta muy natural y muy seuciila á 
la vez, y de su contestación resultará el esclarecimiento de U verdad» 

fl'ero estos no son puntos que debo tratar aquí. 



« El objeto de mi cart^ no es otro que el de corresponder á loa desees 
espresados por las personas á que he hecho referencia al principio. 

« Puede, por consiguiente, V. E. vivir en la persuasión de que estoy 
pronto á oir cualquier proposición de arreglo que venga directamente de 
V. E., sin perjuicio de llevar adelante mis operaciones militares. 



«Con esta ocasión, se repito de V. E. atento y seguro servidor, 

« El general en gefo del Ejército Libertador 

«Venancio Flores, 
«Es copia— José Cándido Bus lámante, secretario.» 



Oigamos ahora k un compatriota emigrado en Buenos Aires,. cómo 
se espresaba en la Iribtma do fecha 11 de octubre de 1863, respecto de 
la revolución encabezada por el general Flores, y se vendrá en cuenta 
de cuanto heroísmo, cuanta abnegación y cuanta fó política no se ha ne- 
cesitado por ese ilustre general y sus dignos compañeros, para tarmirlar 
tan colosal empresn # 

Dice asi: 

" CUESTIÓN ORIENTAL. 

«DELEM) i CARIACO 

« Está visto que la República Oriental C3t4 destinada á ser tcatr3 de 
los sucesos mas estraordinarios. 

« ¿Quién podia prever el j«ro que han tomado los sucesos déla guer- 
ra, el dia en que el general Flores pisaba el territorio de la patria con 
cuatro compañeros, y se encontraba engañado y buscado en todas partes? 

« Cosa curiosa será, por cierto, escachar un d a, de sus labios, la 
serie de contratiempos y contrariedades que rodearon sus primeros pa- 
sos, y que por el éxito de su propia causa se ha visto hasta hoy ob'igado 
& ocultar, finjiendo una cooperación que no encontró en los primeroi 
momentos, porque absorto el pais ante tan audaz y temeraria empresa, 
mal divisaba en el robusto brazo del caudillo la bandera de la redención 
de la patria, 

« Se cuenta ya que cuando ol general Flores encerraba en el Salto al 
hoy brigadier Lamas con sus seiscientos ú ochocientos hombres, no con- 
taba todavía ciento cincuenta, que merced á un efecto de óptica repro lu- 
jo en la falda de una cuchilla hasta el quintriple número de ochocientos. 

* Lo que no se sabe todavia á pun»o fijo, es si ese efecto se debió 
aoloá la habilidad del general Flores, ó *i entró en macho para conse- 
guirlo la cobardía del general Lamas. 

u Cuando el genoral invasor vencía y desbandaba en Coquimbo un 
ejército de 1,600 hombres á las órdenes del geueral don Servando Gomes, 



ejército y general que no ha vucHoá figurar en c- teatro de la guerra, 
apenas contaba en sus lilas 300 do esos valientes que han sido la base y el 
núcleo del invencible ejército que hoy domina toda la campaña. 

Hoy ya no hay razón para ocultar todo eso; antes al contrario, es 

preciso revelar al pueblo esos prodigios, romancescos, mas que heroicos, 

según un diario brasilero, para que tenga fe en uua causa que así está 

templada, y que no desmayó ante el abismo que por un momento, vio abrirse 

ante sus pies. • 

« Bárbaros los autores de Quinteros creyeron por un momento que ese 
crimen habia segado el germen de las revoluciones. 

II. 

a Porque puede hablarse ya la verdad, vamos á decirla, porque ella ha de 
traernos á una conclusión en que se aunan todos los corazones; vamos á hacer 
mención de las diversas opiniones que prepararon, contrariaron 6 determi- 
naron la abstención en presenciado la revolución iniciada por el general 
Flores . 

« En el fondo del corazón hemos sido todos revolucionarios desde la 
cruel hecatombe de Quinteros. 

« El que de algún modo no ha significado ese sentimiento, abdicó de 
toda noción de justicia y moral en aras de su bienestar y sus placeres. 

c< Revolucionarios, porque ó permanecimos en la emigración, ó porque en 
la patria misma hadamos vida de estranjeros. 

« Los ofrecimientos y los alhagos del poder jamas nos sedujeron, y he- 
mos visto durante cinco años al partido que constituye la mayoría del pais y 
que simboliza la gloria y la libertad de la patria, condenado á una absoluta 
abstención tan solo por no mancillar la memoria de sus mártires, fraternizan- 
do con los verdugos en el poder que usurparon por la traición y el crimen 

a Pero en el momento de dar forma á ese sentimiento que rebosaba ya 
en nnestros corazones, cuatro opiniones distintas se disputaron su predominio 
<nla esfera de la acción. 

« Algunos de los ciudadanos notables que permanecían en Montevideo, 
y sobre todo, la juventud que se sentía llena de fe en el alma y de vigoren 
la acción, quería luchar en el terreno electoral, sin abdicar de sus princi- 
pios, y para ello, sio reconocer la legalidad del gobierno de 1) Bernardo Ber- 
ro, originado de un crimen é impuesto por cuatro caudillos oscuros é igno- 
rantes. 

« Esa juventud se dirijia á sus amigos de la emigración y decia : 

« Nos esterilizamos en la inacción, y el vigor y el nervio del partido se 
« enerva. 

« La lucha armada no es oportuna ni está preparada, y talvez prolongán- 
« dose causaría la ruina del pais. 

« Luchemos en el terreno pacífico de la prensa y de las armas, y si no 
• nos es garantida la libertad de ambos medios, quede consignado el atentado, 
« y al elemento militar tan fuerte y prestigioso en nuestro partido, el cuidado 



-17© - 

« de arreglar en til cuso esa dificultad coa el Gobierno de D. Bernardo 
« Berro. 

« No aceptaba esa juventud el medio de la revolución armada, y pregun- 
taba á sus prohombres : 

« ¿Qué es mejor, la abstención que nos enerva, ó la lucha electoral que 
« va á retemplarnos. » 

« D. José María Muiloz contestaba, que optaba por la abstención que no 
enervaría al partido, sino que lo conservaría puro para la política de acción 
en una época no lejana de rejeneracion para la patria. 

« El ciudadano que esto aconsejaba lleva ocho aiíos de proscripción ú os- 
tracismo. 

« D. Juan C. Gómez decia : entre la abstención que enerva y la lucha 
electoral que es una transacción inmoral, hay el medio de la revolución que nos 
salva y que se prepara en .el elaboratorio de los sucesos inevitable». 

« Temamos, pues: 1.°, lucha electoral; 2.°, la abstención; 3.°, la revolución 
que se preparaba por la reacción inevitable de la opiuion y la fuerza invenci- 
ble de los sucesos cuyo desarrollo era uecesario facilitar. 

« El general Flores opinó por la revolución, que era preciso hacer. 

« Como se ve claro, la revolución estaba en el fondo de todos los corazo- 
nes — los mismos que querían luchar en las urnas no reconocían la legalidad 
del Gobierno de Berro, y Muñoz y Gómez no aceptaban ese medio porque no 
entendían que asi se salvaba puro el partido. 

« Pero no todos pensaban que era llegado el momento de que la idea pa- 
sase del espíritu al espacio, ni que fuese posible que los deseos del alma se 
llamasen en breve Coquimbo y Cañas, 

« El general Flores opinó así, y se lanzó al país seguudad o por sus ami- 
gos personales. 

« El país se quedó atónito. Amigos y enemigos enmudecieron, y el ge- 
neral Flores cruzó solo, con sus cuatro compañero >, noventa leguas de territo- 
rio oriental, sin que un solo vecino diese noticia de su tránsito. 

« El general Sarnas supo que hacia alto eu el departamento del Salto, que 
el comandaba; pero no se atrevió á buscarlo. 

« Si hubiese traido consigo cien hombres, tal vez lo bate; pero venia solo, 
y en defecto de un ejército visible, le supuso jefe de dos ejércitos, uno que ha- 
bía pasado de Corrientes y otro del Brasil, y se detuvo. 

« Entre tanto, el partido colorado permanece perplejo ante una situación 
tan violenta é inesperada, y teme con razón que un paso tan audaz y temera- 
rio venga solo á comprometer á sus pro!t3mbres por el momeuto y su 
triunfo para el futuro. 

« La revolución no estaba preparada ui estaba hecha en el ánimo del 
* pueblo, y esta opinión se confirma por el hecho bien significativo de que dos 
meses después de lanzarse al país el general Flores, no tenia a su alrededor 
mas de 400 parciales. 

«Pero el general Flores sosteniéndose heroicamente en el territorio 
Oriental con un puñado de valientes, hadado tiempo á que la revolución se 
produzca, y producida está desde un cjnfin al otro de la República. 



« El manifiesto del general Flores es el eco de la revolución que se 
produjo al fin, y respondió al grito audaz que por un momento se creyó per* 
dido en el vacío. 

«Si falta Imbo en la precipitación con que el general Flores se lanzó 
al país, esa falta ha sido subsanada por el heroísmo cou que se ha dado tiem- 
po al pueblo para volver de su sorpresa, comprender la probabilidad del 
triuqfo del partido liberal, y lanzarse á la revolución con la fe inquebrantable 
de ese pueblo mártir al cual no han abatido los mas rudos golpes déla ad- 
versidad. 

III. 

« Realizada, pues, la revolución, todas las voluntades se asimilan en un 
solo deseo, todos los corazones se unifican en un soIj sentimiento, porque 
ninguno prestaba sumisión en el fondo de su alma al Gobierno que nació del 
mas negro crímeu que conocen estos paises; y ese deseo y ese sentimiento se 
traducen bien por la frase histórica con que encabezamos este artículo ¡ De- 
leuda Cartago ! 

« Si; venzamos al partido blanco; ese debe ser el punto cardinal de to- 
dos los esfuerzos de los liberales de entrambas repúblicas dei P.ita. 

« Como muchos otros no concebimos, ni autorizamos, ni aprobamos l¿ re- 
volución heroica que llevó al general Flores, van á hacer seis meses, á las 
playas orientales; pero hace tiempo que comprendemos que ese paso habrá 
producido la revolución, la revolución que estaba en el ánimo de todos los 
buenos orientales después de la triste y célebre hecatombe de Quinteros, y 
no trepidamos en asegurar que esa idea preocupa á todos los amigos de causa, 
ya seau que opinasen autes de ahora por la abstención, ó por la lucha electo- 
ral, ó por la revolución preparada tranquilamente y no en las cuchillas como 
se ha verificado. 

« Este artículo esplica mas de un misterio y esplica sobretodo la diversi- 
dad de opiniones que nos dividían ayer y la uniformidad que nos une hoy. 

«Un Oriental.» 



\ 



La guerra siguió, y el general Flores se hizo dueño de toda la campana 
y del litoral del Uruguay, reduciendo al partido Blanco á la ciudad, pues 
hasta el departamento de la capi tal le pertenecía. 

El partido quinterista se atrincheró, y desoyendo todo cousejo honorable 
con el fin de evitar la efusión de sangre inútil y la ruina de una parte de la 
Nueva Ciudad, se aprestó á la defensa. Defensa estéril completamente, pero 
como presrnlia el castigo de sus crímenes; como veia en toda la revolución del 
general Flores la mano de fa Providencia; como veia cercano el momento de 
su expiación; para ser consecuente con sus principios de treinta artos, quiso 



-177- 

que la sangre cómese d torrentes para saciar la sed que lo devoraba y hundirse ett* 
ellaá su caída, como en ella se había empapado á su elevación al poder. 

Pero la Providencia quiso librar á esta heroica ciudad do una calamidad 
semejante. ^ 

El 15 de febrero del ano de 1885, el Senado elijió por su presidente 
al ciudadano D. Tomás Villalba, actual Contador General del Estado, el que: 
como era consiguiente se recibió de la Presidencia de la República. 

Este ilustre ciudadano, con un talento y habilidad que Je honrarán 
siempre, á la vez que poseído de un valor cívico, abnegación y patriotismo 
sin ejemplo entre nosotros, hizo la paz con el general Flores y la plaza fue 
entregada el dia 21 del mismo mes al Ejército Libertador. 

El partido Blanco sucumbió en ese dia, y su caida fué lo mas ridículo 
que puede concebir cabeza humana. 

A sus bravatas de hundirse con la ciudad, de hacer correr al Ejército 

Libertador y á los macacos, con papas y peras . !! solo hubo el coraje 

del rebaño de ovejas que pasa de manos del pastor al corral donde debe ser 
encerrado!! 

Lo que el partido Blanco dejó en pos de sí, fué ruina, desorganización, 
deudas y todo cuanto puede servir, para cubrir de eterno baldón á un 
partido político que presume de moral, ilustrado y decente!!! 

El cielo fué justo y permitió á los mlrtires entrar en la ciudad despo-. 
tizada. 

Bendito sea el Señor de las Alturas! 

El ilustre vencedor, al entrar, dio la proclama siguiente, y por ella verán 
nuestros lectores la nobleza de su alma y la grandeza de 1 partido Colorado 
para con sus propios adversarios políticos y Jos asesinos de Quinteros que hoy se 
pasean con impunidad en nuestras calles públicas. 

Hela aquí: 

« Compañeros de armas ! 

« Hemos llegado al término feliz de nuestras nobles y legítimas aspira- 
ciones. 

« Después de dos años de sacrificios y de abnegación, hemos conseguido,* 
por medio de una paz siu humillación pura el adversario, el restablecimiento 
de los santos principios que garanten á todos los derechos civiles, estable- 
ciendo la igualdad ante la ley. 

« Mostraos tan grandes en la manifestación de la magnanimidad como 
fuisteis bravos en los combates y perseverantes en las privaciones y en el 
sacrificio. 

« Orientales todos] Contemos este dia como el precursor de una nueva 
era de felicidad y de ventura para toda la familia oriental; que la paz que alumbra 
no sea, como otras veces, una tregua para volver de nuevo con mas rencor á la 
pelea, que rompe les queridos vínculos de la familia, separando al padre del 
hijo, al esposo de la tierna esposa, y ai amigo del compañero déla infancia, 



-178- 

cfuc siega los veneros de la riqueza de nuestra patria, y uos presenta á los 
ojos del mundo civilizado eternamente poseídos de las malas pasiones. 

« Honor á todos los que han contribuido con su esfuerzo á la obra do paz. 
pero sobre todo, honor al bravo ejército imperial, que, confundiendo su sangre 
coa Id sangre de los orientales, ha sabido deponer justos resentimientos para 
ayudamos á cimentar el triuufo de las instituciones sin nueva efusiou de 
sangre. 

« Compatriotas! 

« Viva la patria! 

« Viva el pueblo oriental! 

« Viva la unión sincera de los Orientales! 

« Viva el noble pueblo Brasilero! 

« \ iva el emperador del Brasil! 

«Vejxascio Flores. » 
Hé ahí cómo se espresaba el vándalo después del triunfo! 



Pasemos ahora á la alianza con el Brasil, y veamos si el partido Colorado 
ba vendido la República ál Imperio, como lo declamaban en su época les dis- 
cípulos de Rosas y de su teniente Oribe. 



-i?e- 



CAPITULO VIII. 

Conclusión EL BRASIL. 



£1 partido que en el Rio de la Plata ha tenido por gefes á Rosas y Oribe, 
para los cuales, virtud significaba crimen, y crimen virtud. Legalidad era la 
espresion de la mas escandalosa ilegalidad, en tanto que la ilegalidad se pro- 
clamaba como la última espresion de la legalidad. 

El fusilamiento de la joven en cinta Camila O'Gorman era un acto de 
virtud, y la resistencia de la víctima infeliz que luchaba por arrancar su cabeza 
de manos del verdugo, un crimen tremendo; el partido que profesa esta escue- 
la del verdadero crimen, de sangre, de cinismo, de audacia y desvergüenza, 
aun tiene por desgracia sus apóstoles en las márjenes del Plata. 

En la vecina capital, está vencido, quebrado. 

La mano de la libertad lo tiene condenado á la impotencia. 

En nuestro pais, estuvo en pié hasta ahora poco. 

La mano de la tiranía y la barbarie le dio vida. 

Cuando aparecía un escrito honrado, un hombre que á despecho de todo 
cumplía honradamente con ese sagrado sacerdocio que todo lo sacrifica al 
cumplimiento desusdeberes, esos asesinos déla honra a ge na, esos traficantes 
de su conciencia, parásitos sin alma que se vendían al que mas les pagaba, 
juzgando á los demás por lo que ellos eran capaces de hacer, miraban la hon- 
radez de ese escritor, como un acto de prostitución. 

Es la máxima tradicional de esa escuela infame, que hace alarde de ca- 
nonizar el crimen triunfante escarneciendo la moral y la virtud. 

Tenemos un ejemplo del cinismo de esa chusma que se embriagaba de 
placer ante la matanza de Quinteros. 

Los hombres del partido blanco, cuando sintieron los dolores de la agonía, 
trataron, si no de salvarse — porque era imposible — al menos de prolongar su 
existencia en el poder, haciendo un esfuerzo supremo por despertar la anti- 
patía nacional contra el Brasil. 

Al efecto iniciaron una guerra á muerte contra el Imperio, ante cuyo 
emperador ayer apenas se postraban cobardes, pidiéndole su alianza contra 
la República Argentina (1858). 

El que no les ayudaba, en la empresa que ayer mismo combatían, era un 
malvado, un prostituido, es decir, lo que eran ellos, traficantes indignos de 
la conciencia, asesinos aleves de la honra ajena. 

24 



-xso- 

Creyendo que la prensa independiente de Buenos Aires caería en el lazo 
que le tendían halagando su amor propio, la acariciaron dulcemente al principio 
déla revolución. 

Querían que pronunciándose contra el Brasil, les prestase su potente 
concurso en la cruzada de odios contra un pueblo amigo. 

Aquella preasa , que no necesitaba de tutores para saber el rol que le to- 
caba asumir en las grandes cuestiones que estaba llamada á discutir, no solo 
rechazó la propaganda contra el Brasil, sino que haciéndole la justicia que su 
política merecia, lo defendió de los cargos que le haciau los mismos que ayer 
lo defendían. 

Horrible crimen! 

Infamia inaudita! 

Los que tal intentaron eran unos malvados! 

Eran unos escritores sin conciencia l ! 

Ellos hablaban de Conciencia ! ! ! ! 

Eran unos degradados, veudidos al oro inmundo del Brasil! ! 

Al menos, asilo decían los diarios blancos. 

La Nación Argentina reprodujo las siguientes líneas tomadas del Plata de 
aquella época, diario que era redactado por D. Federico de la Barra (cama- 
león) ( 1 ). 

« Según informes que nos da un caballero estraujero que llegó anoche, la 
« Legación brasilera eu Montevideo paga raensualmente 50 onzas de oro á la 
« Tribuna, 50 á la Nación Argentina y 35 al Nacional, para que patrocinen y 
« sostengan la conquista de la monarquía brasilera en esta República, y de 
« ahí proviene el marcado interés que en ella ponen los miserables que trafican 
« con su conciencia. 

« ¿ Qué tal las convicciones y la dignidad de los misioneros de sua 31a- 
« gestade Mperial en el Bio de la Plata ? 

<c No es verdaderamente infame y asquerosa la conducta de los salvajes 
« unitarios que escriben en Buenos Aires los tres diarios citados ? 

. <í ¡Pobre patria délos Argentinos! Cuánta vergüenza para Jos que han des- 
ee cendido hasta escuchar las arengas de miserables degradados como Héctor 
« Várela, y de escucharlas al pié déla estatua del general Sin Martin, donde 
: « ese malvado, al abrir su labio inmuudo para dirijirse al pueblo de 1810, pro- 
« fanó los recuerdos sacrosantos de la independencia y libertad de las repa- 
cí blicas del Nuevo Mundo! » 

Hé ahí la escuela de Rosas ! 
Mesalina hablando de pudor . 

Los escritores pomo Barra, hablaban de la prostitución de la prensa de 
Buenos A i res! ! ! 
Miserables! 
La Nación les dijo muv bien : 

(1) Estrangero y sin hogar en este país. 



ce No hay plata bastante en el mundo para comprar la pluma y la indepen- 
« dencia délos hombres que están al frente de la prensa de Buenos Aires, 

« Lo que han hecho los escritores que han deificado á Rosas' primera, á 
« Ur quiza después ; 

« Los que se han enlodado defendiendo la tiranía y presentando como un 
« acto de justicia el asesinato infame de la infeliz Camila O 'Gorman * 

« Lo que han hecho esos bandidos que ponen su conciencia á disposición 
« del que mas les paga, no lo han de hacer jaaiás los escritores independientes 
« y honrados de Buenos Aires- % 

« Como ellos son capaces de vender su patria, no ya por cincuenta onfcas, 
« sino por cinco, suponen ¡miserables! que otro tanto hemos de hace* nos- 
ce otros. 

« No! 
. « Si algún ájente brasilero hubiese tenido el coraje de ofrecerán peso k 
« cualquiera de los diarios á quien Barra enaltece mas y mas con stt hisulto, 
« sus redactores se lo habrian arrojado al rostro. 

« La prensa liberal de Buenos Aires no necesita que se le pague para cum- 
« plir su deber. " * 

« Lo cumple con honor, con dignidad, con independencia. 

« Sien esta emerjencia defendemos al Brasil, es porque tenemos la con ^ 
« viccion profunda de que el Brasil no viene al Estado Oriental con la idea qui- 
ce jotesca de una conquista. 

« Los blancos lo saben, lo creen así también. 

« Si otra cosa pensásemos, lo diriamos, con la misma franqueza con que, 
« en mas de una ocasión, combatimos la política del Sr. Amaral. 

« Én cuanto á nosotros, nó les pedimos que desistan de §us insultos. 

y Hace diez aüos que los recibimos como un honor. 

« Lo que nos avergonzaría, seria que cualquiera de los diarios blancos 
« que defienden al Gobierno de Montevideo, que llaman benemérito á Oribe* 
« tirano á Mitre y Flores é infame al emperador del Brasil, hiciese a lianza 
« con nosotros, ó nos elojiase. 

« Eso sí temeriamó3. 

« Esa alianza nos caucaría asco. 

« Por amor de Dios ! sigan insultándonos. 

« Se lo pedimos y se lo agradeceremos ». 



El Brasil se encontró mas tarde en la lucha con el general Flores} lo re- 
conoció como belijerante y lo ayudó en ella. 
¿Qué razones tuvo el Brasil para ello ? 
El asesinato de innumerables brasileros en la campaña; 
El incendio de sus establecimientos; 
La violación de sus mujeres é hijas; 
El saqueo de sus bienes; 



—isa- 
La denegación de toda indemnización ; 

£1 impunidad de los autores de esas tropelías y crímenes; 

Los vejámenes é insultos mas inauditos. 

El Brasil, pues, pasó un ultimátum por medio de su ministro Saraiva, dan- 
do un plazo para la satisfacción de tanta injuria. 

El ultimátum le fué devuelto al ministro sin las satisfacciones debidas y 
negándose á bacer justicia como correspondía. 

Toda la Legación brasilera fué arrojada de la capital. 

La bandera, pisoteada por las patas de los Jabalíos en las calles, y la na- 
ción, ultrajada con las denominaciones mas humillantes que contiene el dic- 
ción ario de la lengua española . 

Cuando los blancos vieron que el Brasil tomaba la actitud que con venia á 
una nación pundonorosa, y tomaba por aliado al partido colorado en armas, 
pusieron el grito en el cielo, y dijieron que el Brasil quería conquistarnos, escln- 
vitarnos, etc., é hiciéronce los campeones mas ardientes déla democracia 
americana. 

Los diarios blancos llamaban á la política brasilera infame agresión, y le 
atribuían miras pérfidas de absorción, y al partido colorado lo clasificaban de 
vendido, traidor y quién sabe cuanto mas; mientras que ellos, los demócratas, 
enelafio 1854 se prostituían á las plantas de ese Imperio pidiéndole una in- 
tervención armada, en los siguientes términos: 

Montevideo, enero 30 de 1854. 
« Exmo. señor: 

« Nosotros los ciudadanos orientales que firmamos la representación ane- 
xa, declaramos que lo hacemos persuadidos de que la intervención armada á 
que ella alude, es indispensable no solo para darnos garantías w cíales, pero tam. 
bien para ponernos en el pleno goce de nuestros derechos políticos, délos cuales de 
fací) nos hallamos privados, porque anarquizado el pa&sin garantías de género 
alguno, necesitamos de la intervención armada, á fin de que el Brasil, en 
cumplimiento délos tratados del 12 de octubre de 1851, haga efectivos y 
duraderos la paz, el orden y el imperio.de las instituciones. 

Luis de Herrera (senador) Luis Antufia. 

Enrique de Artascaeta. Eduardo de las Carreras. 

Carlos Juanicé. Jacinto de Vargas. 

Federico Nin Reyes. Jaime Sala. 

Carlos Maciel. Carlos S. Pagóla. 

José M Silva. Domingo S. Noya. 

Francisco G. Cortinas. Antonio de las Carreras; 

Pantaleon Pérez. José P. Beatos. 

Pedro Fuentes. Nicasio Serrano. 

Enrique Juanicó. Lino Maciel. 

Francisco S. Antuila. Ignacio ürtubey. 

y José F. Antufia. Cristóbal Salvaftach. 

Carlos Masiui. Hateo Bíanquet. 



-íea- 



Deolindo Ponce de León. 
Santiago Botana. 
Agustín Baena. 
Luis Masini. 
S B. Piñeyrua. 
Benjamín Villasboas. 
Lindolfo Platero. 
Pedro P. Diaz. 
José Sartori y Trillo. 
Eduardo Vargas. 
Francisco Maciel de Sos toa. 
Héctor García Wicob. 
Francisco Castro. 
Manuel N. Tapia. 
Manuel Acevedo. 
Manuel Serby. 
Ramón Vázquez. 
Indalecio Corjrea. 
Estanislao Morales. 
Diego Esteves. 
Luis G. de Latorre. 
Vicente de Latorre. 
Doroteo Gareia. 
Avelino Lerena. 
lsabelino Villademoros. 
José Vázquez Sagastcme. 
Lestnes Bastarrica. 
Félix Quesada. 
Adolfo Bazaftez. 
Julián Bazañez. 
Clemente Linares. 
Jóse Á. Bianquet. 
Ignacio Chala. 
Francisco Chacón. 
Jorge Hunt. 

Pedro Francisco Ortega . 
Juan Bautista Luforst. 
Juan José Segundo. 
Manuel Pujadas. 
Pedro Carril. 
Isidoro Ganardo. 
Carlos Laca lie. 
Enrique Britos. 
Antonio A retí» 
José Petrosi. 
José Olivera. 



J. R. Ticonner. 
Pantaleon /. Pere%* 
Juan F. Serby. 
Pedro Bonilla. . 
José Bustos. 
Segundo González 
Juan Unida. 
Benjamín A. Olivera. 
Segundo A. González. 
Daniel Gouzz. 
Juan Pió Gonzales. 
Dermidio M. Olivera. 
José Delgado. 
Juan Tomás Nuftez. 
Pablo Mernes. 
Inocencio G. Peralta. 
Juan J.Barboza. 
Lindolfo Spikerman. 
Torcuarto González. 
Jacinto Llupes. 
José P. Antuña. 
José Espina. 
Francisco Fernandez. 
Luis B. Cardóse 
Pablo Baldovino. 
Lorenzo Conde. 
Estovan Arora. 
Antonio Acuña (hijo). 
Antonio Acuña. 
Juan Manuel Areta (hijo). 
José Pablo Olave. 
Pedro Pablo Olave. 
Raimundo Anaya. 
Antonio Rodríguez. 
C Por mí y á ruego de mi padre, 
( Manuel López y Sosa. 
Benito Baena. 
Jacinto Castro. 
Enrique del Castillo. 
Jacobo González. ^ '■ \ 

Timoteo Olivera. 
( A ruego de mi padre y del Sr. 
( Tumular,José María del Real. 
C A ruego de mi hermano Josf Li- 
l no Olivera, Timoteo Olivera. 
Francisco A. Rodríguez. 



Andrés Wana. - Carlos Rodríguez. 

Lindolfo Arme. Vicente Matra. 

Adolfo Areta. Juah José de Herrera. 

T bien: los que hacen diez años daban ese paso ignominioso ,.se indigna- 
ban de que el partido colórate viera que los brasileros estaban en su pef- 
fecto derecho en las operaciones que emprendieron en este territorio. 

Esos hombres que en 185 í no titubearon en solicitar el apoyo del em- 
perador del Brasil, le ultrajo roí), le insultaron después. 

Ellos que trataron de vender la patria al que los ayudase contra el ván- 
dalo Flores, nos rompj&n el tímpano con su desenfrenado amor á la patria. 

¡ Miserables ! 

¿ Cuándo tuvieron ellos patriotismo ? 

¿ Cuándo se acordaron jamas de su patria ? 

La historia de nuestros tiempos contesta en sus innumerables pajinas que 
el partido Waaco jamas dio. una prueba de ello. 

El partido blanco trató con mala fe y perfidia de sublevar los sentimientos 
del pueblo oriental. 

Pero los que así atacaron al Brasil ¿ pensaron siempre del mismo modo 
respecto á su política y á susl intenciones ? ' 

Nó! 

Precisamente pensaron todo lo contrario. Ahí está el documento de 1854 
que lo prueba. 

En 1858, cuando la revolución del general Diaz, fueron de nuevo á mear- 
se cobardemente al pié de las gradas del emperador 1). Pedro II, implorán- 
dole un apoyo en plata, en arman, municiones, escuadra, etc. 

Si la política del Brasil era tan pérfida é infame; si hacen treinta años, co- 
mo decían, que estaba revelando sus miras de conquista; si esa política, al decir 
de ios auinteristas, no había cambiado, ¿ cómo fué que en 54 y 58 pidieron de 
rodillas la intervención armada y los ausilios del Brasil ? 

¡ Miserables ! 

Es que entonces la pedían contra el partido que en vano pretendieron ul • 
timar en Quinteros, y ante la salvaje satisfacción de los males que creían cau- 
sarle, no temieron que la independencia pudiera ser amenazada por la acción ar- 
mada del Imperio; 

En 1864, como la intervención favorecía mas bien al partido colorado; 
como ella era contra los asesinos de Quinteros, pusieron el grito eu el cielo- — 
pero nadie les creyó. 

Ellos sabían bien que el Brasil no venia con las intenciones que le atri- 
buían. 

Ellos sabían que su conducta no era una agresión infame. 

Ellos sabían que ni por 1? mente le había pasado al Gobierno brasilero la 
idea de jjna condwla pérfida i 

' Poro comprendiendo que hay una fibra á la que siempre responde un pue- 
blo p^nitonorQSQv, trataron de Hacer creer á los incautos que el Brasil venia á 
amarrar la República despedazada al carro de la conquista imperial. _ 



Vana tarea ! . . : * 

El pueblo oriental, con esa intuición misteriosa que . hace présente á los* 
pueblos la verdad, comprendió que todo era una farsa, que no había tai agre 
sion infame ) que nó.habia tal conquista pérfida, y volviéndole la espalda á^sos 
predicadores que mudaban de tema y touo según las conveniencias, dejaron 
que se perdiese en el espacio el eco de ese grito de falsa alarma, que á áaáie 
conmovió, que á nadie infundió temor. 

Y era natural que así sucediera. 

No hacia mucho que la prensa de aquí pretendió hacer creer que la inva- 
sión del genera] Flores, fomentada, protejida y autorizada por el Gobierno ar- 
jentinoerauíu invasión esencialmente arjenUm, con el objeto de anbxafasla 
Repúblicaalterritórioarjentino. 

Esto no es viejo. 

Esto es reciente. ..■.;.:. 

Es un hecho que acaba de producirse. 

Entonces la agresión infame partió de la República Arjen tilia . ; 

Entonces la conquista pérfida; de Buenos Aires partió también. 

¿ Qué sucedió ? 

Que el pais en masa desprecia esa farsa indigna. 

Que nadie creyó á los blancos y que, como sucede siempre, lalufc' déla 
verdad brilló sobre ese cuadro de embustes y miserias. 

Esto es, ni mas ni menos, lo que sucedió después con respecto al Brasil. 

Nadie creyó lo que decian los blancos y todos comprendieron la causa ver- 
dadera coq que atribulan al Brasil, intenciones que no tenia, que no puejo teuer. 

Pero El líala gritaba que la democracia oriental estaba en peligro. 

El Brasil y su emperador, la República Arjentina y su Gobierno y \pdos los 
hombres de honor que alguna importancia tienen en estos países, fueron escar- 
necidos de la manera mas infame, en medio de una gritería pampa, digua de esa 
horda de bandidos que se reman sobre el cadáver mutilado de su patria ibféliz, 

Y llamaban á eso una manifestación popular! 
Mentían! 

Los pueblos jamas hacen manifestaciones sino en honor.de una 'gran 
idea, ó de un gran principio. 

¿En honor de qué idea ó de qué principio pudieron hacer manifestación 
ninguna, los que violaron todas las leyes, los que escarnecieron todos los 
priucipips, los que ultrajaron el honor y la moral , haciendo ¿ra apoteosis á 
Manuel Oribe? . 

* Ellos decian que lo Uacian en honor de la independencia nacional, ame- 
nazada por el Brasil. 

IjOs blancos hablaban de independencia!! ..'•.,.. 

Pero eso era lo mismo que si Márquez, ó Almonte hubiesen pr^tejadido 
Jiacerlo. 

. Eo un momentode desesperación, en que la impotencia Jqs ; matate, en 
que se veiau perdidos, creyeron que seria fácil salvarse, despertando en el 
corazón del pueblo el sentimiento de la nacionalidad* * 

Al efecto, gritaban que el Brasil avanzaba a conquistar la patria oriental, 



robándole su independencia. 

Pero el pais que tenia el instinto del buen sentido y que conocía la ver- 
dad, escachó con desprecio ese grito de alarma que anunciaba un peligro en 
que no creia, en que nada le autorizaba á creer. 

Desesperados los blancos ante esa actitud tranquila del pais, recurrieron 
á la efervescencia popular como último recurso. 

Como hombres de partido, tenemos que agradecerle este nuevo paso. 

La jente sensata é imparcial que vive á orillas del Plata, sabrá como de- 
be apreciar las masborcadas que tuvierou lugar en Montevideo. 

Por último, el Brasil ayudó al general Flores á la toma de Paysandú, y 
contribuyó muy eficazmente á la paz celebrada el 20 de febrero. 

En seguida se retiró el conquistador, el usurpador, para el Paraguay, donde 
tenia que vengar injurias del presidente López, tiranuelo de aquel pais 
hermano. 

Los orientales liberales nada hemos perdido con esa alianza, y la patria 
ha ganado libertad, paz, orden y garantías para todos los hombres honrados. 

£1 Brasil fué arrastrado por su propio aliado del 58 á buscar la alianza del 
partido sacrificado en Quinteros. 

La mano de la Providencia volvió á unir á los amigos del 5 1 y que no de- 
vieron nunca desunirse. 

Ojalá la lección sirva de escarmiento á unos y á otros ! 



Vamos en seguida á consignar dos artículos de dos escritores distinguidos, 
aunque muy distintos en ideas políticas y fines, pero que su reproducción lo 
consideramos sumamente conveuiente en la actnalidad. 

El 1.° porque demuestra que el partido colorado está unido y compacto, y el 
2.* porque presenta al' partido blanco tal cual es. 

El uno pertenece al Dr. 1). Juan Garlos Gómez, y el otro á D. Nicolás A. 
Calvo, antes de partir para Europa. 

Helos aquí; 

Señor redactor. 

Entre las cartas interceptadas por Lucas Moreno, que publicaron vds. 
ayer, hay un párrafo que me concierne. 

Mi amigo D. Pedro Bustamante dice á su hermano, que « estamos en de- 
a sacuerdo de opiniones sobre ciertos puntos; que las cartas del general Flo- 
« res han limado mucho mis prevenciones y modificado bastante mi modo de 
«c encarar la cuestión (oriental) » 

No sabia que estuviésemos en desacuerdo de opiniones; pero sí sé que 
no he modificado en lo mas mínimo mis vistas, francamente espuestas en la 
misma carta aí hermano del Sr, Bustamante, qu3 ha motivado su pirrafó, y na 
quiero que él y mis demás amigos ignoren. 



Tenga Vd. la bondad de publicarla. 

.»:■,.. Buenos Aires, Octubre ai drl8«S. 

«c Sr. /). /<w¿ Cándido Bmtamante. 
« Mi querido amigo : 

«t Su carta necesitaría una contestación muy es tensa, y no estr&ñe si algo 
queda oscuro, en la precipitación con que teugo que escribirle. 

<t El general Flores sabe mejor que nadie que entre él y yo no hay incon- 
venientes personales de ninguna especie. Lo que entre nosotros ha habido 
siempre, son disidencias profundas en política, que dudo mucho dejen de exis- 
tir jamas, por mas que su Manifiesto sea la mas cabal espresion de las ideas que 
yo he profesado siempre. 

«El error del general Flores y permítame decirle, el de vd., está en creer 
. que esas disidencias son un mal: por el contrario, en política son un bien. 

A ellas se debe el progreso de los pueblos, y la benéfica eficacia de la 
acción de los partidos — Lo que importa es que así lo comprendamos, y que 
aprendamos á vivir entre esas disidencias, respetando las convicciones ajenas, 
y hasta lo que consideremos los errores de otro, porque de lo contrario no se* 
remos capaces de libertades ni de instituciones republicanas y democráticas. 

« Si vd. piensa que la unon del partido consiste en que todos suscribamos 
alas ideas, propósitos, tendencias,* de estasó aquellas individualidades, de 
estas ó aquellas fracciones, vd. no la verá jamas realizada, y desde ahora le 
aconsejo que no suerte con una utopia. 

« Si por unión del partido quiere vd. entender el concurso de todos p?ra ha- 
cer triunfar, en un momento dado, un principio común, un interés común, á 
todas la$ fracciones del partido, déla vd. por hecha. Hoy todos nosotros tene- 
mos un interés común — derrocar d los blancos<—un principio común— reabrir 
la legalidad asesinada en Quinteros. 

« El General Flores y yo (rae personalizo por responder á su carta eu 
que vd. me personaliza), teníamos el mismo convencimiento que una revolu- 
ción era inevitable y necesaria en este año: el general Flores y yo teníamos 
U misma resolución— iniciarla. 

« Solo hemos diverjido en la oportunidad, en el momento preciso, Ul 
yez porque no nos comunicamos nuestra idéntica convicción; tal vez por la 
misma diversidad de elementos que cada uno de nosotros, en su escala re- 
presentábamos. 

« Yo creía que ahora, en Noviembre, en. la procsimidad de las elecciones 
«queíban 4 hacerlos blancos, debía producírsela revolución que no estaba en 
poder, de ningún hombre, por prestijioso que fuese, y por acertado que an- 
duviqsg, producirte a p*es. Creía que tentar cuakfuier cosa antes, er^ obligar 
al país y al partido á sacrificios inútiles, y ma$ esponer al partido, á contras- 
tes, mientras que en Noviembre el triunfo de la revolución era segure y 

25 



pronto, por la completa disolución ea que la lucha electoral tendría al partido 
blanco .... 

« Los sucesos dirán ávd. si preveía bien ó muí, si estaba ó no equivocado. 

« El General Flores sa aaticipó á esa época, tomó la iniciativa de los sucesos. 

« ¿Qué debiamos hacer nosotros? 

« ¿Disputársela? 

« ¿Dejársela? 

oc Por mi p irte, preferí lo últitno, resistiendo al torrente de reproches 
qu^ me han culpado de imccion, los de vd. mismo ¿recuerda vd? 

« El General Flores había tenido fe en producir antes el resaltado. Le- 
jos de reprochárselo encuentro que hizo lo que debia. — Cuando un hombre 
de partido tiene fé en producir una revolución y hacerla triunfar, haría mal, 
hasta seria culpable en no lanzarse. 

« Solo sí, que debe aceptar la responsabilidad, por lo mismo que toma la 
iniciativa y sobrellevar pon paciencia los cargos que se le hagan sino ven los 
demás satisfechas las espectativas que hizo nacer 

« Mi prédica á todos los amigos, desde el primer momento déla iniciativa 
del General Flores, ha sido que no debiamos coartaren lo mus mínimo su di- 
rección, que no debíamos asumir dirección ni iniciativa de ningún género, sino 
ayudar al General Flores con lo que él creyese conveniente, dejándole á él 
que había aceptado la responsabilidad, la mas completa plenitud de dirección. 

« De este rol no be salido, ni saldré, mientras los sucesos tengan á su fren 
te al General Flores. Esto se ha juzgado Inutilidad, interprétenlo como quie- 
ran, me importa un bledo la opinión ajena, y siempre m3 ha bastado la satis- 
facción de mi conciencia. 

« El Geueral Flores ha combatido seis m3ses con innegable heroísmo, y 
con un respeto á los derechos da los ciudadanos y á la diguidad del país, que 
hace honor á nuestro partido y al General Flores. 

« Pero no ha conseguido producir la revolución, si bien ha levantado el es- 
píritu militar del partido quebrado en Quinteros. 

« Ahora la revolución va ¿i producirse y á triunfar. 



« ¿ Y supone vd. todavía que no hay unión en el partido para la acción con- 
tra el blanco ? 

« ¿ Esa unión está hecha sin necesidad de cartitas al General Flores, man- 
teniendo él su libertad de acción; y nosotros nuestra independencia de vistas. 

« El Geueral Flores puede ir adelante en su obra con confianza de que 
ninguno le negará ni le esquivará su concurso para el triunfo del partido. 

« Sinceramente y sin reserva de ningún género, hemos estado y estamos 
prontos á prestarle todo el concurso que él crea necesario y esté en unestra 
mano, menos el de dirección, pues esta le pertenece exclusivamente, puesto 
que él aceptó la responsabilidad tomando la iniciativa á impulso de sttsolafé. 

« No será por falta de nuestro óbolo que la iniciativa del General Flo- 
res dejará de triunfar. Si él no llévala bandera del partido basta el Fuerte de 
Montevideo, suya será la culpa, y teuga la resignación de cargar *e*a d re- 



proche que el partido le hará— tal vez fuese yo el único qu¿ no se lo hiciese 
Si él plante en el Fuerte nuestra bandera, suya será la gloria, y no le faltará 
nuestro apoteosis. 

« Pero-— ¿que entiende vd, que entiendo yo por plantear la bandera del 
partido en el Fuerte? 

« ¿Es, por ventura, sentarse el General Flores de Presidente en el si- 
llón de Berro ó hacer sentar en él á Muñoz, á Rivas, á mí? 

« No, amigo-- Eso seria la muerte de nuestro partido, el triunfo del 
principio personal, que es el principio del partido blanco. 

« Seria poner en el poder al partido blanco con divisa colorada] 

« La obra del General Flores, si él la comprende, debe ser — establecer 
la libertad electoral absoluta, fundar la soberanía del pueblo — llamar al poder 
una asamblea, que sea la expresión jenuina, sincera, perfecta del pais, del 
pueblo, su representación legítima, y entregarle el poder de la revolución— y 
someterse á su deliberación, — aunque le diese* por premio el desconocimiento, 
la ingratitud, el martirio. 

« Soló á estas condiciones los hombres son grandes en su p;iis y en la his- 
toria. 



ce Sea dichoso mi amigo. 



b v 



«Juan Carlos Gómez. » 



Todos recordarán que el Sr. Calvo, Redactor de la «Reforma Pacifica», 
fué uno de los principales enemigos de la revolución, y uno de los mas ardien- 
tes defensores del Gobierno blanco» 

Y bien! 

Aunque algo tarde, parece que empezó á comprender que esa gente era 
indigna de que la defendiese quien, como dice el Sr. Calvo, no escribía d tanto 
porllnea. 

Solo así, se podia defender á tan famosos criminales. 

De un largo articulo que traía la ((Reforma» contra el partido blanco es- 
tragárnoslos párrafos que van á continuación. 

Son notables por el significado que tienen*. 

Dicen así: 

«Escribimos y con buena tinta, cuando Flores se preparaba á venir y nos 
llamaron alarmantes y estrangeros, pero si el pais está sufriendo, es porque no nos 
oyeron entonces. 

« Escribimos cuando los blancos^ empezaban á dividir y fuimos el blanco 
de las iras de unos y de otros; pero si el partido está anarquizado, es por que 
no nos oyeron tampoco. 

« Escribimos, cuando invadió Flores, porque se le dejaba crecer; escribi- 
mos, cuando era conveniente tranzar con la República A rj entina, cuando 
convenia desconfiar del Brasil, cuando llegó Saraiva, cuando vino Elizalde; 
y escribimos por fin en todas las oportunidades de hacer el bien ó de evi- 
tar el mal. 



—leo— 

« Escribimos hace dos años. 

« Y escribimos siempre en vano. 

« ¿Qué estraüo es, pues, que nos cansemos de que se nos haga editores res- 
ponsable* de una política que no entendemos, de una situación política en que no 
tenemos parte alguna! 

« Y por otra parte 

« ¿Qué podemos decir ahora de nuevo? 

« ¿Qué tópico se tocará que no hayamos agotado, con la sin igual desgra- 
cia de acertar en todas las desventuras que vamos pronosticando, guiados por 
la luz de la historia, y sacando de su filosófica enseñanza deducciones que no 
se oyen, consecuencias que no se estiman, aun cuando los hechos vengan 
después con su brutal elocuencia á darnos la razón? 

« Escritores independientes, nosotros no redactamos elojios á tanto la 
línea; no adulamos al gobierno, ni á los partidos, ni al pueblo; defendemos 
los principios con su demostración^ decimos la verdad como la entendemos, 
y cuando callamos, razón tenemos, es que nada bueno tenemos que decir. 

« Cuando callamos, es que no estamos conformes con ideas y tendencias 
exajeradas ó absurdas, que sin embargo no queremos combatir, porque no 
debemos debilitar mas lo que ya es débil por sí. 

« Es que no podemos comprender que se quieran otorgar patentes de 
corso ya contra el Brasil, siu tentar antes por la negociación un arreglo; es 
que no comprendemos la absoluta renuncia previa á toda transacción honora- 
ble ; ni que se proclame la guerra civil, en permanencia y quand méme ; ni que 
se pretenda incluir á las potencias limítrofes en el decreto de aministía ; ni que 
se haga energía dentro de casa, por lujo, olvidando notables servicios y mal- 
tratando buenos servidores. 

« Es que nosotros no comprendemos la ventaja de reducirá un círculo la 
defensa de la independencia del pais, y de concentrar y personificar en una in- 
dividualidad la suerte de una nacionalidad. 

« Es que cuando el enfermo empeora, no se despiden los médicos. 

« Es que cuando la tempestad arrecia, no se dejan en tierra los.pilotos. 

« Es que cuando la casa se viene abajo no se disminuyen los puntales; y 
cuando la crisis redobla de intensidad no se le da á un Estadista solo las atri- 
buciones, los deberes, y la responsabilidad de tres; no se ponen tres Minis- 
terios al cargo de un hombre solo, aun cuando fuese en uno lo que Pitt, Fox, 
Richelieu y Colbert ^ran en cuatro. 

« Y por no demostrar la evidencia, preferimos callar. 

« En cuanto á las expresiones de asco, manifestaciones de desprecio, pala* 
bras de indignación, amor d la democracia protestado por el redactor de La 1¿e- 
forma, y demás cosas que encuentra inesplicables el anónimo de El Artigas le 

DIREMOS QUE NADA HAY MAS INESPLICABLB QUE LA ACTUALIDAD MISMA, en SU 

proceder con el estranjero, que la defiende; en su tendencia, en' cuanto al mismo 
partido que deshace; en sus móviles para el ataque d sus mas leales defensores? 
en su peculiar modo de ser; en fin, que la está aislando y empequeñeciendo, cua)u 
to mas debía agrandarse y elevarse, poniéndose, d la altura de la causa que rqpr 
senta, en e$tilo } en medio de acción, en diplomacia y en verdadera y noble enérg'i 



-1S1- 



« Hemos dado las esplicaciones impuestas por el deber de contestar á ira- 
culpaciones inmerecidas; pero, pues que hemos hecho la censura, no ocultare- 
mos nuestra franca opinión, de que es necesario cuanto antes transar con la Re* 
pública Argentina y con el Brasil, sometienlo d un arbitraje directo las cuestio- 
nes internacionales pendientes con ambas potencias, de modo que la rebelión que- 
de reducida á sus propias fuerzas para ser vencida. 

«Diremos mas : que esto no puede hacerse sino con mucho trabajo y ha- 
bilidad ; moviendo por la prénsala opinión pública en Buenos Aires y Rio Ja- 
neiro, y poniendo en acción los intereses estranjeros que sufren mas directa- 
mente de la situación creada por la actitud que han asumido la República Ar- 
gentina y el Brasil en favor de la rebelión. 

« Nos han obligado á hablar : sentiríamos que nuevas injurias nos oViga- 
sen d continuar.» 

Aquí era el caso de esclamar con Figueroa : 
« Ellos son blancos 
(c Y se entienden ! » 



El respetable Dr. D. Pedro Bustamante, en seis lucidos artículos sé .con- 
cretó á demostrar lo que era : «La legalidad del Gobierno de Montevideo», des- 
de Pereira á D. Atanasio Cruz Aguirre ; cuya publicación aquí consideramos 
igualmente de suma importancia, por cuanto esos artículos son la historia verí- 
dica dé aquella época, y justifican completamente al partido Cobrado de todas 
las calumnias de sus detractores de oficio. 

Por terminación de este trabajo, hemos creído útil tal publicación, y por 
que ella servirá para que aquellos de nuestros lectores que no estén al corriente 
de nuestras disensiones locales, conozcan al partido Blanco y las fuertes razones 
que tuvo el ¡General Flores par a invadir la República, y hacerles la guerra á los 
ASESINOS DE QUINTEROS. 

Hé aquí esos artículos : 

I. 

La legalidad del Grotoierno de Montevideo. 

El punto capital de la organización política de los Estados 
es la libertad electoral, porque dar derechos á diputados 
elejidos por el poder, es una farsa indigna, una asamblea 
as,í formada no representa al pais, ni es á lo sumo otra co- 
sa que un Consejo de Estado Supremo. No hay tampoco 
elecciones propiamente dichas, sin discusión libre de to- 
das las candidaturas y sin libertad de imprenta. 

Julto Simón. 

La libertad de imprenta es la garantía suprema de to- 
daslas libertades publicas y privadas: sin ella no hay se- 
guridad para ningún derecho 

Eduardo Láboulaye. 

Ltftmftr á juicio la legalidad del actual Gobierno de Montevideo, boy que 



-lea- 
la diplomacia estranjera hace los mayores esfuerzos por dar una solución pa- 
cifica á la lucha armada de los dos partidos políticos existentes en la Repúbli- 
ca Oriental, es una empresa que, si carece de otro mérito, n^s parece tener 
cuando menos el de la oportunidad. 

La esposicion que contal objeto vamos á hacer del modo en que ha sido 
constituida esa legalidad y de los hechos que han precedido al establecimiento 
de lo que el partido blanco llama poderes públicos del Estado, servirá tal vea 
para recordará muchos de este lado del Plata, lo que parecen haber olvidado 
ya, y convienen tengan muy presente, para ilustrar (a opinión de otros asi 
sobre las verdaderas causas y antecedentes que han traído la guerra en qne 
está hoy envuelto aquel pais, como sobre los grandes principios é intereses 
en ella comprometidos, y para habilitar á todos á formar un juicio exacto 
respecto de la cuestión oriental, que ciertamente jamas podrán formar por 
los datos que recojiesen de los periódicos de Montevideo y por los que puedan 
suministrarles las publicaciones de una parte de la prensa arjentina, interesa- 
da en presentarla como una cuestión puramente personal, y no como loque 
íeal y positivamente es, cuestión de priucípios y de garantías. En lo que va- 
mos ú. decir hallarán pues todos aquellos que siguen con interés el desenvol- 
vimiento de los sucesos políticos del Estado Oriental, los antecedentes qne 
necesitan conocer para saber lo que cada uno de los partidos en lucha puede 
en justicia exijir y ofrecer como base y condición para el restablecimiento de 
la paz pública, tan anhelada por los buenos. 

La verdad, y solo la verdad, guiará nuestra pluma en la dilucidación de" 
los hechos que nos proponemos narrar, apelando, desde ahora para el caso de 
que ellos sean contradichos, al testimonio de cuantos han vivido en aquel pais, 
en el periodo de tiempo que abrazará esta breve esposiciou, y á las publica- 
ciones oficiales hechas durante él por los mismos periódicos del partido blan- 
co. Pero, no siendo nuestro propósito provocar discusiones ni hacer polémi- 
cas sobre puntos de mera apreciación, cúmplenos advertir, como lo hacemos, 
que esquivaremos todo debate que no jire esclusivamente sobre la exactitud 
de aquellos hechos, dejando lo demás al juicio y buen criterio de los que nos 
lean. ¿A qué la discusión con los escritores del partido blanco, teniendo, co- 
mo tenemos la convicción íntima, adquirida por uia larga esperiencia,'de que 
ni ellos han de convertirnos á sus ideas y opiniones, ni nosotros hemos de ar- 
rancarles su adhesión á las nuestras? ¿A qué disertar sobre principios y sobre 
la aplicación de los principios, con hombres que ni (os profesan ni los conocen? 

¿ A qué querer convencer de la escelencia del sistema representativo re- 
publicano, y esforzarse para demostrar en qué consiste él, á un partido vital- 
mente interesado en impedir su establecimiento, á un partido que ha vivido 
siempre en hostilidad abierta con todo réjimen de libertad y que empieza por 
presentarnos como titulo válido de la legitimidad de los gobiernos democráticos 
el hecho material de su existencia ? No venimos á dogmatizar ; no escribimos 
tampoco páralos blancos ; escribimos para los que necesitan conocerlos hechos, 
y no tienen interés en ocultarlos ó negarlos , escribimos para los que quieran 
saber en qué consisten la legalidad y el principio de autoridad invocados por 
nuestros adversarios y que se ufanan de representar y defender en 1$ Afeante 
lucha. 



B¡1 orden de cosas que el partido blanco llama la legalidad actual de 
la República, empieza con la elección de la Cámara de Representantes na- 
cida de loa comicios que precedieron de un mea á la revolución terminada 
con la sangrienta hecatombe de Qiintoros, y con los Senadores nomb>a- 
doe al siguiente año (1858), que aun hacen parte del Senado actual. Así, 
la lejislatura de 57 y 58, viene á marcar el punto de arranque de e^a lega- 
lidad, continuada por la legislatura subsiguiente [1860 — 61] y por las ad- 
minist' aciones de D. Bernardo Berro, ministro de Oribe durante la guerra 
. de los nueve años, y de D. Atanasio Aguirre, agente secreto del mismo en 
la provinc'a brasilera del Rio Grande en la propia época* i'ara poder apre* 
ciar en su justo valor esa legalidad se hace pues indispensable saber bajo 
qué auspicios y bajo el imperio de qué circunstancias se abrieron loa co- 
micios v se practicaron las eleocioues que trajeron aquella lijislatura, pues 
solo asi vendremos, en conocimiento de lo que representaba ella, de ía 
fuerza obligatoria que sus actos y resoluciones tenían para el pa's, en una 
palabra do *u verdadera legalidad ; porque si del examen hecho con tal 
objeto resultase, como va á resultar, que la legislatura de 57 — 58 nofuéele- 
jida,const»tucionalmente, que lio fué el producto de la voluntad libre del 
pueblo, que fué la obra de la coacción y de la violencia del poder oficial, 
tendremos que el edificio de la legal dad del gobierno blanco descansa so- 
bre cimientos de arena, que esa legalidad no existe ni ha existido un solo 
momento, y que por consiguiente la presencia del partido blanco en el po- 
der es una usurpación escandalosa y un atentado coutra la Constitución y 
contra la soberanía del pueblo Orieutal. Para negar esto seria preciso in- 
vertir la significación jenuina de la pelabra legalídad y no menos que los prin- 
cipios mas elementales del réjimen representativo, y acabar por sostener 
que en las democracias la legitimidad orijinaria de los poderes públicos ar- 
ranca, no de la epiniou libre del voto popular, sino al coutrario de la pre- 
«ion ejercida sobre el pueblo por los depositarios de la autoridad pública, ó 
en otros términos de la eola voluntad de los gobiernos. 

Hemos dchoque la pretendida legalidad do la lojislaturadei 57no reí- 
siitfe al ma* lijero exámeu de los hechos y circunstancias que precedieron á 
su olecciou, y en efecto no exajeramoá nada al decir que f\ ha habido en 
la Repúbl ca Oriental unes comicios y unas elecciones A Jpdas luces ílega • 
les y nulos, fueron los comicios y las elecciones del año 5t. 

Lo que entonces hizo el hombre que la fatalidad ha elevado el 
56 á la primera majistratura del Estado, para impedir el libre pronuncia* 
miento de la voluntad nacional y para darnos, en vez dé una Asamblea 
Legislativa, un simple Consejo de Estado, como dice Julio Simón, no. 
tiene precedente en aquel pais. Jamas gobierno alguno hizo un uso mas 
escandaloso del poder, ni ejerció una presión *nas dura sobre la opinión, 
ni llevó tan lejos la conculcación de los derechos*, la violac en de las ga- 
rantías tutelares del ciu^iadauo, y el desprecio de las instituciones demo- 
cráticas. 8in dada bajo las anteriores administraciones, mas de una vez 
se habia visto al Gefe del Estado intervenir, mas ó menos directamente 
en Irs alecciones populares, habíasele visto patrocinar y aun proponer 



can didaturas de Representantes y Senadores y prestarles indebidamente 
el poderoso concurso de los médicos oficiales. 

Fero amordazar los periódicos, cerrar imprentas, encarcelar y dea- 
terrar ciudadanos, por sí y ante si; disolver ó prohibir, por un decreto, 
reuniones electorales de carácter enteramente pacífico, esc'uir á todo un 
partido político de los comicios, hasta por medio del puñal y del trabuco, 
todo ello con el fin deliberado de asegurarse una Asamblea propicia á su 
política y sumisa á sus mandatos, — eso jamas se habia visto, eso recieu 
entonces se vio £1 golpe de Estado de 30 de üetubre de 1857, preparado, 
de tiempo atrás para impedir á todo trance el triunfo electoral del partido 
colorado, produjo el efecto calculado; vino el Consejo de Estado Supremo 
en lugar déla Asamblea Legislativa de la nación Oriental, y aquellos po- 
cos de nuestros correligionarios políticos que, como eu el distrito de los 
Tres Abóles [departamento de PaysandúJ tuv eron el inútil conye de 
acercarse á las urnas electorales, fueron rechazados de ellas á balazos, y 
alguno de ellos derribados del caballo y ultimados en el suelo, por el de- 
lito de haber dado vivas ásu partido, como sucedió en la capital misma.) 

Héahí bajo que auspicios y bajo el imperio de que circunstancias se 
abrieron los comicios y se practicaron las elecciones del 57; hé ahí- el 
origen y los títulos de la legilidad de la lejislatura del 57—58, la misma 
que elevó á la presidencia do la República á D. Bernardo l\ Berro, bajo 
el imperio de la mas torpe y escandalosa coartación de los derechos de 
todo un partido político, es decir, cuando menos de la mitad del pais; bajo 
los auspicios de un acto de fuerza y de violencia iuaudita, de un golpe 
de Estado que suprimió á la vez todas las libertades públicas:— libertad 
de imprenta, libertad de reunión, libertad de sufragio etc. No se necesi- 
ta pues ser un legalista muy severo para desconocer y negar rotonda- 
mente la legalidad de las elecciones de 57—58, de las Cámaras nacidas 
de ellas, y del Presidente nombrado por esas Cámaras. No se necesita será 
fé un principista inflexible para sostener que con aquel atentado contra 
la Constitución y la soberanía del pais, desapareció el verdadero principio 
de autoridad legal, y desaparecieron también todos los principios del rea- 
men representativo republicano. 

El mismo partido blanco, que tan apegado se ha mostrado despuesy 
sigue mostrándose á la legalidad emanada de aquellas elecciones, una vefc 
libre por la gracia y protección el gobierno de la cruel pesadilla que le 
causaba la actitud de su adversario, y garantido contra las eventualidades 
de la elección, se abstuvo en su mayor parte de concurrir á los comicios, 
abandonando el ya seguro triunfo á los ajentes y subalternos del Poder Eje- 
cutivo, gefes militares, gefes y comisarios de policía, sargentos, cabos y 
soldados de línea, y así se esplica que el mas votado entre Tos re presentan- 
tes el ejidos en el Departamento de la Capital, que debia dar de 2,500 á 
8,000 sufragios, no reuniese arriba de 800 y pico. Ya se comprende que la 
ejeccion de Senadores practicada en 58, no podía ser menos tranqttild, ni 
líias disputada, ni mas libre que lo habia sido la de loa Representantes. 

VivameBte/afectados todavía por el recuerdo de aquellos fdias de 



viofeñtf £-y d\ Hmidéfc pbr la pesada atmósfera que ** ! desprende d© myo 
de h!m lfécttó'4 qfr¿ hetrios relatado, éfc permitido -ros ptfioce "tornaerse- »K- 

fiuirosiiisftantes á fin dé- remirar <<ón libertad, y vrvcobnw aliento para : 
levtor á« íénfri'i ó la tatéa que nos hemos irnpnesto. Paramo» hoy aquí fiara 
continuarla ma.naua. - i . 

El fcólpé'de Estado del 81 de octubre del ñ7/djimos en nucstropri- 
mer artíébíoy íes tVó & etís autores v] dnble resultado quejón lauto *cm» 
pono ítftc&ban', eslo és: L ° , evitar la vergonzosa déri'ótnqtte ya prersan 
y que infaliblemente ibau á. sufrir en los comiciospdf>Wlá , re*j no obstad 
te térté^ fíe sü parte 'el elementó tffitfal; 2.°; traehtína tf«preseMa¿eiou en* 
tertfíñente suya, una; segunda (áttíárá intfouvublc. » ; ' ¿ * ; 

'A^ue' f**'^^ ^ritiníbtbin ludha/puás répettnws- qiie rio la había ni 
podiábribeHaj ^ dé ése iácl triunfo del gobierno surjió-el Cornejo de' £s* 
(ddo&ipretñú < lcjidb* 'pWf fcu* agtntes, qué fe1 partido bhnVe* 1 bautizó o*»* *d 
meiTt ; dó tictáibre de! §.* kgistáhtra 'consl¡tM'<ortali y qu« raas larde (en 1860 
ele\ó*fcIX l&rnardo Berro i la J^tsidciit'ia; : ■*; ,: 7' ' "\* 

'Peto '*érjí en(r$' tí» nto preciso buscar un preteslopaHdOhoriesíarálos 
ojos del pala él atentadcr que sémédrtáBa'^otísiimai^'iio^qii^ ncrh^y tinmíi 
t a ir «finca 1 y audaz que : uci procure dar á sus niayores rwqti? dades un « erto 
buriiiz Íel6ghíidiid y de justicia. Pelizmfetote folró'bilícfru del peder* ño e& 
tovd aquella vez á la ulturii de su arbitrariedad. Él cfrétiTo oficial quiso, y r 
aun '^ropufeo, sé alegara corrió prelesto yuro; lad'soliiciort (Te las reuniones 




pócnfa, y mas vario que i^nor^ñte, rechazó el consejo de sus cortesano*» ¿y 
fundo esap medidas —óigase bivn ! — en la kecesíímd y conveniencia db 

PONER TJSivWIKo Á LAS ASTIGÜÁ8 IJISENSIOKES P LfflCA^ Y DF IM^EMlt i^UK 
SE Í)Í5SPLKtJA6¿N pB KÜEVO LAtf IiAttDBJHAS DE LÓÍS\V1EJ S ÍMKTIDOs! ! ! 

''fío' Habí ap¿eó féVolrieioii, ni íeiit'átivh, ni conato de Sevorucidi» ; ; ha- 
bia :irf un¿ Iticn« j»ftcitfca entré el partido blanco, atrincherado en ías posi 
ciónos oficiales y ¡»rótejido por eí gobierno,' y el Jifc'rt ido colorado, hostiliza- 
do pdr ¿1 gobierno y por el partido blanco, pero decidido á triedi rveeon sus 
adversarios en el terreno electoral, y ion la eonvicé on íntima, mejor dicho, 
coirla repuridad de, vencerlos, " '' ' 

' D. tíabr el I ercira, juzgahdó acaso, ele. s'u deretíio y do/ éu poder por 
su noluntad, y no alcalizando á cómprúndér las justas y poderosas causas 
de división qué ifcanteniau al país 'separado oí los distintos campos,- quizá 
IFegd reaihiente á iinnj mtv^e que tenia ft di-recho y b'8 mediob de pot;er 
términoá una lucha de principios y d« interei-es oncc>ntrad< % s;.y el partido 
blanco acab# al fin 'jior animarlo en* esta c.ieencisi fué 'así éspVptán^o la 
crednfrdild de I). Gabriel l^ireira, íidúliiñ(?o sus málaá pasiones, fortifican 
do istfs'Vitjósrisalnos y sus íúfblas dé grah señor, fomentando iBÍis'tcnden- 

36 



cias&iifoipottamft/y pitándole toda op^piou, á su p&Uiq%p ¿ > qu&a$4cg0, - 
administrativas como una resistencia criminal áf-.sa a^tpníl^ fué v^sir <i^. M • 
mo el partido* blanco empezó á desviarlo de su* 4nJtigi}o$.r^ori\oJq ; ioaurip4r- 
politÍKwssjhwitit aepuriirlo.de ellos -por, un abisma -y oQ^yc^tíitip arL^a,, ^g, . - : " 
perseguidor y verdugo de los colorados. ' . .¿.-,;r ,.T ;j; ¡ .¡ru, ; 

Si atentados de la naturaleza del de 31 de octubre del 57, y de los 
que se le sigu eron, no bastan y sobran parir justificar acabadamente la 
apelación alas armas del partido político contra el cual se ejercen, diga- 
mos *qne el mas injnaU>ifa}oñ gobierno* es jnm. W/o ; qa.o,l* j^mj/^Lx tjíe 
las revolnciooea*, ó que ní>:My . ravolunfioii qaeJp, sa^, $ kMUift twi.to^áíe, , 
acabemos por. absolver todo^, Jp^ a)iuso/3, f to4i^ las íii'fiaj^ Jb^^lfia ¿w}¡gr : * - 
nMadfS deíoS;gohQr.n*JVtes» ... ; . ( . i .¡. ! .. , ; i , i ',': . ¡: . ./, r , ;: , . t . t;1 .' \ 

Si la supresión, de todas las 4 bertidi^ publicas jídftrt^/io^ÍQs d^re^ .¡ 
chos y garantías del ciudadapp, no qop¡4»jtiy T pUi reb^iio^^ofV^eL^^;.,; 
bloy contr<U ; ley ; . suprema. del tóstadp; al ipQd^:i]/9Ai^-«i^^iJt^ a 9ííftí¿^ - " 
moa que no sabemos pudiera deQiraeenju^^ 
y que tampopo sabemos eu qué cousia',? $1, ,&; jo$#tájei^^ 
cen Tüvoluoiontesyysus revoluciones. 3<íu 'tantg-.uuM príroi^lefc#cufty|; >.ipaf , rf 
a'evosas, y cuanto implican eí delato áe.tr^ÍQÍQn jí fo p^oivtiaip^ gpWlc^.,,, t \ . 

> La revolución; dql.£7- £n£ pues fiesíielta^ . preparada y w$fr PPF sl.gp- 
bieyuo.do tt.. Mainel l'ereii^ c¿n l¡n t -itf : vua y . ^uiitiraff dej partijic| : blaijQOj M , 
y el parteo colprádjíí hftciépdpiq frpntq y^nqLbf;^Mí|u(a r lio ^o .o/ija, 'cpaa^'., 
quejigar: dg| pfrfpctp yjpjítimp .defecto ,qpe ajpifiLt^f A. J,c¿5i" PHr^^^'l^^^AV/^i' . - 5 
las naciones para,rpvÍAdi<;ar, si prenso es, hasta» pp¿ ; ; l^¿.arro^s t - 8jis a^jq-./^.t 
chas, atropellados, y ^on^tiJu r»e $1, el partido ^ulora4o 1; .gii\*¡ jT^íWfv ":.':" a 
tanteas la verda^ija legal i^i^ del verd«derq • pjm u.cí p,i i> / 1 e ; ^ u t^ ^ t 'Uud, j¿iip ¡4 .'. ^ 
en I o», paisas , s;ujet08,aí r^impn ,.4q laV. ley uoípueJp M ÜT¡<fyt}*Vty&fo?w/ffy tk - r ^ 



bres^tos.Kstacíos^Ü^idps^Ja^ Ing'ateiTa* V í^ 

un l^.MlerKjecurú'o q¿uq tabla flraordaf^ 

tercafiolciiuUadanod^ii.i, forflia dp j-qici^.spjprHiu^p^V ^Qiíecüxf» ^ íj¿} ; xitdfi|i ^Át^T 

y el : dc,fiufi7igÍQ;?i;p : cpn \m C.UerpoLi?jÍ8latívp e 1 j¿ j i d o ^ijl* ^q¿f p ^ ^í .f(9« ¿; i^ífl 9 , . •-. 

por la¡ epja,. soberanía (ie.J.a arjjifran.eda^ yja.v'plje^^ ^.../.'i.; ; , . , ..^i ó¿. ; 

Antes sin embargo de apelar al ivcuráo e¿tremo f pcrpá ^^'es ^e^eea^ , 
ríoTy,,si^japj>rje l íftjí^mp > de la.fe^tp.n^ ^l,j>aH r H° fp' 

íortují} ríPW if *wpM'> ¡todo? Jp8 medios . Jóíty^a y; pacíficos, ^tlesijfi ^¿Vpetfpfyi) . , .„ 
husjk^.j^.fjrpj^a, p^ra; ; ha^é^.Tol vé^^l .^it^Áéj^ijLO cíe ^er^j^S^i^s^ V 

y o^^tf Vh'r^q^^i.eií,- los il,qr^p4 jj¿ . -.qpé'.U^tím^ ^^ ^«j^^cp'PlfiH^fifp. .. ff 

des£ftjjif(ow . ■> . . ; . ... ' ,,. .. 4 , ..f . ... .. •• ! - \ *v ; .? \ ■ 

.i f ^ii ít ta, 1 , «Vjqtp. se, tl^r<ni »í§¿fi)p§ ; >p¿30^ cerca íf ? 19 a .mismcp. ".bqíün ^ í 
brns.idehg^lc^^y.se el^vó,4r?«> .V^9rivaÍ9 n j!eij¿^iie)ífe l c\e ja ^sáiiil^Ipf"..' 
Ueuiii^l u|uu . jxe^íQÍoH á)if¿rit^ , ^r ¿atycpe S^pador^ ,y ¿i .^épr^ut^ií^ „■', 



U ¿¿1E>%~ 



f\érú estas tentativas, qÜe* prbbabaü stíperkb'itiVdai.itqnléTit^ el deseo cíe nc 
lega* á las frianos,\se estréllaVón cqu ruda resistencia de los pW¿áléáde 



10 
•del 
' T^férno; La' indi st¿a Junta Ecóhómlco-Adtñínistmtiya de la 'capital, cor- 
poración ern careada; poi* íiuésti'ii'Uyfuildañientál da 'veTaridóbre- ki con- 
servación de Ira > d¿fécf^qs'j a ii.di^id i traleb, yéíi ^qucllu $pocá ^tfésidfcíaM-'por 




. por conducto de la polichi; : pero todo fué inútil. l£i gobierno del pacido 
1 blanco no quiso Oirotrká advertencias y consejos' que los dé 4a* anibicion, 

1 ;pl fc^oi^proptá jr lia» pastor! política, y aun créenlos que ni siquiera "por 
urbanidad' se dignó contratar Innata dehí Junta K^paítido estaJía loma- 
do de antemano y el primer paso dado. ÉC pueblo* ó yo, decia : I>. Gabriel 
freirá, y cuando liti gobernante ée coloca éu esa frlteruativa, ya'fee sab3 




Seténela armada qué acabó; en -'Quitií'ériófef 

á" ' TTuéftNi légales las Medidas giibéroativás itiiéiáda&con él golpeóle 
iodeSldo tVetubré del 57? ' ' u 

¿Fueróti légales ios comicios de ííovierñbréf dB ¿se -aSó? Lo fué; la Cá- 
mara naUrdadc éstfs^omicios? Lo fué lal^ésidendia 'nacida dé esa Cámara? 
' :,! * Hemos hecho Wl exánxetx (iü J \¡x legalidad' del gobierno del partido 
blanco en áu punto do páríidii; las^ejebeiónesdól 57, y hemos patentizado 

Íue esa legalidad es uniV mentira Impudente, "ririft' íai<aa ; un sarcasmo. 
*rbnto*iaVéguii*émos eri fu desarrollo; J • ••■' ""■ * • - 



*III. 



! 



" \ "'' 15l ? diá'(prñ sé ¿upo en Montevideo que 27 géfes y oficíafes -oriéfrta- 
'!• ' léíyde los itiafc bizafros y valientes dé nuestro" ejército y qué habron <ijiia- 
' tVíijdo *¿3 árinas dé tí República cotí él* triunfo '• de Casemos, áéttbfcibau*de 
' ! ser cobarde y Villamtnfente 'asesinado*' pof orden del- gobierno, fué "Ha 1 tiia 
- 'í ffe fócu'rapara él ptfrtidri blaucoj qué deéle éio 1 moméii.td-, 1 oividtuído que 
1 i 'itfórés'daáo fúhdártrna situiVcionsÓtida y estabfe p )t medio deia violen- 
cia, y que la sangre derramada en los patíbulos políticos no se seca j«riáas, 
* -se creyó para siempre dueño del "p'^der. '" " ' % ' 

No hay demostración de júbilo á que esto no se entrégase g&w4es- 
' " 'íejtor'y solemnizar hi bárbara niataufcái Hombres y hasta *ríujere&ée abra- 
caban por calles y plazas congratulándose por el éatermiink* • de ''■ los-tíne- 
7í^ r; góá , dé^5^dény de la legalidad; 1 y Carrera*,- el principal instigador £ 
j, áñror dttíhfiegro crímeiij eégun él Tñtémo ha tenido ' mas : tarde -^l éírtco 
ri íii v iojo dé confesarlo hacendóse de elloain thnbro de honor, •" Garreiras 
^íriismitió !a plausible noticia & suporrélígiOriário político el fifciido £>r. 
1 Acebedo, ft-la sazón esfablo'-idoen 'e?st& tíitt lad, en una carta que etrtpefea • 
! " Hrá^ppébjnás ó menos, con estas palabras: ' ; >■ ; » - 



. , -íes- 

Alfia, mi querido amigo,, al fin Iteraos iriaifajlo; alji.i m>stro parjtulo ha 
.abatido las cabezas de la hiclra, libert ind > d la Hepáb'icu de los malvados* etc. 
Carreras decía bien. Gr.ioias ál). Gabriel Pereira y «V los tránsfqgas 
nuestro partido, era aquella la primera vez q,ue. fa guerra, entre colo- 
rados y blancos terminaba por el triunfo de estos últimos. ko que el pnr- 
. tulo blanco no había podido en 1835, 8i, 89 y 43, ni aun cin la ayuda, de 
Rosas, lo pudo en 58 con la cooperación y auxilio de los traidores d* 
nuestro propio partido. La alegría de Carreras y sus amigos era p.ue§ la 
alegría del que. logra sacar «l vientre de mal ano. 

Con la decapitación de lose ipitulados en Quinteros parecía que» el 
movimiento de reacción 'leí partido colorado luibia llegado á jsa termino; 
pero Q únteros no t\\f asimismo el último atentado del gobierno da .£*©• 
. reirá contra la Constitución y las leyes 

Ese gobierno había suprimido todas la? libertado* públicas; hab'a en- 
carcelado, desterrado y fundado Mu forma dejuicio y sentencia legal; habia 
hecho mas, le habia da lo al paU un Po 1er Legislativo de su propia y ea- 
elusiva elección: ¿por qué n > podría darb uu Poder Judcial, tamb en de 
bu elección? Así lo exijian la legalidad y el principio de autoridad del par- 
tido blanco, y así se hizo.' Fresca todavía la sangre de nuestros amigo*, el 
fobierno destituyó por un decreto á los miembros, dpi Superioi\TrÜ>u |ia l de 
usticia, sustituyéndolos c->u ios qae todavía lo componen hoy! ■» 

No se vaya á creer qije inventamos; nó: narramos losliechos tal .como 
han pasado, hechos que todo* conocen eñ el EsUdo Oriental,,, y que á mas 
abundamiento esperamos poder justificar ai finalizar uueatra tarea, con la 
exhibición de los documentos oficiales de la. época. 




tan tes 
sus ajeutes, 

Asamblea— y uu Tribunal Superior de Justicia nombrado también por 
decreto del Poder Kjecutivo; en una palabra, los tres altos poderes en 
que la naiion delega y diatribuye el ejercicio de tfu soberanía, elojidos y 
constituidos por la so a y exclusiva voluntad del gobierno de D. Gabriel 
Pe reirá— hé ahí pues los elementos constitutivos del gobierno de .1° de 
marzo de 18ó0; he ahí la monstruosa organización política que el partido 
blanco llamó y llama todavía la legalidad del gobierno de D. .Bernardo 
Berro!!! 

I Qué vale, pre ¿untaremos, alegar y h.ibtar de leg.ilidid en preseñc'a. 
de estos hechost y antecedentes ? 

Que la pasión ciega de partido, que la adulación servil ó lo* imput- 
aos del in'erés personal pe obstiuen en dará semejante gobierno otr ? > ,carác- 
tw que el de una dictadura mas ó menos violenta, ra>s 6 Tqeüos jsuavj, 
• pero dictadura aiempre, importa poco. Que uno da nuestros políticos y di* 
plómatas mas ilustrados haya cantado hosanriis á ese gobierno, que lo ha- 
y* levantado hasta las.nub-ts, que haya llevado su adhesión po:\él y su en- 
tusiasmo por U logalid id, la ra calidad y la sabiduría de la administración 
de D. Bernardo Berro á uu punto tanque ha hscho dudar á muchos del 
bu mi estado de su razón, tampoco importa absolutamente nada. Todo eso 



servirá en buena hora píira probar lo. que no necesita probarlo; eso probará 
'.. que para el partido blanco el hfecho y ef derecha son una misina y única 
pora: probará q'ie e i to las partea hay eré lulos ó tontos dispuestas á co- 
mulgar con ruedus de molino, egoístas habituados á dejarse llevar por la 
" corriente del din ó i cuidurae póóoile los males ttjeuos coii tal que refli- 
yiiu en benefició do olí m miamos» ó políticos MbUés y prácticos & quienes 
nunca fritan frases sonoras, ¿rgiim'éiíto^ especiosos para disfrazar la vio- 
lación del derecho común, para ábsó' ver todas las infamias y para forjar 
títulos 4 tolas las dictaduras; pero no probará que los llamados poderes 

Eiblicos del Esta lo Oriental tuviesen oríjen legal ni personería del pue- 
lo p.,ra representar sus derechos y ejercer su soberanía. Nó: D. fier- 
t nardo Berro habrá sido cuanto quiera, Dictador, Lejislador, Juez, y seguu 
el Di\ Vebizco, hasta Papa ha sido; pero lo que no ha sido, lo que todavía 
' .110 ha podido llegar ú eer T es Presidente legal : de la República Oriental. 

Ciertos estamos que él mismo, éi alguna vez lee este escrito, recono- 
cerá que tenemos razón en lo que decimos, y qué ha sido en efecto un Pre- 
sidente de título vicioso y nulo, *lc patente sacia. 

Sin embargo, venir al poder inmediatamente después de D. Gabriel 
Pereira, era vfcji'fr á él ya con cierto prestijibó popularidad. ¿Podia espe- 
rarse cosa peor que una adniiií'struci >n corrompida y corruptora, librada 
á la lucha constante y encaro ízala de d >s círculos rivales igualmente Ávi- 
do* de oro y de mando, y presidida por un hombre- A quien sus propios 
excesos, y aca^o también eí peso de los rem irdimientó-*, habían reducido 
á nn esta'lo de completa imbecilidad ? - 

El paia entendió que no, y así se esplica la conformidad con que re- 
cibióla elección de O. Bernardo Berro, sin por eso ver en el nuevo go- 
bierno ñitó cosa que un gobierno de transición, un orden' de cosas interme- 
dio entre la dictadura sangrienta y sucia de D.' Gabriel 'Pe reirá y el esta- 
blecimiento do un gobierno mas regular y nacido del. voto nacional, (i) 



x ; ' Kp entrando óii nuestro* proposito hacer uh^ enu^irieracion prolija de 
todos lovabusos rtel, gobierno de D. Bernardo Berro, sino demostrar |ue 
él no filé otra cosa que la continuación del gobierno de D. Gabriel Pereira, 
nos hemos cm^en fado' "con traer ala memoria dos de los actos de carácter 
políticp. m*s notable? de aquel: — la a s lm níic b:\ A lá prensa, y la persecu- 
ción* y prisión ;de" Xqi miembros de la Comisión nombrada para levantar 
unA áíiscricipn, cptV el.pia$o$o objeto de h-ice'r Funerales á\la3 víctimas de 
Quinteros yauxiliar con un pequeño socorro á sus familias. Pero estos 
dps QQtos bastan por sí solpsa caráctérizaf uria administración, y dan ya la 
cabal medida dé4o que es él séñór Berro como partidista, como mnjistrado 
y como hombre de Estado. 

(t) Aquí debiera aaguir ei 4? artículo, q no 90 nos ha C3traviado de a n modo eensibte;: pero 
e* ei ¿ °, hay una narraoion de lo que aquél oon tenía, y el lector podrá seguir la hilacion sin 
dificultad alguna. 



. Para algunos,. Ja Bepublicíuea deudora do muchos beneficios al gobier- 
no del Sr, Berro.. lV r a nosotros, eí-áiuco serv ció real y positivo qiío te 
haya hecho, es el de haber venido á dar un desmentido solemne ¡i asa po- 
lítica retrógrada y fatalista que cifra la felicidad de los Estados y la esta* 
bilidad de. la paz pública, én l^e^tencia do un despotismo moderado, 
"".según la espresion corriente; sérvicio/no 1 pequeño A fr, aunque no dé de- 
recho. al señor Berro a exijir una. recompensa, si el pan sabe sacar de él 

"deb do derecho. ( 

En buena hora, hagan cuanto quieran para eatraviar la opinión fique- 
líos. de nuestros políticas prácticos que lian desplegado. "A los cuatro vientos 

'.la banderxi.de pdgd todo trance í tan simpática ¿í loa gobiernos absolutos; en 
b.ueu hora agucen su injénio para convencernos de que estos paisas son 
"incapaces de gobernarse por el réjimen déla libertad: sus cálculos hnn 
fallado, sus previsiones han sido derrotada*, y de hoy en mas, lo único 
que est* averiguado é incontestablemente probado por el elocuente re¿ti- 
monio de los hechos, es. que el réjimen de los gobiernos personales es de 
todo punto impotente para poner término á las revoluciones, 'y por consi- 
guiente, que el despotismo no tiene, como la lanza de Aquilea, la virtud de 
cerrar las heridas quo él mismo abre (1), 

Así para na remontar- ios mas, y para no buscar ejemplos fuera de la 
historia de nuestro propio pnis, el despotismo brutal y Violento ÜÁ gobier- 
no deD. Gabriel Pe retira nos dio por resultado la revolución qu¿ terminó 
en Quinteros, y sembró en la tierra empapada con ía sangre de nuVstros 
mártires, el jérnvui r de un^ segunda revolución; y el despotismo moderado 
del gobieruo de *t>. "Bernardo Berro, desarrollando e^ ¡ómon fecundo de 
desgracias, nos ha traído la quo cuenta ya diez y seis meses do duración. 
Porque no nos equivoquemos: por grande que sea (prestijio qua no pre- 
tendemos negar ni desconocer^ eíbi no habría llegado jamas á tomar las 
proporciones colosales que hoy tiene, si los abusos de autoridad y la po- 
lítica mezquina y desacertada del gobierno del partido blanco no le hu- 
bieran allanado el camino y preparado el terreno con tiempo, disponiendo 
los ánimo? do. los colorado* para la lucha de armas, último recurso do 
los partidos polítidos citando se le* cierran las vias legales y pacificas, I>e- 

¿ sanarnos, si nó,,á nuestros políticos prácticos á que nos espliouen ese l\s- 
némenó de tina revolución que, puede decirse, vino A sorprender al par- 
tido dominante en medio de sus triunfos y regocijos; do una revolución 
que comenzada con solo cuatro hombres y emprendida contra un gobíe:- 

! . 110 tenido por muchos como' legal y que <lispóu : a de todos los recursos 
del pais, cuenta á los diez meses con un ejército de 4,000 hombres, todos 
voluntarios; sustenta la lucha por diez y seis nieges^ eiti tener qtie recur- 
rir al empleo de medidas estreñías o violentas; deshace ó disuelve en 

(1) «Esa teoría del progreso por el absolutismo, diceKémüsat^ 1 mr pasa 1 ¿ro : ¿er 'tilia postra- 
ción mentida y peligrosa»* y Julio Simón : «El poder arbitrario es en el orden mofafcj-to— que 
seria el bazar en el orden físioo. Elimpide contar con eL<minúto próximo, y hace é&i la vida y 
. .del Honor mismo ua accidento.» En la República Oriental hay, como eit.su barman* la Rtp&- 
blica Argentina en épocas anteriores, como en todas partes siempre, la espariencia b*:d*4í> „ r a- 
zon á los maestros do la ciencia contra los apóstoles del empirismo político. 



-»<?ítes. 



cae espacio de ti&TOpo, tres, ej^r^fcjs; reduce á su adversario á la catrerai- 
dad» siempre difícil y penosa p^ra ,hu gobierno,-- de tener que solicitar la t 
paz» y puede decir hoyr.q he esfá yii ve acodera. Sfb; 4,000 hombres en un 
país como la República Oriental,' de' tan escasa población» no abatirlo- '' L m 
naii^p^tAulq tiempo ,3,1^3 JjqgaFea, familias é intereses^, ni arrostran ]a : '"' 
muerte y las, penalidades de una campaña como lúe que rg hacen en es- 
toa países, por solo un sentimiento de afección ^ nn hombre; no, un pue- 
blojio se ajita y conmueve esí ? un partido no corre en ninsu A las armas* 
bíu ,quo sea impulsado y arrastrado á elío por causas mas profundas y po- 
derosas y de un caractei; monos person;i] T 

-La verdad es, que loa partidos, como los pueblo;', no se resignan por 
mucho tiempo ayermo prívalos de en libertad y despojados do sus dere- "'. 
chosj y que ya habla llegado la linn en que él pa% roiíüosid en parte de 
sus pasados quebrantos y del cansancio producido por la^ luchas anferio- ' '* 
rea, se Ion zata con nuevos bríos á la reconquista de esos derecho* v líber- ^ 
tades. La verdad es, qué \n opinión pública, ideeeíonuda por la esperlenc'fa " 
y convencida de la ineficacia del repinen del buen placer para impedir el \ 
regr^aq r]¿ las revoluciones, empezaba u r accionar contra esas paciones 
debilitantes y chontas d.e Joh negocios, del lucro y de la' comodidad, que, 
sí nadu las detuviera, observa TWpievdle, llorarían a| fin ;í enervar y de-. .'^ 
grabar i todo un pueblo. . .' 

Lo que sucedió ahora es bt ni i amo que sucedió en 57 y por caucas ' ', 
análogas, y ( QB¡o mi am o sucederá en tanto que tenga píos gobiernos ó admi- 
nistraciones como las de í) Gabriel J'crcira y -1). Bernardo Burro, qué 
no dejen alteran ti va á los partidlos opositores entre abdicar totatmetite su f * 
rol y sus derechos, ó conservarlos con el auxilio de las armas. Así iremos ' ; 
del tfespoiUino á bMwolueion mientras dure el ííívoruio unirc los gobier- 
in s y fu moral, mientras lo f s mandatarios se crean con derecho para todo, l ] í: 
mientras elpoder otíc'aí sea eji manos de estos un instnimento de opre- 
sión y de tiranía, y mientras la paz púbílca , no este basada en la estrecha ' ,\ 
unign del orden y de la liberttid", <jondÍ€Íoncs esenciales asi del honor co- .' 
ni o del bienes ti* r dy latí nnciones. 

El despotismo, piies, nos Improbado muy mal. ¿Qué razón, qué can- '/; " 
sa pue<|c,lo T bpr para «me Ja libertad no nos pruebe mejor? " r 

'fíjitjiljíerno personal 'no no* ha dado maa que 3o que hadadla todos 
les ji^tj&idJB que han tenido la mala suerte de sufrirlo: minas, lagrmns, 
&am£i;¿«.y jlo sumo, una paz estéril p»rá ¿f bien é inte- rumjiida cada lre& "''''; 
ó cuatro anos por el tsfrépítp de las armaa y de laguerra civil ¿Qué nio- "' ' 
tivo r puede haber para que el gójb ; ¿Vitu de Las ínstn/jicionos nos niegue lo ['"' 
que ha d ¡¡.-pensado con mano prodiga a los p|úéí)mA que lian sabido cóip * 
quifia¿] y aolíni^tuTlo en ñ\\ suyto, aun á cusía de iiimensos saenfíeío!*? ' _.' 
Q"¿3 f^í;em.oé yie peor i.-ond ciou q^ue U*ñ demás pueblas de la li^ira? Qné! ... 
habremos dé renumiair á los inmensas beneficios y á las ventajas perma- M l 
i\GnffjB t é# ja }U>ertad s ppr twior defiuspeípjeños y pasajeros inconvenUyi- "' i - 
U'ñ, un míHondé veces mas pasajeros y pequeños cpití los inconvenientes 



Por su suerte, jamas se presentó en la ReptibFéá Oriental una '<&£•' 
tuuidad tau favorable como la que hoy se presenta, pata -poner fifi; ¿V iNf$i- : 
men de los gobiernos personales é inaugurar, lá era- de los gffiíerTtoi d«.' 

principios. l * "'-1\ " '."''' 

Toda legalidad ba desaparccido.atlí, para lorcimóítóto^ 
para íps mismos blancos, ó al monoa partí un'á parte "cóüüidépnfde de ¿Hb»;- ; 
con eí cese de D. Bernardo Berro en la presidencia/ M l : : r • - : -_ 

D. Átanasio Aguirrees un presidente ttansitor:ó t -^-y el Poder Legis- 
lativo, aun admitiendo generosamente pórují momento W legalidad dérlfe 11 
Legislatura del año 60, noexistehoy cu virtud de laceración de la ' 'Ck- : 
ipara dé Reprepentántes y su no renovación. ' HaypúeB dtie. rétíón'atfttíir 
los peodreS púbjVos, empegando por la renovación 1 total deV pernal de . 
ambas Cámaras^— -lá de Represen tanteé y líi dé, SeDádóres^y* -piará, ¿lio 
eonvocar al país k comicios, A fin 'dé qué 8<?a éljmis, y tío sus* gobernan- 
tes, quien nombré en una elección liWe sus diputados.' ¡ / " 

¿Quién hade hacer esa convocaría? Des le que iio hay éu pié ¿bdér'algu-" 
no legal, pu>s tan poder ó autoridad de ¿echo es él de U. AtiahasUy J^gtiiv* 
re como el del General Flores, claro és qúcesa coiíVQcátoria dfeb& hacferáé . 
por un Gobierno provisorio, nombrado de cqmJun ^ acnerdo por ambós/cóti- ! : 
tendentes, que, reunidos, constituyan ta asociación ^olíVi^ ( ' 

y con el de presdir e! pais hasta la instalac 011 del Otiét*pp r r Lié¿iéliitivb, "^é'*' : 
decir, hasta el din' 15 de febrero próximo. ' ' '" "'' ' r { lL , 

Eso es lo. único práctico, o.í<> es l«x que ^1 p£írítf'iahi T V prüdertíóml 
aconsejan; porque para que U nueva legalidad vongá\rodeadá ? detprestH 




por ambos partidos, y solo puede serlo a condición depílelos pó 
deres públicos qué. lian dé crearse, emanen del Voto popular y tengaV 
su origen cu una éféccion libré —libré pura todos, — cólorititóá y pfrúteos. 
De lo contrario, quedaría siempre en pié la protestada titfo de 'esos parti- 
dos, y esa protesta seria una especié de éspinla de D»>in ocles' "suspendida 
sobre la cabeza del que subiese al poder, y un aniago constante á la^trap. 
quilidad pública. " * f 




sito 

los dos m 

los inv ta£ someter al fallo soberano de la volunta*! d¿ fa ^mfcyorfar éspre* : 
sada en los comicios, la decisión del p f rito que vienen sosféiíieiid^ nace 
mas de 30 «ños, y & concurrir anchos á la formncToH de' ana nueva ; lé^f- ' 
lidad y A la reconstitución de nn nuevo gobierno, qu« serla Colorado 'ó:' : 
bliioc».}, según el voto popular lo decidiern, pero qué sería ¿obré todo él ,- 
Sobiemo del país, el gobierno íé¿hl de la líepúbH'ctf,' allqué ;\!oft0é? y <íéÍ>Gi¿ \ 
gan obediencia? / \ */ '"'*'' ' ; ■•"';* 

JNádic.'siñó la mala, voluntad del gobierno' dé Móiííevideo y de bu 1 
partido. .'''.. 

Si ese partido y ese gobierno lo quisieran, la paz con éíks condt- ,: 



^°^ Utticasjuatasyriizqqables, estari» ya restablecida, y ¿eita hora 
el pais habría eutrado por la via de salud que la suerte le ofrece hoy, 

;■•;:/ r • -' vr. ' 

Dijimos antes, que las condiciones capitales é indeclinables para todo 
arreglo do la cuestión Oriental, debinn ser la renovación total del Cuerpo 
Lejislativo, y el nombramiento previo de un Gobierno Provisorio al que 
se confiaría la doble misión de rejir al pais durante el interregno consti- 
tucional, v de convocar los comicios que han de darle al pueblo bu ver- 
dadera y lejítima representación (l)— y agregaremos ahora, que en nues- 
tro concepto, cualquiera otra eomoinacion se resolvería en pura pérdida 
de los principios hoy empeñados en la lucha, y en vez de poner nn tér- 
mino final ¿ esa grave cuestión, no haria-otra coa* que aplazarla, con 
grave perjuicio de los intereses vinculados á la conservación de la psa 
publica. 

^oro, ¿cómo se con pondría el Gobierno? ¿Y cuál seria la reglado sus 
derechos y deberes respecto de los ciudadanos? 

Vamos á decirlos, sin que e*to importe contestar á determinada persona. 

Supongamos que la lucha de armas terminase por el triunfo del partido 
colorado (y es punto menos que imposible que termine por el triunfo del 
blanco), y en tal supuesto veamos qué podría, ó mas bien dicho, qué ha- 
ría él. s 

¿Bedueiria 4 la mitad de la familia oriental á la condición de parías, ó 
cuando meuos, de estranjeros en su propria patria? 

¿Emplearía para mantenerse en el poder, tas armas de la violencia ó del 
fraude? 

& así procediera, de cierto que no merecería las simpatías de ningún co- 
razón bieu puesto. Tero no: el partido colorado no haría ahora, como no 
hizo nunca, lo que eu adversario ha hecho y hará siempre que pueda, ni 
imitará tampoco á eso$malos ejemplos que para escarnio de la democracia 
ofrece la histor a de otros pueblo*, y de nuestro pais también, y que la 
mala escuela ha bautizado con el nombre defraude* ó trampas legales. 

No haría eso el partido colorado, repetimos, porque le faltau á la vez 
el derecho y la voluntad de hacerlo, fuera de que no uecesita, como su 
rival, oprimir para triunfar. Pero haría, sí, lo que, obedeciendo á la ley 
de la propia conservación é inspirándose en los consejos de la prudencia 
hace todo partido ó revolución triunfante:— llevar sus hombres, y solo sus 
hombres al poder, con aquel derecho que la victoria y la anormalidad de 
una situación como la que atraviesa hoy la República, le dan al <l ue ha 
sostenido la buena causa Y nadie podria increparle, porque obrase asi, 
pues fuera por demás ridículo y absurdo proponer que el vencedor coro» 
partiese con el vencido la guarda y administración de la* conquista*, 

(1) Sabido es de todos que el Gobierno de Montevideo ha podido haoer la pas sobre bases 
mucho mas ventajosas para éi y para su partido. Si ha dejado escapar la ocasión que para ello 
le brindé la fortuna, culpe á <u propia imbecilidad. Lo que es en adelante, no ha de potar re- 
cabar condiciones tan favorables como las del convenio de .Escudero. 

27 



j *^A sí óbrati a el partido colorad^ si triunfase; ási : obisPioió partid^ 
que v&iéé. '•- ■ ¿ ■ ■ ; " : : - " "'" '» 

¿Cómo obra en una situación como ia presente, uu partido que transa* 

Salvando aute todo los principios que son de suyo intrans¡jen¿es y v Ha* 
níatfdo á su- adversario á tomar porticipacion con 41 en la dipecteidU de los 
ii«acio3.públiooB haiata tanto se. constituyan los poderes legales, es <téctt 
df gobierno perthanente dé la naieion. . 

SI gobierno provisorio, pues, tendría forzosamente qfue'setf tttvgb- 
bienio misto¿ compuesto de colorados y blancos, n posible fuera etvnútiro- 
n> igual; jipara ofrecer á todos sólidas garantios de un recto proceder, dé- 
bória«jr integrado por los hombres mas honorables de ano y otro partirlo, 
• Sn cnanto á la fuente de que emanase su nombramiento, nunca j>Q- 
dr'ra ellaser tan impura como aquella de que arranca' et gobierno dé í). 
Atpnasio Ajniirre, elejido por un cuerpo que careáis de toda représ^rtta 
cion ó mandato popu'ar, al cual habia ya dejado de pertenecer el seSror 
Aguirre por decreto del mismo, y cuya mayoría habia anticipadamente 
declarado Írritos y nulos todos sus actos y resoluciones ulteriores [l.J Y 
depde luego* ese gobierno, por el hecho de ser constituido por los respec- 
tivos representantes armados de loados partidos disidentes, tefrdrialén su 
f*tor la presunción de merecer la» aprobación de blanco? y colorados, 
que ciertaiiíente no puede tener el del Sr. Agairre. 

Por último, la regla opuesta á que debiera sujetarle el Gobierno Pi^O- 
visario en sus relaciones con los gobernados, - no podría ser otra' que la 
misma constituc ou dol Estado, dando aquejas der sus disposiciones 1 r Wite- 
&eptibles de una noble interpretación [si algaua hay que lo sefcj lar mas 
liberal, la mas favorable al ciudadano, la interpretación contraria áatftré- 
Ua que hasta el presente le han dado siempre los gobiernos* d$P partido 
blauco. 

" i ¡ i — ■ 

(í) Esta elección, mas escandalosa todavía que la de D. Bernardo Berro., y. m 4a»ni si- 
quiera se trato do salvar las apariencias de la legalidad* es el último episodio de la- dictadora eje 
aquel, y la simple esposieJon de la* "circunstancias que la precedieron -f acbfajñfiárcítt, dice bien 
alto lo que es la seguridad individual y la independencia de loa. poderos publícela, bajo; 1 tos to- 



peto se encontró con que 
ana. riyales li* '.' Amapolas " estaban en raajoria, y como Qra'natnraK dispuítótúé' ¿ : darse' un 




jas, i pégales un manotón á tres de ellos, y como es de practica entre los Jfresldentes VIél V 

blanco» les da' pasaporte y pasaje «gratis.» y los bacetsalir uara el esttatygen»,, oon, fuerdsy xfcftlb. 
Mas como esto no bastase á la consecución de sú : p'royeto, pues que Ja fraocipn Amapola» m* 
taba todávia en mayoría a consecuencia de una resol ación =del Senado po^ la que habían sido 
declarados cesantes tres de los « Vfcentinos» y ordenados* la convocación de ttfc| réstie&rVos tu 
plentes, el señor Berro hace que los dos Ser-adores* Vicentinos» q«e aun quedaban, se rvUMn 
con los cesantes, cuidando de no citar para la reunión á los «Amapolas» Kuiz, Brid y Juanicd, y 
elijan por presidente al Sr. A guiri el 




nula, y si se necesita imj avidez y audacia fara llamar gobierno legal al gobierno nacido cn'etta! 



tÍ&Gf.ob¡#rttf> Riovísorio seria* pwsjy «o podrid ^tttéftos- áe ser /da.gó- 

í <jk> Wfcrrto esoépolotf al, "•' líhii tadb;J Wái ett * 



<¿ko£ 

bierno escepcienaV: pero! «era a nri 

BRi4wifaoií>p <?omo euBUS atribuciones, y que no compaftl«ñ r db;c(>tf níriguij 
ofrQ ppderjl* ¡dirección <le los: negocios públicos setía ^^óTVsablé^wíté^ 
l%rpi¿?;¡pia f AÍft^ftWea, d« todos loa actos dc ? cáHÁcter ^bfernátirtt ~*6¿iy : * 
pj^$d<?* m ^p^ríode d* ¡su «xistolncia. Atitotídkd-dé' fic^o, la^Tféjfrtd-^ 
tsm^iád^^x^tí^Muiíi y ¡apoyada por las dcvs Fhrceúrtiei ■■ eft * qtife '■el' pfái^i- 
encuentra dividid?, :1¿ daría siuembargoei carfcetcr de YÍ h ¿ ¡gcíblémó íp^Hi ?- n 
ne^temejute p.Qppfcr; ; ■-"'' rí / * ' "' 

>: ■VjW^wuoi^ijPTOfirio m^ito y tfiámatas imevaa tib^nimtb.'eMjfS^^^ 
eup^Qgjtecininoá, Gobierno Prorisorio eu >que astétt 'FQptferórt1tf&V'l&) ¿ 
da^páf,U4o8,á fin.4a ^a^iftfnboa.rttéh . garantí dos e&rVtrHfc' Sfctóiañ-tflWWry ' 
y.*¿ÍW^-í^¿*ijr ÍS*l ab^s*ftfi«iqu9 eflté y er> «na *!eeéiOk :? Rbré ! ^á¥ír 
todo^4)^darecouptit^eíp^ yendaderos poíterea iegaibs^itiíAgttiié ¡tífe : &£• 

Ahora bien: el partido colorado no pide otra eosai í^áégo; no oí» 44, él 
que reiste una trauaaeion equitativ*,í.tú:el gbe; ob*ta< ai ítaitaMeeinlíóiito 
de ía paz pública, i ... --..- . --.»■■ - ; . -?"■■■ - »* : '"" '" ■* : . ír '' : ' t - 

jJSj. quién ee debe pues, que la j^mtfestéiy* nwtobi^ 
del partido blanco, que es el qm.» (eqfectfft es^.únijea:*lucamifeclRiéaI ^feP ; 
ble. Al gobierno de Montevideo, ¡qu¿e? sa QbatiMr^,an»fiéara^iiKRii¿ «bft^* 
dicion indeclinable para cual(]UÍer!^wglp v »l?n8>c0Rp(Mmtiwitai4^f>tt* W¿W- 
Helad .faraáicá en que él mismo, uo oi#e>, y^UG:haítódo {mbUcsi ¡ymsjrtfeftiU* 
mente negada y desconocida portlop-ófgWOB »3Las,oompetbiAeáy*aatoHiía* •■ i 
dos deLmi&mo Senado blanco (Iju... ;.' . .» ;..■ * : -■* '■ •■^l;...:;?: f« 

El gobierno de D. Atanasio A^gairre^oaprppofteyfttO owa tfcaftáacioiV 1 
sino una capitulación, y exija de nosotros que pnir^moaá bacei hi ipa^ pa* 
saudo ilutes, pn|* debajo ^lypgjt, ^bpti^od}o nye^tm bandea de priuctjSoa, 
renegando nuestras tradiciones y pronunciando nosotros mismos láieon^S 
denaciop de la revo'ucion; porque nada, ¿nenofique. eso, importaría el 
reconocimiento de su legalidad por lo^po^radoa*. » . . .? ..,■, .i-; •-.?■■■ . 

No quiere compartir el poder co^/sus f tóve^riaf, y&ráuWíiiBdesitá 
ejercerlo él solo para no perder del todo la ¡esperanza de ¿mullí*!- eb loé; íoj'í' 
nucios por el empleo de loa medios oficiales. ■}<ij<:< 

No^quiere que la £e^ator^ee.*reÁwye pore^fcerOnjpi^íqiw.. mi) fcfcn- 
setfttíiaose 61 hasta Marzo, teme perder las elecóionW y 6gwptrar4tt<¿8?i> • 
minoría en la próxima Asamblea, si nocp^sjjju^^a^noajLa.^w^titdéilos 
nueve Sanadores. actuales. / ■ *■ .-. íL-O 

■ "^ " ••-'■ ¡i ' : " '""'''•' ■'" - - ' - ... ; '.: ... :.■?•:, i ••■ i« -.MM-'- 
(1) Los EMMaáéra Vflflsqueje, Esfrázulas y Cara vía desdó aquí, y w<ifi$\a«p\ #«mio4^ $0¿f ¡ - 
j Briden Montería mismo. Iioaíteaspriftierds, éii él tóitoifleíto 4ue jÑiWfcáron efi es taba- ' ' 
pital, llegaron basta declat-nr ';n término? esplícitos y categóricos qu^ « después del jerolpS^JS T "^ 
«i KüUdo descargado por D. Bor^axdo Botro golfee la ffojiorable Otaámn, 4e deákdoreá cóñ^-el 
a dwMwTo de trüj di su* mi-trnbroá, había 4f»a,parecid^ t^da la lcsgalidad^ y ^ua éu adrante la ' 
n autoridad de aquel, ó de qua IqüiCra otrd 4¿ue la saci^iera en 'al Hiánda, too iefia mas legal 
ii quo la &l mi'mo Don Venancio Ffora?. 9, ..Teneiapa, puea paladihamente ooníwadopor la "* 
mayoría del mismo Sanado ílfino, qué' el gobierno de J). Atamuio Aguifre es an aímplcgo- — 
bienio de hecho, un gobierno ■ retolucionario; » y' sabido es, que confesión da * parte rola* a' de- i 
prueba. 



-»oe- 

Por eso, y no por otra cosa, se niega al nombramiento de un gobierno 
provisorio en que estarían representados ambos partidos 4 la vei. 

Por eso ha violado la promesa hecha 4 los Ministros mediadores cnandfr- 
el convenio de Escudero— de nombrar un ministerio misto, es decir, da dar 
entrada en sus consejos al partido colorado. Por eso se empeña tanto en injerir 
en el suntuoso edificio de la nueva legalidad, ese lienzo de parfed viejo y mu- 
griento, ese Senado á la vez ridículo y monstruoso, que nada simboliza, si nos 
es el triunfo de la tiranta y el despojo délos derechos del pueblo. 

Deponed las armas, someteos á mi autoridad, y tal vés os permita ha- 
cerme la oposición en algunos Departamentos, y traer una peqnefia minoría 
4 la Cámara de Representantes en los próximos comicios— eso es en resumi- 
das cuentas lo que el gobierno del partido blanco nos proporte. Y aqní pre- 
guntamos 4 nueétro turno: ¿qué mas habría pedido y qué menos habría ofre- 
cido al siguiente dia de una batalla ganada sobre nuestro ejército? ¿Qué otra 
cosa pedia y cuál otra nos ofrecía antes que el general Flores se lanzase al 
territorio déla República? 

Ko, no oapttalareoLos con el partido blanco. No, no haremos la paz 4 se- 
mejantes condiciones. Harto tiempo nuestros adversarios han ocupado el po- 
der sin otro título que la usurpación. Ss menester que él escándalo eese una 
vea portadas. Jis menester que en adelaaAe lo ocupen tan soló por el voto li- 
bre de la naciou, é que dejen de ocuparlo, porque los derechos políticos del . 
pueblo no se prescriben por el trascurso del tiempo. Es preciso ya trozar esa 
cadena de inmoralidades, de atentados y de crímenes, que, como muy bien 
ha dicho el gefede la revolución al dirijir la palabra al país por medio de sus 
dos manifiestos, vienen eslabonándose desde antes de Quinteros, (1) y rein- 
tegrar 4 todoe los Orientales, sin escepcion de colores políticos, en d pleno 
goce y ejercicio de sus derechos. 

El pais se ha declarado mayorde edad desde 18 SO, y no admite la tutela 
de nadie. 

El pais protesta hoy por la boca de 4,009 ciudadanos armados, y muy 
pronto protestará por el voto de 20,000 electores, contara la mentida y fiur- 
sáica legalidad de D. Atanasb Aguirré, como protestó antes contra la 
legalidad de D. Bernardo Berro, idénticas entre sí y nacidas de un origen 
común. 

El pais no reconoce por poderes legales sintf 4 los poderes nacidos dd voto 
popular en cosaidos libres. 

El pais quiere realidades y no farsas. 

Quiere la verdad de su propia soberanía. Quiere la verdad del poder Le- 
gislativo, la verdad dd Poder Ejecutivo, la verdad dd Poder Judicial. Quiere 
d réflmeu de la libertad y de las leyes, noel rejtmen de la arbitrariedad y el 



(l) SMgQbfenmftctbafedsnntl* Alna* amba ó> tu aaoraHdad 1 y fean celo por 
aaaiaaai, pMUMd0k*«r«» y laaaa^fcradela Roptiblica, eaiamn<»~dacHarfaalBi fii 



elao- 



rvctaftaaVata Naastraicáreato», yeijoaurio 1* costado 4 Aaaifelo. ¿Qo4 toa* datfto la* 
Bn> auaM4w»««r*»Myoi t tmúmám en la Roaública Oriental ? ¿qrá dkael 8r BarboUaí, qoa 
IMl»aaa^aÍauaiaiia^«aiK«|oia«a||aia<iras adtaafcmi ata goUarao, y qo* tanto ka fecho 
y hace m m marV^ 



despotismo. Quiere en utm palabra el gobierno del pueblo por el pueblo, él 
sélftybtrñefnent. Y eso que el pais quiere , es indispensable que lo tenga, y lo 
bkéd\éoé^j i pdr bien ú por mal. 

-^'Qüe tan 'grandes beneficios hayan de contarle sangre, lágrimas y ruinas» 
laS&bfeffiós y ** deploramos como el que mas; pero ábrase la litsforia, y dfga- 
seflós'cüálfcs el pueblo que ha logrado conquistarlo sin grandes sacrificios, y 
tcnálha sido la suerte délos que han preferido la calma del despotismo á las ají- 
acteries (folftllbertad. Que los apóstoles del primero exalten cuanto quieran , 
sits^eftíajéjÉ, áfcsotros preferimos las ventajas de la segunda y hasta sus incón- 
vfefüétitésV'y* srtnos délos que piensan que soto los fatalistas pueden escusa r y 
sttjfoíttt' frtttoífu * --• ..- . t ." . '. ] ' . IJ rii\v- , i t f 

ira opinitñ mué ¿rtMdeft 3 ? *vtd mÁfflitiá MGHblhMflUÍ^^ 

3ueles imp-one la lucha en que están hoy empeñados, que la Francia bajo el 
espotismo lastrado y pacífico de Napoleón HI. 

Los señores Ministros de la República Argéntica, de la Gran Bretaña y 
del Brasil, pueden haber cumplido sus deberes como mediadores, propen- 
diendo y cooperando á la celebración del convenio de Escudero, en que se 
reconocíala legalidad délos actuales poderes. Pero nosotros cumplimos con 
el nuestro de ciudadanos y de partidarios, rechazando toda solución basada 
en semejante reconocimiento, y abogando por la única que en concepto nues- 
tro puede poner un término final á la lucha armada de los partidos dándo- 
nos al fin, lo que no nos han dado ni nos darán los gobiernos personales, y 
salvando juntamente con los principios, el honor y los intereses permanentes 
de nuestra patria. 

En esa dirección, deben pues encaminarse los pasos y los esfuerzos de 
todos aquellos que quieran sinceramente el bien de la República Oriental, y 
deseen para ella una paz estable y fecunda.» -> ' 

Antes de concluir, queremos llamar mtíy seriamente la atención de núes 
tros lectores, respecto á los artículos que anteceden por la verdad histórica 
que ellos encierran. Los diarios de la época, como El Pais, La Nación, El Pla- 
ta, y otros ofrecían publicarlos y hacer á la vez su refutación; cosa que nun- 
ca cumplieron y esto importa la mejor justificación para su autor, de que nar- 
ró en ellos la historia de la época con estricta verdad, sin dejarles á los ene- 
migos flanco alguno ni aun para disfigurar los hechos. 

Conviene que esto se tenga presente, porque, esos articules vienen en 
apoyo de la justicia con que el general Flores hizo la revolución al partido blanca; 
que se empeñó en presentarlo como un anarquista que atentaba contra el orden 
legal y convulsionaba al pais por saciar su ambición personal de mando. 

Si algunos ilusos existen aun que dieron crédito á las diatribas diarias del 
partido vencido el 20 de febrero de 1865; estamos persuadidos que conocerán 
su error á la simple lectura de estos artículos. 

Concluimos aquí nuestro trabajo, que repetimos, lo ofrecemos como apun- 
ta históricos para el que se ocupe de escribir la historia de nuestros días de des- 



poc$Ic<H^pk> f ,la c^j^demn^^^ inqnps nos quedar* el 

consuelo de que ella sirva para facilitar á otifa pluina mas campeteate jkps 
documentos y hechos de aquella época,, i^p^QS ¡^,j*a tomo, y á las genera- 
ciones venideras, el conocimiento deJ crli^tp } ^W jbo^Á^,^ puede jcooi^c 
un partido político de este infortunado país j que fue, patn>cuiado por , un g^- 
bienio que se llamaba constitucional !! I 

Que k HECATOMBE de aquella ep(*ca.j^/^^fva4e.^<^ 
tener unidm á todos ios miembros del pa0^£Ó^ 

prtfunáos votos del autor de esta oL>ra v j ;r í^-ri ¡«coi^g^^u la^e¡^§¡d* 
ella, encender en el corazón de todos sos correligionarios, d;fa^ ( jia&Áo<fe 
U.UNIOK, para no darle m& triunfes a^.nar^tf^ 
de lo* héroes del partido liberal déla RepflJH^ OriepUl 4#JJe*«i*J(. • - • 





'--' .. ■<"- i {-. m \' • 



,... r . • ", ); 



En el deseo de que está obra encierre todos Iob documentos y artículos de 
diarios que se relacionen con el cruento hecho de Quinteros, v¡mios á consignar 
á continuación, tanto el Decreto que el superior gobierno espidió con fecha 17 
de Marzo de 1865, como las versiones de tos diferentes órganos de la opinión 
publicábanles y después de haber visto la Ixáli primera parte de esta triéte bis- 
loria. 

Helo* aquí: 



Pntrttoáetoit i m po i tanye 









Tal '■ tefmtátikfc la obra qué dentro dé {Míeos diás debe espesarse 4 tíaeér 
p<* ésK i&prtnta. Ella cons tifciiré,no le debemos tliídar, una fuente teagtoaWe 
éé itémtetiAí* aquellos que teágitl p(^mmon[tscmítláhim 
pAMicáí; pftáéttifcbefteír <sú étor con fatfti nnteÉ fé, enatife que ei atáor del t**- 
? b&jé qüéitos éetejtá, ! « tttt t^tígo presencial de la héeáttHftbé de Quíritéro* 

«éritfo el aritár Mal pétáétta ^uy és ésca^s í^tiírsos rid tfl pe<¿ítiáfl Ite^lr 
átártiiftó su puMicáetorij ietoos tatuada nosotros bájd nuesfeto atfiptfrcí, el **- 
llfttóqw c&beViítál&En; JWitoíi^^ 

g*&i tari Iriego como haya «fo sufiofettt^ááriiei* dé W^HtoWsá ella. 
" De éífté rió podemos rtiaiqúfcra du^ 

que es deslustrar al pueblo con los ma^ mioiicloBO^ detáBeé, qtte Muetrófíg- 
tíortn; ¡*>bré *quél atetifódo í^iw*ítftóf^ qué ctíbrtó de duelo « t* Kép&liKé», 
y¿irtíüttftfa^ 

rtuí^K) todos^lói patriotas, tatito de te Capital como <ftfl*Camp*d*. 
* : PcfrHfty ntúlüriUar^ 

riOSlttrihérif^lá ¿feritioádel f>éWteó h%etó élj astfey iMtOéttioS tidtfrtttnflrife 
paso, que el precio déla obra será to-rtéa riiódictf posible, d$ faaiféiWfyfe 
todos puedan obtenerla, y se haga mas universal la propagación de los rasgos 
históricos que contiene. 

Oportunamente nos ocuparemos de nuevo respecto de esta publicación. 



(«La^ii^najvd^^4 4e Enen de 1866.) 



EsTáitO MíTnhrGBJHERAL; 



Montevideo, Marzo 18 de 1^- 
Oree» General 



A*U '4*w El ©oWemo Pwviddrio cóttfecba denayw be dktad&et tf guien* 
te I^eretOt^ConMtomito *qutt>tt adoriiriWra&tn 1 ú* »to¿ «abHtt <JU P*«t? a 



mSHO - 

{>or sus actos despóticos é inmorales se colocó fuera de la constitución y las 
eyes, suprimiendo las libertades públicas, atropellando todos los derechos, y 
suspendiendo tnT^lfflQqn^hjiy {< %M»4py.<^|tte^or consiguiente los 
patriotas que levaStoy^ yu| ^a ^b lf^<«L dWa wAlucion , para restau- 
rar la moral escaraectdáTIos principios conculcados^ "osflerechos atropellados, 
usaron un derecho perfecto y cuiqglifi&jKtun deber de civismo , mostrándose 
dignos del pueblo que hace gala de no soportar á ningún precio Uranos ni man- 
dones arbitrarios; — Consideran tío que esos mismos ciudadanos colocados por 
su propia precipitación y temeridad, hijas de su ardor patriótico y su valor in- 
domable, en la forzosa necesidad de capitular, lo hicieron bajóla condición es- 
presa de conservares la vida y dejarles la libertad en el estrangero, cuya ca- 
pitulación tuvo su principio de ejecución,, según consta de las propias publ ica- 
ciones oficiales de aquella época, siendo no obstante todos esos fusilados en el 
Paso de Quinteros con los demás horrores perpetrados sobre la tropa desar- 
mada, que son de pública notoriedad;— Considerando que es acto de justicia 
nacional y de n oralidad pública/rehabilitar la memoria de aquellos mártires 
4e4Mibertad.de la patria escarnecida ppr, esa wmti administración y del 
'1^^i^^Ȥ^^^K)do, bajo H d^ ft* Bernardo p. JBerro enla c^ialfperoa perseguidos y 
4«5tym§dofrJfts ciudadanos queqüisÁeijei* hourar sivmejporja ^ii.ex$qpia& ffi- 
^BW^-rrCansid^raudo Que bajólos fipbjeraqs que se ^^wucedidA jjesde aque- 
lla, -¿¡pee* por la «$ft£pack>n y lf violándose ha becho una traducción 'nacional 
^e^e^fáyndq aviaren, lo qae importaría co$intiéndose, un negro^baldon pa- 
ra la patria —JE1 Gobierno Provisorio apuerda .$4ec^ta;-*Art. J° Se declara 
. ékwkoiu^zKÍanoa sacrificado* w<el Kas« de. Quíntanos $ Irisaba del despotismo, 
mábtires jije $> ua*BPAu;i>&'LA $Arai4.-n2° $p harán á esos, ciudadanos 
, t^eaiDes,o vajwtia* ftHjebj^cosfceadas por -el. tesoro de .1* poción declarándose 
feriado el dia : en qv$ tenga lugar- ; eseacto de declaración nacional— 3° £n 
el C^wootQFio publica se jwan{ar4 uaH^iwwüíofftnqbre eR ír que ^ ¿nsotiban 
Jo6fn(>aU>re*<le esos v%die»tes *t 4as^wUbras conairaadas en el ar^ípul^.i — 
Las viudas é hijos meporea de fa$ : mm-C^es ¿e<I* libertad de la Patria g«aráp 
deJaueMo integro que correspondió la clase milita» -desús e*posos y padres. 
^y-PuW^i*ese,€OJBuntqü^ y dése al registro coin- 



1 * * " 'Y LA HECATOMBE DE QUINTEROS. 

Deshonraos, despotas de la tierra, verdugos de la humanidad: cubrkw de 
infamia, eoiftandocon la ífapemdad<jué os asegura la fuerza j vuestro inacce- 
sible puesto: llegará el]dia en que la historia, inexorable Némecis, os in- 
famará á su turno, señalando vuestro nombre á la execración de la posteridad. 

Páralos asesinos de Quinteros,, estedia ha llegado. 

-i v^U* fsssttao piESBNCML dé esa horrible matuisa -de-que tahrez.no se en- 
tmotta egeaiploo* lea» analea^de potros pnebtoa, pi w^onftideife laeppeeiabgi- 



-3311- 
^ * ** 
dad délas víctimas, el carácter que revestían los perpetradores del crimen, 
la alevow crueldad con que este fué consumado y ti námero? de dot -«ecified- 
$$% ^u testigo presencial ep cuya mano la Providencia pU80 tofr'mas ímpsr- 
r {antes fjocpmentqs referentes á^eefefeechtf itjaitfita^isj« pdMieq taytiwle 
narración (¡le aquel suceso, qo$ enlutó éla nepúWM>¿)htfo *atmrtater é to- 
das las naciones civilizadas. •.;;•■'■ 

; t . Sste libro,: semejante h la cruz qué una piadosa mono coloca eaelbor- 
d^ (jle un camina para rebordar á la» teansfeufitea que dHí -4l emehillaata un 
homicida se ensangrentó en el corazón de ua hermano, está dealiaadaá per- 

Scjtnar Ja. memoria de Jps gloriosos mártires que auciunbieroa en «rdé déla 
berta^y por el decoro de «u patria, oseeinados; por ^1 presidente Gabriel 
.»&, iPepeira y por su ministro Antonia de ks Canora», qute* 4 h* fez del 
- piundo,cou un cjnisnK* sin par, asumió 1a responsabilidad de la hecatombe. 
. . ~ ¿SI autor deja la palabra Moa documentos* cuya aateutieidad <es iticon- 
U o ve rtible r y estos arrojan una inmensa luz sobre ese :«eampa;d& sangre», 
dando ún último y solemne desmentido á los asesinos y sus cómplices que tu- 
vieron hasty ayerja audacia y avilantez de negar que hubo capitulación. 
Este libro debe ser el «vademécum» de todas las familias orientales: de- 
be adoptarse como lectura en las escuelas del Estado, para que decenenicion 
en generación se trasmita el recuerdo .rfé^nfá época nefanda, y* w nótñbré, 
mas nefando aun, de los asesinos de nuestros héroes,. ;,•■ 

¿ . . . • ("La Tribuna", del 8 de 9eti^mbro.de 1866J 



>^f 



ÍL.A HECATOMBE I>tó QTJlN'lríiKO». 



Apareció la primera entrega de esa Obra/ qti^cotFtietíelaWstoriadela 
Revolución de 1857, acompañada de docutaeíilos y déla ophíiofi de tó^- prin- 
cipales diarios europeos y americanos ¿obre e*e bárbaro atetí trido r : » - J : • 
- Su rtnttor es el sargento mayor D.J^ari í »fanuéTde , laSI« l rá;' 

(•••14 Opinión KacionaT, fecha T fle Setiembre de 1866.). 

: h.a RKvottroióiv lote lÉíir. ;■ : : ^ ■■ '■■■■' ■ 

Hertos sido favorecidos con üu folleto que bajo édte títufbbhce la histo- 
ria de la hecatombe de Quinteros, acoríipaflámlola ée ! tid£timfentaM'Mftalftteti« 
te interesantes: ■• ; : ' ' ' ; 

1 Habiendo llegado reciéttá nuestras matiós, rio b^rtnis tenido ' tie»po de 
recnrrerlo con detención v y por cóttsi^erité/dfe ; fo*mi3rlá!* r un jukid'tírftícó 
sobre su mérito literario; pero los antedédétrtés dét áxkbtfijúe irt** Sbtk i bíéá 
teofifocidós, su ilustración y él cohóeitoiénWpr'ácttcd dé tóéf ^fiWcéWís; cotóotés- 
tígb presencial, nos hateen espérar^fté séW tina obra dte gfart itttfcrébj'dbúdé 
encontrarán importantes datos los ^üe se dediquen á e&rtMr In^istórtaf de 
esa época de nefandos recuerdos. r ! v T; • - 1 ? ** ' * .suía^! > 

: Kecoméudteo&'sii addfféieiofiátóddS to'üátí&tfs', ■'* cfá'ístítciii&ted * 



-818- 

fas jóvenes que no conocen sino tradicionalmente esos sucesos, y que para 
jtcgar la iodote de los partidos cuyo nombre repiten sin valorarlo, deben ha- 
eerutfapréntí*^ (fe profundo de tos boníbres y de loé hechos que han Wdo 
origen tfeta reacción política qne ha colocado alptás én la actnál si- 
tuación. ( . . 

Agradecemos sinceramente el obsequio dé nuestro amigo, felicitándolo 
por un trabajo de grian interés político y de sama importancia para la histó- 
nádela república. 

Mejor que cnanto pediéramos expresar respecto de los nobles sentimien- 
tos que ton guiado la pluma del Sr. fierra, que tiene tantos títulos á la con- 
sideración pública, porque toa prestado á la causa de la libertad el doble 
contingente de su palabra en el periodismo y de .su bf&zo en los campos de 
batalla, lo és(>ráará la carta con que nos remite ese presente; y que publica- 
moa roo inümaaatisfacciou. ya que nosfautoriea para hacer el uso que juz- 
guemos conveniente. 

• F. YA 



Sr. Dr» D. Eermhi tferreira y Artigas. , x 

Mi distinguido amigo: 

Tengo él gusto de adjuntaros la «primera parte» de mi pobre trabajo de- 
nominado «La Revolución de 1857 y la Hecatombe de Quinteros». Al poner 
en vuestras mau<ft epta obra, ry> t?9go Ja presunción deque ella reúna las 
condiciones de una pieza de literatura,- no; muy lejos de eso, reconozco los 
gravísimos errores de que adolece, pues no siendo hombro de ietrts, no 
he podido sujetar mí trabajo á las condiciones de (¡al. • - 

Encontrará*, mi querido doctor, la relación verídica de *quel cruento 
suceso, escrita eou el lenguaje rudo del soldado, pero que be cuidado que na- 
da falte á la verdad histórica del hecho nefando que enlutó medio pueblo y 
echó un negro borrón en las glorias de Ja patria de ios «Treinta y tres.» ~ 

No os pido mas, sino que os lijéis en los documentos, en los artículos 
de diarios, en las cartas paralares y df mqs, piepa* justificativas que inser- 
to, para que podáis" valorar mi intención, imperseverancia, y sobre todo, el 
interés que tomé desde el dia 3 de febrera (te 1858, porque it& heeho^ seme- 
jante no quedase sepultado en *l olvido. 

Como veréis, mi nombre no lo hago figurar en la parte ds la obra - publi- 
cada; pero habiendo La Opinión .'Nacional deparad* que el autor soy yo y 
habiéndose generalizado en la población, no tengo inconveniente ya ca asu- 
mir; h responsabilidad y declararme tal. , . -.-> ■ = ? r .*■ .* » - ' 

/ ¡Ojalá ^uc la lettuivi de asQs mal coordinados rqnglonpa» se ¡grabe en el 
<$fj»mn&4c^rta ma>.A«?a¿*i*6t» en nuestras 

luchan civiles-, que ipíp sirven para presentarnos, con mengtia ante : las ilacio- 
nes civilizadas rfeía culta Europa! ■;■.-.. - :r i*: ; f . . :.- - 
Quiera Dios, amigo Ferreira x que la hecatombe de Qu.ifí#&* . haya sido 
la üftitnra séúa¿de barbarie qué nuestro querido pjis haya presenciad u, y que 



—5313- 

cn adelante, solo contemos con la unión y la fraternidad entre todos los orlen- 
tales nobles, y amigos de la humanidad! 

Aceptad, pues, amigo mió, mi pobre presente, y si él merece vuestra 
atención y valioso apoyo, liareis dfc é!,*corao de la presente caria el Oso que 
creáis conveniente. ¿ 

Soy vuestro con toda sinceridad y aprecio 

Juan M. $e Id S*erw» 
ViUftd©laUnioimetieqibrel9 de 1866. ' * ■..*-.' 



La Hecatombe do Quintero** 

El ciudadano don Juan Manuel de la Sierra, lia tenido la amabilidad de en- 
viarnos el interesante fpljetp gup ha escrito coa ,el tí^lo \¿ l# j!ec$tombe de 
Quinteros. 

No abriremos juicio sobre el mérito literario de este importante trabajo, 
esperando que se publique la continuación. 

Péfo desde luego es innegable el interés que tiene un escrito de est$ gé- 
néro, va se considere bajo el aspecto politicp actualmente, ya como fctemftttlífc 
eñ el roturo para la historia. . 

Todos conocemos por versiones autorizadas el hecho horrible que. provo- 
có la justa indignación de todos los hombres honrados; y lo.cMOcempftffc&c re- 
ferencias* suficientes papa formarnos una idea de e«Q crimen sin; ejemploiwlp» 
tiempos modernos; para estigmatizar á íos verdugos, autores de aqiteU» b#-r. 
catombe, que estremecióla civilización de uno y entro continente, . ¡ .... ■ 

Pero era necesario establecer ty verdad historia cpft tos pruebas feha- 
cientes, para confundir la impudencia. . 

El folleto d$l ciudadano Sierra viene á rendir u& eminente servicio, siea- ¡ 
do acaso el plinto de partida para el gran proejo de lo$4iglos%. sobre eaeacta,* 
de perfidia: inaudita. . • --» .- 

S ¿tinteros üo solo constituye una nota de ittfinúa para los hombre que 
os á^l furor de una hiéiía, mandbaran : muestra, historia <r*%aitto,qii& paito 
el partido colorado es una tradición, una idea. -., .. . - 

Leí Revolución mas santa, -r. el heroísmo, fué desgraciada^ pero el «n arti- 
rio de Quinteros tiene una elocuencia tan ierribíe como doloros* para Mse&tt. 
* los déspotas, que los verdaderos partidos, no mueren : aunque U aSibioKM* . 
criminal de los infames quiera segar cabezas ilustres. -•, . ' ■•••• 

La sangre derramada criiáinalmentQ, £ierapr$ ^Stinfeonnilipiura.los *erh.' 
dugos—; siempre produce la reacción liberal* ma* feutáe. ::• *.>/- 

El partido blanco, los hombres d# Ja a,d«iiaistraf»n Pei«ira r alio^i 
gando el último instinto del hombre, creyeron radicar: su poder desterrando 
inicuamente al eminente publicista Dr. don Juan Carlos Gómez r al geoecal 
Diaz, y i otros ciudadanos respetables,— suprimiendo la libertad de la preqsa, 
y decapitando más tarde uña generación de Rastres gnejrreros, que, venían 
a re vindicar el honor nacivnaí. 



-&14— 

Se creían omnipotentes, como si la fuerzi brdt&, cb.no 'Sirtean de gbbíér 
n^fudíesejftflfl^deitimperdnrable. V* 

; •■ .¡ Enseñaos elocuente para todos los gofeeritifites que, efrf c iñe^io dé iá 
prepotencia del mando, olvidan que los hombres pasan y loa principios son 
inmortales ! • < ■ ...... 

Desgraciadamente,eF equilibrio moral aun no se ha restablecido; pues ve* 
mos todavía á tamas, él antiguo dtplómata, cómplice déla perfidia de aquella 
administración, — en vez de ocultar su verffletita en un oseufb'riíiebn de la 
tierra, — mecido entre las delicias dé una corte, con el título de ministro pie 
nipotenciario de esta república. 

••"■ 'T < ^ í ^^<^ i ^a*c1onal^, l c(c ¿8* cío sétlémbrode 1868]. 



• No hemos ¡todito teer sin emoción la reseña hecha éu La Tribuna por 
nuestro amigo Ó. Juan M. de la Sierra, de la horrible hecatombe eji. que 
fueron hmwíaáas tontas víctimas, que ^or un sentimiento de patriotismo se 
haM^ tomado 4 una lu«ha desesperada: «on el objeto dé revindiqar sus dere- 
chos ultrajados. " * 

* Et amigo que haéépúbticbs esos datos, es ún testigo presencial, cuya 
vhhf mrrWel irtstftd He^gt) qué la de suar hermanos vilmente sacrificados, y 
no pufcdií »er dtid69a su aflrítíaddil^tattto por la respetabilidad de su nombre, 
come pávltt esactftud etm quertarrn uno por uno los hechos atroces que for- 
man la historia de la carnicería de Quinteros. ' 

• Rabiamos reservado naestro recuerdo para él !.* de febrero, que es la 
fecha en que empezó la traición á ejercitar su& Venganzas etí cuatro héroes de 
la itáeváTwiy*; pero ef tema es ton Vasto, q*¿ haorá tiempo dé insistir nue-. 
vamefite en ése di* «obre las consideraciones qitft sugiere' üái de las pági- 
nas mas sangrientas de la historia oriental. : "' i ' ~, -, ... í; * 

fteservatenrwsf)^ e^itw>m^ 
rado |aiift<Hr-tMtr&.*t traidora 
pafiáron en su obra dé estermiuio. •* • u " ; Ll mí^ 

i£«p6vaaiM qo^«la comjiéiK^á, si pttedé e\isür en esas fieras desnatural i -r 
zadaiy'ks TOeaeró^ que puede cometer un . 

8e#*w*v<ítkladeíigiiwlm^^ traeremos á colación ua 

recuerdo histórico que prueba lafüdófe de l(?s hombres que pertenecen al 
partido doHWí ate en l*4>^ca torteé ^de OWVrtéros: 

Muestro amigo D.€&»did6lta£fótttantc, redactor entonces del Comercio 
del* Wóí^viewettmpaílaitfiéWM, yMno^ de lo¿ que figuraron cu esa cruzada de 
libertad ct>ra0lo>liaiu&chkéh todas las ocasiones e n que se ha necesitado de 
su iateltgetuúaó de -iu espada, ettótibié un artículo sosteniendo la verdad de * 
la eapittilacio* de <^rit#rotf,el«tt*l fue acusado ante el tribunal popular. s 

»•* Mientras qaeiX Afctoni* dé las Carreras, -uno "de los redactores de la 
DincuHon y ministro firmante de la horrible orden de matanza, escribía li- 
bremente en su diario, que Quinteros había sido un acto de justicia de parte 



— 815— 

del gobierno de D. Gabriel Pe reirá, á nosotros nos era vedado sostener la 
realidad de los hechos: esto es, que la traición infame de Medina habia en- 
cañado á nuestros héroesbajo la fe de una capitulación que garantía sus vi- 
das, fusilándolos y degollándolos inicuamente, en cada cuchilla donde ha- 
cia alto el ejército. 

A pesar de las amenazas de muerte con que se tentó arredrar al abogado 
que se presentase á defender el artículo acusado, 7 sin embargó dé tener el 
convencimiento que el resultado del juicio seria desfavorable, nos cupo el ho- 
nor de hacer la defensa de la capitulación de Quinteros 7 de justificarla, si no 
antes los jaeces, á lo menos ante la opinión pública. 

No se nos concedió ni nn solo dia dé plazo para enviar á buscar los docu- 
mentos auténticos que debían probar la verdad de nuestras palabras, bajo el 
pretesto de que la ley fija términos perentorios; mientras que, cómo es de pú- 
blica notoriedad, en otras cuestiones insignificantes se demoran los juicios 
á merced de la voluntad del juez. 

Presentamos testigos presenciales del hecho y que escaparon, gracias á ta 
Providenciare la quinta para ser degollados, y el célebre doctor J>. Antonio 
de las Carreras, que se constituyó en abogado de la administración Pereira, 
los tachó como parciales, apesar de los detalles minuciosos que dieron de haber 
presenciado y oído leer la capitiitacíon, porque los clasificó de cómplices y por 
consecuencia inhábiles para declarar. 

Entonces se nos vinieron á la memoria las palabras del defensor de Luis 
XVI, que al ver preparado de antemano el tribunal contra el rey cuya muerte 
anhelaba, y revestía solamente la apariencia del juicio, dijo : «Greia encontrar 
jueces, pero solo encuentro verdugos.» 

En efecto, la negación de admitir toda prueba testimonial ó escrita, así 
como la del término pedido para presentar la última-, no era sino el eco de la 
conciencia de les jueces, que se estremecían ante la idea de que la verdad pu- 
diera aparecer en toda su desnudez y con los colores de un cuadro sangriento 
ante el cual tienen. que retroceder todos los que np hagan ostentación, como 
Cartéráfif, del cíñferiio del felrittteii;. 

ló afirmamos así , porque haciéndole absolver posiciones, no solo juró la 
ignorancia de nna ótdéú trae él mismo había expedido, sino que repitió en se- 
guid* y contradiciendo Su juramentó, que si cien veces hubiera tenido que firmar 
el decreto de ejecución, cien vecei lo hubiera firmado. y ,^ 

La responsabilidad de un falso juramento sobre los evanjelios de nuestra 
religión, pertenece al juicio dé Dios, ante cuyo tribunal citamos desde aquel 
móntente al perjuró ; pero el juicio de la historia empieza desde hoy. qué ve 
la luí pública la capitulación copiada lite raímente, que él negó, con lp deslealtad 
indigna de un hbtnbré Que tenga el menor sentimiento de probidad ó de 
honor. . . ^ 

• fteclwzó nuestros teáigos por ser parciales, y nosotros le dijimos téstual- 
raetite: «tenga V., 1 j)r. Carreras, siquiera la franqueza de decir, porque son 
colorados, asfcphió yo podría decir, imitando al abogado de Luis £ VI: «yo re- 
chato á'fos miembros dé' ese tribunal, porque todos son blancos.» 

Mientras tanto, la luz se ha abierto camino y la verdad se ha levantado 



-ais- 

sobre los sentimientos mezquinos de partido, teniendo lugar la apoteosis de 
los mártires inmolados por la traición. 

. -, Nuestro amigo Sierra ha llenado un deber muy sagrado, renovando en el 
pueblo oriental el recuerdo de la hecatombe de Quinteros» y nosotros hetaiós 
recogido su palabra, para hacerla doblemente pública, á fin de despertar el 
espíritu adormecido del Gobierno y del pueblo, que á veces piensa que se 
puede transigir con el crimen, por un sentimiento exagerado de fusión. 

i No ! La tolerancia política es una virtud y eUa debe ejercerse coa todos.; 
los buenos hijos.de la patria, que tienen igual derecho á vivirá la sombra de 
su* instituciones; pera para los malvados que han llenado delato' infinidad de 
familias, sin compasión para el vencido, sin respeto á los antecedentes de 
los héroes de la independencia, violando hasta los mas sagrados juramentos 
ylpfedela palabra escrita, no puede haber sino un anatema terrible de 
parte de los. buenos,, que no transigen con el crimen y macho menos con 
la traición, qpe ^s doblemente odiosa: • v 

F. v A. 
í"Sl Sigto" dat 29 de enero 4e 1$67^ , ■•• 



1? I>te XHEBR^ÍRO v 

Si la Iglesia, movida por un fin piadoso y santo, celebra cucada arto las dis- 
tintas épocas en que perecieron en la idea cristiana y civilizadora los esforzar 
dos confesores qué hoy forman su ínclito ejército de mírtires, los pueblos, 
movidos por*et sentimiento dé la gratitud, deberían celebrar los aniversarios 
de las épocas en que los confesores de la fe política cayeroa bajo tos.golpes de 
sus asesinos, trazando con su sangre el Camino qué seguiría después la 
libertad. 

Cumplirían con un deber y al mismo tiempo trasmitirían de generación 
en generación una grande y proficua enseñanza.. -'?.. 

1 La humanidad, cuando llega á poseer un bien, fácilmente olvida los in- 
mensos trabajos que costó á los que se lo proporcionaron, y confiando con de- 
masía en sí misma, deja con frecuencia que le sea arrebatado. Es rasnester que 
la memoria del pasado se renueve dé vez en cuando, porque es la salvaguardia . 
del porvenir. 

Hay también otrJ-y no minas p.idaroia razón: record m lo las victimas, 
se recuerda el nombre de los verdugos, y con la mildicion qiie sobre ellos 
se lanza, se paga itntributoá' la justicia social que ellos cruelmente ofen- 
dieron, y se anticipa el juicio de Días, si ellos cruzan todavía por las tumbas 
que poblaron, Candan mezclad os entre los deudos qué ¡enlutaron 

Dejaremos, pues, ú, los tartufos políticos que piensen y digan loque 
quieran y hasta condenen nuestra palabra, so protesto que perpetuamos con 
ella los odios y loa enconos de partido; entre los hijos d,e Iqs asesinados. en 
Quinteros, entre los parientes de los que se carnearon tan feroz y alevosa- 
mente en la travesía nacia la capital y en las calles mismas de Montevideo, 



-oír- 

y ia raza ite los -matadora y cansar os de hi mataos no hay posibte/tráB- 
saci5tv;H(Hat^o« seüábodo ti* viifdicta púbfica, renovando cada aflo la abar- 
ca que la infamia estampó sobre algunos nombres, no nos prOponemoar ha- 
cer solidario de una docena de asesinos á todo un partido que en Qointeroj 
comenzó á espiar ej jc&f$4}jle\ siffa ^upapU^c^cpiv up deber, porque es 
deber del periodista, boy que la mashorca asoma la cabeza en la \eciua 
república, da? el grito de alarma,, mostrando lo quq oes aguarda si k Pro- 
Tidén<úa.n<>ft abandona pomo en Quinteros y persúte que contra el eterno 
principio de la justicia prevjUezqan otra, ve* ¿as p uerta&. del infierno. 

(¡Hoy envíen nueve aAosü las primeras víctimas eaian destrozadas f<K los 
fusiles del ejército oficial de Gabriel A. Pereira; caían por haber creido en un 
documento oficial. . . .;caiaa tal ves mientras Antonio de las Carreras, Win Aé- 
yes ? Andrés A, Gotnez, Cándido Jnanicó,, se felkitataude haber con su.entTgla&ol- 
vado el orden., • .;caian creando en todos los, espíritus una horrible duda sobre 
la justicia y la omnipotencia de Dios. . . . ;caian confirmando el tristísimo princi- 
pio profesado por algunos filósofos— por Hobes, entre otros — de que el hom- 
bre es el mas feroz, el mías cruel de todos los seres. 

El A • de febrero tuvieron lugar los fusilamientos . . . . :el simulacro de la 
república debería cubrirse en este di^c^ui un negro crespón. ..., porque es 
dia de luto sin igual para la nación, dia de eseándalo para la humanidad. . , . , 
dia de vergüenza para la diplomacia estrangera que no supo ó no pudo evitar 
esa hecatombe, y poco después tendia la manó i ¿üs ádtot'ds. . * . 

Entre tanto, los bpesos de los mártires ei* vapp se abitan desde nueve 
aüos en sus fosas ó en los &é$ie{io3 campos en donde quedaron insepultos . . ,* , 
en vano, claman cxoriare tiltpr. f 

, Los asesinos i usuítau desde Europa la nclualtfad.de nuestro pais, disfru- 
tando $1 precio de la sangra prqeliuw smgutnh; acotejan á López, sentados á 
su ladd, y dirigen sus tiros diplomáticos; pasean entre nosotros, afilaado 
quizá el puúa\ sobr^ la, loza misma que cúbrelos restos de algunos mártires, 
teniéndola mirada fija en la República Argentina y espiando el motóento 
oportuno.... 

: (Hasta cuándo, justicia del cielo, quedarán impunes los asesinos de 
Quinteros!! 

La Redacción. 



1VO ES JfíL ATJXOl*, 

Publicada la I a parte de esta obra, aparecieron eu El Siglo del dia 26 de 
seti mbre, y en Xa Tribuna del dia 27 del mismo, dos artículitos cuya repro- 
ducción hacemos enseguida, en que, con motivo de un articulo titulado ¡La 
corona de espinas] publicado por El Nacional de Buenos Aires el 18 de marzo 
de 1858, se le culpa al autor de esta obra de haber sufrido error al designar á 
la distinguida señorita que «con paso firme colocó en el altar las coronas de 
espinas», como á la vez la no mención de los nombres de las distinguidas ma- 
tronas que iniciaron el funeral en aquella época. El autor de esta obra no es 



-Bis- 
el que ha padecido el error; el artículo que lo contiene no le pertenece, y por 
el contrario, hubiera deseado conocer eso* pormenores paira haberlos consta- 
tado tñrta obra, y coaduna prueba de imjtarcialkltti y jiwtici* reproduce 
edasdos rectificaciones. '■:,*[ 

' Vétaéiqal: '■ •'■*'* 

LA COBONA DÍ3 EÉP1NA8 ♦ ?; 

A propositó de ntt artículo que publicó el Naciómá de Bu enos Aiifes en 
1859 7 qué se halla reproducido en el interesante folleto denominado La tiéfa- 
tqmbe de Quinteros, se nos ha favorecido con los siguientes informes sobre un 
incidente lleno dé poética tristeza, qué esctisamoe referir po* ser bien cono- 
cido y euya narración es errónea en aquella obra. 

*c El pensamiento y la ejecución déla Corona de espinas pertenece á las 
8ra«. D 1 . Bosalia A. de Férreini y D a . María Ahtcmia Agell de Hocquard, quie- 
nes encomendaron Sú Colocación en lá urna á la Sta. Adelina Freiré, sobria* del 
general Freiré. L&s espinas fueron enviadas h los dolientes por las damas que 
hicieron la simbólica corona/ 

«El funeral fué iniciado por las Sras D\ Rosalía A. de Fe r reirá y D* J o- 
sefa Gómez de la Gándara, asociándose á ése pensamiento la Sra. de Hocquart 
y D*. Juana Vidal, quiénes invitaron & las demás para que contribuyeran á 
su realización.» • • 

Sres. editores d<? «LA $BIBUNA»: 

Sírvanse' Vdes^ihsérjar estas cuatro líneas, para con ellas rectificar un 
error del autor dé ia «Revolución de i 85Í y la hecatombe dé Quinteros», y al 
mismo tiempo que conste *qne la intrépida sepóritá que con $¡&o firme fué á 
culparlos corónos de espinas al altar en demostración de sentimiento por las 
yíctiqías de Quintetos, ftíé' la señorita Adelina García y Freiré, hoy señora 
dét doctor Bruno., ' 

■",•" Ü^uel García Faeuus. 



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